The Text      


POESIAS COMPLETAS DE EMILIO PRADOS


TIEMPO
VEINTE POEMAS EN VERSO
(1923-1925)
Publicado en la imprenta "Sur", Málaga, 1925.


A
MADAME H. (DESENGAÑADO)


OSCURECER

YA el viento va a apagar
el candil de la tarde
y el árbol ha cerrado
su abanico de sombra.
Madurará la estrella
en la rama del aire
y abrirán los misterios
sus inciertas corolas.

Endurecida el agua
negará transparencias,
cediendo solamente
harapos de reflejos
y sonando las llaves
que abrirán la inconsciencia,
vendrá a pedirle traje,
a la memoria, el sueño.

El campo, como un gallo,
dejará su plumaje,
que teñirá la noche
para trocarlo en cuervo
y lavará la luna
en el sereno estanque,
la luz de su sortija
quebrada sobre el cielo.

En cuanto el mar se cubra
con su enlutada capa
y que el último pájaro
se clave en el silencio,
Dios cortará esta hora,
como una bella estampa,
y habrá una nueva página
en el álbum del tiempo.


NOCHE

EL sol, como un espejo,
por un lado es brillante
y por el otro negro.


REFLEJO

ABRÍ la caja de los peces
y se cuajò el cielo
de luceros verdes.

-Dame tu doble aparejo,
con su compás de caña
y con su doble anzuelo-.

Abrí la caja de los peces
y se cuajò el cielo
de luceros verdes.


LETANIA DE LA NOCHE

NOCHE,
rosa negra
con estambres
de estrellas.

Noche,
tintero de poetas.

Noche,
parra embrujada.

Noche,
colmena abierta.

Noche,
nido de garzas.

Noche,
manzana hueca.

¡Colcha de desposadas!

Noche,
jardín de adormideras.

Noche,
libro sin hojas.

Noche,
diván de leyendas.

Noche,
estanque de mil ranas.

Noche,
abanico de rueda.

Noche,
catedral sin campanas.

Noche,
reloj sin esfera.

¡Piel del día al revés!

Noche,
branquias del alba.

Noche,
escenario de sueños.

Noche,
del día aldaba.

Noche,
borròn del tiempo.

Noche,
remanso de las lágrimas.

Noche,
poema fijo.

Noche,
águila hipnotizada.

Noche,
plátano demasiado maduro.

¡Torre de una sola ventana!

Noche,
balcòn cerrado.

Noche,
libro olvidado
sobre la playa.

Noche,
capuchòn de la tierra.

Noche,
amante de las aguas.

Noche,
almendra encubierta.

Noche,
troje de miradas.

Quiero entrar en tu huerto,
noche,
adormece a tus guardas,
apaga la linterna de la luna,
encierra tus arañas
y dile al búho que me guíe
por tu espesa enramada.

Noche,
puente de espectros.

Noche,
jaula de luceros.


TIEMPO

Noche,
dalia marchita.

Noche,
esposa del desierto...


CITA

CUANDO Dios era hondero
lanzò el sol
desde Oriente a Occidente.

Para mí,
solamente encierra esto
el día.

-El tiempo
es un cuaderno
de calcomanías-.

La noche, en cambio, tiene
el sol bajo sus aguas.
Por la noche nos vemos
dentro de una granada.

Oscurece.
Voy a coger el sueño.
Te espero en su terraza.


PROMESA

SE abrieron de tus ojos las miradas,
como varillas de un compás
para medir mi alma.

La fragata del día
echò sus doce anclas;
pero llegò la noche
con su linterna mágica,
reflejando tu imagen
en sus doce pantallas...

...y fue el dodecaedro de las sombras,
kiosko que juntò nuestras llamadas.


ENCUENTRO

...Y el sol brillò en la noche
como un clavel de plata.

Nuestros besos murciélagos
volaron de alma a alma...

El cambiarnos de cuerpo
bajo la colcha malva
fue un cambiar de antifaz
bajo el agua.

Nuestros besos murciélagos
volaron de alma a alma...

Así la cárdena gardenia de mi sueño
fue lentamente deshojada...

... y el sol brillò en la noche
como un clavel de plata.


MEDIA NOCHE

DUERME la calma en el puerto
bajo su colcha de laca,
mientras la luna en el cielo
clava su dorada ancla.

Corazòn,
rema.


NEGACIÓN

EL vampiro del sueño
te ha chupado la sangre.
No suena la palabra en nuestro encuentro
y es demasiado gris el aire.

El idilio de cera
ha durado bastante.
Pesa ya demasiado
la tierra de la noche
sobre la irrealidad de nuestro instante.

El sueño decolora los trajes,
da arrugas al presente
y corta nuestros pies
al invitar al baile.

Es en él el futuro
-a través de la bruma
cansada de su tarde-
el eco de un deseo
reflejado en la fría
lámina de su estanque.

Carnaval de ceniza
con careta de alambre.
Sainete de las sombras
y tragedia de nadie.

Cuando por él me alejo,
cansado inútilmente de abrazarte,
parece que la muerte
pasea entre los dos abanicándose.
Y nuestros besos densos
con trabajo se abren
como flores de yeso
sin pistilo ni estambres.

El idilio de cera
ya ha durado bastante...

Deja ya los pinceles
inútiles del sueño.
La noche se desmaya
sobre el diván del aire.


TRÁNSITO

Los naranjal del sol
mueven sus ramas doradas.

El tiempo endulza la luna
-su melocotòn de ámbar-
con almíbares de viento.
en su cocina de plata
-perol de cobre de cielo
sobre candela de agua-.

Cuando se asome la noche
verá la luna endulzada,
que la llevan las estrellas
al blanco mantel del alba,
bordado con seda fría,
en bastidor de campanas,
por cinco monjas novicias
-rosas de la madrugada-
que en el convento del día
flotan como cinco barcas.

En el torno de las horas
-molino de doce aspas-
su tumo aguarda la luna
medio envuelta en la mañana;
mientras que, para limpiarse
de estrellas su piel de nácar,

en las charcas de la niebla,
desnudo, el viento se baña.

Los naranjales del sol
-sin fruta- mueven sus ramas.


EPÍSTOLA

EL sol y el arco-iris,
calderòn de mi blanco pentagrama.

El olivar del aire,
única hacienda de mi alma.

En las doradas bolsas de las nubes
mis dineros de agua,
y en el parpadear del día y la noche,
la jaca torda de mi espera larga.

En el corral del cielo
abre el tiempo su rueda morada
el sol en la cabeza
y hundidas en la sombra, sus patas.

-Estando mi pájaro en celo
corté una pluma para escribir tu carta-.

Vengo desde el castillo del silencio,
huyéndole a las sombras
de sus còncavas salas.
Vengo a la feria de las voces,
para robar la red de las palabras.

Crucé los arenales de la duda
-el arzòn de mi silla

de color de esperanza-.
Crucé todos los siglos
en una sola jornada;
que el corazòn,
cuando aumenta los tiempos,
amengua las distancias.

Atravesé la selva precursora
de las viejas miradas
y descubrí la incògnita
en su condensaciòn enigmática.

Entré en la catedral de los estilos
y escuché los cristales hilados
de sus campanas.

De la geometría persa
aprendí las medidas exactas
y de la historia de Cristo
a beber en la jarra de la Samaritana.

Crucé todos los siglos
en una sola jornada;
que el corazòn
cuando aumenta los tiempos
amengua las distancias.

Crucé los arenales de la duda
-el arzòn de mi silla
de color de esperanza-
y te entregué desfallecida mi pregunta
sobre el blanco y frío lirio del alba.

Vengo desde el castillo del silencio
huyéndole a las sombras
de sus còncavas salas.

Llegué a la feria de las voces
y he robado la red de las palabras.

Es fragata mi pluma
de mil timones y una sola ancla,
que fondeò sobre el papel
de cadenas cargada.

Mi hacienda y mi persona
conocerás por esta carta.
Perdona la grandeza de mi lente.
Mi megalomanía es sencilla
como un vaso de agua.


TRES ACERTIJOS FÁCILES

1

EL atrio de mi casa
es el vientre del aire.
Mi compluvium
el sol.
Cimientos
de veleta
y terraza
de eterno.

Soy
la lámpara
del viento.

2

Mi sangre
pulimentada
al fuego,
es mi esqueleto
de coral.

El árbol de mi sangre
tiene ramas sin hojas
que clávanse en mi carne.

Soy
lámpara
de la mar.

3

Bajo la noche
-única higuera bíblica
de higos enmelados-
ciego,
voy tejiendo
en el viento
la pleita infinita
de mis deseos.

Soy
la lámpara
del tiempo.


EL PRIMER DIÁLOGO

LA piña perfumada
de nuestro sentimiento
se derramaba en nuestro gesto,
y el almíbar del aire
llevò en su cauce lento,
el palpitar maduro
de nuestra flor de aliento.

... y floreciò el diálogo
sobre su tallo esbelto,
modulando sentidos
con su savia de miedo.

Diálogo sin ángulos.
Diálogo monopétalo.
Diálogo mojado
por el jugo caliente de sus senos . .

Mientras sobre el cristal fundido
flotaban nuestros cuerpos,
ya desnuda la voz iba nadando
por la miel del secreto.
Llevaba a la cintura
sus corchos de firmeza bien sujetos
y tragaba la espuma dorada
para calmar su corazòn revuelto.

Era el diálogo
una caja de insectos,
y era la voz
el brillo de sus élitros.
Abejas las palabras
y panal
el misterio.

Salen de sus nectarios
las palabras primeras,
como miedosas larvas de libélulas,
y dejando la antigua cárcel
de su vieja piel, hueca,
derraman su sentido
sobre la ancha hoja
que abre la inconsciencia.

En un primer diálogo de amantes,
aún suenan las cadenas
que arrastraba el fantasma
de la incògnita muerta;
pero sueltas las plumas
de nuestra voluntad,
húmedas de deseos, llegan,
asfixiando los ecos flotantes,
en las espumas nuevas.

Y ofrecen nuestras bocas,
en sus templadas cestas,
manzanas de sonidos
en hojas de miradas envueltas.

Así nuestro diálogo,
regado por el sol,
abriò sus yemas
y su azúcar quemada

cayò en la flor del aire,
desde el rojo pistilo de la lengua.

... y era el diálogo
una caja de insectos.
Y era la voz
el brillo de sus élitros.
Abejas las palabras,
y panal
el misterio.. .


CALMA

CIELO gris.
Suelo rojo.
De un olivo a otro
vuela el tordo.

En la tarde hay un sapo
de ceniza y de oro.

Suelo gris.
Cielo rojo...

-Quedò la luna enredada
en el olivar.
Quedò la luna olvidada-.


PENTAGRAMA

1

EL mar -soñoliento olivo-
y sobre el olivo el sol,
como una rosa de vidrio.

Tu mano, de blanca palma,
y sobre la palma,
un pez de plata.

2

El viento -cristal con alas-
y bajo el viento la luna
como una concha de nácar.

Tu mano de blanco claustro.
Dentro de tu mano, el pájaro.

3

ALTA MAR

El pez,
el barco
y el pájaro.

El horizonte, redondo,
bien cerrado.

Pájaro -veleta al viento-.
Y pez -veleta en el agua-.

El barco, llora sus anclas.

El pez,
el barco
y el pájaro.


ATARDECER

MIENTRAS la tarde destejía el agua,
el sol iba nadando por el cielo,
como un pato de ámbar.

En el jardín calado
de mi instinto correcto,
envenenaste el aire
con ageratos negros,
sombra húmeda
y dracena amarga.

Corté las hojas mágicas
de mi amor indefenso
-amor que destrenzaste-.

Quedò desnuda el agua
y el sol nadando en ella,
como un pato de ámbar.


TIEMPOS DE UN VERBO OCULTO

1

COMO onda en el agua
se propagò el instinto
-halcòn ciego-.
Fue el momento
cuchillo que cortò
nuestro cinto.

Una vez separados
encontramos los ojos
redivivos.

2

Cámara oscura.
Se abre el objetivo.
Queda dentro el misterio,
fuera el vacío.

3

Si yo supiera hacer malla,
sòlo haría
red y hamaca.


SILENCIO

SILENCIO.
¡Oh estilizaciòn complicada
del sentimiento!

La mirada arraiga en el gris
y curva sus ramas hasta el suelo.

Oleadas de nada
se enrollan al faro del momento
y el pulso
deja sus eslabones dormidos
sobre el pétalo blando del recuerdo.

El silencio es elástico.
Yo lo he visto en tensiòn
sostenido su arco
por los dedos sin manos
del esqueleto de una voz.

Lo he visto, desdoblado en color,
como un juguete japonés,
nadando en el vaso amarillo
de un impulso apagado.

Y lo he visto, girando
como un trompo,

clavar su sexo
en el espíritu del viento.

¡Arquitecto del aire!
En la grieta de un paréntesis
levantas catedrales
y hundes en un crujido
tus puñales mellados
al pensamiento.

Las vestales de tu fuego santo
han colgado sus senos
en tu campanario,
y estos senos azules
dan, sobre el crespòn blanco
de tu suelo,
sombra de naranjo.

Desde el columpio del silencio,
podemos coger el clavel de lo eterno.
Pero... ¿Qué haremos
con lo eterno en la mano?

Silencio.
¡ Oh estilizaciòn complicada
del sentimiento!


TELARES

BARCA:
lanzadera
en el telar de la mirada eterna.

Pregunta:
lanzadera
en el telar de la tristeza.

La proa de lo eterno
se clava en el telar del silencio.


VIAJE

1

EL mar de color de nácar.

El mapa tiembla de miedo
mostrando sus frutas planas
y la rosa de los vientos
cae deshojada en el agua.

-Capitán,
se me ha perdido
mi único anillo
de plata-.

2

El mar de color de malva.

El corazòn del marino
-tintero de tinta grana-
como el tintero su pluma,
tiene una flecha clavada.

-Capitán,
se me ha caído

mi álbum de firmas
al agua-.

3

El mar de color de lata.

El corazòn del marino
tiene su aguja imantada.

-Capitán,
se te ha olvidado
dejar en tierra
una carta-.

En la página del mar,
firma el sol
con tinta blanca.

FIN DE

'TIEMPO'


DE PAÍS
(1924-1925)

ESTAS canciones, ni tienen ni quiero que tengan "más
consistencia que la espuma del mar". Como el presente
en el que viven. Como el tiempo futuro que quizás no
ha de verlas... País de un abanico, mitad verdad, mi-
tad temor del tiempo que hoy florece en mi mano y en
mis ojos, ante un olvido que ojalá no les llegue.

E. P.


I

CANCIONES DEL FARERO

Publicado como "saludo de Litoral", Málaga, 1926.

A
NATIVIDAD Y MARÍA ISABEL

YA pisa en el horizonte
la caracola del día...

(De ángeles se cubre el agua,
que están tejiendo guirnaldas.
Hoy, ¿qué fragata vendrá?
-Fragata de viento y mar.)

Ya va por el horizonte
la caracola del día...

(Un barco sale del puerto,
pintando el cielo de negro.
Los ángeles se han tiznado
y hacia la gloria han volado.)

Ya se va del horizonte
la caracola del día. ..

(Un pez brota de las olas,
rojo como una amapola.
Trae en la boca una flor
que parece un corazòn.)

Ya traspuso el horizonte
la caracola del día. . .

(Tres ángeles enlutados
sobre la mar se han sentado.)


II

LA rosa verde del mar,
la trajo un pez en la boca,
y ese pez
lo tengo yo...

(El gato ronda la jaula
y el pez vuela por el agua.)

Por fuera de mi ventana,
sobre el mar, corren los barcos.
De día con su bandera,
y de noche con su luz.

(Guando me asomo ya arriba,
todos los peces me miran.)

Durante las noches larga
hago fragatas de vela,
con navaja
y con quinqué...

(Devana el faro la noche,
girando como un fantoche.)


III

A rayas blancas y azules
está el mar hoy.
Las nubes se amontonan
en Poniente.
Las cuerdas crujen.
El sol
se levanta por babor
sin afeitar.
El viento está algodonado.
Las gaviotas se parten.

Lanzo mi mirada métrica.
-El horizonte de plata,
sobre él, una fragata-.


IV

DESDE el balcòn mas altò
de mi faro,
pesco con caña.
Veinte metros de hilo
y un anzuelo de plata...

Del último arco-iris, recortado
sobre la cartulina de la madrugada,
de limòn y de azogue, pica un sargo,
colgándose en la percha de mi trampa.

(Debajo de mi torre
vive otra torre,
con su balcòn redondo
y conmigo asomado a la baranda...)

Desde el balcòn más hondo
de mi torre,
pesco con caña.
Veinte metros de hilo
y un anzuelo de plata...


V

AL borde de la ventana,
mi gato negro
que sueña.

El delfín salta en el mar.

Las nubes
dejan sus husos
por el aire.

Debajo de mi ventana,
las gaviotas colgadas
y a la sombra de mi torre,
agua verde y pez de azogue.


VI

Mi pipa teje sus mapas.
(El mar como una naranja.)

El pez se enreda en el ancla.
(El mar como una naranja.)

¡Barco perdido en la noche!

(Las pestañas de mi torre
llegan hasta el horizonte.)


VII

DURANTE el día mi faro
tiene los brazos cruzados.
Si lo miras en la tarde
verás que, lento, los abre.. .

Un barco viene hacia el puerto
navegando a barlovento.
Trae tinta para el poeta,
de color de violeta.
Pero el poeta cansado
la pluma al mar ha tirado,
siempre mirando a la luna,
su rueda de la fortuna.

Navegando a sotavento
se marcha el barco del puerto.


II

CANCIONES DE ULTRAMAR

A
MARILIN, VALUSSIA Y ALINA


I

Mi barco entraba en el puerto...

(Todos los peces saltaban
solo por ver còmo entraba.)

Mi barco se sofocaba...

(Los peces lo abanicaban.)

Mi barco se derretía...

(Los peces se sonreían.)

Cuando mi barco se fue
no lo siguiò ningún pez.


II

Los peces...
pasan
y vuelven...

(La madeja de la tarde
se devana sobre el aire.)

Los peces...
vuelven
y van...

(Y la madeja del mar
se queda sin devanar.)

Dentro de mi camarote,
mientras el barco se mece,
a dos dedos sobre el agua,
cuento los peces.

(La esfera, junto al compás,
sobre la carta se duerme.)

Los peces...
pasan
y vuelven.

Los peces...
vuelven
y van.

(La palma se despereza
mientras el mapa bosteza...)

El reloj nada en la siesta
medio ahogado en su cristal.


III

BARANDILLAS y barandas
y un solo pez bajo el agua.

El sol
al ojal del aire
prende su flor de azafrán.

La siesta tiende su hamaca
en el ojal de la tarde,
desde el mar a la naranja
y de la naranja al mar.

El ojo del marinero
se prende al ojal del cielo.

Y sobre el ojal del mar...

Barandillas y barandas
y un solo pez bajo el agua.


IV

LA noche, con su café,
desvelò al agua
y al viento...

Toda la noche estuvieron
amarrados al balcòn
los ojos del marinero.


V

EL vapor va por el mar
sin saber adònde va.

Con humo y con sol de cera
y abanico de palmera.

Con camisa y con corbata,
con tabaco y flor de plata.

Herido de mal de amor
en medio del corazòn.

Un balcòn dejò colgado
y un pensamiento olvidado.

Sobre el muelle una naranja,
un quitasol y una carta.

Y en el toldo de una siesta
la hamaca de una promesa.

Pero en cambio no dejò
lo que el agua se llevò:

paloma, brazo y bandera,
brújula y flor de canela.

Y sobre el dril de la manga
bordado un recuerdo en ancla...

Por eso va por el mar
sin saber adonde va.


VI

EN el cielo nube y sol
y el vendaval del amor.

Al pecho del marinero
el vendaval de los celos,
tres noches recién cortadas
y una niña enamorada.

Y en el cielo nube y sol
y el vendaval del amor.

*

La niña bordò el pañuelo
pero lo bordò al revés
y puso el mar en el cielo.

Todos los peces estrellas
y toda la espuma niebla.

Cuando se quiso bañar
cayò desde el cielo al mar.

Pasò un barco por el cielo;
lo vio la niña en el mar
y ya no volviò a bordar.

Al pecho del marinero
el vendaval de los celos.

Y en el cielo nube y sol
y el vendaval del amor.


VII

LA cinta del horizonte
en el sombrero redondo
negro y oro de la noche.

El barco que la prendiò
hacia otros mares marchò.

Dejò un horizonte herido
y una niña sin olvido.

La niña que lo perdiò
brazos por cintas echò.

Ahora ciñen mar de ensueños
los brazos de sus recuerdos.

(Corazòn de marinero
ciñe sòlo mar de celos.)

La cinta del horizonte
en el sombrero redondo
negro y oro de la noche.


VIII

POR el muelle paseando
la niña siempre llorando.

La niña y su quitasol
por el muelle del amor.

El pañuelo de la niña
llegò hasta el mar de las Indias.

(El barco que lo llevaba
por sus ojos navegaba.)

El pañuelo de la niña
volviò del mar de las Indias.

(El barco que lo traía
en sus ojos se moría...)

Por el muelle paseando
la niña siempre llorando.

La niña y su quitasol
por el muelle del amor.


IX

EL percal sobre la silla.
El hilo en la canastilla.

La mecedora
sin nadie...

El papagayo
en su T.

Asomada a su ventana
doña Gertrudis suspira...

(El papagayo
la mira...)

Doña Gertrudis suspira
asomada a su balcòn.

(El barco en la mar navega
en la mano una bandera
y en el ojal una flor...

Doña Gertrudis lo mira.
El papagayo suspira.)

Y mientras que rema el sol...,

el percal sobre la silla,
el hilo en la canastilla.


X

DE vuelta de mi viaje
traje un pez en la solapa
y un abanico en la manga.

En la punta de la lengua
alumbre y flor de pimienta;

sobre mi frente tumbada
la palma verde del agua,

un amor sin barandillas
y un olvido sin orillas.

Si vuelvo a hacer el viaje,
llevaré el pez en el alma
y en la solapa la palma.


III

EL TELAR Y EL PEINE

(ESTAMPAS)


VÍSPERA

(Bahía de Algeciras, 3 de marzo)

EN el taller de la aurora
cambian de agujas las horas.

Con limpio torzal de espumas
en blanco cendal de nieblas,
bordando todas están
el verde jazmín del mar.

Mientras que bordan la flor
rueda por el cielo el sol.
Cuando esté la flor bordada,
la primavera acabada.

Y en mi galera real
cruzaré las aguas grandes
para traer de ultramar
la pluma roja del aire.. .


MELANCOLÍA EN EL SUR

-Interior. Siesta-

AL borde de la ventana
un vaso de agua olvidada.

Sobre el ajedrez del suelo
el caballo del silencio
y el blanco alfil del ensueño
envuelto en su limpia capa.

Vidriera de plata,
bastidor dormido,
jazmín destejido,
dedal
y aguja enhebrada...

(La lana cayò en la tarde.
Quedò el ovillo en el aire...)


CRIMEN DEL TRÁNSITO

-Nocturno-

SENTADA en silla de nieblas,
el bastidor en la falda,
sobre la mano el olvido
y en el sueño la mirada,
la luna quiere bordar
la flor de la madrugada
sobre el paño de la sombra
con finas hebras del agua.

Un barco ciego tantea
la espuma de muerta plata
mientras rumia las cadenas
que enhebran sus mudas anclas.
Clava en el agua al misterio
de una sola puñalada
y, torpe y lento, se aleja
mal embozado en su espalda,
dejando al reflejo muerto
dentro de una campanada.

Se cierra el mundo del puerto.
El horizonte resbala
empujado por la quilla
del barco que en él se ampara
y, còmplice del silencio,
con él a un tiempo se salva.

Luto a la muerte tejiendo
sobre una noche sin alma,
sola la sombra en el puerto
temblorosa se desmaya
sobre el cuerpo del reflejo,
sin vida, muerto en el agua.

(Alma en pena del sigilo,
una luz sueña, lejana.)

Sentada en silla de nieblas,
el bastidor en la falda,
sobre la mano el olvido
y en el sueño la mirada,
la luna empieza a bordar
la rosa verde del alba.

LAS cortinas del taller
de encaje de algodòn blanco;
de blanco mimbre las sillas;
todas vestidas de blanco
las vírgenes costureras
recortan la primavera.
Tijeras las golondrinas
y cielo de seda fina...

Las agujas de la lluvia
dentro de su canutero.
Y en los estantes del viento
nubes de madapolán
para el traje del invierno.

Volante de fina espuma,
entredòs de limpio estambre...

Sobre la falda la seda
y en la mano las tijeras,
las vírgenes costureras
recortan la primavera.

LA niña quiere pintar
pero no la deja el mar.

Sobre la mesa tendido
abierto está su abanico,
la caja de los pinceles,
el pez a medio teñir,
la noche sin terminar,
su ensueño medio perdido...

La niña quiere pintar
pero no la deja el mar.

TALLER del agua corriente
y de la rueda del sol...

Los aprendices tejían
hasta que el sol se ponía.

Quedaba el campo bordado
sobre la alfombra del día.

Cuando llegaba la noche
la alfombra se destejía,

y entre sus hebras oscuras
los aprendices dormían...

Soñaban los aprendices
con sus novias codornices...

(La naranja en la colcha del agua,
y en la nube dorada el limòn.)

Los aprendices soñaban
que con sus novias volaban.

LÁMPARA fría;
hebra delgada;
devanadera de hueso;
urdimbre de fina holanda
y la trama sus cabellos;
la lanzadera en el agua...

Ya está tejiendo la niña
en los salones del alba.

El frío,
aún medio envuelto
en sábanas de cristal,
saltò desnudo del lecho
y se tendiò en el telar.

La niña que no lo vio,
en sus dedos lo encontrò.

Y el sol quedò mal tejido
enredado entre sus hilos.

UNA ventana de nácar
colgada en la torre verde.

Sobre una almena la luna.

Desde la torre a la playa
se tuerce la carretera
como una culebra blanca.

La espuma,
al mar y la tierra,
con su blanca seda cose...

Un caballo se ha parado
junto a los pies de la torre...

La ventana se ha quebrado.
Su sobre el silencio rompe...:

"La carta que me he llevado,
otra vez te la he dejado."

(Playa de San Andrés, 5 de octubre)

TODO el taller tiembla ahogado
dentro de un vaso de agua.
Los telares olvidados...
El tapiz a medio hacer,
el aprendiz desmayado.

Tras el cristal entornado
se asoma con miedo Abril
llovido y enamorado:

-¿Quién ahí?...

.............................

El aire sueña en la tarde.
Duerme en el taller el aire.

FIN DE
"PAÍS"


VUELTA
(SEGUIMIENTOS-AUSENCIAS)
(1924-1925)

Publicado como 5a suplemento de Litoral, Málaga^ 1927.

A
L. F. D'0. (AUSENTE)

INICIAL Y GÉNERO


VÍSPERA

EL marinero bebe la rosa de los vientos
en cristal de bandera y luna clara.
En pie sobre sus anclas el barco soñoliento,
devana sus cadenas y peina sus amarras.

Enhebrada se queda la aguja del viaje,
junto a la carta azul, el compás y la lente;
mientras que el capitán, entre dos blancos mares,
-ágil nadador joven- limpia espuma desteje.

Sobre su frente, el atlas abre su mariposa,
y en el papel, el barco juega a flores distantes,
trazando itinerarios sobre las planas olas,
que el pincel del ensueño tiñe con falso esmalte.

Fuera del camarote: la cubierta dormida
meciendo a sus naranjas, entre miedo y tristeza.
Por las calles del puerto, aún las luces oscilan
y en los bares lejanos las voces cabecean.

Una estrella derrama su baraja de oro.
En la mesa del agua juega el pez y el reflejo.
La campana acaricia al silencio que ha roto
y cubre sus heridas con su blanco pañuelo.

Las anclas justifican el molde de su ausencia,
aún sujetas al suelo entre rosas profundas.
La enmohecida hélice sus pétalos ordena
y la máquina fiel su corazòn ajusta.

La brújula se inquieta por su largo descanso;

su inquietud multiplica los puntos cardinales
y muestra al marinero en su oráculo falso,
el balcòn y la rosa, final de su viaje.

Toda la noche cuelga como un gran mapa negro.
El cartòn de la luna gira su blanca esfera
y en ella busca el barco con su largo puntero,
el puerto más cercano y el agua más serena.

Otro barco en mi pecho su movimiento imita
-¡doble siempre mi alma en su imagen dispersa!-
sus barandas arregla para la despedida
y su timòn prepara para el alba que espera.


CREPÚSCULO

DULCE el véspero mece,
prendido al manso rayo
último, su desmayo
suave, y adormece
la tarde, que obedece
serena a su mandado,
dándose en desplumado
gesto al viento, e imita
así, la fiel postura
de la bella figura
que mi recuerdo cita.

Y en luz y en forma dado,
desprendido en olor
sereno, el color
coagula al fin su alado
temblor puro. Callado,
misterioso construye
soledad, disminuye
sus pérdidas, y clava
su silencio en la cinta
del nuevo Iris. Pinta
su voz y el pincel lava.


MISTERIO

EL arcángel olvida
la caja de su estrella...

-Se hieren los crepúsculos
contra el cristal del alba;

el pez salta a la orilla
olvidándose al agua,

fondea al mar el pájaro
y descansa en el ancla-.

El arcángel recoge
la caja de su estrella...

-Sube del ancla el pájaro
y se mira en el viento;

vuelve el pez a sus aguas
bajando de la orilla,

ordenan los crepúsculos
sus luces sobre el cielo-.

El arcángel encuentra
a su estrella en su caja...

-El cuello de la noche
luce al fin su medalla-.


SIGNOS

1

SIGNO DEL SEGUIMIENTO

HAY un milagro oculto en la presencia:
arco, abanico y pájaro
llevan el pulso al viento;
el pie descalzo, sin posarse en tierra,
indica el compás justo del anhelo,
y el gallo cree espejo la bandera,
y entra en ella, pintando sus reflejos...

Abriendo está el donaire
la pluma de su espalda
en rueda de armonía celadora.
La líneas se curvan,
álzanse y, declinando
al fin, resbalan;
se atesoran uniéndose,
y medio derramadas,
cumplen el molde
de la bella forma.

Se ordenan los olvidos
en cálidos sistemas
y surge el movimiento del desgaire.

Márcanse las medidas,
halla el perfil su norma,
y brota la postura
ceñida y bien cuidada en su linaje.

La percepciòn completa
tiende páginas,
e inspira el gesto limpio en la memoria,
y trázanse las rutas
firmes, en la conciencia,
lustrando impulsos y afilando proas.

Correcta la figura
entra en camino,
pisando la distancia desmayada.
La voluntad repasa
las jarcias del deseo,
y encontrada la cifra
su barco eleva el ancla.

Cobra valor el gesto;
levántase la forma,
mientras pule el modelo
sus últimos compases;
lígase el albedrío
al timòn del acierto,
y el vuelo al fin trazado
suelta su pluma al aire.

2

JUEGO DE MEMORIA

-Escuela-

SOBRE el pupitre
el lápiz y el cuaderno sin lunas.

El aire suspendido
-péndulo del ensueño-.

El milagro en el mapa
ahuecando sus flores.

El cristal ocultado
hecho sangre del día.

Tiende el dedo el puntero
sobre la verde esfera
y señala su fruta
cuajada en mariposa.

Deshila la armonía
sus delgados compases
y estudia sus lecciones
de pluma la memoria.

Alumno y sol de lata
en recuerdo mecánico
mueven su juego antiguo
bajo un jardín de agua.

Hállase el viejo oficio:
marinero de parques
en bergantín velero
de reflejos y plantas.

Giran las frescas brújulas
sus posibilidades
y percibe el deseo
la flor de la manzana;

pero el reloj se quiebra
de un golpe sobre el tiempo
y brota del presente
la luz de la campana.

Se despierta el momento
con un barco en la mano
y gira su mirada
prendida entre veletas.

El sol sigue clavado,
redondo sobre el cielo,
y en él cuelga la burla
su máscara deshecha.

3

HIPNÓGRAFO

SIENTA la soledad
su pulso entre pinceles
y el pensamiento enreda
sus blandas serpentinas;
cíñense los recuerdos
sus plumajes de niebla
y cúrvase el silencio
maduro de armonía.

El aire se ha filtrado
por blancos cielos còncavos,
privando a la presencia
de su algodòn sin cuerpo.
La inspiraciòn del aire
deja hueca la escena,
suspensa en el paréntesis
de su incompleto aliento.

La piedra se atesora
bajo traje de pluma
que en invisible máscara
su grave flor esconde.
La agilidad del salto
su esbelta luz dilata
y muerta la distancia
sus brújulas se rompen.



Busca la voz sus bridas
perdidas por ausencia,
y encuentra mudo al grito
ahorcado en el misterio.
Flota el gesto sin rumbp,
trémulo en el vacío,
y el pájaro se cierne,
sin alas, sobre el cielo.

Júntase la memoria,
y escoge entre las lunas
de sus espejos flojos
la imagen más severa:
dulce farol de estirpe,
que deshilando enojos,
derrámase en el sueño
dando sangre a su vena.

Remansase la sombra
y la luz reverbera
sobre el cristal naciente,
curvado, del milagro.
Y la esfera cumplida,
en pulpa y en simiente
resuélvese la baya
del árbol del engaño,

4

CREPÚSCULO

EL blanco albor latente,
medio desfallecido
se derrama, perdido
sobre la fría fuente
de la sombra. El relente
suave lo adormece
y su desmayo crece
al sentir la caricia
del paso de la hora...
La estrella al fin se dora
y la noche se inicia.

La soledad, ceñida,
su flor desbaratada
ajusta. Terminada
la sombra, cae rendida,
se descuelga, y dormida
se entrega a la corriente
ágil del tiempo. Puente
el silencio, levanta
su alta curva precisa.
Quietud. En la indecisa
onda, una luz canta.

Sueña el barco en Narciso,
sobre el agua tirante



y bien pulida. Ante
el limpio y preciso
reflejo, claro y liso,
que se tiende en descanso,
suspende del remanso
su mirada tranquila.
Nace la flor despacio
sobre el agua. El espacio
en beso se perfila.



PRIMER SEGUIMIENTO

CAMBIO

EN el espejo falso
de mi deseo igual, pulido
y limpio por la trémula esponja
del recuerdo sin mácula,
apareciò la imagen impostora
que copiò de mi anhelo
tu armonía.

Y el agua en pie
de su bruñida luna,
reflejò inútilmente
tu gallardía robada;
porque mi voluntad fina,
en acecho constante,
sorprendiò en el engaño
la manzana inexacta.

Pero aun así,
seguí a tu imagen falsa
sobre el mismo camino,
proa al descanso fácil
que brindaba a mi alma;
mientras que el viento

destrenzaba al día
-bandera azul
y caracol de plata-.

Tu imagen falsa
me llevò de la mano
-índice verdadero,
bello imán del destino-,
hasta dejarme en tí,
ya realidad nacida,
flor casual
y fruta del encuentro.

Y el verdadero espejo
de mi soledad pura,
-blanca y luciente página
tendida en mi conciencia-,
tejiò con hebra firme
sobre mi espera muda,
la verdad excelente
de tu hermosa presencia.

Así, doble el paisaje
y doble el mar y el barco,
sobre la palma abierta de la hora
y en mi luna brillante,
fue doble en mi memoria
-voz sin fin de lo eterno-
tu imagen sobre el día
-pluma verde en mi alma-.

Y a medio sumergir
la espalda de la playa bien dormida,
nos dio camino fácil,
tendido en el silencio,

donde la lenta espuma
de tu exacta armonía,
fijò, ya para siempre,
tu estrella a mi recuerdo.


AUSENCIAS

EJEMPLO

...LA mano dejò el molde
en pie, hueco, en el aire,
y quedò la escultura
libre y fiel en su oficio.
En normal abandono
volviò el brazo al desmayo,
cumpliendo en tutoría
y en razòn el designio.

En serena quietud
trocòse la postura,
y en mágicos telares
la memoria labrada,
reservò su semilla.
Afilò la justicia
las limas del anhelo
y tallada la rosa
cambiò su espina en prisma...

La rosa hallò en el Iris
descanso a su triunfo.
La luz fijò en el rayo
su escala en abanico.

Y el pincel, madurado
por la flor y la hora,
construyò en su armonía
puentes sobre el olvido.


TORSO

EL mármol, ya ordenado
en latente porfía,
serenamente fía
su plumaje ajustado
al molde, y encajado
queda en él, sin cortina,
expuesto ya en la fina
cornisa de mi alma.
Cuaja el anhelo en forma:
Recuerdo, estatua. Norma
de mi suspiro en calma...

Queda la luz medida
y la flor ajustada
a su sombra, guardada
en ella. Concedida
la palma; al fin vencida
por estudio y serena
armonía, su plena
figuraciòn ha puesto,
cumpliendo su cuidado,
para dar, cincelado
en temblor, su gesto.

Cae el paño dormido
y brota el pedestal
sin miedo. El cristal

nace limpio. Tejido
en él se halla escondido
el perfil que se ansia.
La palma hacia él guía
su trémula escultura
y encontrado el modelo,
tallada en su desvelo
álzase la figura.


PERFIL

LA balanza de la sombra
pesa a la luna.
La tarde sujeta al árbol
-fiel de la noche
y la espuma...

¡Aguarda, luz, no resbales,
que se va a manchar tu río
con las riberas del aire!


SEGUNDO SEGUIMIENTO

HORA

REDONDA y limpia caracola blanca,
mi soledad tranquila y anhelante
buscaba inútilmente por el día
la verde flor incierta
que perdiò la esperanza.

Y en claro laberinto
se fue enredando, lenta y silenciosa,
hasta entrar en la playa del vacío,
suave luz prendida en desconsuelos.

En ella, bien mecida y luminosa,
como un agua serena
sobre la palma quieta del espacio,
vio perderse las rosas del momento,
huecas de ausencia
por tu negaciòn firme.

Cortò mi anhelo entonces
su claro temblor último,
en el telar sin hebra
de las horas inútiles,
y dejò que las bridas
invisibles del tiempo,

llevaran a su antojo
su blanco corcel único.

Y el mar, tranquilo,
inmenso, limpio, sin un barco
-concha azul
de mi alma adormecida-,
vio desprenderse el término
de mi gran desaliento
vencido al fin
por fácil desengaño,


AUSENCIAS

INDOLENCIA

SIN ligadura, suelta,
desabrochada,
derrama la pupila
el sitio que aguardaba
en acecho, la imagen.
Cae. La arena se afloja.
Y se hunde.
Se pierde
el ojo al día
junto a la blanda seña
de una estancia.
Huye
el posible hallazgo perseguido,
y duérmese la vista. ..

Por eso, cuelga en vilo
la busca,
y en el dormido trance,
la memoria refleja
lo que alcanza la mano.

Si despierta la vista,
puede miniar el ojo
la alegría.

Pero...
halla pereza en copia de la onda
el alma negligente,
y piérdese la huella.


CALMAS

-Paseo en melancolía-

PALMA, cristal y piedra.

El nácar del perfil
puro del gesto,
enérgico en el agua.
Extractada la brújula
sostiene al equilibrio
vertical sobre el viento...

El imán se detiene.

Palma, cristal y piedra.

Por el muelle despacio,
la memoria indolente
se apoya en la baranda
de un crepúsculo hábil.
El sueño se devana,
y se humedece el tiempo
al entregar su cinta...

Húndese el movimiento.

Palma, cristal y piedra.

Por el muelle del día
pierde pie la memoria.

La mirada se vierte
líquida en el olvido.

El alma se separa.


PERFIL

LA tarde y el abanico,
junto al pretil de la ausencia;
al borde de la armonía;
sobre el brocal de la sombra,
peinan la pluma del día...

Resbala el barco en el alma
y el pensamiento en el agua.


TERCER SEGUIMIENTO

PASEO

SOBRE la cinta comba del camino,
alzaba el mar sus alas bien tendidas.
Grandes ramas del viento desgajadas,
flotaban sobre el lento
caudal azul del día.

Tu andar blanco, maduro y desprendido
-seno en siesta, pez muerto sobre el agua-,
sonámbulo compás de pluma y sueño,
en métrica armonía
desmadejò distancias.

-Mis estudios rompieron su ancho libro.
Se abriò la rosa nueva en la bandera.
Quieto el barco soñaba en otros puertos
de roja flor sin tallo
y pájaros de niebla-.

Mis pasos fueron dòciles y astutos
y ágiles persiguieron tu voz muda,
luna y palma, que en su escuela abrigaron,
mi mano ya sin báculo
perdida entre la espuma.

SALIDA

1

SE desnudan las luces.

Reclínanse mis libros
-no en olvido-
en desmayo por mi huida.

Pájaro de una pluma, el tintero,
está en sueño:

Soledad en mi cuarto.

2

Acudo. Alégranse en la cita:
frutas bien ordenadas
sobre cajas de vidrio;
altas copas que aguardan
húmedas de reflejos...
y la cita en acecho
con un brazo en la hora.

No olvida la distancia
soledad en mi cuarto.


MIRADAS

ENTRO. Estoy.
Levantándose, el rostro
zarpa en navegaciòn
lenta por el instinto.
En vertical viaje
asciende, olvidando
en la mesa el cristal
junto al oro. Ve...
y vuelve junto al ancla
del sabor. Alza.
Vuelve luego a caer
en mansa inclinaciòn.
Percibe. Vuelve
al alto viaje...
Halla luz. Se contiene.

Y mientras grana así
la clara espiga,
entre frutas quebradas
y sazonados vidrios,
sostiénense ceñidas
dos cinturas de almas
y encájase la cita.


PERFIL

-Milagro-

SE humedeciò la tarde
con su estrella más floja.

Curvò su junco el día.

Cayò en el mar la hora.

(El cristal ( en la espuma,
engendrò la paloma.)


TÉRMINO

ANOCHECER DE OTOÑO

Su alta espiral de hielo
pone en fuga la hora,
mientras un temblor dora
el hálito del cielo,
que en dulce y fácil rielo
se desgrana. Cae el viento,
desprendiéndose lento
desde la cumbre oscura
de la alta noche en calma.
Curva la luz su palma
y el sueño se madura.


VUELTA

JUNTO a un árbol
la luz plegòse en mansas ondas,
mientras tanto un reflejo
hilvanaba el ocaso.
Prendido aún del cielo
el pañuelo del día,
vertiò sobre el mar limpio
sus fáciles desmayos.

Era la tarde un lirio
de blanca porcelana;
cálida y desvaída piel
de lucero en cierne;
voz de una despedida
sin mano y sin palabra,
abanico caído
sobre el agua durmiente.

La baranda pintada
del balcòn de los vientos,
sostuvo la bandera
pálida de la luna,
cuando, lacia la noche,
como un gran manto flojo,
cayò deshecha en sombras
sobre la blanda espuma.


VUELTA

La estrella necesaria
brillò tranquila y fría,
sello eterno del paso
siempre nuevo y el mismo,
que fuera y en mi alma
da la rueda infinita,
dejando el campo abierto
frutar en el vacío.

Puente y palma del mundo,
hueca esfera del miedo,
la noche -negra pluma
del pájaro del aire-;
en su caja serena
de cristal y de escama,
guardò, como una rosa,
nuestro temblor unánime.

Y otra vez volviò el día
terso y bien enquillado,
como nadador joven
que arribara a la playa.
Y otra vez quedò el árbol
en pie sobre mi espíritu,
con su fruto cuajado,
sin cortar, en la rama.


PERFIL

EL frío en la madrugada
puliò la piedra del agua.

Quebròse el barco en el cielo.
Anclò en el agua el lucero...

Rodando desde su altura
cayò en la orilla la luna.

FIN DE

"Vuelta"


COLOQUIO
DE LOS TRES REYES DE ORIENTE

(1925)

...habla BALTASAR:

LAS manos quilla y mástil para apartar el miedo
y los ojos espadas para cortar la sombra;
como un pájaro verde crucé el ancho desierto
bordando en su abanico mi huella silenciosa.

La palma del temblor, de pie sobre la fuente,
cortò mi estrella única con su limpia cuchilla.
Mi corazòn erguido como un junco naciente
su término encontrò donde perdiò su guía.

La roja mariposa del cielo del poniente
vi prendida del viento con alfiler de oro
cuando rota mi estrella sobre el agua durmiente
flotando me mostraba abierto su tesoro.

...habla MELCHOR:

DERRAMANDO su encaje por la arena
en finas hebras por el tiempo canas,
era mi barba, cola de otra estrella,
blanca espuma del tiempo enmarañada.

Viejo faisán con plumaje de plata
salí del huevo de la lejanía,
rota, por fin, la cartulina blanca.

Y nieve hilada fue corriendo fría
sobre mi manto azul de tres mil leguas
que hilvanò la distancia en largos días.

Llegué cuando el crepúsculo nacía
y el sol se ahogaba entre la blanda niebla.

... y dice GASPAR:

Yo salté de la mano del deseo
sobre el ciervo del viento, halcòn de oro,
perdiéndome con él en recto vuelo
tras un jiròn de luz del tiempo roto.

Ágil venablo de mi pensamiento
atravesé el costado de la noche
y muerta la dejé, sangrando sueño,
para clavar el día al horizonte.

Dorò el otoño el árbol del viaje
y a su sombra cayò el espacio muerto
cuando vi -blanca juncia del aire-
mi garza estrella sobre el limpio cielo.

Y, espejo claro de la luz del día,
se abriò en mi pecho un lago transparente
que derramò sus aguas blandamente
hechas manto de vidrio a mi fatiga.

Puse en la orilla el pie cuando desnuda
la tarde entre la sombra se dormía
y el sol limpiaba sus doradas plumas
que en pincel de la luna convertía.


FIN DE
'COLOQUIO DE LOS TRES REYES DE ORIENTE'


SEIS ESTAMPASPARA UN ROMPECABEZAS

(1925)

Según hemos descrito en el Pròlogo, las seis estampas son siete.


[I]


LA ESCUELA

Tic tac.

Tic tac.

Sobre el catòn del día
el Tiempo deletrea...

Una esfera de cartòn
sobre la mesa bosteza
y abiertos sobre el muro
como ventanas ciegas
nos ofrecen los mapas
su lejanía muerta.

Tic tac.

Tic tac.

Sobre el catòn del día
el Tiempo deletrea. . .

El alma de una fragata,
en urna de cristal presa,
anclas de melancolía
clava en aguas de madera;

y un atlas
medio dormido
sobre un pupitre
nos muestra
la mariposa del MAR
que entre sus hojas diseca...

Tic tac.

Tic tac.

Sobre el catòn del día
el Tiempo deletrea...

(El maestro, de pie junto a la mesa. Señala con el Ín-
dice una carta celeste que representa a la Tierra como
una pompa de jabòn girando alrededor de medio limòn
abierto. A medida que habla va estirándose el Índice del
maestro hasta llegar a convertirse en un puntero.)

EL MAESTRO (con voz grave y profunda):

La Tierra,
como obediente planeta,
gira alrededor del Sol,
ella misma
dando vueltas.

(Desde el techo comienzan a caer hilos de araña. La
voz del niño, como una gaviota, las ahuyenta y salpi-
cando plumas abre la respuesta.)

EL NIÑO (como una trompeta):

La Tierra vuela
porque tiene veletas.

(Se oyen las notas casi imperceptibles de una caja
de música. Entran por la ventana multitud de insectos
metálicos que invaden la clase; pero el maestro agita el
puntero y los insectos asustados se marchan. El maestro
vuelve a ocupar el lugar anterior.)

EL MAESTRO (con voz grave y apoyada una mano en
la esfera):

Cada cuerpo celeste
atrae a sus contrarios.
Por esta atracciòn mutua
flotan en el espacio.

(Vuelven a caer las arañas pendientes de sus hilos.
La clase es medio acuarium medio cámara de barco.)

EL NIÑO (con voz de papagayo):

Al Sol
lo sostienen
sus
rayos.

(El maestro, como un muñeco de cuerda, cae desma-
yado sobre la mesa. Los mapas se hacen de cristal como
ventanas de un camarote y la esfera empieza a girar con
rapidez. La escuela parece una nave sin mando.)


[II]

EL cielo, de papel de seda, blanco y muy arrugado. El
mar como un vidrio. Las montañas del Poniente, mon-
tones de harina negra, En el viento hay una risa con-
tenida.
Poco antes de acostarse rompe el Sol el papel del
cielo y entre gola roja asoma su pintarrajeada Cabeza de
payaso que saca la lengua en son de burla.
El pintor, altísimo y muy delgado, vestido de negro,
va andando de puntillas. Sus ojos desmesuradamente
abiertos son completamente redondos y brillantes como
circuios de azabache; su mirada es recta y fuerte pero
pronta a la huida. Va marchando despacio de espalda al
Sol. De pronto, con gran rapidez, vuelve el torso y qué-
dase mirando de frente. En esta postura permanecerá
durante toda la estampa y solamente la cabeza irá mo-
viéndose con gestos violentos, cortantes, para atender a
sus llamadas imaginarias.
Su voz será desentonada y mecánica:

¿Quién es?
¿Quién llama?...

(Comienzan a llegar mariposas metálicas desde la ciu-
dad que se desangra.)

Desde todas las ventanas
me hacen señas...

¡¡Va!!...

(Del cuerpo del pintor se desprende su propia ima-
gen, transparente, vistiendo traje de seda japonesa. Abre
un quitasol y todas las mariposas se recogen bajo él y
por el aire lo conducen a la ciudad. El pintor sigue in-
mòvil y su mirada fija en las vidrieras lejanas. De re-
pente vuelve la cabeza hacia otro lado):

¿Quién es?
¿Quién llama?

(Desde el agua llega una gaviota de cristal verde.)

Ya casi hundida en el Mar
una mano me hace señas.. .

¡¡Va!!...

(Del cuerpo del pintor se desprende su propia ima-
gen, transparente, vistiendo traje azul de marinero. Lle-
va en las manos todas las banderas del abecedario,
que agita sobre su cabeza mientras la gaviota lo con-
duce al Mar. El pintor sigue inmòvil y su mirada fija
en el vidrio lejano. De repente vuelve la cabeza hacia
otro lado):

¿Quién es?
¿Quién llama?

(Desde una casa abandonada vienen despacio mul-
titud de caracoles derramando baba brillante.)

En medio de aquellos llanos
un pañuelo me hace señas.

¡¡Va!!...

¡¡Va!!...

(Del cuerpo del pintor se desprende su propia ima-
gen, transparente, vistiendo traje de seda japonesa. Abre
un quitasol y todas las mariposas se recogen bajo él y
por el aire lo conducen a la ciudad. El pintor sigue in-
mòvil y su mirada fija en las vidrieras lejanas. De re-
pente vuelve la cabeza hacia otro lado):

¿Quién es?
¿Quién llama?

(Desde el agua llega una gaviota de cristal verde.)

Ya casi hundida en el Mar
una mano me hace señas.. .

¡¡Va!!...

(Del cuerpo del pintor se desprende su propia ima-
gen, transparente, vistiendo traje azul de marinero. Lle-
va en las manos todas las banderas del abecedario,
que agita sobre su cabeza mientras la gaviota lo con-
duce al Mar. El pintor sigue inmòvil y su mirada fija
en el vidrio lejano. De repente vuelve la cabeza hacia
otro lado):

¿Quién es?
¿Quién llama?

(Desde una casa abandonada vienen despacio mul-
titud de caracoles derramando baba brillante.)

En medio de aquellos llanos
un pañuelo me hace señas.

¡¡Va!!...


[III]


MAGIA

ESTAMOS dentro de una redonda caja de cristal en cuyo
fondo se amontonan, como desechos de un adorno fe-
menino, estrellas de algodòn y rosas de tela entre espu-
moso tul color Nilo. Sobre fieltro marchito, transparentes
y llenas de jugo de alas, agrúpanse las burbujas de aire
como uvas de vidrio en sus racimos. A la izquierda lo
que creemos pájaro disecado, medio podrido y casi sin
plumas, es solo el medio esqueleto de un barco hundido.
Pasan -llenos de gas- como cuentas de gasa de un
rosario sin hebra los hongos azogados de las medusas,
y la Muerte tapa nuestro oído con su cera verdosa y vier-
te en nuestros ojos dos gotas de berilo. Estamos en el
fondo del puerto y somos buzos.

Por instinto miramos hacia el nuevo cielo. Solo es una
cubierta -tapa redonda de nuestra caja- hecha de pla-
ta líquida.

El exceso de gravedad nos hace ingrávidos. Y pisa-
mos sobre un suelo de esponjas como ya lo hizo Cristo
por la llamada agua antes y, viento nuestro, ahora.

......................................

Aún no estamos nacidos en este jardín nuevo; nuestro
cordòn umbilical va desde nuestro traje hasta el balòn


[III]


MAGIA

ESTAMOS dentro de una redonda caja de cristal en cuyo
fondo se amontonan, como desechos de un adorno fe-
menino, estrellas de algodòn y rosas de tela entre espu-
moso tul color Nilo. Sobre fieltro marchito, transparentes
y llenas de jugo de alas, agrúpanse las burbujas de aire
como uvas de vidrio en sus racimos. A la izquierda lo
que creemos pájaro disecado, medio podrido y casi sin
plumas, es solo el medio esqueleto de un barco hundido.
Pasan -llenos de gas- como cuentas de gasa de un
rosario sin hebra los hongos azogados de las medusas,
y la Muerte tapa nuestro oído con su cera verdosa y vier-
te en nuestros ojos dos gotas de berilo. Estamos en el
fondo del puerto y somos buzos.

Por instinto miramos hacia el nuevo cielo. Solo es una
cubierta -tapa redonda de nuestra caja- hecha de pla-
ta líquida.

El exceso de gravedad nos hace ingrávidos. Y pisa-
mos sobre un suelo de esponjas como ya lo hizo Cristo
por la llamada agua antes y, viento nuestro, ahora.

......................................

Aún no estamos nacidos en este jardín nuevo; nuestro
cordòn umbilical va desde nuestro traje hasta el balòn

Mi corazòn bergantín
se hundiò en el Mar
de mi pecho.

Cuando dormí
soñé
que el gavilán del viento
sus garras
clavò en tí...

¡Negro timòn
de mi sueño!...

...¿Llegaron mis fragatas?

Tantas fletò el Temor
como nubes flotando
hay en el cielo...

Cuando dormí
soñé
que el gavilán del viento
sus garras
clavò en tí...

¡Negro timòn
de mi sueño!

Al intentar hablar brotan de la boca del capitán las
palabras como flores de aire y suben hasta la superficie
donde abren su corola fosforescente. Queda él ondulan-
do con las suaves ráfagas de agua y suena otra campa-
nada. Yo asustado voy metiendo mi escafandra de miedo
en mi escafandra de miedo, mi escafandra de miedo en
mi escafandra de miedo, etc., y quedo convertido en rosa
mágica.
El cordòn umbilical se parte.


[IV]

TODA la estampa se verá algo quebrada como imagen
de un espejo malo. El exceso de azogue se sentirá hasta
dentro de nosotros mismos.
El paisaje, que será montañoso, debe estar cubier-
to por completo de higueras secas, retorcidas y deses-
peradas.
El cielo estará desfalleciente y sobre él recostadas las
nubes como husos olvidados.
De pie junto a una piedra oscura, un fraile sarmen-
toso cubierto con un sayal gris. Durante toda la estampa
permanecerá inmòvil y a su alrededor volarán, sin llegar
ninguno a él, multitud de insectos de todas clases. Su
voz suena como el aliento:

¡Còmo ahonda la raíz en la Tierra!
¡Còmo se clava en el viento la rama!

(Una bandada de buitres viene a pararse a los pies
del fraile.)

¡Còmo ahonda mi raíz en la Tierra!
¡Còmo se clavan en el viento mis ramas!

(Una bandada de gallos se mezcla a la de buitres.)

.. .y entre meditaciòn y llanto
enmoheciò mi carne. ..

En equilibrio perfecto,
sujeto entre dos imanes,
mi cuerpo
-como una aguja-
lágrima inútil del aire...

...........................

¡Còmo ahonda la raíz en la Tierra!
¡Còmo se clava en el viento la rama!

Entre nube y arena,
mi cuerpo
es una inútil lanza.

Mis armas ya deshechas...

(Vuelan los gallos y los buitres.)

y la Inutilidad
-como gota de cera-
en mi alma cuajada.

...........................

(Se quiebra el fraile por la cintura y se vacía como
un pellejo inflado. Su piel orugada desaparece, mitad
entre las nubes, mitad bajo tierra. Los insectos se mar-
chan en todas direcciones y donde estaba el fraile apa-
rece bailando una peonza de música. El Sol, de papel
escarlata.)


[V]

(MIENTRAS dure la estampa, detrás del telòn sonará
una caja de música. En toda la estampa no se oirá una
palabra.)

El Mar es de papel rizado. Sobre él saltan de tarde
en tarde delfines curvos, recortados en purpurina. Suben
y bajan las gaviotas movidas por hilos desde la bamba-
lina de una nube y todo adquiere ritmo de minué sobre
un telòn de fondo azul cromo.
Subiendo el caracol de una ola sin hundir su casco
en agua (como en las pinturas primitivas) pasa una ga-
lera -ciempiés alado de enormes patas-; en el timòn,
como una letra árabe, la silueta del capitán.
Allá en la costa, apenas perceptible, un castillo -roja
flor de almenas- y sobre su terraza se ve volar, inquie-
ta y desproporcionada con su rosa, la mariposa blanca
-casi ahogada de miedo- de una niña.
La niña llama y cada voz suya en el aire se cuaja
en insecto.

Príncipe
Príncipe
Príncipe
Príncipe

Príncipe...

...el de la galera

galera ay
galerita
ay

ay galerita

galera

ay galera

pájaro perezoso

de lienzo y madera

pájaro

pájaro

pájaro

pájaro pájaro
de plumas de tela
pájaro...

como todos
vienes
pero no llegas.

Sí. . .
cada palabra
un pañuelo

...y mis señales rotas

Cada pañuelo
fue una gaviota.

Don don
don don

don don
don
don
don

Como campana blanca
te llama mi ropa.

doron
din dan
don

colgadas mis ropas

don
doron
din
dan
don

... campana blanca

don don

de mi congoja...

Príncipe príncipe príncipe
príncipe príncipe príncipe
príncipe pájaro...

Nunca llegará un barco
que viene tan despacio

pájaro pájaro pájaro
pájaro pájaro...
con tu pico dorado

pájaro pájaro pájaro...

mi dragòn
un lagarto

¡Príncipe!

Ven y mátalo.

Todos los insectos se reúnen formando una bola que
gira con rapidez en un ángulo de la estancia despidiendo
reflejos metálicos. La galera desciende lentamente la mon-
taña de su alterado mar de agua inmòvil. Comienza a
caer una lluvia menuda que lo va destiñendo todo. Aún
no ha llegado el barco a tierra cuando a derecha e iz-
quierda de la estampa avanzan lentamente dos medios
cascarones de enorme proporciòn que al ajustarse uno
con otro la encierran dentro como un huevo de Pascua.


[VI]


BARBA AZUL

LA ventana abierta.
Barba Azul se ha dormido.

Pasa el tren de la Noche
sobre sus paralelas
dejando atrás cosida la puntada
y tejiendo delante tela nueva.

(Se adivina una sala amplia llena con el negro algo-
dòn de la tiniebla. La pantalla demasiado oscura del
cielo está agujereada de cuando en cuando por una
estrella fría. Sabemos que desde afuera veríamos la si-
lueta de cartòn del castillo en que estamos. El silencio
y la negrura nos sobrecogen.)

Muy de tarde en tarde y de dos en dos entran por la
ventana con rapidez ráfagas de luz que acuchillan la
sombra. En este parpadear violento puede verse a Barba
Azul dormido ¡unto a la ventana. Tiene un aire bona-
chòn de burgués que se desparrama en la còmoda butaca
en que duerme. La barba brilla como una turquesa.
En la oscuridad se oye la voz de ultratumba de Barba
Azul, cuyas palabras vuelan como cuervos.

Salomé
Salomé
Salomé

¡Salomé!

¿Por qué cortaste
a Juan Bautista
la cabeza?

(Se siente caer una nevada negra. Entran las ráfagas
de luz que al retirarse se llevan la figura de Barba Azul,
y ciegos nosotros volvemos a sentir la nevada negra.
Entre las telarañas de la Noche se oyen dos voces de
mujeres) :

...¿Qué ves por la montaña,
Ana,
hermana querida?. . .

Se diría.. .
que de las ubres
de una cabra negra
ordeñaban el día...

Se diría.. .
que alguien siembra
semillas de paisaje
en la vitela
de la umbría.

Se diría. . .
que el Sol
se ha arrancado
sus mangas.

Se diría...
que una gubia levanta
su corteza a la Noche.

Se diría. ..
que desde un mundo

a otro
se cruzan serpentinas.
Que le han puesto antifaz
a la Luna
o que con sus prismáticos
el Diablo nos mira.

Se diría.. .
que el Miedo
se ha sacado los ojos.

Se diría...
que una langosta muerta
va buscando su espiga.

(En el cíelo las estrellas parecen puntos suspensivos.
Vuelve a oírse la voz de Barba Azul, pero esta vez vue-
lan las palabras como cuervos desplumados.)

Salomé
Salomé
Salomé

Salomé...

(Viene despacio una ráfaga de luz que ilumina la sala
y despacio vuelve a marcharse. A la puerta del castillo
se para un automòvil y toca la bocina. Se siente ruido
de faldas. Se abre la puerta de la sala que, sin dar luz
a ella, queda como un lienzo de oro y por él cruza veloz-
mente la sombra alargada de un muchacho que arrastra
en cada mano una doncella. Se oye caer una llave y el
lienzo de la puerta se enmohece. Se marcha el íiuto-
mòvil...)

Ay

Ay

(Se despierta Barba Azul y sin dar importancia a su
gesto se asoma a la ventana, se arranca la barba brillante
y limpia como una turquesa y la tira sobre el automòvil
que se disuelve en la Noche. Sabemos que desde afuera
veríamos la silueta de cartòn del castillo en que estamos.
Sale la Luna como un gajo de limòn.)


[VII]


EL MILAGRO

CLAVADA en la pared del Tiempo, abierta su pupila
de dorados párpados, irá mostrándonos la estampa la
historia prodigiosa retratada en su tela.
Primeramente veremos allá a lo lejos, como insecto
en la caja de la Distancia, sobre la colina -verde veji-
ga en la piel de la vega- semejante a un mosquito
la voladora silueta de un inquieto caballo. Y sobre la
paloma de la tierra, el Mar, con falsa perspectiva, ex-
tiende su varilla sobre la cual descansan sus pájaros de
vidrio.
El cielo se olvida de sí mismo y cae como un pañuelo
sobre un diván de seda.

Como gusano
que roe
tierna hoja
de morera,
ya va royendo
la luna
la tarde
de hoja serena.

Este es el fondo de la prodigiosa estampa, colgada
como recuerdo en la pared del Tiempo, junto al altar
de Nuestra Señora, venerada en la Iglesia parroquial de

Iznate, que como gallina bajo sus alas guarda en sus
límites la provincia de Málaga la ancha.
Puede verse también, en primer término, como oveja
parada en el borde del tajo, encalado convento, blanca
ménsula que sostiene pálidas rosas entre místicos plie-
gues desmayadas. Sus voces tras las celosías llegan hasta
nosotros como un crujir de élitros.

Tan tan
(baja la campana
de la torre).

Tan tan
(sube la campana
a la torre).

De pronto, sin saberse en dònde perdiò pie, un niño
cae al tajo como flor encarnada entre las dos cortinas...

Tan tan.

Monjita de cera y lágrima,
promesa
y flor de temblores.

Monjita de desengaño
las campanadas esconden.

Tan tan.

Sobre el convento aparece, con peana de blanco al-
godòn y de pie sobre una luna de plata, la campana
rosa de una virgen de papel que descansa entre rosas
amarillas. Deja el brazo tendido sobre el tajo y el niño
se hace pluma en el viento...

Tan tan.

(Ya suena la campana
como un ataúd blanco.)

Clavada en la pared del Tiempo, abierta su pupila
de dorados párpados, va mostrándonos la estampa la
historia prodigiosa retratada en su tela...

(Este milagro, acaecido en un pueblo de la serranía
de Ojén, fue verificado por María de las Nieves, monja
novicia del convento de la Merced, el día 5 de abril
de 1858, y Dios la recogiò en su seno, en donde des-
cansa la azucena blanca, el día 5 de abril de 1859, al
año justo y a la misma hora de acaecido el milagro. El
niño ingresò el mismo día en el convento de Martirices
para consagrarse al servicio de Dios nuestro Señor y a
la oraciòn. Amén.)

FÍN DE
"SEIS ESTAMPAS PARA
UN ROMPECABEZAS"


DE NADADOR SIN CIELO

(ENSAYO DE AMOR BAJO EL AGUA)
(1924-1926?)


CELADA

TRAMPA de hora y cristal, sobre la espera
el corazòn prepara a su cuidado.
En limpias transparencias la certera
señal envuelve y aguarda reclinado
en su ventana, en la mano el pañuelo,
por cazar atenciones con señuelo.

Cruza el cuerpo y el ojo, ya prendido
por la pluma final de su mirada,
se tiende desde el rostro sorprendido
y abandona en el aire desplegada
un ala de la vista. Ve la seña
y recogiendo el ala al cuerpo enseña
tomándolo, ya ausente, por el alma
y entrándolo de nuevo a su armonía.
Inhábil el temblor sus dudas calma
sobre el ojo, que en franca cortesía
da habitaciòn al cuerpo con su espejo
y copia del retrato en su reflejo.

El amor en la trampa se apresura
a su defensa, mas con vano empeño;
sòlo consigue alivio a su postura
cambiando imagen sin trocar el dueño.
Y así, la flor del ojo fecundada,
queda preso el amor en la mirada.


CANCIÓN

DENTRO, la sombra del cuerpo
-árbol de mi pensamiento-.
Fuera, la llama del día;
arriba el sol en el cielo,
entre los dos mi piel viva.

-¿Y estos ojos?...
(En la noche, los luceros
alumbran el firmamento.)

-¿Y estos ojos?...
(En la savia de mi tiempo
cautivo está mi recuerdo.)


MEDITACIÓN BAJO UN MISTERIO

¿QUÉ pupila interior
detrás del sueño erige
el hondo nacimiento de esta imagen?
¡Brotò, emergiò, se clavò al cielo,
-sangre, cristal, espejo de su carne-
como flecha del tiempo
que de un arco invisible
escapara hacia el aire!
-¿Pero qué estrella busca?,
¿qué pájaro?, ¿qué flor?,
¿qué lejano enemigo
o qué fruta madura
donde dejar el triunfo
de su tino?...
-¡No lo sabe!
Vuela, vuela tan sòlo,
emerge limpia de su espalda,
-flecha en recreaciòn
de eterno en marcha-.
Su punta es fuego, y pluma
de sombra su timòn
que en la luz raya
y en la noche funde.
Luego es sombra su punta
y con la pluma en llamas
vuela y vuela la flecha
ya en òrbita, enlazada.

¡Es redonda! -¿Redonda?... Es infinita.
Se sumerge y emerge
a la vez que resbala,
busca, hiere,
y se deja quebrar
para nacer más clara
del fondo de su espejo
-sangre, cristal y cielo de su carne-,
como imagen al sueño
que sin sueño soñara.

-¿No es todo pensamiento?...
Bajo el pensar sus alas
viven presas...
Y es libertad
lo que a la flecha arrastra.


ÚLTIMO FIEL

ONDA en cárcel de huida.
Roce de sombras.
Mundo.

(La palma nada en el alma,
última pluma del agua.)

Onda en cárcel de viento.
Roce de sombras.
Misterio.

(Entre el pez y la rama
colgando del silencio
mi corazòn descansa.)


CRISTAL DE LA FLECHA

¡CÓMO, de pie, saltando
la vista alegre encuentra
el agua y en su onda entra
desnuda y va nadando
sobre ella, así cambiando
de estancia y lentamente
también de transparente
dueño en la imagen clara!
Entero entonces nace
el milagro y deshace
en reflejos su rara
magia de luces.
Para
el vidrio su rueda
sobre el ojo y se queda
dormido en él. Aclara
manso el sueño y separa
por fin dos blancas velas
que en aguas paralelas
se inclinan resbalando
sobre el día y en juego
entran al ojo luego
cristales deshilando.

Y, negándose a duda,
encaja al fin la cita
en justa estancia. Quita

pena al anhelo y muda
el llanto en que se escuda
el alma, cuando ausente
huye al gozo presente
por alegre saludo.
La voluntad descuida
sus tareas vencida
y entra el amor desnudo
bajo el agua, que en mudo
regocijo recibe
su destreza y la escribe
en la piel de su escudo
transparente. Y así, mudo
el amor entre espumas,
más habla, lo que en plumas
describe sobre espejo,
por copiar la figura
fiel que en igual postura
le da el alma en reflejo.

(PRIMERA IMAGEN)

Y hábil la luz, desnuda,
sobre el hombro se para
en pie, luego en la clara
onda su brillo escuda
y guarda, hasta que acuda
a defenderla el gesto
reclamado.
En su puesto
el brazo sòlo atiende
a la señal marcada.
Llega.
La luz, salvada,
sobre el hombro se tiende
hecha vidrio, se prende
al cuello y, ya segura,
uncida al brazo, apura
el movimiento, hiende
rápida el agua, enciende
nuevos brillos en la onda,
mientras la mano ahonda
sin engendrar la espuma,
deshilando el espacio,
y bajo el cristal lacio
se trueca en blanda pluma.

(JUEGO DE AMOR)

SE enreda la alegría
en la fina maraña
de la burla y engaña
el juego, la porfía
a la que el amor fía
la venda de su anhelo.
Abre la risa el vuelo
bajo el labio: se enreda
más la burla y, caída
la venda, marca huida
la duda, el amor queda.

(PRESENCIA DEL OJO)

Luz redonda, sin viento,
sobre el temblor flotada
por el brillo; clavada
por claro sentimiento
limpio, sobre el aliento
del deseo, en su caja
transparente, se cuaja
el alma en la pupila.
¡Trampa! La imagen cae.
El alma se distrae...
Y el amor se destila.

(EL CUERPO LIBERTADO)

Y el brillo espera tenso sobre la piel curvada
por el salto. Encájase en el viento la figura
y, limpia por el brinco, le muestra su postura
a la alegría, ágilmente en el blanco clavada.
La luz con hábil maña sobre el cuerpo se enciende,
trueca en cristal el músculo tirante y se tiende
más tarde, hecha metal de agua, desde el cuello
hasta bajar al pie y calzarlo en destello.
Así sobre la meta, aún temblando, el desnudo
corta la flor del premio final de su carrera
y se encalla vibrando sobre la primavera
que sale a recibirlo con su franco saludo.

(ENTRADA AL SUEÑO)

LA soledad se aclara.
La burla se deshace.
La forma por fin nace
y el misterio se para.
La limpia transparencia
-ala virgen en donde
la memoria se esconde
huyendo a la presencia
del tiempo-, su prudencia
levanta de su anhelo
y oculta en su desvelo
el cuerpo al desengaño
que con su mano dura
acecha en la figura
para herir a su daño.
Así queda guardada
la estirpe de la ausencia,
oculta en transparencia
y en belleza librada.
Y el misterio se para;
la forma por fin nace,
la burla se deshace:
la soledad se aclara.

FIN DE
"NADADOR SIN CIELO"


EL MISTERIO DEL AGUA

(1926-1927)

Publicado en la Antología de Losada, Buenos Aires, 1954.

IBA perdido el ojo. Andaba por el aire en mullida indo-
lencia abandonado, como un agua sin lecho y sin corrien-
te en río quieto. Desmayado, perdido, lacio de corazòn,
sin gusto, sin ánimo ni vida para buscar alivio, desan-
grado en el aire, de espaldas sobre el sueño...

Sin consuelo, en triste luz de alma se vertía, se des-
plomaba, como un aire de olvido en la memoria. Luego,
transfigurado, fingía vida nueva para más entregarse a
reposo de pluma.

Se lo llevaba el viento, el día, la luciérnaga...

Pero se encontrò al agua y naciò en su misterio.

MILAGRO PRIMERO


TRÁNSITO DEL CREPÚSCULO

1

¡ABRE el cielo sus puertas!
¡Abre el amor sus alas!

Se le va el pulso al día.
Su corazòn se agua
-se desnuda-,
se tiende deshilado,
huye por sombras,
se desabrocha en vahos...
Cae
en aire solamente,
en vilos de la fuga;
pero unido al descanso
-hundido en blanca ausencia-,
en anhelos de espalda
rendido a su blandura
adolescente
y claro.

¡Còmo va sostenido
derramado en cintura!...
Como medio durmiendo,
curvado en abandono
-una pierna mecida
en últimos desmayos-:

surge,
corta un latido
y más se desvanece,
se derrite de vida,
se desploma de luces...
Y, al fin, ya desprendido
-leve calor de pluma
sobre el cielo-:
se da
y queda en el aire,
bajo sus tibias nieblas,
mágico e invisible
perdido entre silencios...

Mientras, desnuda,
el agua:
se descalza en el sueño
sus ligaduras últimas
y transportada
en éxtasis,
por mirar más
se funde en ella misma,
se deshace,
se vuela,
se desata...
Sube, abierta en un halo
y se pierde de cuerpo
por luz,
en vapor de misterio,
en ronda de temblores...

Iluminada,
fuera de sí por fe,
sin pensamiento,
ciega
-engañándose en aire alzada-:
se destila en su fuga

la carne de la luz que la creaba
y en ella misma vuela sin saberlo,
olvidándose el barco
a espaldas de su ausencia,
con la razòn perdida
navegando en el cielo...

2

Y todo el día turba su belleza
y atribulado escapa...

Al filo del Poniente,
abre el amor sus alas,
y recoge en el sueño
a un crepúsculo en llamas.

(Por los negros cuadernos
de la espalda del viento,
cruza despacio el alma.)

3

No se resiste el día
al invisible dardo
que busca su belleza
y entero lo recibe
en su cuerpo sin piel
donde se clava...

Así pierde su luz
-se le derrama ansiosa
saliendo a borbotones
por la herida que deja-:
desvaída en su gozo,

desfalleciendo de color y espuma,
en pérdidas ardientes
de su latir sin rumbo
entre espasmos de sombras...

¡Herido se levanta el día!
¡Desnudo y desangrándose!

Su pasiòn lo conduce
en vilos de la muerte,
mojado de presencias
y abandonos del cielo,
a otro nuevo martirio
que su cuerpo presiente,
goza, vive y ayuda,
sin conocer, constante...

¡Desnudo se levanta el día!
¡Sin piel, herido y desangrándose!

Como un calor se filtra
-se baja por él mismo-,
se escapa de su frente
besándose hacia dentro
hasta darse de bruces
con su propia hermosura
cuerpo y cuerpo sin piel
de carne inexistente.

¡Sobre él mismo descansa!
¡Sobre él mismo se queda
como un rumor vencido
absorto entre dos muertes!...
Cielo y cielo que mana
del cielo, hacia la fuente
del cielo, sobre el cielo
del cielo que sostiene:

cielo total y mínimo
ser total todo el cielo...

-Pero...
¿y su luz?...
-La llevan
desgajada, dos ángeles...

-¿Ángeles o latidos?

-¡Pulsos de luz sin sangre!

(Cae un chorro de sombra...
Un lucero, se abre...)

¡Todo el cuerpo del día
se hace voz de la tarde,
y el pensamiento, tiempo
que sueña sobre el aire!

4

¡Ay tiempo contra tiempo
sin piel; sangre en la sangre
de una misma sangre;
luz en la luz sin luz
de luz del aire!
Cuerpo sin cuerpo en cuerpo
contra el cuerpo en que naces
hoy, tiempo de tu tiempo
-lecho de sueño y viento-:
tiempo libre en el sueño
de un tiempo ya sin cárcel.
¿Eres ya todo el cielo
y sòlo el cielo?...
Nadie

penetra al sueño
si al sueño no se abre;
pero tú de ti mismo
y por ti mismo entraste
-tiempo de viento y sueño,
sueño en la tarde en luz
tiempo sin sangre-
y, por él, con tu cuerpo,
nuevo cuerpo engendraste
del sueño, entre las sombras
del cielo de tu carne...

¿Qué sed calma la fuente
de la sed por que naces?
¿Quién sostiene tu esencia
tan presente y distante?...

(¡Llama el agua en lo Eterno
que su misterio le abre
y, al fin, el pensamiento
desde la sombra cae:
cuerpo y voz de Universo
en la noche triunfante!)


AUSENCIAS

1

¡A su alto vuelo atada
la estrella, en asterisco
de oro, viento arisco
señala!...
Descentrada
y mal justificada
la noche, queda impuesta
al cielo que, respuesta
pide al agua ya impresa
del reflejo...
-¿Corrige
el tiempo?...
-¡Su voz, rige
toda la bella empresa!

2

¡Una nube sobre el cielo
conduce a la luz!...

-¿Adonde?.

-¡Que nadie pregunte!

(El tiempo,
va desangrando en amor
todo el corazòn del sueño.)

MILAGRO SEGUNDO


CUERPO DE LA NOCHE

1

DESNUDA baja el agua
camino de la sombra...
Apenas se sostiene en ella misma;
no puede sostenerse:
se cae,
se medio hunde;
se da vencida,
se pierde entera,
se sumerge,
se acaba
y deja sobre el aire
la huella de su estancia
como un aliento hueco reclamando.

Después, surge de nuevo,
sube
-emerge de ella misma-:
más transparente ahora,
más desnuda en su cuerpo
apenas sin figura;
medio muerta de estrellas,
ciega de maravillas.

Límpida e intangible
ya sin carne de agua;

en pie sobre el milagro
de su exaltaciòn nítida:
se para a remirarse
apoyada en el viento;
se recrea en sus trucos
de luz y tornasombra,
para darse más clara,
más viva a cada instante,
más redimida
y libre de reflejos...

Y, chorreando luna
así, queda en la noche
casi como en memoria,
en vilo
sostenida por mágicos silencios-:
toda cristal en alma,
toda pasiòn de huida,
hueco espejo sin alas,
presente ausencia viva
casi como la huella
de un espejo de agua.

2

Y la frente del mundo
como un viento sin sangre
se ahueca...
Sus ámbitos de sombra,
oro y cristal, se entregan,
al espejo sin luna
en donde el agua acecha
ardorosa y temblando
detrás de las estrellas...

Honda, luciente y límpida
razòn de su presencia:
¿en qué ardiente regazo
está la noche abierta?...

¡Como un gran cuerpo herido
sus desmayos alientan
cautivos de un espacio
en donde el agua espera!...

Y el latir de la espuma;
el vuelo de una nave;
el peso de un lucero,
el corazòn de un ave:
todo es pulso del sueño,
vida y razòn del aire
flor y carne en el cielo
de su cristal sin sangre.

Así, sin ser memoria,
tanta es la transparencia
y amor hacia la luz
que hundiò la tarde en ella
que, el tiempo, confundido,
imagina presencia
del día, lo que es tránsito
que hacia el olvido lleva...
¡Entra a vivirlo! Y cae,
donde el agua lo espera,
ahuecando amorosa
el cielo en que lo besa. ..

Y ¿qué mágico espejo
con esta imagen juega?
¡El agua! ¡Solo el agua!
¿Dònde está el agua?. . .
¿Sueña?...

El agua está en su lecho
delirante y desnuda,
sin cuerpo, palpitante,
brotando de ella misma
y en su constante fiebre
derramándose hermosa
sobre su propia carne.

¡Còmo siente su espacio
sin piel, vivir la imagen
que del tiempo burlò
y, al temeroso instante
que aún no sabe si es tiempo,
bajo el tiempo soñarle!

Entera a recibirlo
sube, sin levantarse
ni saber que a la noche
da a luz y, de ella, nace. . .

-Pero...
¿quién vencerá?. ..

-El agua al ocultarse
halla en su cuerpo al cielo
que palpita en su sangre:
cielo total...
-¿El mínimo
ser total?
-¡Todo el cielo!. .


AUSENCIAS

1

¿Es toda el agua del mar,
el reflejo que, hoy, la luna
en ella, clavando está?

(Salta un pez. . .
Se arruga el agua...)

¿Es toda el agua del mar
la blanca flor de la espuma?...

(Todo el mar es soledad.)

2

Negro está el cielo y el mar
en cada esquina un lucero
y, en medio, un ancho puñal
clavado sobre su pecho.

-¿Clavado?. . .
¿Pero en qué cuerpo?.

-¡En el que nunca tendrá!

MILAGRO TERCERO


PASIÓN DE LA SOMBRA

1

EL agua viene alegre,
espera,
se retira,
aguarda sobre un pie,
se ondula en aire,
da su vidrio
y se oculta por fin
puliéndose en la noche
derramada en pupila;
empinándose en miedo,
conteniendo a sus peces en pena
como plumas sonámbulas
errando en el vacío;
cuidando de sus barcos oscuros,
resbalosos de sueño;
abierta en brillos
y, en su desmayo,
herida por el remo. ..

Y cuando alegre llega
hecha media naranja de espejo,
media estancia de imagen,
media ausencia de mundo:
da contra los silencios
y se quiebra de estrellas,

se rompe,
se separa hacia arriba,
se cuelga horizontal,
se atiranta y se limpia,
se ahonda y pulimenta,
se hace cristal de viento,
se endurece...
Huye;

pero cortés
nos mira desde sus filos últimos
y vuelve sin reparo
a repetir su gracia
despacio,
derretida,
mansa entre sus reflejos;
mientras que va la noche
desnuda por el cielo
y transparentemente
trastornada de luna.

2

Desnuda va la noche,
negra, en alma suspensa...
No se conoce.
Oscura abre sus tactos
y toca en ella misma.
Se hunde.
Se multiplica
en sòlo un cuerpo, ciega.
Arriba va sin gusto
-germinaciòn sin límites-
perdida a luz;
palpando enloquecida
mirándose hacia dentro,
como alucinaciòn

de sombra en sombra.
Se cuaja, se descuaja,
se vierte y sube honda;
palpita en ella entera.
Canta -forma el silencio
que la suspende-
y nace en él más hueca
e intangible;
más còncava y parada,
sin entrañas, sin hueso,
sin raíz,
sin presencia,
en volandas de pulsos
de ella misma, alcanzada
por ella, bajo el pecho
que abierto la desangra.
¿Para quién?...
Nada; nadie
descansa en ella;
nadie clava el deseo
de un cuerpo entre sus alas.
Desnuda certifica
su angustia sobre el agua,
la luna que, en el viento,
hoy la cruza y traspasa.

-Pero... ¡este olor!...

(-El agua, en flor de estrellas,
al cielo se levanta. . .
¡Cae la noche!
La sombra se deshoja
en carne iluminada.)


AUSENCIAS

1

¿Y aún está la noche abierta?...

El cielo se bajò al mar
para limpiarse de estrellas.

Empezò a nadar el tiempo
con la noche por el mar...

¡Y sigue la noche abierta!

2

¿Sigue su camino el agua?

Como una concha en la playa,
sobre la arena del cielo
duerme la luna olvidada...

¡Sigue su camino el agua!

3

Y todo vuelve a su ser,
cuando acabada la muerte

otra vez vuelve a nacer
el agua en su misma fuente:
fuente que nunca ha de ver.

MILAGRO CUARTO


SOLEDAD

1

PENANDO está la noche.

Pasa y va deteniéndose
por mirarse mejor a cada paso...
Parándose en su pena
y quedándose en ella en cada esquina
-ánima transparente-,
dentro de su alto grito
ya mudo y hecho espejo
para culpa.

Resbala casi líquida
y queda endurecida de pronto,
tensa inmòvil
en pie,
ordenando al misterio
su limpia luz de luto...

Y cuando el pensamiento
halla su permanencia
y se suspende al alma
como un eco de olvido,
fugitiva se esconde
en filtraciones rápidas,

quedándose tan solo
en hálito de huella...

No se nota que cambia
para cristal sonámbulo.
Se va, sin saber còmo,
sorbida,
en pluma de memoria,
en mágico trasporte...
y entra en la esbelta estancia
última del silencio,
de la mano del agua
recién muerta de luna...

2

Y queda el agua en pie
y estremecida
en su tierra de luto
-cadenas la memoria,
prisiones la truncada
alta torre del cuerpo-:
la contriciòn en sombra
-aún húmeda en la sangre
del corazòn del día-,
penando sobre el mundo
por castigo del tiempo...

Ni tribunal de ausencias;
ni juez que una sus límites,
ni beleños de aromas
-jazmín, naranja, clavel,
nardo-, libra al presente
de la prisiòn de culpa que le oprime...

¡Y qué dolor la estrecha,
la clava en surtidor
agudo de su pena,
como estatua en un grito!...
Como aguja escapada
de su conciencia al cielo
-cuajaron de la sangre
sin sueño de su víctima-:
puñal vivo es su cuerpo
que en ella misma clava.

Negra, negra, negrísima es la noche,
alta como una espada...
Semilla de su carne,
hoy sòlo llanto y niebla
de un oscuro gemir vive la noche.
Fecundo olvido en su presencia erige;
acciòn, pasiòn de amor por su pecado...
Mientras abajo el día,
sin conciencia, en desmayo,
por boca de su herida
derrama a borbotones
su calor, sobre un beso
negro que ya la inunda...

-¿Quién salvará a la sombra
y al agua en que se muere?

(Todo el tiempo, es un grito
mudo, sobre la noche...

El aire, es la esperanza
del cielo en que se esconde.)


AUSENCIAS

1

SILENCIO, que viene el cielo.
(Y todo el cuerpordel agua
alza su luz para wdo.)

2

¿Le faltò un lucera al día?...
-No; que se lo llevò el cielo
cuando en el agua se hundía.

3

¿Y dònde está la campana?..
-La noche la está buscando
para que despierte al alba.

4

-¿Quién va?...
(La muerte pregunta.)
Y cada estrella se esconde
en su caracol de espuma.

MILAGRO QUINTO


AMANECER

Vuelta y Tránsito

1

NOCHE y agua,
despacio,
van entrando en la hora
sin apenas pisarla:
latiendo sobre vahos
casi ya sin presencia;
en palmas fugitivas
para cederse en ellas,
escaparse en aliento
y mudarse de cambio...

Y van altas, seguras,
en desmayos de vida:
una en otra
hombro en hombro,
mezclándose de brillos;
de manos transparentes,
de calor y de ánima.

Se ayudan.
Se sostienen.

Se conducen solícitas
y, acògense ya en fruta,
ya listas para entrega...

Se dan a luz en vilo
abiertas en ausencias,
en gloria,
en madrugada,
en vencida de aire...

Y, al fin, serenamente,
lunáticas de vuelo:
en éxtasis de albas
y límites de espumas,
se van transfiguradas,
perdidas sobre el día;
mientras que, lentamente,
la luz penetra al cielo...

2

¡Entra la luz al cielo!
¡Abre el sueño su espalda!
¡Abre el amor sus alas!

No resiste la sombra
al dardo que, el instante,
invisible, le asesta
y, entero lo recibe
en su cuerpo sin piel
donde se clava...

La sombra se levanta
desnuda y va sangrando...
(Mojada está en la luz
que se derrama ansiosa

saliendo a borbotones
por la herida que deja.)

Como un calor se eleva,
-emerge de ella misma-,
se escapa de su frente
volcándose hacia fuera,
hasta darse de bruces
entera en su hermosura,
húmeda y ya vencida
por el alba que llega.

¡Sobre el viento descansa!
¡Sobre ella misma queda!
¡Todo su cuerpo late
sostenido de estrellas!...
Y al fin, de un golpe, se hunde
sobre sí misma muerta...

"¿Quién va?..."
-dice la Aurora
al recibir el cuerpo
de la luz sobre el agua-:
"¿Es el tiempo que empieza
o es el tiempo que acaba?..."

(El sol pule los dardos
rojos de la mañana...

Sobre el cielo, que sueña,
todo el espacio es alma.)


AUSENCIAS

1

ESTABA el sol por nacer...
la noche se alzò del agua
para mirarlo:
la luz se hizo amanecer.

2

Y cuando llegò la luz,
mirò atrás y vio que el cielo
estaba hueco.
Un lucero
sòlo velaba al misterio
que dejò morir la luz...
¡Eterna pasiòn del tiempo!

3

Y el tiempo quedò pensando
que, de tanto en él pensar,
sin él se estaba quedando...

Luego se durmiò en el mar
y el mundo lo fue olvidando.


MEMORIA DE POESIA

(1926-1927)

SALVADOS fuera y dentro de mí por su batalla estos
fragmentos fronterizos de mi adolescencia, luz y muerte,
hoy se encuentran acaso materiales, dislocados sin or-
den, buscando un equilibrio que no han tenido, ni ten-
drán, ni llevan.

Brocal del éxtasis. Litoral de ausencias: del cuerpo
al alma, del alma al cuerpo, en la balanza bella de mis
ojos perdidos se amontonan sus hojas de poesía, a un
lado y otro de mi sueño. Buscan el fiel, el árbol o la
flecha donde hallar paz: destino de su verbo.

¡Qué prematuro otoño sobre el alborear de sus can-
ciones!

E. P.

"...El mismo pulso azul sobre el mar limpio; la
arena, igual, dormida junto al agua; el mismo cielo
abierto sobre el fondo: un solo día ha sido todo el
tiempo."

E. P.


PRESENTE AUSENCIA

No te veía, pero te sentía
caer desde tu pensamiento,
derramada en mi espalda
como un calor de pájaro en el viento.

Te hiciste toda pulso
derretido:

Se me perdiò la carne por el sueño.


CITA HACIA DENTRO

¿TANTA luz? ¿tanta muerte?
¿tanta rosa en el día?...
(Curva el sol sobre el tiempo
sus llamas en sortija.)

Encadenado el mundo
a su exacta medida,
tanto debe a su fuego
como a su sombra viva.

Tanta hermosura fuera,
de nuestro amor se olvida.
No me dará descanso
para alcanzar la dicha.

Con el sol sobre el cielo,
hoy nunca te vería,
que pesa más que el hombre
la luz que lo ilumina.

La noche, en cambio, tiene
al sol bajo sus aguas.
Sus páginas oscuras
viven deshabitadas.

¡Qué soledad nos brinda,
para el amor, su estancia!...

(Toda la sombra es mundo
y, el mundo, tu mirada...)

En el centro del mundo,
bajo el sueño -en sus alas-
te harás toda silencio,
apretada en mi alma.

La esfera de la noche
a un nuevo amor nos llama...
La rosa de lo eterno
a los dos nos amarra.

Deja el sol; deja el cuerpo,
ya vendrán otras albas...
¡Voy a coger el sueño!
¡Te espero en su terraza!


LO IRREPARABLE

CUANDO nos separamos,
-cuando huíste-
quedamos solo uno:
tan solo una semilla,
un huerto, un sol árbol.
Después, cuando volviste
-cuando nos encontramos
de nuevo-, no nos reconocimos;
éramos dos y ahora para siempre:
dos árboles, dos sombras, dos silencios.


HUIDA

(A P. R., muerto en su primavera)

YA no era carne. Yo quise
salvarlo, pero era tarde.
¡Qué alba se fue! ¡Qué crepúsculo!
Su pie y su frente en el aire,
la sombra y la luz con ellos
separò solo un instante...
Después tan solo un recuerdo
sin dimensiòn; sòlo el traje
de su fecha: testamento
de agua, de tierra y de aire,
de un sueño vivo en el mundo
a otro sueño ya sin sangre.
¡Qué alba se fue! ¡Qué crepúsculo!
Yo quise salvarlo,
pero era tarde...

(Vivo silencio de lumbre,
su ausencia aún presente late.)


MALDICIÓN

SABIÉNDOLO ya todo
como una inmensa espina
clavada entre los ojos,
nuestra letügua de soga,
ahMidándo, ahondando, muda,
nos ahorcò de la sangre...
¡Qué golpes! ¡Qué aletazos
en aquel cuerpo nuestro
colgado de la sombra!

Pájaros como dagas
iban ardiendo vivos
a clavarse en mi pecho.
Manos muertas, cortadas
de tu frente, en mis hombros,
sobre tu espalda hinchada,
se iban parando, lentas,
una a una... j Qué pena!
¡Qué ardor en la garganta!

Nuestros nombres perdidos,
igual que dos fantasmas
de cieno, en nuestra sangre
flotaban como barcas...
Nuestros ojos vacíos,
¡qué silenciosas charcas!

Sabiéndolo ya todo,
como una inmensa espina
en los ojos clavada,
nos ahorcamos del cuerpo
por salvarnos del alma.
-Por salvarnos del cuerpo
nos ahorcamos del alma-.

Quedò el cuerpo en el viento
como una inmensa llaga;
sabiéndolo ya todo,
como una inmensa espina
clavada en las entrañas.


BOSQUE DE LA NOCHE

1

SE alzò-manzana de ébano-
la mirada en el viento
y se quedò en el alma
meciéndose en su rama.

Se alzò -manzana de ébano-
el alma sobre el viento
y quedò la mirada
meciéndose en su agua.

Se alzò -manzana de ébano-
el agua sobre el viento
y se quedò en el alma
mecida en su mirada.

Se alzò -manzana de ébano-
el alma en la mirada
y se quedò en el viento
meciéndose en su rama...

2

¡Mira la flor del río!

-Musgo fresco
y desnudo,
y el pie pulsando el agua-

¡Oye la flor del agua!

-Árbol,
sombra de orilla,
blanca piedra,
palabra...
Hombro en reposo...
Luna...

(¡Vuela la flor del alma!)

3

¡Se va el ojo!
-Silencio de luz-.

¡Déjalo!...

¡Se ha parado en su rama
-entre coral y sangre-!

¡Aguarda!...

En su pluma más alta
abierto está de alas.

Ya ha vuelto...

-La imagen se pasea
fuera y dentro del alma,
fuera y dentro del viento-.

4

El corazòn arriba.

Ninguna estrella.. .

Va cavando la sombra
sus pozos de silencio...

La campana se angustia
muda en la noche.

Se ha muerto el agua
y queda sobre el viento
su luz en pena.

5

(Nacimiento)

Estamos en los nombres:
en el nombre del nombre,
en el agua del nombré,
en los nombres del agua,
en el nombre desnudo,
en los huesos del nombre,
en el agua del agua,
en los huesos del agua...

Dentro del nombre propio
-¡latigazos!, ¡espadas!-.
En nuestro propio nombre
-¡latigazos!, ¡espadas!-.
En el nombre del Padre
-¡sangre viva en las sienes!-.
En el nombre del Hijo
-¡sangre viva en las sienes!-.
En el nombre del aire
-¡sangre viva en el aire!...-
En las sienes del nombre
-¡sangre viva en el agua!-.
En las sienes del agua

-¡agua viva en la sangre!-.
En la sangre del agua
-¡agua viva en el agua!-.
En las sienes del alma
-¡alma viva en el agua!-.
En el agua del alma
-¡sangre viva en el alma!...

Estamos en el agua:
¡agua viva en el alma!

y 6

Incomparable amor

¡Còmo bajas del ojo
por el silencio puro!
Llegaste a él
-silencio de aire-,
por el puente invisible
del reflejo;
te paraste en su borde
y caíste hacia dentro,
de espaldas, gota a gota,
despacio,
hasta llenar el alma
y hacer buzar el sueño.


RETRATO (INTERIOR)

J. L. C. -adolescente-

TRANSPARENTE, intangible,
lejos ya de aquel cuerpo
que abatido en su lengua
se olvidò de su nombre,
el mar, el cielo, la inocencia,
otra vez lo encontraron
dislocado y alegre:
resucitado en su memoria.

Tranquilo como un agua
derramada en su frente,
nuevamente su cuerpo
apareciò dormido en el espacio...
Nuevamente su cuerpo,
al encontrarse preso en su figura,
olvidando sus límites,
abatiò su existencia
y subiò en sueño al aire.

La tela de su cuarto
fue perdiendo distancias
igual que una ventana por la luna;
de nuevo en el silencio
se presintiò su carne
porque de nuevo el día
naciò bajo su ausencia.


NADA TE PIDO

NADA te pido. Este cuerpo
que te sostiene y encarna
más allá de donde tú
puedes conocer tu alma,
ni es cuerpo tuyo ni mío,
ni cuerpo de nadie...
Acaba
con las hebras de este enredo
en que sòlo tú te engañas.
Si has de darte en otro pecho,
clávate como una espada
hasta que en tu propia herida
desde su olvido renazcas.
Ni te encuentra ni te pierde
quien hoy a tu cuerpo abraza;
ni tú puedes escaparte
si de este abrazo te apartas.
Hoy las manos que te aprietan
y en tu cintura se enlazan,
en lugar de atarte a ti
tan sòlo a tu muerte atan.
¿Qué puedo pedirte?
El sueño
ya para mi ardor no basta
y en la carne de mi sueño
aún tu carne no se alza.
Cuando te encuentre en el mundo

como sombra iluminada,
como fuego en el destierro,
seré el aire de tu llama.
Hoy nada te pido. El tiempo
me dirá lo que es tu alma.

¿Te he conocido?
¿Quién sabe
adonde mi amor alcanza?


TRÁNSITO

(Fragmento de un poema incompleto)


¡CÓMO se va saliendo por mi frente,
clara, serena, toda mi memoria
y, huyendo sobre el viento derramada,
libre, su anhelo cambia en cuerpo vivo!

Sangre al fin de la tarde, arriba queda
igual que un agua en tránsito, desnuda,
ya de la limpia estrella compañía
y hondo espejo sin carne del silencio.

¡Còmo en su nueva forma deseada,
en blando cristal hueco adormecido,
flotando bajo el cielo transparente,
halla mi sueño lecho en el crepúsculo!

¡Qué grande sobre el viento se reparte
la noche ya segura de su palma!
¡Qué pura luz la anima a su viaje!
¡Todo el caudal del pulso la levanta!


TRÁNSITO DEL CISNE

HASTA perder por esta quietud clara
la voz de tu visita,
y que en su limpia ausencia te descalces
cautivo al tiempo muerto en tu figura,
seré en ti por el aire
y para el aire y con el aire,
porque por mí te salgas
del agua al agua y por el agua.
Que si al abrir tus puertas
me pierdo abandonado por la huida,
yo encarnaré de nuevo
como un cansancio igual que un ángel,
para que el pensamiento
te descubra en ausencias.
Aunque no sé si vas a tener sombra,
umbral de tu blancura,
o esta pérdida fría sin espacio
nos ha cuajado vírgenes a un sueño.
Que no sé si es el agua
o soy y estás en mi memoria
o vendrás o estuviste
como la luz o como el cielo,
o si yo me he perdido;
porque ni estoy ni estás ni somos
igual que mi tristeza,
como te estoy mirando
y despierto en mi frente.

A Alina (muerta)

SALTÓ de la memoria,
de su estampa miniada,
del redondo jardín que dejò el ojo
dentro del corazòn al irse,
dejando planta, anillo y risa
entre la niebla,
único testamento
de su vuelo temprano.
Quedò la luz, la cinta,
el escabel, la sombra...,
y su tristeza dulce
de lluvia entre cristales.
Solamente.
(El silencio...
y su pie sobre el agua.)


CUERPO EN ALMA

Si yo pudiera darte
toda la luz del alba
hasta que por tu frente
mi ausencia y mi recuerdo
fueran igual que un día,
yo cruzaría despacio,
como el sol, por tu pecho,
hasta salir sin sangre
ni dolor por la noche.
Que si al cerrar sus párpados
la flor de tu memoria
demandase del tiempo
un eco a mi presencia,
yo otra vez brotaría
de espaldas por la sombra
y otra nueva mañana
te subiría del sueño.
No así, que vanamente
mi palabra sin puertas
como un pájaro ciego
golpea en tus cristales,
hasta que ya sin fuerzas,
desplumada y sin luna,
se pierde por la noche
sin lograr penetrarte.


EN LA NOCHE

FRENTE a frente: o el agua
o la luz de la luna
o el aire...
Frente a frente
los nombres...
¡Ni aun los nombres!

¡Silencio!
Solo mi amor.

¿Escuchas?..


EN CARNE VIVA

Yo no sé hasta qué espejo
podrás llegar por conocerme.

La luz tiene dos filos.
¿Dònde empieza tu sombra?

Cuando el silencio habita
más cerca de tus ojos,
yo no sé por qué estrecha galería
me buscas persiguiéndote en mi forma.


LO FATAL

Si me quedara en la muerte
como ahora estoy, me entraría
por ella abajo hasta el fondo,
despacio, dejando abierto
detrás de mí sobre el mundo
de par en par mi silencio,
como esta ventana abierta
está frente a mí en el cielo.
¡Qué bien centrados mis ojos
por detrás de los luceros
con su alta luz curarían
los umbrales de mi cuerpo,
aún medio hundido en la tierra
y medio deshecho en viento!
¡Qué buena herencia de risas
dejaría a los lamentos
que del hueco de mi sombra
descolgaría el recuerdo!
¡Qué nuevas rutas de vida
en mi nuevo nacimiento!

Muerto, me desnudaría
de mi memoria, y entero
allí quedaría
bajo su caliente espejo,
sin voz, sin carne y sin nombre,
flotando en mis sueños vueltos,

COMO si fuera este el último día
y todo por decir
y ya mi mano huyera
sin sangre sobre el mundo
sin poder soportar el árbol de la pluma:
así ayer, así hoy...
¡Cuánta sombra perdida!
¡Cuántos ríos sin cauce abandonados!
¡Cuánta luz sin orilla!
Todo se está saliendo por mis ojos
pero mi mano languidece fría.
¡Oh papel de silencios,
qué dolorosa herida!

La flecha está clavada sobre el sueño
y la carne vacía...

FIN DE
"MEMORIA DE POESÍA"


CUERPO PERSEGUIDO

(1927-1928)

Publicado como primera parte de Memoria del Olvido, Editorial
Séneca, México, 1940.

PARA
JOSÉ LUIS

... Si en el cuerpo, no lo sé; si fuera
del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe...

S. P. 2 Co., 12-2.

MEMORIA DEL OLVIDO

QUISIERA estar por donde anduve
como la rama, como el cuerpo;
como en el sueño, como por la vida;
igual que sin la frente, sin la sombra;
como la mano, como el agua;
como en mis labios, como en el aire,
donde no sé si estuve o voy a estar o estoy
o el árbol me ha traído,
como no sé si soy o voy a ser o quizá sea
o todo es como el cielo.

El umbral de mi sangre
abierto está en mi sangre:

ya sin cuerpo mi cuerpo
atraviesa mi cuerpo. . .

Quisiera hallar mi ley
igual que hallo mi oficio como el aire,
igual que mi blancura,
como una luz, como una herida,
lo mismo que un cansancio igual que un ángel.

CERRÉ mi puerta al mundo;
se me perdiò la carne por el sueño...
Me quedé, interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.

Lleno hasta el mismo borde de los ojos,
me iluminé por dentro.

Trémulo, transparente,
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio
de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.



LA luna está flotando bajo mi piel
como una isla...

Mi cabeza se pierde
transparente en tu sangre...

Ni todas las estrellas
existen bajo la noche;
ni el cuerpo es solo el sueño...

¡Esa espina en el aire!...

PERSIGUIENDO tu mano
me he perdido en mi pecho.

(El cielo, por tu sangre,
me busca por mi cuerpo.)




Mi horizonte sin párpados
bajo tu piel se ha hundido.
Mis pies no me sostienen...

¿Es tu cuerpo este abismo?

Yo no sé si esta mano
que ahora va por mi frente
como una esponja en la memoria,
va por mí y es mi mano,
o está cruzando el cielo,
o va por los espejos
sin fuerzas ni albedrío.
¿Por qué umbral de mi frente
ha nacido al crepúsculo?
¿Es que mi cuerpo enciende
su dintel bajo el sueño?
Porque busco mis párpados
y no encuentro sus puertas
y todo está cruzando
como una sola sombra.
¿Acaso esté sonámbulo?
¿Quizás aún no he nacido
y esté precisamente
naciendo de mi mano?
Yo ya no sé si el mundo
vivirá por su ausencia,
ni si la estrella roba
su carne por mis ojos...
Ya no sé si la aurora,
la fuente o la tristeza...

Yo no estoy ya conmigo
sino sin pensamiento:
mi cuerpo por mi mano
como un vaso de agua.

TAN blanca, sin figura,
ya tu mano levanta
la esquina de mi sueño. ..
¿Por dònde va tu carne?
-¡Qué huida!-:
monte, luz, aire.

Mas tu mano en mi sueño:
¡qué rama baja el cielo!...

... Este brazo tan largo
me va a unir con tu alma.
¡Qué alamedas de sangre
para entrar en tu cuerpo!
Tus dedos -¡qué raíces!-
me clavan, me desclavan
-¡qué alegría!-; me llevan,
me desencarnan vivo,
me meten por tus venas,
me arrastran, suben, suben
por dentro de tí -fuera-:
sangre, monte, luz, aire...
¡Qué alegría! ¡Qué huida
arriba, arriba, arriba!...
¿Adonde?
Adonde vuelas,
arriba adonde escapas,
por donde va tu carne

sin vista ya y sin tacto,
sin calor, viva, pura,
eternidad latiendo,
cielo ya toda y árbol.


AUSENCIA

LA noche
(¿Es que tu carne?...)
¡Silencio!
(¿Acaso el aire?...)
¡La luz!
¡La Piedra!
¿El Sueño?...

(Un pájaro en mi pecho
cruza abierto tu sangre.)

FORMAS DE LA HUIDA

Yo me he perdido porque siento
que ya no estoy sino cuando me olvido;
cuando mi cuerpo vuela y ondula
como un estanque entre mis brazos.

Yo sé que mi piel no es un río
y que mi sangre rueda serena;
pero hay un niño que cuelga de mis ojos
nivelando mi sueño como el mundo.

Cuando mi rostro suspira bajo la noche;
cuando las ramas se adormecen como banderas,
si cayera una piedra sobre mis ojos
yo subiría del agua sin palomas.

Yo subiría del fondo de mi frente
hasta habitar mi cuerpo como un ídolo;
hasta brotar en medio de mi carne
otra vez sobre el mundo sin cigüeña.

Pero el Japòn no tiene más que un niño
y mis ojos aún sueñan bajo la luna.
Cuando se seque el viento entre las flores,
así terminaré mi olvido.

Mi calor y tus ojos
vuelan ya confundidos.
Tu mano está en mi mano;
el aire ya no encuentra mi camino,
la voz de un niño puede
cambiarme por un pájaro...

¿Está todo cumplido?



<P AMANECER, 7 DE ENERO
AMANECER, 7 DE ENERO

HIRIÓ un lucero al agua de un gemido.
Vencido el mar se desmayò en el alba
desangrando de sombra su vestido...
Se doblaron las puntas de las horas:
el día apareciò, recién nacido.

AHONDANDO por mis sienes,
una estrella o el viento,
tu corazòn o un árbol,
por la tierra o el sueño:
llegaré...
Estás...
Yo soy...
Esto es...
(¿Dònde el cielo?)




Mi cuerpo sin tu sombra;
sin aire el firmamento,
sin mis pulsos el pájaro...

¿Está tu nombre abierto?


ATARDECER (QUIETUD)

SERENA, igual que esta rama
se alza en el viento, mi sangre,
¡qué rojo tallo de pulsos
alza dentro de mi carne!
¡Qué fuente! ¡Qué claro río
en pie en mi cuerpo se abre,
igual que se abre en el cielo
este árbol! ¡Qué limpios cauces
bajo mi frente mis venas
enredan, como en el aire
sus blandas ramas el árbol
enreda bajo la tarde!
Como sus frutos mis ojos
temblando en mis sienes nacen.
¡Qué majestades de cumbre
las de sus dos altos mares!
¡Qué solemne actitud última
la de sus dos soledades!

Serena igual que esta rama
se alza en el viento mi sangre.


NACIMIENTO

No me sostengas. Todo
es ya cielo. ¡Alòmate!

Mi cuerpo está cayendo,
-¡qué hondura de memorias!-
mi cuerpo sin tus manos,
sin tus plumas de cera.

Desde el nivel de un sueño,
falto de fe en sus alas,
se escapò de tu sombra
temblando en una lágrima.

Deshilándome el pecho
por tu espejo resbala:
¿un siglo?...
¿Dos?...
¿La aurora?.
¡Tu vientre sobre el agua!

EL desierto comienza por los ojos.
Tu carne ¿es aún más dulce bajo el sueño?

... Cerca como tu propia imagen,
lejos como tu propio cuerpo,
mi soledad me ha sorprendido
como una forma humana:
como un ser invisible.




Mi frente está cansada como un río.
Yo pienso en ti porque soy como un cuerpo.
Tu mano me abanica lejos por la memoria.
La Muerte está soñando mi piel por tu ceniza.

Yo te busco en mis párpados
igual que en un espejo;
pero el mundo ha perdido
su razòn por la sangre,
y, huyendo de tu cuerpo,
sueño que te persigo...

Ya no sé si es que cierro los ojos
o es que estoy silencioso a tu lado.

Mi voz bajo tu frente
huye por tu palabra.

(La Noche en dos llanuras
te besa bajo el agua.)




COMO tu amor, la Muerte
soñando está en mis brazos.
En mis brazos, tendidos
al cielo como un árbol.

La Muerte adormecida
se mece entre mis ramas.
(Tiembla arriba la luna;
bajo mi cuerpo, el alma.)


IMAGEN PERSEGUIDA

No sé si mi memoria
es o fue bajo el tiempo,
o si en tu amor, desnuda
va a nacer sobre el cielo.
¿Qué persona en tu frente
levanta mi presencia?
Difícilmente creo
la luz sobre sus límites.
Mi figura ¿está dentro
de tu perfil, o es aire
toda y tú su centro?
Mira cruzar el pájaro
y el libro por mi pecho.
¿Sabes tú si pasaron
por tu carne en su vuelo?
Relaciona mi estancia.
¿Soy un hombre? En el sueño
tu ausencia aún no revela
mi forma por tu espejo.
¿Seré yo el agua? Dime:
¿por dònde va mi cuerpo?
¿Es mi país tu sangre
y yo en ti su reflejo?
¡Qué serenas auroras
tus pulsos sin recuerdo!
¿Qué podrá ser tocarte?
¿Será tu piel el viento?

¿Será solo tu nombre
mi corazòn latiendo?

¡Qué paladar mis ojos
abren por tu silencio!

LEVÁNTAME despacio
una punta del sueño...
Míralo por debajo.
Sentirás
mi memoria latiendo
igual que un pulso tuyo
conservado.
Cuéntalo bien...
Ajúsfalo a tu paso...
Cuélgate de sus alas...
Deja caer de nuevo
la punta de mi alma.




Mi sueño anda rondando en otro sueño,
porque mi sueño es ya tu sueño...

Porque habito mi sueño por tu sueño,
habito por tu cuerpo por mi cuerpo.


ANOCHECER

OTRA vez vuelve el día
a rondar nuevos límites...
Aquel lucero ¿en dònde
trata de reflejarse?
¡Qué dolor esta sangre
sin quietud ni sosiego!
¿Terminarán mis pulsos
donde comienza el aire?
¿Es quizás que la Muerte
vive abierta en mi carne?
¿Quizás mi cuerpo preso
ya en ella se debate?
¡Qué naufragio mis venas
libres en la luz abren!
Otra vez vuelve el día
a rondar nuevos límites...
(Mi corazòn, latiendo,
se pierde por la tarde.)

(Angustia)


ENERO DIEZ

SE está quedando la noche
sin carne, temblando viva
como un ojo.
¡Qué altas vuelan
sus estrellas! ¡Qué hondas brillan
bajo los combos silencios,
dentro de la hueca linfa
del aire, que -herido espejo-
entre sombras agoniza!
¡Qué soledad sobre el Mundo
derrama el aire en su huida!
¡Qué oscura yema de sueños
engendra con su agonía!
¡Qué alta fruta de milagros
deja en el cielo prendida
como flor de oro y de sombra
por limpios vidrios cautiva!
¡Qué lecho para el descanso
bajo su sangre nos brinda!

Se está quedando la noche,
sin carne, temblando viva.


PRESENCIA FUGITIVA

AL llamarlo la Muerte
-¡qué terrible amenaza!-,
se hizo su sangre pájaro,
gato, viento, locura...
El cielo, sus entrañas.

Su carne se hizo huida:
idea, sueño de alas,
pensamiento en el grito
de una voz ni aun pensada..

(Por su amor sin fronteras
la Muerte lo buscaba.
Cuando iba ya a prenderlo,
de él mismo se escapaba.)

Su piel era en la Noche
como en el agua el alma:
voluntad de existencia
inexistente de agua.

Su cuerpo siempre en tránsito
su fuga iluminaba;
su fuga sin orillas,
sin horizontes, alta.

(Confundida la Muerte,
vida y muerte trocaba:
-¿Será su cuerpo el viento?
¿Es mi mano esta palma?
¿Su corazòn este árbol?
¿Sus brazos mi guadaña?...)

Lo buscaba la Muerte...
¡Qué terrible amenaza!

(La Muerte en él perdida,
por él se hundiò burlada.

EN sombra la memoria
-negándose al recuerdo
tras el cristal del alma-,
hizo espejo al presente.

Bajò el pájaro al ojo
y hallò nido y compaña...

Luego se cerrò el párpado
sobre el cristal del alma.




SE ha vuelto el ojo: ¡mira!
Todo queda por dentro,
entre párpado y vidrio,
como cromos de espaldas...

El alma mira al ojo
y se cree en el viento.

La memoria se engaña
y cree vida el sueño.


AMOR

NACIÓ de un brinco el ojo
y hallò el barco en su hueso.

Cerrò de nuevo el párpado
y se lo llevò al alma.

Naciò de nuevo el ojo
y encontrò sola al agua...

Quedò el ojo temblando
entre el agua o el alma.


DESESPERANZA

TENÍA el rostro en la sombra
temblando en ella colgado,
contra la pared del sueño
por una arruga clavado.
Inmòvil estaba en ella
toda su sangre aguardando,
coagulada entre sus ojos,
a que llegara una mano
de prisiòn o de locura
que al fin pudiera salvarlo
y al tocar su piel rompiera
su negra tumba en pedazos.
Solo su rostro, sin cuerpo,
sobre su frente parado,
áspero, arisco, sin besos,
sin fe ni color, cuajado
como un yeso de amargura...
Sobre la noche flotando,
casi rencor parecía
aquel fuego ajusticiado.

Tenía el rostro en la sombra
por una arruga clavado.
Solo una luz aguardaba
que supiera iluminarlo.

NUEVOS VÍNCULOS


REMORDIMIENTO

(Forma de la huida)

Si en este espejo yo hubiera
dejado, al irme, encerrado
mi cuerpo, en su luz tapiado
vivo, emplazado en sus aguas,
ahora en él, como el recuerdo
de un muerto se va cuajando
despacio en la memoria,
mi carne se iría cuajando
lenta, de nuevo en su luna,
y en pie, desnuda, flotando,
a su orilla desde el fondo
subiría, igual que Lázaro
desde sus hondas tinieblas
subiò hasta el mundo...
¡Qué blanco
lirio, mi cuerpo en su estrecha
puerta alzaría! ¡Qué alto
narciso! ¡Qué estrella! ¡Qué
fino árbol!
Vivo, temblando
-toda la flor de mi entraña
latiendo hecha luz-, brillando...
¡Qué ventana de mí mismo
me abriría en su milagro!
¡Qué estampa de fe al silencio

daría en mi ejemplo claro!
No que ahora, vencido, vengo
por fuera a su luna y caigo
a ella de golpe, sin vida,
lo mismo que al agua el pájaro
desde el viento cae y se hunde,
presa de su doble engaño.

Sin fe en la vista y sin rosa;
perdido el amor; parado
el sueño, vuelvo humillado...
¡Qué torpe fruto la ausencia
dejò mordido en mi mano!
¡Qué negro dolor de sombra
pegado a mi cuerpo traigo!

SIN tintas en la frente;
sin lenguas en los brazos,
ni razòn; sin ejemplo,
todo mi pecho blanco
sin posible escritura,
ya por fin despegado
de esta carta de historia,
a mi papel escapo
sin palabras, sin nombres,
sin memoria en las manos,
sin pluma, el Tiempo muerto
sin rostro en el Espacio.

¡Qué francos mis sentidos
alzan sus limpios tallos,
igual que cinco fuentes
bajo el sueño manando!

Roto el lazo del mundo,
aún vivo, desclavado
del hueso y de la uña,
dejo mi sombra abajo
presa entre sus perfiles
y sin letra, de un salto,
como un pájaro al viento
sobre la luz me abro.

¡Qué sereno en el cielo
mi corazòn sin labios
sueña libre, desnudo,

flotando como un barco!
Mientras que sobre el suelo
mi cuerpo desplumado,
¡qué papel sin espejos
enreda entre tus manos!

Mi silencio en tus párpados
te busca por mi cuerpo.

¿Dònde comienza el agua,
en tu piel o en mi sueño?






CON dos dedos tan solo
alzado el corazòn.

Mira el silencio tuyo
por debajo, en su sombra.

Deja que se reparta,
que se extienda en el viento

Oye el pulso...
Déjalo

que se aleje...
Queda

el alma del paso.

SIN frente, el cielo vuela
por detrás de mis párpados.

¿Qué podrá ser besarte?

(Yo no sé si es que he muerto
o es que estoy despertando.)




MIRA caer mis párpados...
¡No los toques!
Respétalos.
Rodea por mi cuerpo.
Mírame por la espalda:
¡Como un espejo soy!

(... ¿un espejo es el sueño?)


LIBERTAD

VERTE así no. Lo que quiero
es: verte como si el día
fuera lo que es hoy mi cuerpo,
y esto que va fuera de él,
esto que lo aprieta dentro,
lo que ahora es carne del aire,
fuera lo que es hoy mi cuerpo.
Preso en mí el día, cuajado
como en una fruta el hueso;
cubriendo mi cuerpo al mundo,
carne sin dueño del viento:
ni tú ni yo, ya sin sangre,
o en ti o en mí, ya sin reino.


RESURRECCIÓN

COMO ahora te vas durmiendo
despacio; perdiendo suelo
de la vida por tus ojos;
derramándote por ellos
sobre tu memoria; Iludiéndote
casi ahogada bajo el sueño
por dentro de tí... Así un día
te irás durmiendo también
despacio, y hacia otro sueño
te saldrás: te irás subiendo,
perdiendo pie de tus ojos,
volando, alzándote de ellos
por fuera de ti, desnuda,
igual que un aura en el cielo.
¡Qué clara luz de tu carne
saldrá con tu sueño al viento!
La sombra quedará abajo,
presa dentro de tu cuerpo,
igual que al dormirte ahora
queda sobre ti...
¡Qué espejo,
prendida tu alma en tu sangre,
dentro de ti irá encendiendo!
Fuera -cuando seas del aire...
¡Qué cristal de vida, eterno!

Desvanecida en mi hombro,
como ahora, te irás perdiendo

ya para siempre: ganándote
a tí misma en tu silencio.
Me irá pesando tu carne;
hundiéndoseme en el pecho
como una piedra en el agua...
Se irán llevando tu cuerpo
necesariamente a tierra:
lo irán metiendo en la sombra...
Pero tú por fuera -sueño
puro- volarás latiendo
sobre mis pulsos,
desnudo alzándome de ellos,
a unirme a tí, solo alma
ya de nuestros dos reflejos.
¡Qué flor de luz nuestro abrazo
brillando en el cielo abierto!
¡Qué doble espejo en el mundo
mi carne entre tus recuerdos!

SOBRE tu frente el alba
pregunta por mis sienes...
(Sin sangre, entre mis manos,
el día en ti se muere.)

Cruza el viento una flecha
sin dueño ni destino.
¿Cruza la flecha el cielo,
tu corazòn o el mío?


TRÁNSITOS

¡QUÉ bien te siento bajar!
¡Qué despacio vas entrando,
caliente, viva, en mi cuerpo,
desde ti misma manando
igual que una fuente, ardiendo!
Contigo por ti has llegado
escondida bajo el viento,
-desnuda en él-, y en mis párpados
terminas, doble, tu vuelo.
¡Qué caliente estás! Tu brazo
temblando arde ya en mi pecho.
Entera te has derramado
por mis ojos. Ya estás dentro
de mi carne, bajo el árbol
de mis pulsos, en su sombra
bajo el sueño:
¡entera dentro del sueño!
¡Qué certera en mi descanso
dominas al fin tu reino!
... Pero yo me salgo, salto
libre fuera de mí, escapo
por mi sangre, me liberto
y a ti filtrándome mágico
vuelvo a dejarte en el viento
otra vez sola, buscando
nueva prisiòn a tu cuerpo.


TRANCE Y VIDA

Si entrar en la muerte fuera
subir desde el sueño al viento
y otra vez quedar dormido
arriba en la noche; entero,
igual que la sombra pasa
a la tarde, mi cuerpo,
subiéndose por mis pulsos,
vivo, temblando, latiendo,
desnudo saldría de mí
golpe tras golpe, ascendiendo
conmigo al hombro, descalzo,
su alta escala de silencios,
hasta dejarme en la cumbre
oscura y honda del cielo,
dentro del limpio sepulcro
del aire, dormir de nuevo.
Si así pudiera quedarme
en medio del viento, quieto
bajo sus trémulos cirios,
flotando en el sueño, muerto..
¡Qué urna sobre mi descanso
la noche pondría en mi cuerpo!
Pero... ¡Qué golpe de tierra
será mi muerte! ¡Qué negro
árbol tenderá en el suelo,
seco!
¡Qué martillazo de sombra
hundirá, sordo, en el Tiempo!

Desde mi sangre, ¡qué clavos,
como gusanos de hierro,
arrastrando por mis venas
vendrán a mis ojos, lentos,
para pudrirlos! ¡Qué fríos,
desclavándose por ellos,
el pájaro y la raíz,
derrumbarán sus espejos!
Mi carne, como agua turbia,
los sostendrá hasta que, ciego,
el límite se deshaga
y libres, desde mi cuerpo
-recuerdo ya de mi paso-,
vuelvan al árbol y al viento.
¡Qué dolor de desprendido
me irá cavando el silencio!
Pero ¡qué luz me hará, firme,
pájaro y árbol, ya eterno!

EL cielo sin estrellas
-párpados de tu ausencia por mi carne-,
buscando está sus ojos
-presencia de mi cuerpo sobre el aire-.

¿Dònde podrán los días
comenzar?
¿Hasta dònde
ha de llegar el cuerpo?
¿Cuándo empieza la Muerte?
¿Dònde comienza el Tiempo?

Mi pecho sin estrellas
-párpados de tu ausencia sobre el aire-,
anda en busca del cielo
-presencia de tu cuerpo por mi carne-.

PORQUE me voy cierro los ojos,
para encontrar el borde de mi huida;
pero no sé si estoy huyendo en vano por mí mismo
o voy desmelenado y sin corbata,
cautivo en mi silencio sin memoria
o ando cesante y sin espaldas,
sin párpados, perdido por mi sueño. ..

Yo sé que soy romántico de huidas;
que sueño porque un sueño es mi figura,
pero si persiguiera yo a mi ausencia
y a descansar saliera de otra hechura:
inmòvil me hallaría en pie en mi cuerpo,
como un fantasma mío de mi fuga.

Mi cuerpo, por mis ojos,
transparenta mi cuerpo:
tus cabellos mi sangre
-¡esa nube en el cielo!-,
mi corazòn tus manos
-¡este árbol en el viento!-,
mis brazos tus raíces...
(En la noche un lucero.)

Mi cuerpo, por mis ojos,
transparenta mi cuerpo:
tu cuerpo por mis ojos,
por mi cuerpo y el cielo.





FRENTE por frente al viento
la luz, la voz, la espuma...

Frente a frente al espejo,
solo el silencio...
¡Escucha!


ORACIÓN

Si tu voz me llamara,
yo me saldría del sueño
rajándome los párpados
hasta encontrar mi sangre,
pues sé que, aunque mi cuerpo
carece ya de entrada,
aun sin piel, con tus besos
se enciende bajo el aire.

Yo no sé si esta yedra
que cuelga de mi nuca
es que una fuente mana
por detrás de mi sombra,
pues he perdido el tacto
al mudarme de suerte,
como se pierde el agua
al mudarse de ropa.

Ahora ya no sabría
si espalda o si tristeza.
-Mi silencio es un huerto
sin ojos y sin labios-.
Ahora la luna, el pulso
y la piedra están ciegos,
porque tan solo un nombre
ya bajo el sueño hallo.

Pero sin cuerpo, ausentes,
-¡qué prisiòn el Espacio!-
dentro de mí aletean
tus manos como pájaros.
Si tu voz me llamara,
desnudo, en sueño o muerto,
abriéndome de un grito,
a ti saldría de un salto.


MUERTE EN LA SOMBRA

ENTRÓ hasta el silencio el ancla.
-El corazòn se hizo luna
y la sombra se hizo espuma-.

Ahogada el alma del agua,
llegò, flotando en la noche,
hasta la orilla del alba...





CUANDO se fue acercando
por ver el alma al agua,
el pez saltò del agua,
y cuando se fue el agua,
el pez siguiò nadando
por el ojo hasta el alma.


FIEL EN LA ESTRELLA

... SE copia el corazòn fuera.
-El barco se baja al pecho
y la sangre sube al viento...

Se copia la noche dentro.
-Se queda el pez sobre el alma
y el corazòn sobre el agua...


CREPÚSCULO

QUE atardezca así mi cuerpo:
entrándose en mí desnudo,
desde mi cuerpo a mi cuerpo
y luego otra vez...
Sea entrar
igual que esta luz de un mundo
a otro se cruza en el cielo;
pasar, como al viento el humo,
de una carne a otra adentro;
bajar a lo más profundo
mío y salvarme en ello: huir.
Llegar a la muerte puro
y quedarme. Ser memoria
mía de mí, soledad, último
lugar de mi vida en ella,
flor eterna de fin: punto.
Estar vivo así en mi herencia,
ausente, libre, seguro,
igual que estuve en la noche
antes, bajo el sueño oculto,
pero no libre, llevando
al párpado por escudo.

5 DE ABRIL


AMANECER

¡QUÉ cerca! ¡Desde mi ojo a tu
ojo, ni el canto de un alma!
Engarzados sobre el viento,
como pájaros a un mismo
cinto, prendidos al cielo
estamos los dos. ¡Qué juntos
nuestros perfiles en medio
del día! ¡Qué altos van! ¡Qué limpios
vuelan arriba, ya sueltos,
libres del mundo, los rostros
flotando en la luz; abiertos
como dos flores sin tallo,
en ella vivos, sin cuerpo
que los pueda sujetar
abajo en lo hondo, al suelo!
Juntos, por entre las nubes
están volando, altos, quietos,
parados igual que estrellas
del alba y aún más serenos
que estrellas, como dos plumas,
igual que peces del viento
suspendidos sobre él
con el sedal del silencio,
que los mantiene colgados
por los ojos, sobre el sueño.


POSESIÓN LUMINOSA

IGUAL que este viento, quiero
figura de mi calor
ser y, despacio, entrar
donde descanse tu cuerpo
del verano; irme acercando
hasta él sin que me vea;
llegar, como un pulso abierto
latiendo en el aire; ser
figura del pensamiento
mío de tí, en su presencia;
abierta carne de viento,
estancia de amor en alma.
Tú -blando marfil de sueño,
nieve de carne, quietud
de palma, luna en silencio-,
sentada, dormida en medio
de tu cuarto. Y yo ir entrando
igual que un agua serena,
inundarte todo el cuerpo
hasta cubrirte, y, entero,
quedarme ya así por dentro
como el aire en un farol,
viéndote temblar, luciendo,
brillar en medio de mí,
encendiéndote en mi cuerpo,
iluminando mi carne
toda ya carne de viento.

DESNUDA tu palabra,
abierta como un pájaro,
quedò parada en medio
iluminando el cuarto.

Después de tu palabra
¡qué duro yeso, el rostro
desde la sombra, mudo,
ciego, alzò de tus hombros!

Mi perfil, techo y suelo
sujetò con su alambre.
Dejò su escuadra el ojo
olvidada en el aire.

Ya para el tacto inútil
se disolviò tu cuerpo.
Quedò arriba tu rostro
justificando el sueño.

Ya la pereza al libro
desangrò por sus ángulos...
La sangre del espejo
se derramò en el ámbito.


ALBA RÁPIDA

¡PRONTO, de prisa, mi reino,
que se me escapa, que huye,
que se me va por las fuentes!
¡Qué luces, qué cuchilladas
sobre sus torres enciende!
Los brazos de mi corona,
¡qué ramas al cielo tienden!
¡Qué silencios tumba el alma!
¡Qué puertas cruza la Muerte!
¡Pronto, que el reino se escapa!
¡Que se derrumban mis sienes!
¡Qué remolino en mis ojos!
¡Qué galopar en mi frente!
¡Qué caballos de blancura
mi sangre en el cielo vierte!
Ya van por el viento, suben,
saltan por la luz, se pierden
sobre las aguas...
Ya vuelven
redondos, limpios, desnudos...
¡Qué primavera de nieve!

Sujetadme el cuerpo, ¡pronto!,
¡que se me va!, ¡que se pierde
su reino entre mis caballos!,
¡que lo arrastran!, ¡que lo hieren!,
¡que lo hacen pedazos, vivo,

bajo sus cascos celestes!
¡Pronto, que el reino se acaba!
¡Ya se le tronchan las fuentes!
¡Ay, limpias yeguas del aire!
¡Ay, banderas de mi frente!
¡Qué galopar en mis ojos!

Ligero, el mundo amanece.

Tu cabeza y el viento
cuelgan bajo el insomnio.

Igual que un cirio el mundo
te busca por mi frente.

Sin cabeza tu cuerpo
vuela bajo la luna:

¡Soledad en mis párpados!
Mi cuerpo está fundido a tu memoria.


ASCENSIÓN

COMO un río mi sangre
va cruzando tu cuerpo.
¡Qué posesiòn perfecta
de todo tu camino!

Árboles y ventanas
con los cabellos sueltos
levantan por tus ojos
mi corazòn al viento.

¡Qué clamor en las ramas
enreda libre el sueño!
Tallos, pulsos, campanas,
desencajan el cielo...

Como un río mi sangre
cruza en pie tu silencio:
¡Qué posesiòn tan clara
de Dios bajo tu pecho!

SORBIÓ la fuga el cuerpo
y se quedò la ausencia
en pie cerca del agua...

Se fue acercando el alma
hasta entrar en la ausencia.

Quedò el molde del alma
en pie cerca del agua.


ÁNGELES

DESVANECIDA, ahogada,
tu cabeza flotando
resbalò por tus hombros
hasta entrar en mi brazo.

Como un papel mi sangre
se escapò por el viento.
Desmayado, en mis manos
se derramò tu cuerpo.

De perfil por sus aguas,
medio hundido en el río
de mis pulsos, tu rostro
navegò por su olvido.

Como un barco, mi carne
flotaba por la música.
El silencio en mi espalda
clavò sus largas plumas.

Deshojò su corola
la rosa de la estancia.
Libres del mundo, el sueño
nos colgò por las alas.


VIRTUD DE LA AUSENCIA

LLEGÓ desnudo el viento
a mirarse en el agua.

Iba desnuda el agua
a mirarse en el cielo.

Bajò desnudo el cielo
a mirarse en el viento...

Quedò hueca la noche,
redonda de misterio.


AMOR

Tu espalda con mi pecho,
mi pecho con tu espalda:
¡Qué alegre tajo el cielo
nos cruza en la garganta!
¡Qué espadazos las piernas
desclavan sobre el agua!
¡Cuánta sien, cuánta estrella
nuestro amor desencaja!
¡Qué delirante el viento
sus pájaros desangra!
¡Qué arboleda en sus dedos
sobre la luz levanta!
¡Qué campanas desvela!
¡Qué sueños desenrama!
¡Qué sabanas despeina
por nuestra frente el alma!

GOTA a gota tu sangre
nace bajo mis párpados.

Tu frente adormecida
se cuaja sobre el viento.

Como un papel se curvan
tus cuidados perdidos.

Mis ojos por tus párpados
cuelgan bajo tu cuerpo.


CONDENACIÓN

Tus ojos sobre el cielo
como negras espadas,
¡qué aldabas de misterio
colgaban de tu alma!

¡Qué presagios de culpa
tu sangre derramaba
gota a gota en el viento
como estrellas de agua!

Tus lágrimas de cera
cerraron mi garganta.
¡Qué honda noche sin venas
se abriò sobre tu espalda!

En tu lecho, la Muerte
cruzò sus largas alas.
¡Qué lutos de silencio
mis labios rezumaban!

Tus ojos sobre el cielo
como negras espadas...


CANCIÓN

¡QUÉ estrellas tan puras! Sueltas
tu mano y la mía en el alba...
¡ Qué limpias sueñan! ¡Qué blancas,
juntas sobre el cielo vuelan
como palomas! ¡Con qué ansia
una y otra se persiguen
por el viento, suben, bajan
por él nadando hasta el suelo
y en nuestras sienes se paran
a dormir! ¡Qué fresca sombra
desde tu frente a mi alma
cae, cuando mi mano busca
reposo en ella! ¡Qué clara,
la última flor de mi árbol,
al abrirse, se derrama
bajo la luz de tu mano
desde mi sangre a tu alma!
¡Còmo! entonces, nuestros cuerpos,
abriendo sus amplias alas,
trocan el rumbo del sueño
y libres ya de sus anclas,
flotando, al puerto del cielo
suben por sus lentas aguas!
¡Qué blanda cadena abajo
nuestras manos enlazadas!
¡Qué bellas palmas del día
arriba sus dos fragatas!


SUEÑO

TE llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Alzáronse en el cielo
los nombres confundidos.

Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Nuestros cuerpos quedaron
frente a frente, vacíos.

Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Entre nuestros dos cuerpos,
¡qué inolvidable abismo!


FORMA DE LA HUIDA

ESTE salto -¡qué alegría!-,
de mundo a mundo lo damos.
¡Qué mundo en medio, redondo,
igual que un ojo temblando,
deja abierto abajo el brinco!
Nuestros dos pies ¡qué despacio
arriba curvan desnudos
sus blandas guías!
¡Qué aletazos
alzan de los hombros nubes,
nos sacuden, se hacen brazos,
luces, gritos!...
¡Qué delirio
de cielo y carne, tan alto!
Prendidos por la cintura
nuestros cuerpos amarrados,
¡qué haz de piernas, de cabellos,
de paños, de ojos!...
¡Qué blanco
mechòn de nieve, de voces,
de pulsos, de alas!...
¡Qué claro
desnudarse, abrirse, huirse,
salirse al sueño!
¡Qué blando
patinar azul de lirio
sobre el cielo nuestros labios!

¡Qué amor!
¡Qué quebrar de plumas
cruza la voz del Espacio!
¡Qué ramalazos de risas
quedan del viento colgando!
¡Qué campanadas de altura!
¡Qué temblor de espejo abajo!
¡Qué rumor de ángel en fuga
deja en la luz nuestro salto!


ADOLESCENCIA

YA tan desnuda el agua,
que levanta su frente
como un telar de pájaros
bajo las ramas verdes.
¡Qué rumor en la brisa
tu alegre fuga enciende!

Desnuda y más desnuda,
ya toda el agua ausente
en pie en la orilla, el agua
como un dios se te ofrece.
¡Qué carreras tus manos
bajo las hojas débiles!
¡Qué tallos desplumados
al volar de tu nieve!
¡Qué deshojar de pájaros!
¡Qué silencios de fuente!

...Y al fin, de un salto al agua:
¡qué nupcias transparentes!
-El río, entre tus brazos,
contigo al lecho vuelve-.


NOCHE SERENA

ABIERTA la ventana
se derramò en el cuarto
gota a gota la luna,
como el agua en un vaso.

Mi frente sin memoria
-¡qué llanura de viento!-
desclavada a mi sangre,
flotò libre en el cielo.

Desangraron mis ojos
la soledad y el orden.
Cuerpo, sueño y espejo,
confundieron sus nombres.

Se hundiò hueca la mano,
desarmada, desnuda;
perdiò el silencio el pulso,
se uniò el yeso a la espuma. .

Y, al fin, reinò la ausencia
-¡qué quietud en las fuentes!-
El tallo del recuerdo
brotò limpio en mis sienes.

Tus sienes sin fronteras
se enredan en mis dedos.
Mi corazòn te aprieta
como un puño de viento...

Sin tactos y sin nombres
andamos como ciegos...
¿Son acaso tus labios
esta idea?
¡Silencio!





EL silencio, desnudo
como una luz sin cuerpo,
al buscarte en mis ojos,
entero se hundiò en ellos.

Por salvarte, mi sangre
quiso sacarte al sueño.
El silencio, al notarlo,
metiéndose en tu cuerpo,
te iluminò la carne
igual que un cristal hueco.

5 DE ABRIL (NOCHE)

EL alma se ha dormido,
se ha perdido en el sueño...

Queda el hueco del alma,
redondo, sobre el agua.


NEGACIÓN

¡QUÉ despacio tus puertas,
cruzando sus dos alas,
me devolvieron vivo
al silencio, de espaldas!

Curvados por mis gritos
tus nombres golpeaban,
fuera ya de mis ojos,
contra sus duras tablas.
¡Qué quietud en sus hojas
ante mi voz alzabas!

Sin sueño, en pie en los bordes
de tus memorias altas,
mi cuerpo sin espejo
¡qué honda muerte aguardaba!

Posándose en mis hombros
como palomas blancas,
débiles y seguras
tus manos me empujaban.

FIN DE
"CUERPO PERSEGUIDO"


OTROS POEMAS, I

(1923-1930)


POEMAS JAPONESES

(Traducciones)

1

LA CANCIÓN OPACA

LAS flores ruedan allá abajo. Poeta, ya la niebla
ha cubierto al lago. Asustados gritan los patos salvajes
en el estanque sagrado de Iwara.

Negros pensamientos obscurecen mi cerebro.
Mi corazòn se fatiga. Cuando en el año pròximo
griten de nuevo los patos, yo ya no podré oírlos.

Ozi (663-687).

2

RAMA EN FLOR

¡Coge esta rama en flor! En cada hoja
de sus flores delicadas, duermen profundamente
las palabras amantes de un pecho tembloroso:

¡Oh, mira, mi amor no vuelve!

Fujiwara No Hirotsugu.

3

PENSAMIENTO APASIONADO

Si tú les dijeras a las flores: "no marchitaos,
permaneced ahí adornando vuestra rama";
y si realmente sucediera esto,
¿qué más podrían desear en este mundo los saúcos?

Poeta desconocido (año 903).

4

MIRANDO A LA LUNA

Lejos de tí, miran mis amorosos ojos
a la noche estrellada.

¡Oh! Si la Luna se convirtiera en espejo,
en él podría contemplar tu rostro.

Pero ella sigue siendo Luna
y solo sonríe al agua de mi fuente.

Cortesana desconocida.

Yo salté de la mano del deseo
sobre el ciervo del viento, halcòn de oro,
perdiéndome con él en recto vuelo
tras un jiròn azul del tiempo roto.

Se abriò en mi pecho un lago transparente
-espejo claro de la luz del día-
que derramò sus aguas blandamente,
hechas manto de vidrio, en mi fatiga.

Dorò el otoño el árbol del viaje
y a su sombra cayò el espacio muerto,
cuando vi -blanca juncia del aire-
mi garza abierta sobre el limpio cielo.


ESTAMPAS DEL FARERO

1

DOMINGO recién planchado,
con sombrero de ala nuevo.

El sol,
pasador de oro
en la camisa del Tiempo...

... y la cometa
nadando
-pez de agua dulce-
en el cielo,
haciéndole la lazada
a la corbata del viento.

El barco quieto en la mar.
El sol bajo el olivar.

2

El sol
dentro de un paréntesis.

Buscando su horario
un árbol.

Entre algodones
del viento
dos pájaros disecados.
En el arroyo
sereno,
sus dos reflejos ahogados.

El barco quieto en el mar.
El sol sobre el olivar.

3

Mediodía (calma)

Tres pájaros van volando
y el aire se va quebrando.

El gallo pinta paisajes
y el caracol plancha el huerto.
(A la cintura del agua
el delantal de un reflejo...)

Sobre el umbral de la siesta,
perezoso y soñoliento,
junto al borde de las horas,
sella el girasol al Tiempo.

El barco quieto en el mar.
El sol sobre el olivar.


VIRGEN

SE apoyò en su cadera
la cortina de encajes
y dejò el seno azul
flotando por el aire.

Te olvidaste a ti misma
deshojando la flor del almanaque,
y el sol -reloj de arcángeles-
no señalò en su esfera
tu instante.

UN monte recién cortado
y un pino desmelenado.

Abajo las aguas verdes
con sus cortinas bordadas.

Sobre una hoja de col
mi bergantín caracol.

Y colgando de una rama'
el sol; blanca cacatúa
adormecida en su jaula.

(Dale que le das
al abanico que se te va.

El abanico se te fue.
¡Míralo sobre el árbol parado!

Pero el abanico vuelve.
¡Míralo otra vez en tu mano!

Dale que le das
al abanico que se te va.)


LA HORA MÁGICA

(Arroyo de la Miel, 2 de junio)

SOBRE la arena del mar
el zapato del silencio
y el pie de la soledad.

(La luna atraviesa al agua
con su espada de cristal.)

(Un lucero sobre el cielo
clava en el tiempo el misterio.)

La noche empieza a cantar...
Y el aire se trueca en sueño,
el sueño en eternidad
y la eternidad en miedo...

Sobre la arena del mar
el zapato del silencio
y el pie de la soledad.

1

LA sombra recién regada
bosteza bajo los toldos.

En una esquina del sueño
fuma el calor...

El pez
cruza con una flor de tabaco
sobre el agua.

El marinero reposa.

(Vapor dormido en el puerto,
ancla y corazòn despiertos.)

2

Medita el papel su luna
sobre la mesa tendido. . .

El tintero zarpa herido
y cruza de un vuelo el mapa.

El barco lleva clavada
su pluma en la chimenea...

Emborrona el sol su carta...

(No hay anclas sin corazòn
ni despedida sin flor.)

3

La palma junto al pañuelo...

La nube junto al timòn...

El cielo sin pensamientos...

(Barco sobre el horizonte,
un corazòn que se esconde.)


ROMANCES SIN VIENTO

(A Antonio Marichalar)

1

(La tela de araña)

LA ventana del desván
limosna le pide al día
temblorosa de tinieblas
bajo su rota cortina
por aliviar a la forma
que dentro vive cautiva
desfalleciente de luz
sobre su melancolía.

Dormido sobre una mesa
que de ella misma se olvida
-herbario de pensamientos-
un libro su alma medita;
mientras canta la carcoma
en el misterio escondida
y los cedazos del tiempo
ciernen sus pardas harinas.

Un agua lejana y lenta
desgrana su ciega espiga

y en ecos de muerta plata
queda entre sombras perdida.

Mi corazòn como un gato
en su almohada dormita
bajo su eléctrica piel
guardado en su urna viva.

Y mientras la inútil brújula
del silencio lenta gira,
por la sombra del desván
los murciélagos patinan.

2

(Pergamino)

Se mudò de piel la luna
imitando a la culebra
y al còdice de la noche
envolviò con su luz seca.

La momia de una campana
sangre amarilla gotea,
que en el viejo monasterio
donde fue el pincel abeja,
miniado sobre su alma
se apaga un monje en su celda.

El còdice de la noche
sus tapas doradas cierra.

3

(Encaje negro)

Junto a una virgen de cera
-yema de un huevo de vidrio-
tiembla la almendra dorada
de una lámpara sin brillo.

Como una estrella de trapo
está el silencio caído
sobre almohada de miedo
bordado en seda de olvido.
Y la sombra, como un gato
bajo la luz escondido,
en las paredes del aire
cuelga sus blandos maullidos.

Destilada del recuerdo
-blanco jazmín ya marchito-
teje una anciana su rezo
siendo de ensueños su ovillo.
Y en su pensamiento lento
se queda enredado el hilo,
empañando las imágenes
de sus espejos perdidos.

Tiembla la luz misteriosa...

En un armario, dormidos
entre páginas de ébano,
como rosas en un libro,
crujen los rasos deshechos
entre mustios abanicos
mientras —corazòn del sueño—
vierte el reloj sus latidos.

Flor sonámbula del tiempo
blanco lirio desvaído,
como una estrella de trapo
está el silencio caído,
junto a una virgen de cera
-yema de un huevo de vidrio-.


TRÁNSITO

(Playa de Torremolinos, 4 de enero)

TARDE recién caída:
noche recién cogida. ..

La luz se cuelga del mar.
El agua
de pie en la sombra
cuenta sus hilos de sal.

La tierra pierde sus filos
y el mar comienza a soñar...

(Blanco fiel de su balanza,
en los bordes de la muerte
está la espuma acechando
a ver si el mundo se duerme...)

Tarde recién caída:
noche recién cogida.


CANCIÓN

LA tarde, crucificada
sobre los brazos del agua,
cierra la boca del día
con sombras de sal amarga.

En el costado del mar
un río clava su lanza.
Cae la luna, sin reflejos,
al filo de la lanzada...

Y, coronada de estrellas,
la noche sangra y se eleva
mientras el tiempo en el cielo
deja sus ropas al viento.

Desnudo el mundo descansa.
La tierra sueña olvidada.


SEGUIDILLAS BURLESCAS

1

EL remo en su descanso.
El pez dormido.
El sol se ha desinflado
sobre el silencio.
Se quiebra el agua
y salta de la onda
la primavera.

2

El pie queda clavado
sobre el reflejo.
El verano separa
sus abanicos.
Nace el desnudo.
-Sobre sus blandas ruedas
huyen las horas-.

3

Deja el reloj la torre
y entra en el baño.
Desclava el pez las horas;

huye con ellas.
Y la mañana,
libre de barandillas,
nadando ríe.

4

Húmeda está la sombra.
El brillo en ella
pica y clava en el ojo
su lengua en lumbre.
Y es que en la noche
una estrella se olvida
de su postura.


NOCHE EN URNA

LA ciudad se desgrana de vidrios y faroles.
El jardín se destila en delgadas palmeras.
Las pisadas descalzas del reloj, en la torre
laten acompasando la esponja con la estrella.

Clavan las barandillas en la sombra sus peines.
La jaula del pañuelo se oculta en la ventana.
Brújula y abanico bajo el sueño se mienten,
y, negándose, cruzan de barco a flor sus cartas.

Los pájaros se vierten detrás del horizonte
y desnudos de pluma descansan del milagro;
la voz muda del miedo sus quejidos esconde
tras las altas campanas sin lengua del espacio.

Su torneo los tiempos luchan en contrapuesta
sobre negros veleros jinetes bergantines,
y, en sus manos la lanza -la grímpola por seña-,
por un guante de luna para el agua compiten.

... cuatro esbeltos luceros se llevan muerto al viento
tendido sobre el eco, como un pálido junco,
y el agua busca ausencias para sus finos duelos
ocultando en reflejos sus transparentes lutos.

Queda el alma del viento en pena y en olvido
bajo la madrugada, llenando caracolas.

Pulimentan la piedra los pinceles del frío
y el fòsforo resbala hueco sobre la hora.

Cuerpo en pena del alma, una sombra en el muelle
razonando sigilos resbala en la penumbra.
hurta su mercancía al sueño, se detiene,
se ausenta y vuelta al pensamiento en él la oculta.

Ahueca sus caudales y en cascara de barco
se le va el corazòn por mapas de recuerdos,
-pirata de albedríos, por él mismo apresado,
en alta mar del ancla sin cadenas del cielo.

Termina su viaje el sueño, se deslía
y su botín de lunas y perfiles ordena.
La sombra, fecundada, el rumbo de la huida
halla al fin y ocultándose libre al milagro deja.

(TRÁNSITO)

Desclávase la noche de la pared helada
que sostuvo sus brillos en silencioso encuentro.
Derrámase en el blando recinto azul del alba
que aguardaba tendida su mansa flor de tiempo.

Y los duelos del agua fuércense en alegrías,
soluciòn a su asunto jeroglífico hallando.
Perfuman la memoria recordando armonías
y la caja del luto cambian por cristal claro...

...La ciudad desgranada oculta sus faroles.
El jardín renacido deshila sus palmeras.
Abrocha su flor blanca el reloj en la torre
y en su playa se olvida la esponja de la estrella.


NOCHE CERRADA

(Arroyo de la Miel, 21 de enero)

LA sombra funde la tierra
con el cielo y con el mar.
¿Quién puede encontrar al tiempo?

La espuma empieza a cantar...

Rompe su nieve el misterio.
Vuelve el hombre a despertar.
¿Quién puede encontrar al sueño?


FIEL ERRANTE

(Playa de San Telmo, 3 de abril)

¡MAR infinito!
¡Mar solo!

(Un pez cruza lento el agua...)

...y el sol...
...más sol en la arena...

(Mi corazòn se levanta
y cruza, inmòvil, mi pena.)


TRANSFIGURACIÓN JUNTO AL MAR

(Peñòn del Cuervo, 18 de julio)

¿EL barco?...
¿La piedra?...
¿El sol?

(Silencio.)

En la noche abierta
todo huele a corazòn:

¡El barco!
¡La piedra!
¡El sol!


LA HORA MÁGICA

(Benagalbòn, 3 de agosto)

DUERME el mar...

Junto a la orilla
-último pie de la tierra-
la espuma blanca germina.

Y ¿dònde el mundo?...

¡Silencio!

(Queda en el alma el temblor
de la sombra y el misterio.)


AMANECE

(Playuela de los Perros, 3 de mayo)

SALE el día entre dos puertas:
entre la luna y el sol...
Pisa la espuma la tierra.


SOLEDAD

LA luna en el cielo andando
mientras duerme el hombre y sueña
que la luna le está dando.




TODO en el viento es burla
de espejo abandonado.

Todo el arco es nostalgia
de su flecha en el blanco.


NOCTURNO FIEL

(Calahonda de Nerja, 5 de febrero)

LUNA en el cielo.
Luna en el suelo.

El mar entra por la noche
y la noche por el sueño...

Luna en el suelo.
Luna en el cielo.

Dando la mano a su sombra
cruza el hombre por el tiempo...

Luna en el cielo.
Luna en el suelo.

Canta el olivar dormido
en los brazos del silencio...

Luna en el suelo.
Luna en el cielo.

Cierra la muerte sus alas
sobre la espalda del viento.

Luna en el cielo.
Luna en el suelo.


LA MUERTE EN EL OLIVAR

(Vega de Cártama, 3 de mayo)

EL pájaro está en el aire.
¿Está en el cielo el amor?

(Mueve el olivar sus ramas.
Todo el campo es un temblor.)

(La Muerte pasa descalza
junto al arroyo. Una flor
corta de la adelfa blanca:
la aprieta en su corazòn.)

¿Está en la Muerte el amor?

(La adelfa tiembla en el agua.
Florece en el viento el sol.)


JUEGO DE MEMORIA

EL jardín aletea bajo el verde crepúsculo,
medio deshilachado por insectos y frutas.
Herido por el pájaro huye sobre el reflejo
y en los flecos del agua se le enredan sus lunas.

Se para, vuelve atrás y el cansancio del día,
refrescando sus luces, cúrase con el baño.
Luego salta de nuevo en busca de la noche,
deshojando de peces y faisanes sus tallos.

La varilla del mar, a un lado del crepúsculo,
sostiene amaestrados al vapor y a la estrella.
Y el jardín, imitando su postura en el viento,
sobre un rayo de sombra sus alas al fin pliega...

La noche se aproxima, descalza, de puntillas,
y ve al jardín dormido como niño cansado,
y bajo su almohada le deja como premio
una estrella sin puntas y un ruiseñor cantando.


SOLEDAD Y PRESENCIA

Nocturno

LA angustia se hace dolor..
Encaja en ella el silencio
y para calmarla el sueño
se levanta hecho canciòn...

Sobre el remedio mejor
la noche curò al misterio.

Entre la mar y entre el cielo,
tan solo un eco sin voz
como cicatriz del tiempo
bajo el lucero mayor...


AGUA EN PENA

(Cala del Moral, 6 de febrero)

SOBRE el pecho de la Tierra
la luna ha clavado al Mar:
aún está la herida abierta...

Río arriba va la mar
para lavar sus reflejos
con sangre del manantial...

Limpie la luz su conciencia.


CANCIÓN DE LA LUNA CIEGA

Y tanto quiso brillar
el corazòn de la luna
sobre el espejo del mar,
que se olvidò que en su cuerpo
la luz se vino a cuajar
por ser corazòn del cielo.

¡Qué negro azogue de sal
tapa los ojos del tiempo!


CALMA

BARCO, sedal en duermo.
Nube quieta. Lugar sin mundo.
Últimos trances
de cristal sin presencia.. .

Todo está en medio paso;
en vilo de balanza;
en idea.

Abajo, el agua, a un lado,
en éxtasis, desnuda,
repasa sus silencios,
se ordena sobre un ala
y hacer huir a las ondas
sobre sus blandas ruedas,
hasta quedarse sola
tendida sobre el alma.

Con el silencio alzado
todo es calma y aliento.
Todo es borde de puerta,
pie virgen,
palma en aire...
El miedo se entretiene
en tender sus latidos.

La voz despacio cae.
Modula una palabra.

Cuaja un nombre en el sueño:
múdanse los platillos
y la balanza encuentra
su fiel en el misterio.

Solo queda en el agua
un roce de silencio.


MALDICIÓN DE LA NOCHE

LA manzana está negra.
¡Còrtala!

Tiene vida en el hueso.
¡Ábrela!

¿Y la culebra?

¡Arriba,
en la frente del agua!...

-Quedò dormido el ojo,
desangrándose en sombras
en la mano del alma-.


CANCIÓN

SOBRE el silencio la paz.

(¿Sueña el mundo la Hermosura
o es Hermosura, al soñar
el mundo, silencio y paz?...)

-Vivir es sòlo mirar.

(Silencio sobre la paz.)


INSCRIPCIÓN EN LA ARENA

DUERME el cielo, duerme el mar
y en medio mi corazòn:
barco de mi soledad...

Soledad que voy siguiendo
a través de mi esperanza,
no de mi conocimiento.


ALBA EN DOS CUERPOS

(Alora, 22 de mayo)

AÚN el cielo está dormido
y el campo no se despierta:
aún el trigal no es olvido.

Sangra en el sueño un olivo.
Todo calla...
¿Va a empezar
el corazòn a latir?...

(El sol comienza a brillar.)

PALMA DEL RECUERDO

(Málaga, 6 de mayo)

¡NACE la flor!

(Sobre el cielo,
aroma, color y luz
cruzan despacio
sus pétalos...)

-Cuando el cielo se marchita,
¿se va la flor?...

(Sobre el sueño
cae la Eternidad cautiva.)


ESPEJISMOS

(Torre del Mar, 25 de julio)

¿BARCO en el mar o en el alma?...

(¿Dònde encontraré equilibrio
de luz, para mi balanza?)

¿Puerto del tiempo o del sueño?...

(¿En dònde comenzarán
los límites de mi cuerpo?)

¿Soledad o soledad?...

(Repite el eco en la noche:
"¡Soledad y soledad!...")


TRES FORMAS

1

LA arena duerme en la arena
pero sueña...
Sueña
que junto a la mar
tu cuerpo duerme en la playa
desnudo y lleno de sal...

La arena duerme en la arena
pero sueña.. .

2

El cuerpo,
sòlo el cuerpo,
como flor de tu barca.. .

(En la arena
la sombra
devuelve al sol
su espalda...

¿Ya no hay noche posible?.. .)

El cuerpo,
sòlo el cuerpo,
como una eterna llama.

3

Tu cuerpo de pie en el sueño
junto al timòn de tu barca:
blanco puntal de lo eterno


TRANSFIGURACIÓN EN LA NOCHE

(Alta mar, 3 de agosto)

EL alfiler de un lucero
rasga el corazòn del cielo. ..

El pez deshila su fuga,
el alma se queda sola:
retumba en ella la luna.. .

Por la herida de un recuerdo
sube mi canciòn al viento.


NOCTURNO EN LA BAHÍA

(Algeciras, 7 de enero)

EL cielo cierra sus conchas...
(Tembloroso y sin estrellas
funde el mar toda la sombra...)

Soledad, despierta al hombre
antes que caiga su olvido
sobre el ensueño y lo ahogue...


MEDIODÍA

(Benajarafe, 29 de septiembre)

UN barco va por el viento
sin pensar en su timòn:
se pasa del mar al cielo.

Mi sombra va por el suelo
colgada a mi corazòn...
Pasa el olvido a mi cuerpo.

Se olvida del tiempo el sol
y clava el día en lo eterno. . .
¡Se hace el silencio canciòn!


LA PRESENCIA INTERIOR

(Fuengirola, 16 de febrero)

¿UN solo barco en la luz?
¿Sòlo un pájaro en el cielo?
¿Otra vez sobre el silencio
desnuda toda la noche
desangrándose en luceros?....

No; desnuda toda el agua
bajo el corazòn del viento:
un solo grito en la luz.

(Mi cuerpo engendra a mi cuerpo.)


ABANDONO

ATARDECER y alba trataron, todo inútil, de contener la
huida... Mil manos invisibles llegaban, mensajeras, a
sostener los bordes pertinaces del párpado; pero el
párpado herido en un ala del sueño, sin lucha fue
negándose a sus francos apoyos.

Y mientras tarde y alba, por encima del ojo, se cambiaban
de espejos, cruzándose en el aire: dentro, bajo su cascara
de sombra, se desnudaba el alma despacio su mentira
para entrar en el lecho limpia como una palma.

¡Si tú no hubieras sido como una
rama!...

Yo creí que cuando cortaras mi cabeza
me serías fiel como una rosa en la madrugada;
pero te escapas latiendo sobre el agua
sin pensar que la niebla
se te está desprendiendo por las plumas.
Sin pensar
que las mariposas te han desnudado entera sobre mi
pecho;
que amarraron tu sangre a tus tobillos;
que la encerraron en tu sombra
y ya no puedes andar al amanecer sobre la espuma.

Por eso ahora
ves ascender de ti a mi cuerpo entre las nubes
tan ligero como las flores se levantan
bajo el sueño en las manos de un niño.

Tú no pensaste que te quedarías sin pechos ya para
siempre,
en pie a la sombra de cada árbol en la noche,
de piedra lo mismo que una estatua,
fría, desnuda, delgada, blanca. . .,
como la saliva de un ángel en la muerte.

AUNQUE me estoy quedando
sin hábito y sin huesos
en pie sobre mi nuca
como un dedo en el aire,
yo no estoy en los ojos
porque mi lengua me persigue
porque mi cuerpo sin sudario
solloza ante las cruces.

Yo no estoy en los ojos
porque la luz de mi sudario
se enreda entre las tumbas,
porque suspiro bajo la yedra
cuando mi cuerpo me persigue,
porque me quiebro sobre la yerba
cuando un cristal se enreda entre mi sombra.

Yo no estoy en los ojos
aunque tiemble en la noche
en pie como una estrella,
aunque cruja en la sombra
como una cruz bajo el silencio,
yo no estoy en los ojos
porque mis manos me persiguen,
porque las ramas me persiguen.
porque me estoy fundiendo sobre el aire
como un dedo en la nuca.


PLENITUD

UNA tarde de otoño caída de occidente
exactamente como la misma primavera
Una sonrisa caliente de la nuca
que se vuelve y difícilmente nos complace
Una nube redonda como lágrima
que abreviase su existencia simplemente como el error

Todo lo que es un paño ante los ojos
suavemente transcurre en medio de una música indefinible
nacida en el rincòn donde las palabras no se tocan
donde el sonido no puede acariciarse
por más que nuestros pechos se prolonguen
por más que flotantes sobre su eco
olvidemos el peso del corazòn sobre una sombra

Alivíame
La barca sosegada
el transcurrir de un día o superficie
ese resbalamiento justo de dos dimensiones
tiene la misma sensaciòn de un nombre
de un sollozo doblado en tres o muerto
cuidadosamente embalado

Bajo cintas o arrugas
bajo papeles color de vino añejo
bajo láminas de esmeralda de las que no sale ya música

la huella de una lágrima de un dedo de un marfil o de
un beso
se ha ido levemente apagando
creciendo con los años
muriendo con los años
lo mismo que un adiòs
lo mismo que un pañuelo blanco que de pronto se queda
quieto

Si repasamos suavemente la memoria
si desechando vanos ruidos o inclemencias o estrépito
o nauseabundo pájaro de barro contagiable
nos echamos sobre el silencio como palos adormecidos
como ramas en un descanso olvidadas del verde

FIN DE
"OTROS POEMAS, I'


ANDANDO, ANDANDO POR EL MUNDO

(1930-1935)


I

TENGO MIEDO

HE pedido mi ingreso en ese cuerpo voluntario,
en esa rumorosa claridad disidente,
en esa muerta nave que aún flota medio hundida
bajo el celeste asedio de las más altas aves.

He pedido mi ingreso en esa regiòn donde vuelan los ríos
como blancas heridas o soñadoras cabelleras.
He pedido mi ingreso en la regiòn de los palacios
desolados;
en la regiòn de los paisajes muertos,
donde la arena cuelga sus míseras carroñas o pacientes
rebaños bajo la luz más débil de la luna.

He pedido mi ingreso en la legiòn de los hombres perdidos;
de los hombres que suenan sus huesos solitarios
por los huecos caminos que los alejan de su frente. . .

Tengo miedo a este brazo que en la tierra navega.
Tengo miedo a los topos de mis distritos subterráneos.
Tengo miedo a estas aves que mi carne circundan:
en sus temibles horcas permanezco.

Permanezco sin cédula estrangulado por mi sangre
en las horas nocturnas en que galopan los desiertos,

en las horas nocturnas en que lloran los pozos
y se mueren los niños como flautas lejanas.

Cuando la Tierra aulla como un enorme perro
ante las multitudes devoradoras que la acompañan,
he pedido mi ingreso en esas muchedumbres silenciosas
que se acercan sin rostro por las orillas de las tumbas.

Tengo miedo a mis ojos. Tengo miedo.
Tengo miedo a la aurora y a esta luz que la irrita.
Tengo miedo a las sombras que me levantan.

¡Oh noche dolorosa encallada en el aire o un pez bajo
los ojos! '
Como blancas hormigas, como estrellas que mueren, r
he pedido mi ingreso bajo tus diminutos ejércitos!
caminantes.


II

QUISIERA HUIR

ESTOY cansado.
Un cuerpo padece mi agonía...
Un cuerpo o multitudes que mi piel no depone.
Un ser que vive y sueña la altitud de mis límites...
¡Quisiera huir: perderme lejos de su olvido!

Estoy cansado de ocultarme en las ramas;
de perseguir mi sombra por la arena;
de desnudarme entre las rocas,
de aguardar a las puertas de las fábricas
y tenderme en el suelo con los ojos cerrados:
estoy cansado de esta herida.

Un amigo me dice:
"Hay cuerpos que aún se ofrecen
como jugosas frutas sin sentido..."

Otro amigo me canta:
"¡Vuelan las aves, vuelan!..."

Yo quiero huir, perderme lejos,
allá en esas regiones en que unas anchas hojas
tiemblan sobre el estanque de los sueños que inundan.


III

SE VEN CANCHALES...

SE ven canchales,
resbalantes piedras,
hondísimas gargantas,
grises lajas erectas que dominan
impenetrables fueros de silencio.
Cruzan sin viento flotadoras aves.
El eco errante retumba por lo hundido.
Grietas oscuras,
nubes desmundadas.

¡Oh soledad de cumbres!,
¡mar perdido!,
¡dimisiòn de una vida en un naufragio!
¿Solo la huella de otra edad, sin dicha
te ofrece el mundo en sus más altos brazos?


IV

¿ADONDE VAN, ADONDE?

¿ADONDE van, adonde van los pasos
que en la muerte palpitan;
ese dolor larguísimo que un huerto dificulta;
que domina una zanja donde la luna erecta
llama y llama, se agita
como un ínfimo escombro?

¿Adonde van los límites que enfurece la noche;
que eriza en los caminos,
que atiranta doliente sobre el brocal de un pozo?
¿Esa esquila tenuísima
que como fría niebla
se ajusta a las gargantas de los nocturnos caminantes;
de esos nautas que llevan
un vidrio contra el pecho
y un huevo diminuto que los aleja oscuros de su
sombra?

¿Quién es? ¿Qué prepotente fuerza dominadora
conduce las arañas felizmente;
las calientes orugas subterráneas;
el musgo enfebrecido de los húmedos bosques;
la honda raíz que pudre lentamente,
esa pupila soñadora que abandona su olvido en el
profundo cieno de los muertos pantanos?

¿Dònde va? ¿Dònde llega ese pulso blanquísimo
como una curva espina
que rodea la cintura hasta ahogarla en las sienes?
¿Ese surco encendido que golpea la semilla
hasta dejarla abierta sobre la espalda en abandono?

¿Acaso un hombre anima esta canciòn errante?

¿Quién canta mientras deserta el mundo como mansas
ovejas?
¿Quién habla en otras sangres?
¿Adonde llega un cuerpo que en un cuerpo pretende?
¿Quién rige en estas voces?

Aquí estoy,
aquí estoy:
nunca niego mi piel amoratada
como existen las aves,
como esa llama permanente que no derrumba
porque mi carne como el corcho no ensordece.


v

EMPIEZO A CONOCER LOS NOMBRES

COMO la luna yo pensaba, pensaba,
unas veces tan cerca como el humilde estiércol,
otras como el papel sobre la tierra
que se aleja del mundo y la orilla del hombre.

Como la luna vive,
se incauta de las más altas rocas,
de esas quietudes en acecho
que intermitentemente labra por sus vigilias,
yo pensaba, pensaba, dònde los límites se marcan con
caminos de aceite,
no como en esas planas remotas latitudes
donde el olor del oro invade las cabanas
y la vegetaciòn interna de los bosques tupidos.

Yo pensaba, pensaba como sombras fugaces,
donde el color del cuerpo es sòlo una llanura,
no donde esas aristas del diamante que rayan
sobre la oscura mano que lo levanta entristecida.

Yo era sòlo esa piedra en la que nadie ha reparado;
ese olvidado guijo que se encuentra la noche
irremediablemente al borde de una alberca;
ese niño profundo que mira desde el légamo,
ese espectro suavísimo que se aleja cantando.

Olvidé,
yo olvidaba, còmo vuelan las aves que no buscan su suelo.

Yo pensaba, pensaba como la dulce luna,
solo como la luna:

Mi muerta voz me atemoriza.
Hoy cuento, cuento, cuento;
la velocidad máxima del agua,
el número de cuerpos que levanta una selva,
la densidad del humo de sus montes,
la altitud descuidada de sus cumbres,
la plenitud del eco;
cuento el largo balido que sube de sus sombras:
empiezo a conocer los nombres de los ríos.

Cuento, cuento, hoy cuento:
la longitud del viento entre mis brazos,
el impulso que hiende,
la sorda carne o surco que en la reja trabaja,
esa lenta miseria del caracol que asciende
su lerda libertad bajo los bosques,
la utilidad del sueño:
empiezo a conocer los nombres de las nubes,

Hoy cuento, cuento, cuento:
la amplitud de las ondas que circundan mi frente,
ese rumor lejano
como un aullido inmenso,
Cuento ese virgen llanto
que no se duerme entre las fieras,
la presiòn de esas manos que en el suelo se suman.

Cuento, cuento, hoy cuento:
esas jugosas flores que maneja la Muerte;
empiezo a conocer los nombres de las aves,

de esas aves que duermen sobre los lomos que las surten.
Cuento, cuento esas pálidas hojas que navegan.

¡Ay esa tenue esquila por la nieve cantando!
¡El calor de los cienos que entre la nieve apuntan!
¡Ese golpe de arpòn sobre las sienes!

Cuento, cuento, hoy cuento:
empiezo a conocer los nombres.

Como la luna yo pensaba.


VI

VIVO COMO ESAS AVES

Vivo como esas aves que en las laderas de los montes
vuelan vuelan solísimas la plenitud tan alta de su olvide
como esas aves viajeras que vierten sus pupilas
en las profundas luces de los mares que agrandan.

Vivo como esas aves, esos nocturnos habitantes, ese
quietos vigías
sobre el brocal de un pozo que la arena enmudecen.
Vivo como esas aves que en los bordes del agua
trafican con los hombres y los peces que entierran.

Como las fuertes aves vivo, que desconocen
esos roces suavísimos que la luz no oscurecen.
Vivo como esas aves donde los diminutos bosques,
los torrentes lejanos, los rebaños tranquilos,
duermen bajo la lluvia y el ardor de los Andes.

Sobre el cristal pegado resbalante
por esas blancas rocas o inútiles navios,
vivo como esas aves que entienden las ciudades
prisioneras en fuentes o en jardines públicos.

Vivo en las manos húmedas,
al sol como esos pájaros que los trigos inclinan,
sobre los lomos de las bestias me alimento.

Vivo como las aves en la sal que se pierde,
en el sudor de las esteras,
en los montones cálidos del estiércol.

Como las aves que se inmolan y sueñan;
como esas aves que no vuelan más allá en las montañas,
vivo,
vivo como esas llamas perseguidas que circulan;
ese reptil o látigo que resbala entre los hombros;
esa inmensa paciencia que duele entre las aves,
ese tinte que se prepara en los rincones de las fraguas.

Como las aves vivo entre la muerte y el pescado que
cuelga;
entre la carne fermentada y la harina que muge;
entre la leche que revienta y corre dolorosa por las
mejillas,
en esa apariciòn primera que orina temerosa por las
cañadas.

En la cuchara enmohecida que se dobla sin fuerza bajo
los arcos de los puentes;
en los serones que estériles rezuman la sangre embrave-
cida de la escama;
en la impotente lata y el orgulloso vino que enardece;
en las estrechas calles que aprietan sus costillas hasta
verter en medio de la espalda más blanca basura
envilecida,
vivo,
vivo como las aves:
en esas negras selvas luchadoras que hieren;
entre los filos acerados de sus ojos.
Araño en las escamas y entre las hojas de los
cocodrilos
mientras preparo la cintura a trampas cenagosas y a las
lágrimas verdes.

Acreciento, acreciento la espuma como las aves;
recojo los cadáveres de los niños entre la blanda arcilla
ordeno los marfiles sin distritos de sueño
y las interminables cadenas caminantes del hambre.

Duermo, duermo de pie contra los árboles,
en las cortezas supurantes del caucho
y en las paredes húmedas de las tristes cabanas.
Me zambullo en las charcas turbias como las aves:
busco entre las orugas el alimento que las uvas no vierten
y que las piedras dificultan.

Ando por las ciudades;
porsus amplios mércadòé;
por las verdes espumas que las cercan;
en la naranja que se pudre,
en las bodegas de los barcos donde la luna muerde
irresoluta ese trozo de pan que nunca duerme.
En las vejigas flaccidas donde el sebo retumba;
en las paredes sudorosas de las pobres cocinas,
entre el jabòn que exhala y la ropa que escupe.

Vuelo como ese negro casco que entre el humo se aleja,
en sus pesadas ubres,
en sus tirantes jarcias,
donde las aves se amontonan cansadas
mientras las nubes crecen y los cuerpos emigran,


VII

ANDANDO ANDANDO COMO EL MUNDO

ANDANDO andando sobre el mundo se llega,
con el mundo se asciende a sus altos confines:
andando andando donde duermen los hombres,
donde cuelgan sus manos como largos balidos.

Andando andando por el dolor se entiende,
en las ínfimas salas en que crujen sus lechos;
andando andando por las desiertas calles,
en las interminables colas que aguardan en los muelles.

Andando andando esa otra piel más íntima;
esas voces que alumbran los labios que no ignoran,
esa carne que busca su refugio en la noche:
andando andando por el sueño se entiende.

Andando andando por el suelo se siembra,
con el suelo se escucha el rumor de las sombras,
esos lentos caballos que su olvido caminan;
porque no es todo el cielo esa nube que cruza.

He vivido, he soñado, he pensado que he muerto
como ese estiércol que fermenta bajo la luz fecunda de su
aurora;

aún ando entre las colchas sucias y las tabernas que no
cierran
para sentir mejor en mi garganta el sabor de la leche.

Andando andando por el cuerpo se llega;
por el cuerpo se duerme sobre el calor mullido de los
establos.
Andando andando por la tierra se quiebran
los más débiles tallos de una fruta que nace.

Andando andando como una fuente fluye,
como la sangre erige o el acero en el aire,
andando andando sobre el mundo, se entiende:
no es el amor tan soto lo que se para en; nuestros ojos


VIII

NUNCA MÁS

EN cuanto al mar no preguntéis ya cuándo:
se ama o se deja de amar sin que una piel pueda llegar
siquiera a presentirlo;
pero el dolor cuando atraviesa el alba
arriba a nuestro cuerpo
como la lenta espuma de la muerte.

Se habla se habla y nunca llega a deshilarse la verdad de
una historia:

-"Una vez..."

-"Fue allá lejos donde crece el tabaco..."

Pero los barcos vuelven a hundirse bajo el légamo oscuro
y los pájaros siguen multiplicándose a espaldas de la noche
como estrellas.

¿Dònde, dònde ha de estar ese amante impreciso?
¿Dònde ha de estar esa palabra incorruptible?

Todos se alejan sin que uno solo vuelva para mirarnos;
sin que uno solo tan siquiera pregunte.

Todo se pierde igual que el horizonte.

Solo queda esta mano abandonada en pie sobre la arena;
este humilde despojo
junto al mar como cualquier cuerpo sin sombra.


IX

YO ESTOY NO ES LA ADOLESCENCIA

No es la adolescencia
ese olvido que se presiente por primera vez bajo las axilas;
gota a gota llega a transparentarse toda la lluvia.

Para devorar a los hombres animan el sol y las escamas
de los peces,
esas moscas blancas que poco a poco van horadando a
través de los muros
hasta lograr atravesar toda la sangre
lejos donde una lágrima es a veces más dulce que el olvido,
donde una mano sobre los ojos basta para que todo el
sueño gire alrededor de un solo dedo.

No es la esperanza, la esperanza anima como las piedras,
salir lejanos donde una voz es el silencio,
donde no existe el aire pero todo presiente el caminar de
un hombre por la vida.

No es la adolescencia
ese olor de las algas que se pudren sobre la arena;
esa humedad que enciende sus manos más allá de la nuca;
esa inconstancia,
esa inocencia que nos imita,
que traspasa la frente para acabar desnuda entre plantas
jugosas sin sentido.

Es la indolencia,
el primer navajazo que un río nos desmaya,
la formaciòn de un mapa o de un ejército,
la voz,
las persecuciones que transmutan los términos,
la tierra sin aliento que no será una estancia en un cuerpo
seguro:
un grito.

En las primeras hojas,
en los espejos:
yo estoy no es la adolescencia cuando una ciudad se to
abierto por su base.


x

NO ES LA RAZÓN EL LÍMITE

TAMBIÉN existe el tedio;
unos párpados que se abandonan;
un espacio reconocido al fin sin nombre,
una luz sin objeto.

Existe la miseria,
ese metal caliente que horada nuestras venas,
ese sabor tan húmedo que comienza en los ojos,
esa arena inconstante que nos suprime.

Existe la miseria: no olvidad vuestras manos;
ellas llegan muy lentas donde un río es un niño;
donde el espacio pierde su ilaciòn con los nombres
y acaricia la sombra a la voz como a un hijo.
Donde acaba la tierra;
donde la paz o la inocencia
—que amarilla la frente—
no existen existiendo van a existir no existen.

Existe la miseria
—¡qué descompuesto el mundo vuela ausente!—.
Existe la miseria
—¡qué negligencia el cielo!—
el tedio y la miseria:

No es la razòn el límite predicho en la conciencia.


XI

COMO PIEDRA OLVIDADA

COMO ese sabor acre que i^ deja en los labios la íniseria;
que comienza ^ lbsno|¿s Igual qtí¿í^ffiá^li<áíiHa,
estos cuerpos sin sangre tendidos sobre la arena
desnudan gota a gota una conciencia que no duerme.

Sueñan cuerpos de niños o gritos dé^müjeres,
la vida que no sienten o una amarga sonrisa.
Su sueño, un ancho lago, supurante memoria,
allá lejos donde el mar mece y mece sus constantes
espinas.

Donde el mar mece y mece sus algas ^ una estrella
y rezuma la sangre contra el paño que duele;
donde la concha y el olvido son tan solò un despojo sobre
la playa
y pudre el sol sus peces y sus flores marchitas.

Sobre la arena floja que desploma la espalda
que ni el peso conoce ni el calor de la lluvia,
pero cierra los párpados que anuncian sin reposo
como olvida la nube su pulsaciòn sobre los vientos.

En un país. -No preguntad los límites no impuestos,
se cerca el llanto pero no la indolencia-.
Muy fácilmente olvida la mano que acaricia

cuando el brazo no sufre la misma lengua lenta de su
muerte.

Allí carne perdida por la desierta playa;
carne opaca invivida que no gime ni alienta,
yace oscura caída como un cieno de estanque
mientras cantan las aves sobre las tiernas rosas.

Allí cuerpos de niños o llagas como flores,
como ciegas miserias que hieren por los ojos,
duermen duermen su peso sobre la tierra
sin dolor y sin sueño como piedra olvidada sobre el
mundo,


XII


EL LLANTO SUBTERRÁNEO

JUNTO al mar ese manto que la luz origina
y que el aire repliega como a su dura arena en un costado;
donde los hombres miran y mueren contra el vino
y las cabezas de los niños lloran
y los ojos de los pescados lloran
y los cabellos de las mujeres se tienden en silencio hasta
las nubes:
no puedo no cantar como esas aves
que desconocen la quietud de la harina
y andan sobre la nieve
sobre sábanas largas mientras la luna sube rectamente.
Yo he visto he visto a veces
cernerse un ancho pájaro en la bruma:
hoy no puedo cantar como esas aves.
No puedo, no, cantar; ando en patios humildes,
ando en ropa nocturna,
ando en seres que velan sus rebaños o el ansia de otros
muertos.
Ando en los secos odres que la luna dormita
y en los altos cipreses que arrastran sus cadenas y
engrandecen su marcha bajo los anchos puentes:
bajo los anchos puentes donde duele la vida
y los hombres se acercan a morir en silencio
uno a uno, millones desde los cuatro olvidos,
desde los cuatro mares que los pescados lloran.

Unos, largos maullidos que empañan los cristales
y enormes avestruces
y húmedas arpilleras
o blancas cicatrices como largos caminos
y negras fajas como ríos donde duermen barajas y las
manos que cortan.
Unos, medias palomas que arrastran por los huertos
las hojas de su muerte y el dolor del viaje
y el dolor de las balas que los perros devoran
allá junto a un costado de llamas en peligro.
Unos, lana dejada que desmorona enloquecida sus balidos
entre rubios espartos o iracundas pestañas.
Unos, lacias estrellas
y manos machacadas como balanzas diminutas,
como pequeños pájaros redondos que hieren, hieren,
hieren por la sangre que horadan:
esa sangre que grita y atraviesa las cercas de la sal y la
hondura y sus fuertes delfines:
esos gritos que elevan sin latòn gaviotas,
que enhebran los cabellos del vino con los peces
mientras cuelga la luna como un grueso pescado
donde juegan los dedos a un dominò sin ojos ni futuras
monedas
y canciones de espinas que se olvidan del aire.
Unos, enormes girasoles
y entre las sienes máquinas
y plomo o cirios que se funden y andan,
avanzan y se paran de pronto como una fiebre o puerta:
un goteròn que mira y duele,
que enrojece sus bordes y abandona:
un tracoma que escuece sobre casas humildes que huelen
como arañas entre blandas palmeras y flautas que se
pudren.
Unos, llevan cigarras
y les siguen palomas y lombrices y niños
y pequeñas banderas
y estampas como luces

o el rumor las ruedas y el barro del aceite;
estos no son campanas ni hormigas ni amapolase
huelen a barco y a tristeza
a mujer y a vinagre
a cana verde que se mece
y a cuerpo o piedra que se hunde lentamente en el agua

Bajo los anchos puentes donde duele la vida
llegan, llegan luciérnagas y pesadas maromas;
allí los muslosobedecen sin itemblor y sin gozo
a la sombra en que escupen y al rumor de la espuma:
allí los hombres se ennegrecen.
y las caras se olvidan:
uno a uno, millones desde los cuatro vientos
se acercan los navios para morir bajòc los puentes.
Son otro peso errante sobre Ha inmensa Tierra,
otra apesadumbrada voluntad que camina,
otros cuerpos que cuelgan de las pesadas rocas,
otro canto desnudo,
otro crimen reciente:
¡Así gimen las olasi ¡Así gimen las olas!
¡Qh sed, sed. de los montes y de las altas nubes!
¡Sed de cobre y escama!
¡Sed de las amplias frentes en que el hombre navegan.
de esas bandejas rápidas que ruedan como lunas
y terminan de pronto en un bolsillo diminuto!
Junto al mar, ese canto que el silencio origina,
donde los ninos lloran
y las cabezas de los hombres miran y mueren contra el
vino,
yo he visto, he visto a veces cernerse un ancho pájaro en
la bruma
como bajo los puentes hoy los ápteros brazos de los viejos
obreros,

Como el llanto en la tierra,
como las voces en la lluvia,

hoy no puedo cantar como esas aves.
¿Còmo podré, còmo podré crecer sin manos
bajo las filtraciones dolorosas de esta angustiada arena?

Como ya reconozco la amplitud de la harina
junto a mi piel se pudren un caracol y un mundo.


XIII

SI YO PUDIERA

Yo pertenezco a esos anchos caminos donde los árboles
se cuentan;
a ese olor que el estambre abandona en sus ruedas hilo a
hilo que canta.
Me muevo entre mis brazos porque mi rostro solo no lo
encuentro
en la miel gota a gota como el ganado que trashuma.

Canto, canto en la lana de los estanques
y en la paz de esos bosques que se ignoran;
canto como la luna resbala por las piedras,
entre las multitudes herrumbrosas que acampan junto a
un río.

Canto, canto bajo la inmensa noche
bajo esta inmensa lata que atiranta la arena:

"Si yo pudiera un día tan sòlo,
como esta razòn que mi genio anima,
abrir de par en par las puertas
de mi cuerpo y las granjas..."

Yo pertenezco al fondo de esas viejas lagunas
de esos hombres que marchan sin conocerse sobre el
mundo;

a esos largos racimos que duelen contra el cáñamo,
que abandonan sus nombres como las hojas del aceite.

Yo pertenezco a ese pez que resiste como la nieve cae,
como la nieve cae;
a esas aguas durísimas que se alejan cantando
y que un día amanecen junto a la orilla erectas.

"Si yo pudiera como esos seres del olvido que pasan y
repasan su soledad bajo la luna,
dejar sobre la nieve
todo el ardor del ansia que circunda mi frente..."

Canto, canto como pieles remotas sin sal y sin alumbre:
canto bajo la inmensa noche azul allá en el norte.

Yo pertenezco a esas largas llanuras que resuenan sin
viento y permanecen;
a esos antiguos pozos olvidados donde unos ojos miden
el albor de sus huesos.

Canto, canto el ronco mugido de los bisontes que galopan
cerca ya de la pampa:

"Si yo pudiera un día
abandonar sobre este ardor lejano,
como un blanco navio,
el altísimo témpano que apuñala mi angustia..."

Hay gotas de una lluvia que no encuentran, perdidas, los
roces de su cielo
y hay pájaros que olvidan la plenitud de la distancia en
que han sido engendrados.
Yo pertenezco a esos hombres que mueren.
Vivo aquí entre mis brazos, porque no encuentro el límite
que los separa.

Canto, canto á la sombra de los más anchos ríos;
canto bajo la luz difusa de los puentes:

"Si yo pudiera un dia, un día tan sòlo,
abandonar sobre la tierra enteramente
estos bueyes que hoy labran los bordes de mi sueño..."


XIV

HAY VOCES LIBRES...

HAY voces libres
y voces con cadenas
y hay piedra y leño y despejada llama que consume;
hombres que sangran contra un sueño
y témpanos que se derrumban sobre las calles sin
gemido.
Hay límites en lo que no se mueve entre las manos
y en lo que corre corre y huye como una herida;
en la arena intangible cuando el sol adormece
y en esa inconfundible precisiòn de los astros.
Hay límites en la conversaciòn tranquila que no pretende
y en el vientre estancado que se levanta o gira como una
peonza.
Hay límites en ese líquido que se derrama intermitente-
mente mientras los ojos de los niños preguntan y
preguntan a una voz que no llaman;
hay límites
en la amistad
y en esas flores enamoradas que no se escuchan.

Hay límites
y hay cuerpos.
Hay voces libres
y voces con cadenas.
Hay barcos que cruzan lentos sobre los lentos mares

y hay barcos que se hunden medio podftdos en el cieno
profundo.
Hay manteles tendidos a la luz de la luna
y cuerpos que tiritan sin sombra bajo la oscuridad de la
miseria.

Hay sangre:
sangre que duerme y no descansa
y sangre que baila y grita al compás de la Muerte;
sangre que se escapa de las manos cantando
y sangre que se pudre estancada en sus cuévanos.
Hay sangre que inútilmente empaña los cristales
y sangre que pregunta y camina y camina;
sangre que enloquecida se dispara
y sangre que se ordena gota a gota para nunca entregarse.
Hay sangre en lo que no se dice
y sangre que no se calla y no se calla.
Hay sangre que rezuma medio seca bajo las telas sucias
y sangre floja bajo las venas que se para y no sale.

Hay voces libres
y voces con cadenas
y hay palabras que se funden al chocar contra el aire
y corazones que golpean en la pared como una llama.

Hay límites
y hay cuerpos
y hay sangre que vive separada bajo las duras cruces de
unos hierros
y hay sangre que pasea dulcemente bajo la sombra de
árboles,

Hay hombres que descansan sin dolor contra el sueño
y témpanos que se derrumban sobre las piedras sin un
gemido.

y hay barcos que se hunden medio podftdos en el cieno
profundo.
Hay manteles tendidos a la luz de la luna
y cuerpos que tiritan sin sombra bajo la oscuridad de la
miseria.

Hay sangre:
sangre que duerme y no descansa
y sangre que baila y grita al compás de la Muerte;
sangre que se escapa de las manos cantando
y sangre que se pudre estancada en sus cuévanos.
Hay sangre que inútilmente empaña los cristales
y sangre que pregunta y camina y camina;
sangre que enloquecida se dispara
y sangre que se ordena gota a gota para nunca entregarse.
Hay sangre en lo que no se dice
y sangre que no se calla y no se calla.
Hay sangre que rezuma medio seca bajo las telas sucias
y sangre floja bajo las venas que se para y no sale.

Hay voces libres
y voces con cadenas
y hay palabras que se funden al chocar contra el aire
y corazones que golpean en la pared como una llama.

Hay límites
y hay cuerpos
y hay sangre que vive separada bajo las duras cruces de
unos hierros
y hay sangre que pasea dulcemente bajo la sombra de
árboles,

Hay hombres que descansan sin dolor contra el sueño
y témpanos que se derrumban sobre las piedras sin un
gemido.


XV

HAY MUCHAS FORMAS DE ESCAPAR

HAY muchas formas de escapar de la vida,
pero tan solo hay una para dormir bajo la lluvia en
cualquier puente...

Las demás se han perdido
en las inundaciones remotas de los sueños.

Hay muchos hombres
que cruzan por los muelles con los brazos caídos
y sutiles espinas
que resbalan sobre las aguas
la inconsciente dolencia de su tedio;
velas que se despliegan ágiles en cualquier horizonte
y corazones que se amontonan atemorizados al contacto
de un muro.
Hay cuerpos que aún no han muerto, pero duermen y
duermen sobre las olas que los mecen.
Hay sombras que resbalan sigilosas bajo los árboles que
las vigilan,
y hay niños que escupen descuidados sobre las rosas
tiernas, sin delito.

Hay mujeres que arañan su presencia sin límites entre los
gritos lúgubres de la noche;
luces que se desprenden de sus ramas y vuelan

y ceniza que se deshace entre las manos sin sentido;
cristal que se derrama sordamente sin música
y sedas que cantan dulcemente antes de desaparecer para
siempre en la sangre.
Hay reptiles: serpientes de imposibles auroras
que solo son un beso más allá de los párpados...
Hay labios que son fiebre y se buscan, se besan y nunca
llegan a encontrarse.
Carne que se deshoja y ríe y ríe
y manos ateridas que tristemente se prostituyen entre las
flores sin conocerse,

Hay cielos descuajado que resbalantes huyen sin sonido
voces que cantan adormecidas sobre las aguas
y voces que se arrastran sobre la tierra con un largo
gemido;
campanas que suenan enloquecidas por detras de la muerte
y corazones que desertan aLmás débil crujido...
Hay muchas formas de escapar de la vida,
pero tan solo hay una para dormir bajo la lluvia en
cualquier puente,
al abrigo de un cuerpo o al calor de la luna
o en el profundo légamo de los estanques olvidados


XVI

UN ÁRBOL CRECE INMÓVIL

(NEGACIÓN A UN VIAJE)

Y están las tiernas ramas que aún invitan;
que aún florecen ingrávidas como un mundo que nace.
Las tiernas ramas que no conocen el quebranto
ni el espantoso choque de dos cuerpos en tierra.

Como el mar, como un sueño que se olvida,
como el sol en la arena mientras los hombres luchan,
ellas vuelan y agitan arriba entre las nubes
felices en la lluvia y en la luz que se exaltan.

Están las tiernas ramas y las hojas que mecen
y la tierra que curva huyendo su horizonte.
Viven: no están ausentes, pero resbala el suelo
y otro dolor se eleva desde la misma sangre.

Sabembs de unos hombres que mueren en la ausencia;
de unos hombres lejanos en la--piel que resisten,
de unos hombres o cuerpos que oscurecen sus hojas
mientras muerde la lluvia la arena enrojecida.

Allí donde sin sangre las ñores se enfurecen
y arde sobre las charcas la espuma enfebrecida,

hay árboles que esparcen felices su existencia
como las altas nubes sobre el suelo se ignoran.

Y el dolor, el dolor esa voz ya permanente
que el sueño no retiene y en el pecho rezuma;
el dolor inflexible que prosigue en el viento,
sin límite, insumiso, fuera de la memoria,

No abandono estas playas ni la luz de la luna
cuando aún las fieras pisan dulcemente en la sombra
donde allí mismo existe la frente que domina,
los hundimientos subterráneos que ocultan los gemidos.

Lejos, lejos las flores de esa muerte jugosa
allí donde se duerme sin límite en la selva;
donde quiebra la espuma su olvido entre corales
y un caracol señala los más profundos sueños.

Lejos las mariposas que un mapa disminuyen;
las diminutas sienes brillantes de los insectos
las hojas suspirantes que una bruma sostienen
esa música fácil que prende en la tristeza.

Donde el látigo rige sobre el marfil que mancha;
donde la inmensa noche con su calor alienta
la enfurecida arena contra los mismos cuerpos:
lejos, lejos las flores de esa muerte jugosa.

No abandono estas playas.
¡Oh sombra, sombra elevate!
¡Un árbol crece inmòvil bajo losaltos vientos!
Ignotos habitantes en su savia conversan;
hablan, hablan? ;los astros su universo conspiran

mientras giran las lunas, los llantos y las fuentes,
los pequeños gemidos, la multitud alborozada,

la quietud de los pozos, las pacientes hormigas,
el barco que se aleja lento sobre los mares.

Mientras pulsado el cáñamo que atiranta la angustia
canta bajo los puentes el hambre de los bosques;
la carne perseguida -playa del estampido-
y ese pez que se pudre diariamente en la arena;

mientras los hombres miran y miran mansamente
el silencio que horada la sangre que aún le existe;
esa humedad que empieza suavemente en la nuca
y acaba como un cuerpo que su orilla abandona.

Me quedo en estas aguas y a la luz de la luna;
árbol tras árbol llega hasta que un árbol vuelve:
curva el suelo su espalda como se curva el tiempo
y hay árbol que ya sabe las òrbitas que aguardan.

Estoy con esta arena -¡oh tirad, tirad contra el pecho!-,
no es la muerte tan fácil como un niño que llora;
no es el fuego la dicha a que la semilla atiende.
Estoy con el olor caliente del estiércol en tierra.

Bello es el mar tan lento y el cuerpo que desnuda;
las misteriosas algas que profundas se enredan;
la amistad que unifica más allá del olvido,
ese otro ardor tan claro como el sol que lo enciende.

Es bella la inocencia y la piel que la alumbra;
dulce es la miel y el pan si en la paz se levantan,
pero sabemos de unos hombres lejanos y la sed en que
excitan:
sabemos de unos cuerpos de sangre que agonizan sin
llanto.

Allí bajo esas ramas que esparcen felices su existencia
mientras duermen las fieras sin temor en su sombra

y la espuma no agita por no herir a tos astros,
unos hombres se olvidan bajo el marfil que curvan.

Lejos, lejos las hojas de una música fácil:
no es tan blanda la vida como el sueña que cubre.
¡Oh, tirad, tirad contra el pecho, que el dolor de las balas
se perderá en el tiempo, pero quedan los árboles!


XVII

EL VIENTRE CONTRA TIERRA

EL vientre contra tierra como esas diminutas tortugas
que empañan los cristales
y ascienden sobre el agua hasta los ojos de los niños;
hasta los tallos blandos que dificulta el frío entre las pieles,
donde un hueso larguísimo es la luz del invierno
o una llama tan blanca que muere lentamente
mientras los hombres se reúnen
y se cuaja la leche bajo el yerto silencio de las madres.

El vientre contra tierra,
hasta sentir còmo el arpòn del hielo
ahonda errante en las entrañas,
mientras agranda el ojo su dimisiòn de sombras
en ese día interminable que gira su albo globo
sobre el hocico o sueño de los osos polares.

Aún quedan estas anchas orejas contra tierra
recogiendo galopes y lejanas descargas;
estos huertos redondos o tambores de surcos
en que el viento o la sangre arremolinan atormentados sus
semillas.

Aquí están los desiertos;
los pozos que se olvidan y taladran la carne

hasta salir los cabellos al viento y la locura,
el dolor contra el cielo y sus negros caballos.

Aquí están estas múltiples espinas que altísimas se cruza
como estrellas
en el vacío ardoroso de las noches sin bronquios;
estos negros pulmones en que una fragua desfallece,
esta fiebre en el suelo que circundan los pájaros.

Aquí están estas interminables filas de los muertos que no
acaban,
esta multitud rumorosa que no se tiende:
llevan sombras en tierra que igualan con su altura:
es una muchedumbre de pesos o naves que avanzan.

Aquí están estas interminables listas de niños
desaparecidos:
de puerperios que sangran,
de rostros que se cubren:
avanzan las bandejas de cuero contra el ardor del aires?

Hay manos hermosísimas junto a las arpas de la harina
y negras manos sarmentosas que orinan entre faldas como
viejos hurones;
hay diminutas manos
y diminutos elefantes,
enormes puentes sin ruido
y piernas que como ríos se alejan curvas por las espaldas

Cuando se urde de nuevo esta concentraciòn dolorosa del
barro;
cuando el cuerpo que no sentía se arrecia entre sus
bordes:
están estos bosques silenciosos que avanzan;
estas ramas caídas como nubes que cuelgan,
estas mendigas ubres;
avanzan los mantones de lluvia y las puertas del hambre.

Cuando los ojos de los hombres se unen bajo la noche
en ese gran rebaño que avanza lento en los caminos;
cuando las cuencas de su silencio miran como quietud de
lobos,
como llamas o planchas o pellas de ceniza amenazantes;
cuando el fuego se infiltra en las lamentaciones o en los
metales iracundos
y alza la gran placenta y la humilde jofaina
entre roncos timbales, plataformas de gritos y lenguas
pulsadoras de torres
y guitarras nocturnas que el descanso amontona para
seguir al otro día entre caballos.
-¡Qué frenesí la luna contra el pecho, oh fuente
vagabunda!-:

Entonces solamente duele otra vez la tierra:
ese enorme baúl que vuela en las entrañas.

FIN DE
'ANDANDO, ANDANDO POR EL MUNDO'


DE NO PODRÉIS

(1930-1932)


¡ALERTA!

A Manuel Jiménez Ojeda, "El Capitán",
niño asperonero de las playas de Málaga
que muriò sepultado bajo la arena, y a
todos los niños de las playas del mundo.

HUÉRFANOS silenciosos
que nunca recibieron ni el pan ni la caricia
se acercaban descalzos.

Niños que nunca sonreían
iban brotando húmedos de la tierra,
medio ciegos, desnudos.

Niños que no dormían
que nunca conocieron el sabor del descanso
que apenas casi andaban y ya tenían abiertos los ojos
para siempre sin párpados colgados sobre el viento,
iban saliendo lentos uno a uno de sus lòbregas cuevas.
Sin hablarse se unían y caminaban juntos.
Una misma tristeza cobarde
perseguía sus débiles latidos.

Niños que no dormían
aún llevaban temblando clavados en las sienes
los últimos clamores de sus tristes hogares
los últimos lamentos de un cuerpo destruido por el
espanto y por la angustia del hambre y la miseria.

Niños que nunca sonreían
caminaban descalzos.
Niños que no comían,
y el mar como una estampa les mostraba sus peces
peces de los que solamente conocían el nombre y la
figura.

Niños que nunca sonreían caminaban callados,
caminaban descalzos, y no había amanecido.
Sus pies contra los vidrios sangraban sin reproche.
Sangre sobre arena.
Sangre roja de niño.

Sabían que utía ttiano tiene iguat que un espejo do
colores de luna
niños que no dormían
desnudos
medios ciegos,

La ciudad no los quiere y quiere sus servicios,
No les dejan que posen sus pies sobre los mármoles.
Ni que descansen sobre el asfalto.
Ni que se sienten solamente un instante al borde de una
iglesia,
No quieren a los niños que no duermen.
A dios que no sonríen,
que van sucios,
A los niños que trabajan
que no descansan
desnudos, medio ciegos,
Los niños que conocen a los peces del mar solo como una
bella estampa.

No los quieren y quieren sus servicios,

Se les arroja como a perros de las iglesias.
No les dejan que posen sus pies sobre los mármoles.

Se les acosa como a perros sarnosos sin dejar que
descansen.
Selles maltrata.
Se les escupe
a los niños que no duermen.
Niños que van callados
como sombras sin sueños,
curvados por la mano terrible de la arena.



Alzaos igual que fuego.
Juntos pioneros rojos
ALERTA
Son vuestras esas casas de que os arrojan.
Es vuestra esta ciudad de asfalto que os expulsa el
descanso pero que exige vuestros servicios.
Otros niños hoy hombres
acaso vuestros padres
construyeron las torres de esas iglesias que os alejan como
a perros sarnosos,
esas torres son sangre,
sangre vuestra,
son vuestras.
Arrojad a sus cuervos.

ALERTA pioneros
niños sin sueño
ALERTA
Unios codo y codo
caminad siempre juntos
vosotros que solo conocéis la sombra de los espejos.
Caminad siempre juntos.
Juntos vais al trabajo.
Juntos marcháis sin sueños.
Unidos lograréis la sonrisa
arrojaréis como a perros sarnosos

a esos hombres que os quitan el sabor de los peces
a esos otros que vieron el hambre al borde de sus iglesias
y se alzaron la capa por temor de mancharse con vuestra
sangre.
Cuervos
ellos que os llamaban hermanos,

ALERTA niños sin sonrisa
pioneros rojos ALERTA.
Alzaos como llamas.
Otros niños ya han dado sangre a vuestras banderas.
Sangre lejana que os sonríe,
que os llama,
Niños trabajadores que [no] conocen el sabor de los
peces
Niños que sueñan.

ALERTA asperoneros
hijos de pescadores que no comen,
Recordad aquella boca de tinieblas
aquel hambre terrible de la tierra
aquel premio terrible que tuvo vuestro hermano
que aún no tenía seis años.
CAMARADAS ALERTA
No olvidad su carne aún no cuajada perdida sin sonrisa
su cuerpo estrangulado sin un grito
sin una queja.
Recordad CAMARADAS: él nos mira
ardiéndole la arena entre los ojos
ardiéndole la arena sobre el pecho
ardiéndole la arena en la garganta
la arena por su lengua
quemándole la espalda
sellándole la boca como brasa sedienta,

Arriba asperoneros
hijos de pescadores que no comen:

su sangre os llama a su bandera.
Marchad con vuestros padres, con vuestros hermanos,
levantaos como llamas
por el pan
el descanso.
Juntos por la sonrisa.
PIONEROS
ALERTA


NO PODRÉIS

LLAMAD llamad inútilmente por el sueño
Nadie os responderá
Igual que espaldas vueltas
sus espejos cegados desamparan las voces que reclaman
consuelo
No tendréis paz
No habrá ningún alivio para los que olvidaron que eran
hombres
Ningún descanso a aquellos que conocieron la ignominia
y no se levantaron para combatirla
Para aquellos que oyeron el lamento ensangrentado de la
pobreza
y prefirieron a la lucha el descanso más fácil de una
palabra compasiva
Aquellos que escogieron la humillaciòn de una limosna
en lugar de arrojarse las armas en la mano a arrancar la
justicia de sus podridas cárceles
Para aquellos que fueron còmplices y se llamaban ellos
mismos ángeles
No habrá ningún descanso
para aquellos que vieron a la muerte y la angustia
junto al mar o el desierto estrangular los cuerpos de sus
hermanos
y no se irguieron como llamas hasta desmoronar el
último palacio de avaricia

No tendréis paz
No habrá ningún descanso

Llamad llamad inútilmente por el sueño
Vuestra sangre callada en vuestras venas
aún a vosotros mismos os negará su empréstito
Gritad gritad fuera en el aire
Gritad sobre los montes
Gritad sobre la arena
En la piedra
En el agua
Bajo tierra en las tumbas
Removed las cenizas
Los cristales
LOS mundos
Levantad nuevos símbolos
Buscad nuevas banderas
Llamad llamad inútilmente
cuando ya estáis probando el amargo sabor de vuestras
mieses
Ahora que ya estáis viendo
que un cuerpo sòlo es libre si no engendra cadenas
Cuando estáis comprendiendo
que habéis sembrado acero y germinan puñales en
vuestros ojos
Que el clamor de la pòlvora cruje ya en vuestros huesos
Que os cubre la miseria
Que el dolor os anega
Que el cadáver de un niño dentro de vuestra sangre
aprieta vuestras venas
crece
os está ahogando
os esclaviza en ella

Gritad gritad inútilmente
ahora que veis que el viento es uno tan solo
que la tierra está abierta para todos los brazos
para todos los hombres
a todas las miradas
Ahora que ya estáis viendo

que los hombres existen para reír a un mismo tiempo
para sembrar a un mismo tiempo
para dormir a un mismo tiempo

Llamad gritad inútilmente sobre el viento
No tendréis paz
No habrá ningún descanso para vosotros
los que tuvisteis fuerza de conciencia para torcer el primer
paso
de un pie que era tan sòlo su desconocimiento
Los que con vuestras manos sellasteis los ojos de los niños
Los que estáis conduciendo el hambre y la caricia hacia
un mismo desierto
Los que aún lleváis en vuestras noches los ruíno
siniestros de la última descarga
Llamad llamad inútilmente por el sueño
Una nueva bandera ondea ya triunfante en el espacio
Gritad gritad inútilmente
Sangre turbia en las sienes que no podréis limpiaros
os marcará de lejos
y esas manos tan tiernas que ahora quebráis abandonadas
esas manos que ahora dejáis palidecer como plantas sin
agua a vuestra sombra
buscarán la justicia dentro de vuestros pechos
y os sacarán al viento hechos jirones
os tirarán al viento
aventarán vuestras miserias

Gritad llamad inútilmente fuera o dentro
No podréis ocultaros
Cien mil lenguas izadas radiarán vuestra culpa
Una palabra sola abolirá vuestra soberanía


EXISTEN EN LA UNIÓN SOVIÉTICA

EXISTEN en la Uniòn Soviética
millones de hombres que trabajan
millones de hombres que arden iluminados lo mismo que
la espiga de una llama

Existen en la Uniòn Soviética
millones de hombres que sonríen
millones de hombres que duermen confiados
cuando la juventud se pierde oscurecida en el mundo

Existen en la Uniòn Soviética
millones y millones de hombres fundidos como un sueño
de cuerpos transverberados por la luz de una sangre
que ya comienza a presentirse libre bajo sus venas

Existen en la Uniòn Soviética
millones de hombres que han sembrado el vigor de sus
músculos y sus voluntades
y ya germinan sonrientes limpios y venturosos
bajo cielos labrados en nueva inteligencia

Existen en la Uniòn Soviética
millones y millones de hombres que nos saludan
de seres que nos llaman
de frentes que nos miran

Existen en la Uniòn Soviética
millones de hombres que trabajan

Ellos saben que un día
brotará de sus manos la vida de unas alas
Ellos saben que un día
la igualdad de sus brazos será eterna
que morderá la máquina el acero o el viento
única boca hambrienta esclavizada
mientras libres sus cuerpos ostentarán desnudos
la rosa humana de su esencia

Ellos saben que un día
el mundo más redondo girará sin fronteras
que una mano en el sur dará la misma sombra qué en los
mares del norte

Ellos saben que un día
conocerá la tierra la misiòn de su carne
el valor de su fuerza
Ellos saben que un día
igual que ellos trabajan
todos los hombres dormirán confiados
sin que la juventud se pierda oscurecida por el mundo

Existen en la Uniòn Soviética
millones de hombres que conocen
lo que piensan sus ojos
y sus manos conducen

Allí el amor existe
no solamente como tina palabra sin sombra
La amistad es un brazo que ofrece su sonrisa
El pájaro y el árbol por igual crecen libres bajo el cielo
No hay amos
solo un dueño que vive en las conciencias
como la luz por darse al ser únicamente

Allí si un hombre nace
una verdad se inclina ante su cuerpo

un camino seguro se prepara
y una estrella se enciende sobre el viento

La ciudad marcha en Rusia de la mano del campo
persiguiendo sin sueño la rosa socialista
Es cada granja en Rusia
como un nido que nace
una flor que comienza en medio de sus pájaros
Es allí cada fábrica
como un árbol que crece
el corazòn de Lenin que se eleva cantando
iteninando el universo

Existen en la Uniòn Soviética
un pueblo que trabaja la esperanza en silencio
un hombre que dormido vela entre sus cristales los pulsos
de este pueblo
y una fecha aún cercana que es un corte del Tiempo
que sangra sobre el mundo su enseñanza
y ondea como un grito sobre el cielo


UN DÍA

UN día la persecuciòn será por fin abandonada
y marcharemos descuidados sin observar las sombra que
nos escuchan.
Los ríos mansamente resbalarán sobre sus lechos sin
temblores.
No se alzarán los muros lo mismo que ojos sorprendidos
por la muerte
guardando entre sus sáfcanasestos cuadros terribles de un
espantoso número,
Ni el cristal ni la piedra conocerán los ásperos sabores
de los límites.
Un salto será un grito o una rama de flores.
Pasear será un pájaro que volará sin cielo.

Habrá algunos hombres todavía tremolando toda su
sangre extendida.
Una sangre que no podrá nombrarse porque serán
desconocidas las distancias.
Una sangre sin dueño
que fluirá ya voluntaria eternamente
lo mismo que una fecha memorable
como una voz aún trémula del tiempo.

Un día
el vigor de los músculos será cambiado prudentemente
como un deseo.

El corazòn y el trigo brotarán juntamente para todos los
ojos.
Gota a gota esos hierros que hoy lloran las cadenas
se irán hundiendo en una tierra que no conocerá los
nombres del delito.
Dios ya estará fundido en su estampa de cera.
Ni aun los propios silencios últimos del olvido
sabrán ya imaginarnos las huellas de su sombra.

Un día será el mundo
como un inmenso anillo abierto.
Libre como ese anillo que hoy nos enseña el agua
ese anillo potente de una sola sonrisa
lo mismo que una estrella.

Un día será el mundo lo mismo que una espiga
un anillo de brazos unidos sobre la tierra
lo mismo que un ejército invencible sin posible enemigo
como un inmenso nombre que no conozca ningún cuerpo.

FIN DE

"NO PODRÉIS"


CALENDARIO INCOMPLETO DEL PAN Y EL PESCADO

(1933-1934)

Esta obra fue publicada como la parte del Llanto en la sang
Ediciones Españolas, Valencia, 1957.


ENERO EN EL MAR

1

NOCHE clara sobre el cielo.
Luna redonda.
En el agua
un niño, blanco, sin ojos,
pasa flotando.
Su cara
no tiene boca.
Los peces
muerden su carne ya hinchada;
su carne medio podrida,
blanda carne aún no cuajada.

Luna redonda.
El silencio
tiembla desnudo en las playas.

2

Noche clara sobre el cielo.
Luna redonda.
Callada
la arena, negando oprime
bajo sus pesadas sábanas,
un niño blanco.

Sus ojos,
bajo la arena se aplastan.
No tiene boca.
La arena
se hunde fría en su garganta;
la arena sobre su pecho,
la arena bajo su espalda.

Luna redonda.
El silencio
llora desnudo en las playas.

3

Noche clara sobré el cielo.
Como una hoz sobre el agua
la luna. brilla.
La luna,
su hoz sobre la arena clava.
Como un martillo en el pecho
pide el corazòn venganza,

Noche clara sobre el cielo.
Sobre la arena y el agua,
iluminando la tierra,
una estrella roja sangra.


MARZO EN EL MAR

Málaga. Naufragio del sardinal
"San Francisco"

VIENTO negro, viento negro
trae la mar alborotada.
Viento negro, viento negro
hincha las venas del agua.
Viento negro, viento negro
mueve la arena en la playa.
Viento negro, viento negro
empuja a las nubes altas.

Noche negra, viento recio
ciñen las barcas varadas.
Agua recia, viento negro
ciñen sus curvadas tablas.
Agua negra, tiempo recio
ciñen las velas plegadas.
Tiempo duro, tiempo negro
sobre la tierra mojada.

Ni se posa el pie en el suelo
ni en el viento la palabra.
Crujen las ramas del cielo
contra las puertas cerradas.

Ni aprieta la mano el remo,
ni abren las redes sus mallas,

ni abre el pájaro su vuelo
ni el pez nada bajo el agua.

Tiempo duro, tiempo recio
trae la mar alborotada.
Gime la tierra sin luna
mordida por la resaca.

Viento negro, viento negro:
malas hambres se preparan.



-Madre, saliò el "San Francisco"
ayer por la madrugada
y aún no ha vuelto y está el cielo
más negro que una amenaza
-Es muy dura el hambre, hijo;
más mata el hambre que el agua.

-Madre, saliò el "San Francisco
ayer por la madrugada
y arrecia afuera el Poniente
y la noche ya está echada
y aún no vuelven...

-Duerme, hijo;
más mata el hambre que el agua.

-Madre, saliò el "San Francisco"
ayer por la madrugada
y aún no ha vuelto... y entré sueños
sentí que padre llamaba;
-Duérmete tranquilo, hijo,
es la lluvia en la ventana.
-Madre, ¡qué duro es ser pobre!
-Tienes tazòn, hijo; calla.

Viento negro, viento negro
contra las puertas cerradas.
Viento negro, viento negro
empuja a las nubes altas.

Gime la tierra sin luna,
mordida por la resaca.

La espuma clava en la noche
sus blancos dientes de nácar.

-Madre, entre sueños he visto
hundirse a padre en el agua.
Madre, ¡alguien mueve la puerta!
-Hijo, es el viento; descansa.



Viento negro, viento negro
en la noche cabalgaba.
Viento limpio, mar sereno
llamò a las puertas del alba.

Ya la flor se despereza.
Limpia la abeja sus alas.
Ya la red tiende en la arena
su larga cola mojada.

Ya las velas se despliegan
y los remos se levantan.
Ya el sol brilla sobre el cielo
y tiembla el pez bajo el agua.

Ya sube la voz al viento
y baja a tierra la calma.
Viento limpio, mar sereno
peina la arena en la playa.

Viento limpio, mar sereno
ante las pobres cabanas.
Viento limpio, mar sereno
sobre las ricas terrazas.

-¿Tiempo limpio, mar sereno
para el que nunca trabaja
ni sabe que el hambre hiere
y que las aguas amargan?
¿Tiempo limpio, mar sereno
sobre sus amplias terrazas,
sobre sus blancos manteles,
sobre sus mullidas camas?
Madre, qué duro es ser pobre
y llevar la muerte atada
como la sombra del hambre
por detrás de nuestra espalda
y sentir que el sol alumbra
donde no faltò la calma
y sobra el pan en la mesa
y la negrura en el alma.
-Madre, qué duro es ser pobfe
y ver que el pescado pasa
por nuestros ojos hambrientos
tan solo como una estampa;
que en nuestras manos se posa
como carta de baraja
y en mala suerte nos deja
el mal dinero que pagan.
A cualquier perro de rico
nunca la carne le falta,
y en nuestras bocas tan solo
entra el sabor de las lágrimas.
Madre, qué duro es ser pobre
y sentir la sangre atada.

-Hijo, es verdad: pero..., mira
el sol còmo se levanta.



Viento negro, viento negro
en la noche alborotada.
Viento limpio, mar sereno
anuncia la aurora en calma.

Ya las banderas del cielo
sus nuevas telas desatan.
Desenrolladas las olas
tienden sus anchas espaldas.

Ya la mar abre su pecho
ante otras luces más claras.
Ya soplan los buenos vientos
para la tierra y el agua.

El corazòn no se olvida
de su tormenta pasada.
¡Qué bien se ciñe el reflejo
de la roja luz del alba!
¡Còmo ordena sus recuerdos
y sus venas atiranta!
¡Còmo repasa sus remos
y ajusta sus fuertes jarcias!
¡Ya soplan los buenos vientos
para la tierra y el agua!

Viento limpio, sol de fuego
trae la sangre alborotada...

Viento limpio, mar de fuego,
¡nuevos tiempos se preparan!

<P IULIO EN EL CAMPO?
IULIO EN EL CAMPO

ESTÁN los campos quemados.
Crujen las ascuas del trigo.
Sediento sueña el ganado
con el ^fjw azul del tío.
Se hunde el olivar ahogado
bajo el humo ennegrecido.
Como una brasa el silencio
tiembla en él viento prendido.

¿Quién puso en la espiga el fuego?
¿Quién dejò que el pan, perdido
antes de ser pan, por tierra
se derramara encendido?

¿Quién dejò secar las ubres
de las vacas?
¿Quién ha sido
el que ha estrechado los lomos
de las bestias?
¡Solo olvido
de su sed tienen por agua!
¡Turbios se secan los vidrios
de sus ojos!
El ganado
se muere.
¿Quién, quién ha sido

el que derramò esa sangre
que ardiò viva con el trigo?

Un corazòn bajo un pecho
sobre el que solo el abrigo
de la muerte o de la cárcel
fueron dejando los siglos,
a cada golpe que late
va gritando, enloquecido:
¿Quién, quién ha sido?
Sobre los muertos ganados,
sobre los campos perdidos,
por los negros olivares,
sobre los blancos cortijos,
sobre los limpios manteles
que no conocen el frío
de unos ojos sin espera
o un cuerpo desfallecido
que solo es cuerpo del hambre,
gritando va: ¿quién ha sido?
¿Quién puso en la sangre el fuego?
¿Quién enrojeciò los ríos?
¿Quién, quién ha sido?

Sin corazòn, otro pecho
retumba bajo el sonido
temible de esta pregunta
que, desgarrando su oído,
va clavando su amenaza
por él igual que un cuchillo.
Un pecho que hoy temeroso
y antes odiado y temido,
aún niega a su propio dueño
lo que en su mano ha nacido.
Niega, sin ver que tan sòlo
niega remedio o alivio
a un castigo que ya cierne

sus resplandores rojizos,
igual que manchas de sangre
sobre los blancos cortijos.

La justicia en su balanza ,
solo hallará en sus platillos,
en un lado un corazòn,
en otro, un pecho vacío.

¿Quién prendiò el fuego en la sangre?
¿Quién enrojeciò los ríos?
Se muere de hambre el ganado,
Huele el campo a pan perdido.

Como una brasa del viento
tiembla el silencio encendido.


AGOSTO EN EL MAR

ARDE el sol sobre las playas.
Como una navaja abierta,
su verde cuchilla el mar
tiende brillante en la arena.
Tiembla la siesta en el agua.
Como un ascua cada piedra,
encendida por agosto,
su boca de fuego enseña.

Medio desnudos, descalzos,
hambre tan sòlo en su espera,
dolor tan sòlo en sus caras,
sòlo en sus sueños tristezas;
cuerpos, o sombras de cuerpos,
que del cuerpo ni aun les deja
la figura de su nombre
la carga de sus miserias,
silenciosos y encorvados
bajo las tirantes cuerdas
que, clavándose en el mar,
las amplias redes sujetan,
los pescadores repasan
las horas de su pobreza.
Sangrando, sus pies se apoyan
sobre la candente arena,
que, al cubrirlos con su fuego,
llagas abiertas les deja.

Ciñe el silencio la jábega.
La sirga prosigue lenta
y el trabajo y la esperanza
en sed y rencor se truecan.

Sujeta al pecho la tralla,
la sangre en sus venas seca,
el dolor en sus miradas
y en sus odios la conciencia:
sirgan, sirgan sirgadores,
una miserable pesca
que ya prendida en las redes
temblando aún viva les muestra,
mayor^ hambre a su descanso,
menor justicia a su fuerza.

Ciñe el silencio la jábega.
Hierve en el aire la siesta.
Arde el sol sobre las playas...

Como una navaja abierta,
su verde cuchilla, el mar
clava brillando en la arena.


PRIMAVERA EN RUMBO

YA tiembla el verde en los montes.
Verde tiembla la llanura.
Ya cambia su flor el árbol
para madurar la fruta.
Ya corre el agua más clara.
Ya se acabaron las lluvias.
Ya es más limpia la mañana
y la noche es más oscura.
Ya medio crecido el trigo
blanda la espiga se anuncia.
Ya busca el pájaro nido,
la yegua al caballo busca.
Ya las estrellas se agrandan
y cuaja el vino en las uvas.
Mayo su pecho levanta
hacia el sol que lo fecunda,
y aún caliente, entre las sombras,
alegre su carne oculta.

Ya tiembla el verde en los montes.
Verdes tiemblan las llanuras.
Ya el cuerpo pide más hambre
y el hambre se hace más dura.

Mayo su pecho levanta.
Ya la cosecha pregunta
en él Si ha de ser su dueño

el que sus ganados junta,
el que la tierra le labra,
el que conoce sus frutas,
el que le troncha los tallos
cuando la espiga madura,
el que parte luego el grano
y hace brotar como espuma
de dentro la blanca harina,
el que el color de las plumas
de los pájaros conoce,
el que mirando la luna
puede conducir el campo
entre sus manos seguras
o aquel de quien ni la sombra
conocen de su figura;
el que le roba la sangre
al que su sangre procura,
el que hasta del lecho priva
al que sus riquezas junta,
el que hambre da por salario
y muerte da por ternura,
el que ante el dolor no quiebra
ni oculta al dolor sus burlas,
el que a la verdad se niega
y a la justicia se oculta.

Mayo su pechò levanta
temblando entre do§. preguntas:
¿Quién será el dueño de mayo?
¿Quién gozará de sus fruta??
¿Quién recogerá en sus trojes
lo que la espiga ya anuncia?
Mayo levanta su pecho
temblando entre dos preguntas..

Ya cambia su flor el árbol...
Rojo el sol al campo alumbra.


LOS AMOS NO DUERMEN

¡QUÉ cuchillada tan negra
la de la noche del amo;
noche de conciencia muerta
y de corazòn parado!
¡Oh, qué sábanas de hielo
las de sus noches de espanto;
espanto de honda semilla
y de fruto sazonado!
¡Oh, qué crujidos de huesos
bajo sus sueños quebrados;
sueño de culpa despierta
contra unos ojos sin párpados!
¡Oh, qué agitadas las ramas
de sus temores amargos!
¡Qué retorcidas las llamas
de sus justicieros brazos!
¡Oh, qué temblor en el pecho!
¡Qué vuelo, de pulsos altos!
¡Oh, qué despeinado el viento
de su reposo olvidado!
¡Qué cuchillada tan negra
la de las noches del amo!



Ya se marcha el sol del monte.
Ya cruza sobre el sembrado

bien saludado de espigas
y malherido de cardos.
Aun en las tapias del huerto,
entre vidrios amarrado,
medio roto por las sombras,
se olvida el último rayo.

Ya empuja fuerte la noche.
Ya vuelve lento el ganado.
Ya se desclava la tierra
los puñales del arado.
Ya van los bueyes al cauce,
que entre juncias amarrado
no siente que ya una estrella
pica en la piel del remanso.
Ya salta el perro la acequia
y muerde el aire el caballo,
y la paloma hacia el nido
vuelve su timòn nevado.
Ya gruñe el lechòn inquieto
junto a la teta tumbado.
Ya salta y muge el ternero
dentro del caliente establo.
Ya el potro relincha alegre;
el chivo salta en el patio.
Ya suena cerca la esquila
y está el monte más lejano.

¿Quién sacude las veredas?
¿Quién suelta la voz del látigo?
¿Quién conduce las carretas
y huele a flor de rebaño?
¿Quién infla las ubres secas?
¿Quién busca el jugo del pasto?
¿Quién conoce las tormentas
y rinde al sol en verano?
¿Quién sabe que una sed ciega

y que la calma un remanso?
¿A dònde el camino llega?
¿Dònde comienzan los prados?
¿Cuándo acaba la semilla
y cuándo se enciende el grano?
¿Cuándo la luna es más fina
y el lucero más templado?
¿A quién se arrima la cabra
cuando siente cerca el parto?
¿Ante quién se inclina el trigo
cuando siente seco el tallo?
¿Qué sombra sigue la yegua
si enciende su celo mayo?

¡Ay, qué lejanas contestan
las voces para los amos!
¡Qué cerca, en cambio, se escuchan
sobre la tierra otros pasos!

¿Quién sacude las veredas?
¿Quién huele a flor de rebaño?

Ya empuja fuerte la noche.
Ya vuelve lento el ganado.
Ya vuelven lentos los hombres
soñando en un mal descanso.

Aún arde en el horizonte
la roja luz del ocaso,
y aún los mechones del día
se enredan sobre el espacio...

-Malas nubes. Viento fuerte.
Mal tiempo para el sembrado.

-Malas nubes. Tiempo fuerte,
se oye repetir al campo.

¡Ay, qué lejanas contestan
las voces para los amos!

Ya vuelven lentos los hombres.
La noche empuja al ganado.

Malas nubes. Tiempo fuerte.
Nubes de sangre y espanto.
¡Oh, qué cuchilla tan negra
la de la noche del amo,
que ni el ganado conoce,
ni sabe coger el grano,
ni sabe contar las lunas
ni ver la flor sobre el árbol,
y sabe que el hambre es dura
como un cuchillo afilado!
¡Qué piel de temblor y angustia
desgarra el miedo al descanso
cuando una conciencia apunta
sobre un corazòn cegado
y la justicia pregunta
al temor por sus cuidados!
¡Qué honda cuchillada anuncia
sobre su pecho nublado!
¡Qué clara culpa se acusa
por su clamor desvelado!

Ya moja la sombra el cielo...
Ya la luna se está alzando...

Malas nubes. Tiempo fuerte.
Nubes de sangre y espanto.
Malas nubes. Tiempo fuerte.
Mal tiempo para los amos.


HAMBRE EN EL CAMPO

1

MEDIODÍA.
Sobre el campo
brilla el sol.
Medio dormida,
la tierra vuelve su espalda
sin hombres, enmudecida.
Casi es verano.
La siesta,
sin hoces, sueña en sus iras.
(Sueña sin hoces la siesta
cuando las hoces se afilan.)

Casi es verano.
Arde el cielo
sobre las quietas campiñas.

2

Mediodía.
Sobre el campo,
ciegas a toda justicia,
igual que halcones de piedra
alzados como vigías,
levantan indiferentes

sus blancas paredes limpias
anchas casas.
Sus graneros,
aún rebosan la semilla
del año anterior.
Sus mesas
llenas de fruta se olvidan.

Casi es verano.
La siesta,
sueña su flor de avaricia;
sueña esa flor, mientras tanto
el hambre siega otras vidas.

3

Mediodía.
Sobre el campo
yace la tierra dormida.
No se trabaja.
Las hoces
tiemblan bajo sus cuchillas.
Quietos los hombres aguardan
su pan.
Su vista
sobre la tierra parada
como sus hoces se afila.
Quieren trabajar los hombres.
Quietos aguardan.
Su vista,
sobre anchas casas lejanas,
se clava como cuchillas.

Casi es verano.
La siesta,
sin hoces, sueña en sus iras.

Mediodía.
Sobre el campo
hambre parada, hambre fría.


HUELGA EN EL CAMPO

(Junio)

¡PRONTO, en pie, trabajadores,
que la cosecha se pierde!
¡Que se la llevan! ¡De prisa!
¡Que os la roban!
¡Ya se encienden
los fusiles sobre el campo
igual que espigan de^muerte!
¡Ya las cárceles aguardan
la temblorosa simiente
que un hambre larga de invierno
a sus graneros promete!
¡Pronto, en pie, trabajadores!
¡Ya el Gobierno malas leyes,
que al que trabaja no amparan
y al que descansa defienden,
alza contra una justicia
que ya en vuestros pechos prende!
¿Quién dejará que sus manos
con nuevas hambres sujeten?
El fruto troncha las ramas
en los árboles.
Ya mece
el viento a la mies madura.
La abeja su panal teje...
¿Quién dejará que otras manos

lo vuestro a sus bocas lleven?
Vuestros hijos, por las calles,
piden pan. Vuestras mujeres,
llanto y fiebre en largas noches
sobre vuestro lecho vierten.
¿Quién dejará que este llanto
no se cambie en risa alegre?
Ya las ubres de las vacas
calientan la nueva leche.
Ya el molino entre sus piedras
aguarda el trigo impaciente.
¡Pronto, en pie, trabajadores!
¡Niños, alerta! ¡Mujeres,
de prisa afuera, mujeres!
¡Campesinos, vuestras hoces,
vuestras azadas!.. . ¡Que vienen
a robar vuestras cosechas!

Ya todo el campo se enciende.
Ya se alza el humo en el monte.
Ya se quiebran las paredes
de los blancos cortijales:
entre las llamas se pierden.

¿Quién pide a gritos justicia?
¿Quién a la justicia ofende?
¿Quién dejará sin castigo
al que ya al castigo teme?
Todo el campo se levanta;
como una mancha de aceite
sobre las verdes campiñas
la huelga roja se extiende.


AGOSTO EN EL CAMPO

YA están las eras tendidas,
ya se ocultaron las hoces.
Ya entra agosto, ya entra agosto
mal dormido en sus calores.

¡Ay, còmo dora en los ojos
la parva abierta en el monte!
Còmo calienta en la sangre
su redonda flor de voces.

¡Aún está en el haz la espiga
y ya está el trigo en montones!
Ya busca el bieldo él buen viento
y aún la horca no se esconde.

Aún las cuchillas resbalan
sobre los duros granzones
y oculta el grano en la paja
su cuerpo a los rudos golpes
y ya se inquietan las palas,
vigilando el horizonte.

¡Còmo relincha la yegua
mientras los tallos se rompen!
¡Còmo reluce en las frentes
la espiga de los sudores!

Ya están las eras tendidas
y canta el grillo en la noche.
Ya está agosto entre cigarras
y el olivo entre temblores.

¡Ay, còmo enciende los ojos
la parva abierta en el monte!

Còmo se enciende la sangre
cuando el hambre no se esconde
y sabe que sòlo ausencia
dará la espiga a sus trojes.

Còmo se encienden los ojos
cuando, abiertos en la noche,
redondas eras sin sueño,
solo trillan sus dolores.

Còmo se aprietan las manos
bajo sus recios tendones,
prendiendo rencor y fuerza
entre sus vivos barrotes,
cuando ven cruzar a agosto,
fecundo en fruta y sudores,
bien endulzado en sus uvas
y amargo en sus sinsabores,
llevando por tierra y viento
su riqueza y sinrazones
hasta otras manos lejanas
que los trigos no conocen,
que al corazòn se resisten
y a la conciencia se oponen.

Malhaya sea el mal pago
y las leyes que lo acogen.
Malhaya sea el ladròn
que su corazòn esconde.

¡Ay, agosto!... ¡Ay, agosto!,
¡qué hondo suenan tus clamores!
¡Ay, còmo brillan tus frentes
abiertas contra tus noches!
¡Qué duro el pan de tu sueño
amasado entre reproches!
¡Ay, còmo enciendes la sangre
cuando su razòn conoce!

FIN DE

"CALENDARIO INCOMPLETO
DEL PAN Y EL PESCADO"


LA VOZ CAUTIVA

(1935-1934)


LA VOZ CAUTIVA

ESTA voz pesadumbre,
coagulaciòn interna,
goteròn errabundo golpe a golpe
donde un mar sin arena
impetuosamente irrumpe contra flores más altas,
contra cielos profundos
donde los párpados se hunden amontonados como
estiércol,
incinerante llama redonda que no sube,
se ahoga,
se agiganta palpitando su espectro
contra muros de yesos interiores.

Esta voz pesadumbre,
cuajaron o desierto,
piedra o lodo que en pena se atesora
por soledades hondas sin salida,
en sus prisiones còncavas errante
huéspedes invocando vive.

¿Adonde van sus golpes?
¡Qué curvas se levantan!
Ráfagas vuelan contra internos bosques.
Se derrumban pilares.

Quiebran puertas.
¡Siempre la horrible sombra de sus límites!

¡Ay altísima estatua torre que no defiende!
¡Oh carne perseguida porque canta!
¡Prisiòn, prisiòn, prisiòn que vive!
¡Piedra o sueño que grita y se alimenta!
¡Oh potente desvelo revelante!
¡Oh sonámbula forma entre cadenas!
¡Tremante voz de fuego entre murallas!
¡Oh verdad penitente!

¿Quién te escucha?

Esta voz pesadumbre no conocen.
Esta voz pesadumbre nadie sabe.
¿Contra quién esos golpes
si son paredes sordas sus gemidos?

¡Ay vacilante sombra!
¡Oh voz clamante!
¡Oh viento doloroso en la condena!
¿Contra quién ese empuje que aún te anima?
Mírate.
Nadie escucha.
Fuera suenan descargas.

¡Oh voz pujante, ten tus ímpetus!

¡Qué pesadumbre voz contra el silencio!
¡Qué restallar de sangre contra duros barrotes!

¿Hasta cuándo?
¿Hasta cuándo este acento?

¡Ay voz!...
¡Ay voz!...

FECUNDA MUERTE:

LA PRISIÓN ES EL MUNDO.


II

¿PARA QUÉ ESTÁ TU SANGRE?.. .

¿PARA qué está tu sangre sino para arrastrar guijos o
légamo de pozo?
Dime,
canta
o estalla
¡oh gemebunda luz sin dueño!
¿Qué persigues?

Está el día en la mano
pero no anima el mundo.
Mira: la carne canta y se fecunda,
brilla,
vive en el agua...
¡Oh tu potencia! ¡Que el viento sienta celos!

Está la carne abierta:
¿Para qué está la sangre sino para irrumpir quebrando
fibras contra el cielo?

Se atesora la vena.
¡Oh llama irresistible consumante,
quema,
quema y ahonda en la garganta!
¡Descúbrete sin miedo!
¿No ves la frente herida que no llora?

Está el mundo parado, perseguido.
Todo el polen temblando está en sus bordes.
¿Quién levanta estos hierros?
¡Qué murallas!
¡Qué dolor sin lamento!
¡Qué fuerza atenazada en su cordura!
¡Qué sangrienta templanza!

Está el mundo parado, perseguido:
¿qué te detiene, voz, fuera del mundo?

Oye voz:
¡caigan templos o pétalos o llamas!
¡Suba el grito!
¡Ay!
Se parta en dos la nube -el cuerpo-.
Fuego en gotas resbale en las pupilas.
¡Oh crimen en la aurora!
Asesinato en vilos de la Muerte.

Caigan templos o llamas.
Cruja el papel ardiendo entre el escombro, la saliva, la
piedra y la mentira.
Ascienda el humo y claven los crujidos
sus lenguas sobre el cielo de la hoguera.
Mira: la carné canta y se fecunda.
¿Para qué está la sangre sino para arrastrar la sombra y
la ceniza?

Sí, voz,
que escuchen tu palabra:
¡oh luz del mundo!

Pero ¿dònde?,
¿hacia dònde esa mano se extiende sin memoria?
¿Otra vez vuelta al sueño?

¡Oh frío espanto!
¡Oh témpanos de angustia!
¡Oh corazòn sin sangre entre mujeres!
Deten el débil pulso de tus venas:
está el día en la mano.


III

CERCO AL AMANECER

TREMANTE voz:
sales del sueño untada de la noche
como entraste del viento, mal herida,
a tu carne o muralla.
¿Quién eres que tanto te persiguen?
¿Qué ven en tí que temen tanto al mundo?
¡Qué duro cuerpo debes presentarles!
Te atacan dos ejércitos:
sombra y luz arremeten tus costados;
desenvainan fantasmas de dos filos
contra tu inaccesible torre o palma.
Erecta llama vives,
recia espada.
¡Qué indiferente se alza tu postura
contra los torbellinos de tu asedio!
¡Cuántas alas consume al enemigo
que ignorante te embiste!
¡Cuánta ceniza por tu piel resbala!
¿Conoce acaso el fuego que te anima
el que tanto te acerca y no te alcanza?
¡Oh qué constante enciende
tu corazòn la sangre en que te baña!
¡Qué natural figura desnudas en tu encierro!
Quien te ataca ¿qué intenta?
Pocos son dos ejércitos para vencer tu entrada.

Luz y sombra están ciegas.
Se arremolinan torpemente en balde
contra tus altas sienes:
¿qué pretenden?
Sus armas se confunden;
una en otra se clavan,
mal se hieren,
se atacan.
¡Qué penumbra su encuentro,
oh alta torre!
¡Cuánta nube a tus plantas!


IV

AFIRMACIÓN DE LA MATERIA

PORQUE no está la sombra no es un límite un cuerpo.
El ímpetu no existe porque no está la vida.
El dolor se percibe cuando anima una carne;
cuando la piel dibuja nuestro sueño en la arena.

¿Por qué llamar amor o muerte
a lo que solo es forma de un impotente anhelo?
Fríos fantasmas, ráfagas sin mundo
hielan por la memoria de la sangre.

Y no es que el mundo encuentre divisiones de término:
aún la piedra es la piedra y es la flor en la rama.
No ha llegado el gusano, que el corazòn persiste;
pero un témpano asombra su permanente engaño.

¿Dònde se va? ¡Qué cielos sin goce destruidos
se olvidan ignorantes mientras el fuego rezuma!
Se escuchan risas: ¿vuelan? -La vida que prosigue.
¿Dònde se va sin sombra, sin desnudo y sin tacto?

Inútil sentimiento. Potente luz perdida.
Existe el hombre: acaso exista el sueño...
Pero sangran los ojos. ¡No preguntad mañana
como la extinta llama de la luna!

No es la sangre una estepa sin rumor ni silencio
donde se acaba el cuerpo donde llegan los astros:
la piel y los internos torrentes que se niegan
no se pierden, castigan y nunca jamás vuelven.

¿Dònde se va? Los falsos caminos que alza el miedo
no olvidan los gemidos sin voz de la miseria.
Con dolor es el brillo que un Universo enciende;
borra el Sol a la sombra con fuegos de su entraña.

Cuando el alba se arrecie porque la luz se acerca
¿qué encontrará si el viento busca herir los contornos?;
sòlo un jardín de espanto; satélites sin dicha;
cadáveres flotantes, fríos espectros sin memoria.

¡Oh vivir! Poco exige el día en una estrella.
¿Dònde se va? Las òrbitas son vuelos y caminos.
El gozo se percibe cuando anima una carne.
El cuerpo es cuerpo sòlo si está en la tierra firme.


v

ONDA MUERTA

TODOS cantan o escuchan
o sordamente agitan sus cobardes miradas.
La selva se levanta y es un jardín mimisculo
donde los cuerpos chocan;
donde los cuerpos se preparan torpemente a la herida.

Todo se calla.
El eco sòlo escupe su miseria en el viento.
Ni la memoria enseña ni compara,
ni se tienden los brazos,
ni las ramas transcurren sobre las aguas lentas
mansamente.

¡Oh libertad sin tallos sumergida!
¿Dònde mueven tus bosques
las altas venas verdes de sus ramas?
¡Oh prisiones profundas!:
sueño,
estanque...
Solo escucho una nube que cruza tus reflejos.

Pero no:
ese cristal tan limpio que limitas
—piel, pupila o destello en abandono—,
sin potencia destruye que gérmenes renace;

desconocidos ímpetus auna en su ignorante vuelco.
Allá abajo, en la linfa que ciega duerme floja,
un nuevo ser se mueve.
¿Qué corazòn dilata en sus prisiones?
Tal vez su oculta vida carezca de estos cauces
y en su quietud se obstina en negar forma al parto;
pero sin nombre —pluma o garra que acecha—,
una esperanza habita en su interno follaje.

¡Oh mano aprehende el tiempo!
¡Ten las bridas, que el pulso te desarma!
Una lengua o la orilla se rompe entre tus uñas;
no entres la entraña fría:
ella muerte o corteza partirá con su carne.


VI

INTERNO SOL...

INTERNO sol:
¿qué llamas contra el cuerpo?
¿Sordos golpes? ¿Pedradas?
¡Oh qué campana el pulso a gritos hieres!
¿Adonde vas?
¿Qué aliento nuevo empujas?
¿No ves que aún fuera el barro cuaja el viento?,
¿que prematuro el parto te apresura?
¿Es que ha metido el mundo
su mano por tu entraña?
Presumo, voz, que hirieron tus costados;
que han subido a las torres de tu pecho;
que te cercan,
te oprimen,
que aprietan tus candados.
Quieren entrar,
rendirte,
sacarte a luz,
perderte,
ofrecerte al pavor de sus disparos.
¡Oh fuente, no te huyas!
Voz, resiste.
Interno sol, ocúltate en tus rayos.


VII
PRIMERA SALIDA

ÓYEME voz:
¿es que quizás tú misma estás herida?
¿A qué bajas? Coagulaciòn o rama,
¿qué te inclina?
Ni la piedra olvidada
ni la segura formaciòn del astro
ni esta fuente cuchilla tan profunda
llegan más lejos que estas bocanadas
de betún o de sueño que lapidan los ojos.
Sobre este mundo falso al que hoy tú bajas,
aún los cuerpos se mueven;
pero ¿qué determinan
con su sordo vagar sin luz ni objeto?
Profundos ríos descarnan su negrísima entraña;
afiladas lunas se enfrían en su muerte,
muerte o palpitaciòn hondísima que estrangula la vena,
que aprieta hasta que estalla en ojos o en raíces,
grises espectros mòviles sin tumba,
huéspedes de un delirio.
Aún los cuerpos se mueven;
pero ¿qué sangre animan febriles persistencias
aquí en estas regiones sin roces de la sombra?
¡Oh viento subterráneo contra los limpios huesos!
Muertas rutas que viven como sus hielos cantan.

¡Qué altos huecos te empinan como vidrio en tus árboles!
¡Qué estrechas alamedas te apuñalan el pecho!

Aquí los hombres mueven
las anchas cintas blancas de sus vidas
como vueltas raíces encrespadas sobre agitado cielo.
¡Oh cabellera altísima de esta humana demencia
que ni el sabor conoce de una piel contra el suelo!
Estos cuerpos o fiebres en bandada
que aún se mueven y rozan sin conocer sus límites,
como la sombra misma se hieren contra el agua.
¿Quizás su vida exista como tierra sin tacto?
¡Quizás la vida exista como cruza esta nube!

Pero las lunas giran las ordenadas òrbitas que inflexibles
persiguen
y el Universo entero bajo las uñas duele.
Resiste a esta insegura ruta de las ausencias
el pertinaz castigo de la sangre en la muerte.
¡Oh reinados del Limbo!
Dominaciòn sin suerte
donde el betún del sueño desemboca sin dicha:
el dolor te preside:
ni la piedra olvidada
ni la segura formaciòn del astro
ni el agua que en tí duermen,
aún están en sus trances redimidas.
¡Oh flor de dobles mundos!
¡Luz de nadie!
¡ Oh silenciosa herida!
¿Quizás la vida exista porque duelen tus tactos?
¡Oh cruel adolescencia que desangra!:
porque acaba una sombra quizás la vida exista.

Si esto es así ¿a qué bajas?,
¿por qué curvas tus tallos a esta arena imprecisa?
Coagulaciòn b rama

¿es que quizás tú misma como este mundo sientes?
Dime voz ¿quién te llama?
¿Quién tu viaje anima?

-òyeme:
si aún los cuerpos se mueven el dolor que persisten,
ese dolor me llama:
esa piedra fugaz o piel que incita.


VIII
VUELTA

¡OH, cierra, cierra, sombra,
piedra
o barro!
¿Qué tengo yo en el viento?
Suban;
suban tus brazos,
tus paredes.
Se apaguen tus terrazas.
Tus anchos ventanales y tus puertas
endurezcan sus hierros con la noche.
¡Oh tinieblas altísimas,
cerrad los curvos pétalos,
llevadme,
ocultadme en el centro
de la siniestra torre de esta cárcel!
¿Qué ve mi sangre ahora para el mundo?
¿Qué traje en su desnudo
o en su puñal clavado puede llevar mi nombre?
No,
tiniebla,
castígame,
anúdame estas venas que restallan;
esta lengua que cruje,
estos ojos que ascuas se atirantan.
¡Tiniebla!

¡Sombra!
¡Cárcel!
¿A quién llamo?
No,
soledad no grito,
grito encierro.
Hombre,
hombre,
soy hombre entre cadenas;
soy voz entera que levanta;
sangrienta voz que se derrama,
carne que se conoce;
pero cárcel reclamo,
prisiòn,
prisiones pido.

¡Redobladme los hierros!
¡Que no escape!
¡Tenedme!
¡Sujetadme!
¿Qué tengo yo en el viento?
No, volvedme a mis noches;
a mi encerrado acento;
a las pesadas piedras que me esconden,
al oscuro terròn de mi silencio.

No es al descanso, mira:
las tinieblas empañan
la lámina que el cielo en luz envía;
la sombra invade los lugares íntimos,
pero la sombra aprieta;
más priva al cuerpo pérdidas sin fruto;
más tesoros impone con su arresto;
el caudal más resiste,
más pulimenta el lecho
y los profundos ecos reconoce.
No,

descanso no grito,
pido encierro.

Mira:
fuera el pavor se siente:
no anda el río;
el pájaro está en tierra muerto;
tronchado el árbol,
el hombre perseguido...

¡Cierra,
cierra, tiniebla,
que aún separas
al prepotente anhelo verdad hecha,
de ese aire muerto, vicio o mundo andante!

¡Oh prisiòn!
¡Oh corola!
Pasa el tiempo:

fecundada la voz caerán las sombras.


IX

S. O. S.

AFILADA cuchilla,
¿qué largas venas abres?

Ya al viento:
¡volad ríos!

Muñecas, duras torres,
descolgad vuestras manos,
¡las campanas!

La tierra está en el suelo,
se oye crujir bajo los pies su entraña.

Larga cuchilla
¡raja por los ojos!
¡Liberta, liberta de su sombra
la alta llama!


x

CANTO

ANCHA lengua que subes,
Destructora conciencia .aguda dura que no perdona:
trabaja, lame, pule o edifica tu ardiente vasallaje.
Ábrete segura, hoja o cabellera, que tu voluntad grita.
Ataca, punza, desmorona la carne,
el canto o el cemento.
Sube, enròllate, aprieta
con tu asfixiante estrago
la cal o la mentira,
la fibrosa entraña,
los caños de la vida,
la madera o el yeso.
¡Gubias por el aire!

Cruje, crujan, que crujan
abajo, arriba, en el blando costado.
Húndete en las profundas negras galerías.
Te hundas en las tronchadas aguas descendentes,
en el papel más blanco,
en el turbio secreto.
Salta.
Cruje, crujan, que crujan:
¡no descanses!
¡Oh espeso manto de tu ardiente aliento,
asciende,


LA VOZ CAUTIVA

revuélvete en el suelo
que agoniza!

Ancha lengua que subes.
Tela que sin memoria, enloquecida,
devastas cuerpos, ríos y ciudades:
vuelve,
que vuelvas,
vuelva,
que te llaman las torres,
las crujientes venas,
la piedra en las campanas.

Ven,
que vengas,
que vuelvas,
rompedora de sombras:
ioh,
clávate en los pechos!
Tus buriles se pierden en el aire.
¡Más hondo!
¡Más arriba!
¡Libértala!
¡Liberta su edificio!
¡Oh luz desmelenada!
¡Destructora conciencia!
Ancha lengua que subes por el viento.


XI

FOCO INTERNO

COMO el agua pregunta.
Como la misma lumbre se resbala.

Si tajaran el pecho;
si cercenaran la garganta:
¡qué hondo estanque redondo encontrarían!

Quieta el agua profunda de la sangre:
¡qué crisálida eleva de su centro!
¡Qué luz votiva o cinta interrogante!

Como un cisne, allí en medio
-¡qué fecunda palma!-,
vive la voz cautiva.


XII

VENTANA DEL AGUA

HONDO estanque redondo.
Colgante mundo, inhospital materia
donde la imagen sola como intangible pétalo
ondula errante en viento sin sonido.
Horizontal engaño, vivo espejo que captas
figuraciòn de sueño por libertad de forma:
aquí están, aquí estamos,
el vegetal, la piedra, el hombre y el lucero
-media esfera-,
lo que en tu borde anima
y lo que curva el cielo:
este fanal que olvida
al invertir sus vidrios en tu hondura luciente
vida, dolor y sombra,
material exigente
del elevado mundo que te cubre.

Aquí están, aquí estamos,
y hasta este mismo golpe de presencia
una misma razòn une en tu orilla:
arrancar de tu hondura
-como si en ella fuera-
la verdad de la estampa que sin ella agonizan.

Mira estos largos brazos o las ramas
que altísimos cabellos despeinan por tocarte;

mi carne que se inclina por conocer tu entraña
o esa piedra en los vientos luces de otros planetas
¿qué son sino ladrones que tu sangre suspiran?
Si tu cintura ciñen
con la còncava estancia que les impone el cielo;
si vierten sus figuras en tu vaso clarísimo
solo robarte buscan:
desenvainar al viento la verdad que tú ocultas.

Ladrones son que rondan tu misterio.
Somos dolientes huéspedes del aire;
astros de una demencia qué por su razòn lucha;
habitantes rendidos de tu espejo,
navegantes sin sueño de su luna.

¡Oh inhospital materia!

¿Qué luces te iluminan?
¿Qué magia o pulso en ondas tu corazòn levanta,
que esta mitad del mundo que fuera de tí habita
sòlo por conocerte en tu orilla se cuaja?
¿Qué virtud da tu ejemplo?
¿Quizás tu transparencia?
¿Qué flor o verbo encierra tu pupila?

¡Oh cristal, cristal limpio!
¡Liberta nuestra culpa!
Acaso tu agua invita con su quietud serena
la forma en gestaciòn inmersa de la lucha.


XIII

ÚLTIMA LUCHA

PERO ¿quién llama?
¿Qué solemne espectro
su presencia real atemoriza en tanto golpe?
La carne no contiene su quebranto;
suben desmelenadas las hordas de sus pulsos.
Contra paredes, hielos u horizontes
empeñará combates resistiendo.
¡Oh, las sienes, qué espanto!

Ya llegan.
Multitudes aprietan cielos de lucha, estrellas íntimas.
Devastan las ciudades ráfagas sin viento.
Las ventanas claman.
El humo o sombra insiste calcinando.
Huye fugaz el sueño perseguido.

Y esa voz ¿a quién llama?

-Escuchad:
aquí estoy,
aquí estoy dentro del pecho.
¡Abridme!

Que las tumbas despeguen sus pétalos unidos.
Que gritos de ceniza eleven brazos.

¡Viva la luz el aire!
¡Oh turbiòn en la sangre!
¡Oh desmandada fuerza que dominas!:
que pise el cuerpo tierra firme.
¿Dònde van altas yedras por las nubes?

Pero vienen.
Ya llegan.
¡Oh triunfadora lucha!
¡Oh dura bocanada de la Muerte,
tu arboleda se rinde,
tus torres se desploman ya vencidas!
¡Qué torrentes de vida se levantan
de tus sombras caídas!

Canta.
Canta el violento impulso de este encuentro.
Canta el calor del hombre;

¡Oh solemne espectro,
emerge pronto del escombro o la carne!


XIV

HONDO CIELO

COMO el mar que resisten
la fluctuante carne fluxible espalda viven
vidas profundas, sordos tactos, inmersa lucha cotidiana;
tesoros o naufragios, blandos astros, caminantes miserias
sin sonido,
rutilaciòn sin cuerdo, sueño errante: otro mundo.

El párpado que se desgarra como un lamento;
la piel que niega o que contiene la palpitante forma
preferida;
el ala pesarosa de la angustia o el disparo del gozo,
como la rueda que descansa sin sombra en su profunda
sima
o el metal herrumbroso que ensordece su empeño bajo
su cieno hundido:
fugaces ecos;
materiales despojos de una memoria o tumba;
perdidos huéspedes del viento que ya no gimen,
su idea o nombre únicamente yacen
donde habitan sus cuerpos o llantos en olvido sobre la
arena.

"Nunca más, nunca más" es un signo allí desconocido
como la historia de regiones que jamás existieron.
"Dònde" también sin sangre no encuentra su sentido:

vuela o sueña la vida la altitud de sus límites
sin que el ansia del borde hiera el goce del tacto.

Ni el pedernal ni la inocencia pisan, sumergidos,
la existencia real que animan con su verbo:
la entraña de la piedra su inútil llama enfría sin
encender su nombre
y la culpa no existe donde el hombre está ausente.
Ni allí la voz acusa
ni la frente redime.
Ni es el llanto la muerte
ni es el ardor la sangre.
¿Qué relaciones puede guardar allí la vida?
-Como un cristal encinta sus transparencias laten-.

¡ Oh profundo secreto!
¡Hondo abismo!
En tí nuestra presencia aún muestra sus mensajes:
¿quién le dará respuesta?
Algas, piedras, carne desconocida, árbol, burbuja
suspirante,
entre yesos hundidos, òrbitas sin brillo,
rosas de acero inútil, itinerarios rotos,
tela, madera o bronce carcomidos
desde tu hondura elevan su silencio ondulante.

¿Naufragò la pregunta?
¡Nada emerge!
¡Oh voz, tú misma te haces astro de este Universo frío!


LLANTO DE OCTUBRE

Durante la represiòn y bajo la censura
posterior al levantamiento del año 1934.

Esta obra fue publicada como 2a parte de Llanto en la sangre,
Ediciones Españolas, Valencia, 1937.

¡AY, ni las tejas me cubran,
que a sangre me huele el techo
y el sol me sabe a locura
y a amargo dolor el sueño!
¡Ay, que no encuentren rjpposo
las corrientes de mi cuerpo!;
¡que las fuentes de la angustia
se despeñen por mis huesos
y las yedras del temblor
suban gritando a mis nervios
y ni se cierren mis ojos
ni curve el aire mi pecho,
ni lleven mis venas sangre
ni me traiga voz consuelo!
¡Ay, que se cuajen mis noches
como témpanos del miedo
y aprieten mi corazòn
dentro de su oscuro hielo!
¡Que abrochen más mi garganta
duros collares de hierro!
¡Que las astillas delirio
descalcen sus largos dedos
y arrollen sobre mis sienes
su blando anillo de viento,
y las pestañas del hambre
se claven en mi silencio
y mis costados se afinen

por el ardor de su incendio!
¡Que mi carne se atirante
como la piel del acero!
¡Que se oscurezcan mis labios
como la carne del cieno
y que hasta el pan que me coma
se me convierta en veneno,
que mi lengua se está hinchando
de guardar tanto silencio
y ni soy perro de rico
ni tengo mis pulsos muertos!
¡Ay, ni las tejas me cubran,
que a sangre me huele el techo!
Si sé lo que se y he visto
y aún tengo mis brazos quietos:
que no me cierren las puertas,
que tengo el corazòn dentro
y una torre sin campana
es como un farol sin fuego.
Blanca arena de la playa,
blanca pared de misterio,
blancas llanuras de lino,
blancos manteles de hielo...
¡Ay, en mi blanca memoria
qué chorro rojo han abierto!
Blancas piedras de la calle,
blancas balas por el viento,
blancas palomas volando,
blancos labios contra el suelo...
¡Que no me cierren las puertas,
que a sangre me huele el techo!

TENGO mi frente en el fuego
y está mi ventana abierta,
pero mis sienes no quieren
más viento que su tristeza.
Tengo el silencio en los ojos
y está mi ventana abierta,
pero no quiere mi frente
más luz que la de su pena.
¡Ay, campo largo y tendido,
còmo te duelen las piedras!
¡Còmo te duelen tus ríos
al curvar sus aguas tiernas!
¡Còmo te duelen las cañas
que mecen sobre tu arena!
¡Còmo te duelen los vientos
cuando a tus nubes se aprietan!
¡Còmo te duelen las lluvias
al mojar tu entraña abierta!
¡Còmo te duelen los granos
que abre el sol bajo tus tierras!
¡Ay, campo, còmo te duele
todo el trabajo que cuestas,
que aun el sabor de la sangre
sobre tu espalda se enreda
y otra vez tu blanca espiga
se abre entre duras conciencias!
¡Ay, campo largo y tendido!

¡Campo de tristes cosechas!
Tengo a mi frente en el fuego
y está mi ventana abierta -
y huele bajo la noche
la voz del trigo en mi puerta,
pero no quieren mis ojos
más luz que la de su pena.

Campo, no quiero mirarte,
que está mi razòn despierta.

SONARON tres golpes
junto a mi ventana.
Sonaron tres golpes
allá en la montaña.

Tan. Tan. Tan. Tres golpes.
Los perros aullaban.

El viento gemía,
sollozaba el agua;
sobre el cielo negro
la luna se alzaba.

Tan. Tan. Tan. Tres golpes
en la madrugada.

Cruzaron tres sombras
bajo mi ventana.
Tres sombras más negras
que sus negras almas.

Tan. Tan. Tan. Tres sombras
en la madrugada.

Ni el viento gemía,
ni lloraba el agua.

Se escondiò la luna
tras las nubes altas.

Tan. Tan. Tan. Tres sombras.
Los perros aullaban.

Hoy sòlo el silencio
rueda por mi casa.

ME duele el vaso en que bebo
y la tela que me cubre,
la sombra que me acompaña
y el viento que me sacude.
Ni la cama me alimenta
ni mi juventud me luce,
que ni pan como, ni quiero
que el sol mis hombros ajuste.
Ni puedo salir al campo
sin que mi frente se nuble,
ni puedo entrar en mi casa
sin que mis venas retumben.
Más alta vuela mi angustia
que por el cielo las nubes.
Contra más bajo mis ojos
más alto mi dolor sube
y es más alta mi razòn
que alta está mi pesadumbre.
Me duele el sueño que duermo
y el silencio en que se hunde.
Me duele mi soledad;
pero que nadie me busque,
que aun lo que en ella me calma
en fuerza me disminuye:
no quiero amigo ni hermano
mientras la injusticia alumbre.
Me duele el suelo que piso
y la sangre que lo cubre.

¡AY, ojos los de mi espanto!
¡Los que mi cuerpo ha perdido!;
rodando van por la noche,
temblando de sombra y frío.

¡Ay, còmo agrandan sus puertas
los párpados del olvido,
cuando afilan sus pestañas
bajo el sueño enloquecidos!

¡Pasen, que pasen sus ruedas
sobre mis brazos tendidos!
¡ Corten sus hojas de acero
el tronco de mi castillo!

¡Caigan al suelo mis ramas!,
¡ se hunda en tierra mi vestido!,
¡surja, sangrando, mi cuerpo
de .la luz de sus cuchillos!

¡Que ?e rompan mis temores!
¡Que abran mis venas sus ríos!
¡Salga, salga mi memoria
sobre mi pecho encendido!,
¡prenda su hoguera en mi frente
su rojo carbòn de gritos!

Ay, còmo agrandan sus puertas
los ecos de los gemidos!
¡Còmo desgarra el recuerdo
mis pulsos estremecidos!

Aún suena el fuego en la carne
y contra el aire los tiros;
¡que no se cierren mis labios
ni tenga esta herida alivio!

¡Còmo retumba la muerte
por mi corazòn vacío!

¡Ay, ojos los de mi espanto!,
¡los que mi cuerpo ha perdido!
¡Ay, ojos de mi razòn
que vieron lo que yo he visto!

¡Pasen, que pasen sus ruedas,
que aún crujen mis sueños vivos!

Ni quiero hermano ni amigo,
ni quiero hermana ni madre,
ni quiero brazos al cuello,
ni quiero ardor en mi carne.
Ni quiero el sabor de un hijo,
ni quiero el calor de un padre,
ni quiero ya que mi sombra
ni mi Sueño me acompañen,
que quiero mi soledad
abierta en medio del aire
sobre las ruedas del mundo
girando con su engranaje.

¡Allá va!: vuelan las balas...
¡Ay, corazòn en la cárcel!
¿Qué culpa hiciste tú fuera
para que así te separen?

¡Allá va!: vuelan las balas!..
¡Ay, mujer, tus ojos arden!
¿Quién te sembrò esta tristeza
que ya florece en tus hambres?

¡Allá va!: vuelan las balas!..
y por el suelo la sangre.

No quiero hermanos ni amigos
que de mi razòn me aparten,

si aún está el campo en silencio
y hay silencio en las ciudades.
Yo sé que el silencio es llanto
que muerde con mil puñales.

¡Allá va!: vuelan mis brazos
como conciencias del aire.

¿DÓNDE está? ¿Quién se ha llevado
lo más florido del monte
y no es el árbol, y el árbol
tiene sombra, fruta y flores?

¿Dònde está? ¿Quién se ha llevado
lo más florido del monte
y no es el agua, y el agua
quita sed y apaga ardores?

¿Dònde está? ¿Quién se ha llevado
lo más florido del monte
y no es el viento, y el viento
mueve la lluvia y el bosque?

¿Dònde está? ¿Quién se ha llevado
lo más florido del monte
y no es el trigo, y la espiga
pan enseña y hambre esconde?

Llega el aire, cruza el día,
vuelve en silencio la noche.
Su interrogaciòn, la luna,
clava sobre el horizonte.

-¿Dònde está quien se ha llevado
lo más florido del monte?

¿Quién dejò sin voz el campo,
que ni los ecos responden?

Más libre la perdiz vuela
y la liebre libre corre
y la langosta en los trigos
sin temor sus tallos rompe.

Más se endurece la tierra
y el ganado menos come;
más la mala hierba crece
y la cosecha se esconde...

¿Dònde está? ¿Quién se ha llevado
la lumbre de nuestros soles?
¿Quién dejò sin flor el campo
y la juventud sin hombres?

¡Ay! De nuevo vuelve el alba;
de nuevo vendrá la noche
y no hallarán las preguntas
consuelo a sus tristes voces,
que el miedo aleja el oído
para acercar los dolores
y aún resuenan los fusiles
contra las piedras del monte
y aún está la sangre fresca
sobre los duros terrones.

Aún el plomo no está frío
dentro de los corazones
y aún hay balas por el viento
y por la tierra rencores.

Si la razòn está viva,
están vivos sus temores,
que ni la cárcel se cierra

ni se apagan las pasiones
y...si en los ojos no hay llanto,
tampoco en el campo hay hombres.

¿Dònde está? ¿Quién se ha llevado
lo más florido del monte?

¡Qué cuchillada la luna
clava sobre el horizonte!
¡Qué negro chorro de sombra
derrama sobre la noche!

¿Dònde está? ¿Quién se ha llevado
la lumbre de nuestro^ soles?
¿Dònde está quien ha dejado
a la justicia sin nombre?

¡Ay, qué temblor de silencios
la piel del campo recorre!

8


AMANECE

LAS seis. El pueblo dormita
envuelto en la luz del alba,
apretada a su cintura
la cinta curva del agua.
Brilla el naranjal. La tierra
muestra sus rojas entrañas
que aún húmedas de la noche
en su pecho abierto sangran.
Ya se despereza el árbol
desenredando sus ramas,
despegándose las sombras
que aún a sus hojas se agarran.
Ya enciende su pluma el pájaro;
aún la flor no abre sus alas.
Ya el mochuelo está escondido
y aún la alondra no se alza.
Aún el sol no se perfila
ni se mueve la campana
y entre sus cañas el río
aún sueña bajo sus sábanas.

Las seis. El pueblo dormita
entre temblores de plata. . .
Tras el aldabòn del cielo
el mundo a sus puertas llama.

Ni se siente la paloma,
ni el gallo el silencio mancha,
ni los caballos relinchan
ni muerde el monte la cabra.
Ni va el cántaro a la fuente,
ni suena el hierro en la fragua,
ni los arados rechinan,
ni las hondas se atirantan,
ni cruje en el viento el látigo,
ni se hunde en tierra la azada,
ni las ventanas se encienden,
ni las puertas se desclavan.
Ni IHS pie<dicas en la calle
bajo lo? pí^s se quebrantan,
ni los tejados se inclinan
para que sus sombras caigan,
que, aún virgen, tan sòlo el aire
bajo sus tejas resbala...

Ni suena el tiro en el bosque,
ni muge el toro en la cuadra,
ni oprime el chivo las ubres,
ni la leche se derrama.

Ni la perdiz en el monte,
ni el mirlo por las cañadas,
ni la miüjer en el río,
ni el hombre por la besana.

(El agua clava al silencio
sobre la desierta plaza.)

La seis. El pueblo palpita
su apretada luz de lágrimas.

Campo en medio de la noche,
campo en los bordes del alba,
campo cuando el sol ya rueda
sobre las curvas montañas:
por la carretera abierta
sobre tus duras espaldas
que flagelaron los hombres
por castigar la distancia,
con el pensamiento suelto
y las manos amarradas,
hacia la muerte se llevan
a tu juventud granada.
Tu juventud vigorosa
marcha en busca de las balas.
Antes de que el sol se esconda
caerá en la tierra tronchada;
negras rosas en las sienes,
negras rosas en el alma.

Campo de zarzas y olivos,
campo de espinos y aulagas,
campo de trigo y silencio,
campo de encinas y jaras:
paso a paso, piedra a piedra,
tu juventud se desangra.
Tu juventud, paso a paso,
sobre tu piel se desgrana.

Campo llano, campo liso,
campo de tierra mojada,
campo de caña y olvido,
campo de dolor sin calma:
antes que la sombra enrede
sus dedos por tus retamas,
negras rosas en las sienes,
negras rosas en el alma,

tu juventud sin bandera
caerá en la tierra tronchada.

Campo en medio de la noche,
campo en los bordes del alba,
campo cuando el sol ya rueda
sobre las curvas montañas...
Ni se oye la voz del hombre,
ni el canto de la cigarra.
¡Ay, campo, mala cosecha
si sòlo siembras tus lágrimas!

Las seis. El pueblo se afila
ardiendo en su aurora grana.

(La sangre sobre las piedras
y arriba las nubes altas.)


ROMANCE VIEJO

ALLÁ en medio de la vega,
entre blancos paredones
que el labio del mar refresca
con su sonrisa salobre,
tras los brazos que las rejas
a su limpia sangre oponen,
cumple su larga condena
una culpa que ni el nombre
de sus delitos encuentra
a mal juzgadas acciones,
si no es que llamen afrenta
o digan malas pasiones
hallar que una sangre vuela
y otra sangre hay en prisiones
y dar alas por cadenas
y plumas por eslabones
a la que por viento tiembla
y su razòn desconoce;
que esto tan solo se encuentra
en donde busca el reproche,
el que sabe que otro niega
que en el cielo no hay dos soles.

Y si esto es llamado afrenta,
¿quién a la afrenta no corre?

¿Quién ve en el fuego la leña
y su mano fría esconde?
¿Qué macho en celo a su hembra
si lo llama no responde?

Si por esta causa hay pena
y no hay pena en donde oponen
al bambuc tan sòfo ausencia
y a la pobreza dolores:
que tengan la culpa presa,
que no hay tan duros barrotes
que a la justicia no cedan
si a la injusticia conocen.
Y si hoy elf suplicio quiebra
sin escuchar sus clamores,
una verdad que no ciega
la verdad de sus temores:
sepa el que tan solo siembra
remordimiento en sus noches,
miedo en las horas ques sueña,
dolor donde habital el goce:
que no detendrá una puerta,
aunque tenga alas de bronce,
la voluntad que hoy tras ella
oculta bajo sus goznes.
Y en vano falsas banderas
que envuelvan cristianos nombres
o palabras que entre sedas
su propia luz emborronen,
querrán: torcer las veredas
que una nueva! sangre impone.
Que tengan la culpa presa,
que no hay tan duros barrotes
que a la justicia no cedan
si la injusticia conocen.

Allá en medio de la vega,
entre blancos paredones,
mordido por las almenas,
se hunde el sol bajo la noche.

FIN DE

'LLANTO DE OCTUBRE'


LA TIERRA QUE NO ALIENTA

(¿1934-1936?)


I

HACIA ADENTRO

LA eternidad es una vida:
¡oh tierra, tierra, espera!
Porque un hueso profundo transporta los espacios y la
pasiòn tumultuosa,
los recònditos cienos,
las volantes cuchillas que en su potencia luchan sin
resolver ser límites,
el niño o la manzana que rueda por las tumbas,
la luz desenfrenada
o los rabiosos dientes que atormentan la hiena...
Porque sin orden cruzan hacia dentro los vuelos de las
débiles hojas junto al son de las iras,
diminutas tristezas,
titánicos volcanes,
huecos vestidos caminantes que sueñan...
Porque gimen los bosques o las blandas cadenas de los
ríos
o las blancas hormigas como los pechos huyen
y hay al final un grito
y aún otro sol más hondo
y más allá las ásperas laderas de otras sienes...
Y otro pozo se sigue
y entra al calor del hombre
y al mugido nocturno: el certero gemido del toro de la
muerte:

la piadosa visita de los lechos secretos
y aún más: el sordo golpe que dos cuerpos resume.
Anchas piedras tableros donde la luna firma y un suelo
se deshoja que sin memoria existe
y otra vez se derrumba:
¡allá van cataratas!:
camina un débil brillo entre procaces formas.

Y ¿adonde más? ¿adonde?
Nuevos partos destruyen hacia adentro la dicha:
un cuerpo va a otro cuerpo
y al árbol la manzana;
a nueva flor pretérita penetra la semilla
y siguen caminando los niños sin su sombra.
¿Adonde ya, hacia dònde estas simas profundas sin
término conducen las presencias y huidas que vuelven
sus virajes?
Porque la concha araña
y los liqúenes rugen
y arremeten los astros en pugna con los árboles.
Y más hondo, en los términos donde el nombre no rige,
los himnos se repasan
y numeran las hojas de los vinos futuros,
y hay fuertes sindicatos que ordenan avestruces
y ejércitos nacientes como perros de arena.

¿Sin nombres, sí, sin nombres y prosigue la lucha y
persiste el destino?
Sin orden, sí, sin orden
desde mis anchos bordes cuelga hacia dentro el mundo.

Más se agita el sentido y más baja la vida
y arde en llantos el mapa oculto del gemido:
¡Oh, sostened el vuelo o el cráter de mi entraña!
¡Plegad las hondas alas que por mi razòn cruzan!
¡Oh vientos, dulces vientos, contened en mis hombros
mi pasiòn de locura!:

la eternidad es una vida:
ese mar, piel o suelo que fluye ante los ojos,
los desiertos lejanos que sin ser vistos cantan,
las multitudes interiores que en las plazas más íntimas de
una sangre conversan.
La eternidad está en mi vida: en esta vida que se muere...
Pero aún suenan sollozos,
pero aún suenan sollozos
-¡aún me duelen las brisas!-.
¡Oh tierra, tierra, espera a que ordene los fondos de este
insondable abismo!


II

ASI LA MUERTE

PRONTO, pronto, muy pronto ya,
la interior estrella de mi inferso viaje
vencerá felizmente el imán' que hoy la aprieta:
¡qué amanecer más dulce sobre el olor del pino!
¡Qué navegar sin sienes en la piel del relámpago!

Náufrago o vagabundo
bajaré en mi destino
a ese profundo mar parado
donde notando quieto
entre calientes tierras me consuma y me entregue.
Ahogado del gemido,
volándome hacia dentro:
¡por qué infinita cueva volveré a ser escombro!

Sí, el escombro, las fuentes,
las misteriosas fuerzas que dos espinas juntan,
el gas que sin angustia ni dolor se dilata,
la diminuta oruga que prueba los calores,
el lienzo destejido,
la arcilla, el hierro, el cáñamo fecundo.

Y el papel,
el olvido de más dolientes hombres,
la aguja en que llovían,

el pesaroso estambre que hirieron en sus luchas,
su muerta luz,
sus ríos,
la forma o la memoria que volaron sus aves.

Visitador constante de la eterna dolencia
allí junto a la piedra que sin ser ala ríe,
como el agua y la llama siendo, por ser, sin límites:
-¡oh feliz persistencia de mi cuerpo en el mundo!-
entrar, volver de nuevo, estar continuo en su presente.

Aunque... ¿adonde?, ¿hacia dònde?, ¿hacia dentro?,
¿hacia fuera?, ¿hacia siempre?, ¿hacia nunca?...
Vivir: perenne instancia de mi amor o la luna
para dorar tan solo un halo en cada viento.


III

SI, SIN TIEMPO

CUANDO dentro o ya fuera esta ascensiòn culmine,
cuando el metal ya sienta que la humana caricia se unce
en cuerpo a su nombre
y un árbol mueva en hojas la pasiòn que hoy me asume:
¡qué inmenso tacto el mundo latiendo por mi cuerpo!

Me verán otros ojos donde mi vida aliente
y una espina les guíe hacia otra llaga suspirante,
la lágrima que muere porque el dolor la vence,
el niño que sucumbe,
la arena que se aleja sin ser agua cantando.
¿Dònde, dònde esa brizna o ese pan que se olvida?
¿En la mesa, en el viento, en la noche que duerme?
¿Dònde, dònde la luna cuelga, vuela o se llora?
Prosiguen lentamente la piel y la penumbra
como el ave lejana que hoy se piensa en mi frente.

En los profundos mares donde la lengua es fuego
y el sabor subterráneo de la muerte se tiembla;
en el límite curvo donde los pies se ajustan
y el hombre con la fiera por amor se persigue;
más arriba, en las ramas,
en las fugaces nubes'
y allá dentro en la estrella que distante germina:

mi voz, mi voz que vive: eso hallarán las formas.
¡Oh doloroso encuentro feliz de mi existencia!
Carne universo mismo
como bajo mis límites hoy secreto se sueña.


IV

ÓRBITA

PERMANENTE camino permanente,
no, nada te derrumba:
aquí, quietud confabulada se inunda sobre el límite
curvo de la semilla;
allí, la alta montaña como un pecho turgente
aún ve cruzar las nubes y el peso de sus sombras.

Hondo cuerpo que existes
aquí como otros astros que atirantan tu forma:
resuma tu potencia las fuerzas por que brillas:
vuela, vuela planeta por tus altos destinos.
Redonda tierra fuerte:
que tus internas alas proyecten su universo libre por tu
equilibrio.
No, nada te derrumba:
sucédete, sucédete en la muerte
que un solo día ha sido todo el Tiempo.


v

LOS LIMITES

AUN tengo granos de arena y hondos liqúenes surgen
diariamente en mis sueños,
cuando el mar arremete feroz o dulcemente
la piel que me difunde
o el rumor que me ordena.
Aún apercibo voces o memorias que alivian sus candentes
costados con las fugaces sombras o temor de mis
puertos.
Aún la espuma origina la angustia de mis noches,
su inquietud fugitiva,
el ardor gemebundo,
la razòn vigilante,
el delirante amor,
sus nuevas delincuencias.
Aún dimensiones últimas luchan por contenerme
como luchan dos cuerpos o dos fuertes cadenas.
Como luchan las rocas
aún siento entre los brazos madrugadas o fríos,
el pie,
los labios que aún invaden,
la innecesaria voz o luces,
el reanudar constante de los dolientes barcos bajo el
pecho.

Y grandes muertes caen;
grandes, muy grandes muertes;

grandes muertes desnudas, pieles de otros planetas:
mujeres grandes: sombras siderales
acuden a mis hombros y me empujan a tierra.

El universo entero hacia mi centro inunda.
Aún vivo en el nocturno
y en la ardiente resaca que acaricia su orilla.
Aún peso bajo el cielo.
Aún percibo las torres y las llamas que suben
y la pequeña llave que sin clamor se curva.
Aún tengo granos de arena y la sangre me ruge:
se presienten los llantos aún bajo la ternura
de este glorioso anillo que me despide el mundo.

Se presienten los llantos
y la flor nebulosa, isla del gran gemido,
curva el enorme tallo de su desierta esfera.
Universal tiniebla, persistente latido,
¿dònde?, ¿de dònde surtes?
Ni es la noche el silbido que dos cuerpos separa,
ni la espuma que embiste insistente en la arena.

Ruedan, ruedan las piedras y los grandes torrentes
aquí donde la piel existe sin borde en sus viajes;
donde el agua navega constante en su agonía
y el hombre mismo vive y muere como el viento.
¿Dònde comienza el brillo que limita una sombra?
Donde vuelan las aves donde se olvidan los deseos.
Sin fin y sin principio anda la vida y se presiente.
Arden, giran los pulsos: ¿son estrellas fugaces?:
un diminuto amor que se debate en tierra.

FIN DE

"LA TIERRA QUE NO ALIENTA"


DESTINO FIEL

(EJERCICIOS DE POESÍA EN GUERRA)
(1936-1939)


PRESENTE OFICIO

GUERRA, yo no te canto.
¿Còmo podré cantar tu inmenso cuerpo?
¿Podré cantar tu espalda incandescente,
tu pecho cruel, si habitas en la tierra
donde el lodo y la muerte,
donde la sangre y la ruina
con sus densos despojos
detienen las corrientes ágiles de los ríos?
¿Podré cantar la cabellera oscura
de tu terrible noche luctuosa
derramando su cauda
lenta, espantosamente,
sobre la soledad, el silencio y el crimen
de los hermosos campos devastados?
¿O cantaré la luna alzada entre tus dedos,
ante tan mudo horror
tan sigilosamente enloquecida
que pasa y pasa siempre sobre los mismos ojos,
sobre los rostros yertos,
igual que si buscara entre tanto caído
algún amante suyo abandonado?

¿Acaso el mismo viento
que antes sobre los cielos se lucía
y desnudo cruzaba, nadador, por las nubes,
hoy herido, quebrado,
turbado por las balas,

sometido a las fuerzas que destruyen
la más limpia razòn de su belleza,
puede dejarme voz para cantarte,
si ya sucio y sin alas
piensa sòlo en la forma de su huida?

No, guerra, no te canto.
Cantaré la victoria.
Quiero cantar a sus hermosos hijos
que de la paz levantan,
como palmas del sueño,
y contra tí se agrupan, generosos.
Quiero cantar los hijos que en tus campos
pisan por tus batallas,
indomables, feroces,y en la largueza de su sacrificio
pulsan tus armas y entran por la muerte
con tales pasos y ademán tan firmes
que tú misma te muestras orgulloso
de hallar tales guerreros en tu frente.

Mas, guerra, tú bien sabes
que si asi te completan
y como llamas arden encendidos,
su oficio está trocado:
yo sé bien sus palabras,
como tú sus destellos
y el accidente que hacia tí los guía.
Yo sé bien sus palabras;
conozco las victorias íntimas de su sangre,
las más ocultas formas de su acero,
las escondidas fraguas
en las que se forjaron
la virtud de sus manos
y el cristal de sus ojos.
Golpe a golpe he seguido
su tierra de miseria,

y de su misma sombra
con ellos he nacido.
Se mueven como dioses dentro de sus figuras
y, al salir, como dioses se portan bajo el viento.

Hijos son de la paz, por ella mueren;
vivieron por la paz y en ella siguen.
Tu frágil arrebato
vencerá su ternura
que hoy, contenida, acecha
escondida en sus hierros.

Guerra, teme su alcance;
mi verso te lo augura.
Hijos son de la paz, con ellos canto.
Si mueren por la paz, con ellos vivo.
Hermanos de mi voz: quiero cantarlos.
Pudieron nacer pájaros: son hombres
y hoy labran con su sangre la alegría.


ROMANCES

(1936-1937)

EMILIO PRADOS abre y cierra un período de buena poe-
sía española. Iniciador con Litoral, en 1926, de un vigo-
roso renacimiento de nuestra lírica, gracias a su esfuerzo
y a su entusiasmo se publicaron entonces los primeros
romances gitanos de Federico Garda Lorca, las primeras
canciones de Alberti, los primeros libros de Aleixandre,
Cornuda, Villalòn, etc., y también sus primeros poemas
en tres libros casi simultáneos aunque diferentes: Tiem-
po, Canciones del Farero y Vuelta, libros de Emilio Pra-
dos que han sido los únicos que sirvieron para represen'
tarle de manera incompleta en varias antologías españo-
las, americanas y extranjeras. Con esos tres libros y con
su revista Litoral, Emilio Prados -bajo el signo de Gòn-
gora, con respeto y admiraciòn por los poetas mayores
Juan Ramòn Jiménez, Antonio Machado y Miguel de
Unamuno- abre una época de poesía culta, culterana,
y durante estos diez últimos años verdadera conciencia
humana, manifestada ahora al encontrarnos todos los
poetas, todos, en perfecta uniòn y sometimiento a la cau-
sa del pueblo que vive y lucha.
Durante estos diez años Emilio Prados apenas si pu-
blica nada de lo que escribe. Alguna revista como Octu-
bre -la primera revista Octubre-, recoge algunas de
sus composiciones, pero este relativo silencio en las pren-
sas es desmentido por las noticias sobre sus actividades
en Málaga. Emilio vive en Málaga, escribe para Málaga,
intenta entre los pescadores y campesinos una poesía
que pronto habría de salir del limitado auditorio de su
provincia. Su Calendario del pan y del pescado contiene
romances que fueron escritos para los sindicatos de Má-

laga. La voz del poeta difícil luchaba por la verdad sen'
cilla, contra el dolor injusto, dignificando los trabajos.
Los poetas que en Madrid o en el extranjero recibíamos
estas noticias nos encaminábamos también hacia el mis-
mo destino, con decisiòn inquebrantable como Rafael
Alberti, con mayores o menores entretenimientos los de-
más, Fue necesario que llegara el año de la sangrienta
represiòn de Asturias para que todos, todos los poetas,
sintiéramos como un imperioso deber adaptar nuestra
obra, nuestras vidas, al movimiento liberador de España.
Varios nombres suenan entonces en nuestra poesía
social, llamémosla así: Serrano Plaja, Gil-Albert, Pía y
Beltrán, Petere, etc., y una revista. Nueva Cultura, que
ocupa preponderante influencia entre los trabajadores.
Emilio Prados, sin publicar, escribía, escribía sin des-
canso. Es la época de su Llanto de Octubre, de sus poe-
mas elegiacos y esperanzadores, es el cantor de los mine-
ros asturianos, pero su voz está nublada por el sufri-
miento, aunque ilumina, si esto es posible, una tragedia
tenebrosa. Al poeta sòlo le quedan lágrimas.
Pero el tiempo pasa. Estábamos en 1956 cuando Emi-
lio Prados nos sorprendiò con sus romances heroicos,
que no eran sino continuaciòn de su romancero: Calen-
dario del pan y del pescado, y Llanto de Octubre; que
no era sino la iniciaciòn de nuestro Romancero de la
guerra civil.
Parte de la poesía romanceada de Emilio Prados se
reúne en este volumen -1936-1957-, libro que cierra
un período de buena poesía española. Entre los prime-
ros libros de Emilio Prados y este que hoy se- publica
tenemos diez años en que los poetas han vivido en hon-
da búsqueda del amor y de la belleza. Emilio Prados es
de los primeros que se encuentran la verdad y la justicia.
No olvidemos que su libro es un llanto.

MANUEL ALTOLAGUIRRE.


FRAGMENTO DE CARTA

Encontrado en una trinchera. Vi-
llaverde, 11 de noviembre de 1936,
Madrid

TENGO un hermano en el frente
que tú no conoces, madre,
que el hermano que ahora tengo
no lleva tu misma sangre.
Un hermano en cada frente
me atan más que tus dogales.
Tengo más atado el cuerpo
que el corazòn que en él late.
Tengo un hermano en Asturias,
otro en Aragòn combate,
otro por Andalucía
entre pitas y olivares;
arriba, en el Guadarrama,
bajo sus altos pinares
y las agujas del frío,
otro hermano tengo, madre,
y otro por Extremadura,
tierra llana en donde arden,
sin ganados, las dehesas
y entre balazos el aire.
Subiendo a Guadalajara,
tierra de dulces panales
que sus abejas vigilan

y sus páramos reparten,
camino ya de Sigüenza
y bien pasado Jadraque,
otro hermano en las trincheras
contra el fascismo se bate.
Y cerca ya de Madrid,
aquí en Castilla la grande,
hay más hermanos conmigo
que estrellas tras de la tarde.
Ni ellos conocen mi nombre
ni yo sé còmo nombrarles;
sòlo el nombre del que muere
entre nosotros se sabe,
no por llorar su recuerdo,
pero sí por imitarle,
que el que por nosotros muere,
no muere, sino que nace;
no tengo hermano que caiga
que una espiga ISQ levante.

Madre, no puedo moverme
de mi puesto en el combate,
que el hermano que ha caído
me aprieta sobre su sangre.

No hay corazòn más atado
que aquel que no fuerza nadie
y él mismo se ciñe al yugo
que sabe que ha de librarle.

Tengo un hermano en el frente,
otro por mis venas late.
¡España, tierra caliente,
tus cadenas se deshacen!


GRANADA Y MÁLAGA

(Romance fronterizo. Invierno 1936)

YA pisa enero en el monte,
ya se endurecen las aguas;
blanca está sierra Tejeda
y entre nubes Parapanda;
tirita Loja entre olivos,
entre piedras Zafarraya,
el sol sus rayos encoge
al cruzar Sierra Nevada;
ya sobre la Sierra Elvira
presiente el pino la escarcha.
Ya entra enero; pisa el frío
sobre el pecho de Granada.

El alto buque del hielo
baja de Granada a Málaga
y son sudarios sus velas
y sus banderas guadañas;
su timòn hondo gemido,
desesperada llamada
de sus prisioneras vegas
y de su doliente Alhambra.
Su cargamento, memorias
de las últimas jornadas:
el eco de los lamentos,
el silencio de las tapias,

la quietud de sus cipreses,
el temblor de las descargas,
el terror que huye en las sombras
de sus alamedas altas,
el gemido de sus fuentes
y el de la sangre que mana.

Navega el buque del frío,
lento se acerca hacia Málaga;
su tripulaciòn de espectros
en pie en su cubierta se alza,
la brújula que lo lleva
sòlo a la muerte señala.
Pasò el verano en dos fuegos:
el del sol y el de las balas;
pisa la nieve el invierno
y aún sigue la tierra en ascuas.

Málaga, sobre tu puerto
está la Victoria anclada,
las agujas del salitre
muerden sobre sus amarras;
còrtale ya las maromas
y que vuele hasta Granada,
que está Granada en peligro,
que está cautiva tu hermana.

Deja tu anhelo en sus lonas,
tu corazòn en sus aguas;
sobre los planos del Tiempo
abre el timòn de tus alas
y pronto verán sus vegas
la quilla de tu fragata.

Málaga, corta sus cuerdas
y prepara tus batallas;

tus hombres valientes suben
y el buque del hielo baja.

(El viento del mar se quiebra
sobre sus anchas espaldas.)


EL DESTERRADO

¡AY nuevos campos perdidos,
campos de mi mala suerte:
ahí se quedan tus olivos
y tus naranjos nacientes!
Brilla el agua en tus acequias,
surcan la tierra tus bueyes
y yo cruzo tus caminos
y jamás volveré a verte.
Los tiernos brazos del trigo
entre tus vientos se mueven.
¡Ay, los brazos de mi sangre
son molinos de mi muerte!
No tengo casa ni amigo,
ni tengo un lecho caliente,
ni pan que calme mis hambres,
ni palabra que me aliente.
¡Ay cuerpo desheredado!,
¿còmo tu tronco sostienes,
si al que corta tus raíces
tu fresca sombra le ofreces?
Mal cuerpo me ha dado el mundo;
mal árbol, que ni florece,
ni puede tener seguro
fruto que en sus ramas crece.
¡Ay el calor de mis manos!
¡Ay los ojos de mi frente!
¡Ay bajo la luz del alba!

¡Ay, bajo la sombra fuerte,
ya siempre andarán despiertos,
despiertos, sin conocerme,
que sòlo miran al viento
por donde sus penas vienen!
¡Ay campo, campo lejano,
donde mi dolor se mueve:
nunca encontrarás mi olvido
si he de olvidar el perderte!


LLEGADA

A Federico García Lorca

ALAMEDAS de mi sangre.
¡Alto dolor de olmos negros!
¿Qué nuevos vientos lleváis?
¿Qué murmuran vuestros ecos?
¿Qué apretáis en mi garganta
que siento el tallo del hielo
aún más frío que la muerte
estrangular mi deseo?
¿Qué agudo clamor de angustia
rueda corazòn adentro,
golpe a golpe retumbando
como campana de duelo,
ahuecándome las venas,
turbando mi pensamiento,
prendiendo mis libres ojos,
segando mi vista al viento?
¿Qué rumor llevan tus hojas
que todo mi cuerpo yerto
bajo sus dolientes ramas,
ni duerme ni está despierto,
ni vivo ni muerto atiende
a la voz de ningún dueño,
que va como un río sin agua
andando en pie por un sueño?
Con cinco llamas agudas

clavadas sobre su pecho,
sin pensamiento y sin sombra,
vaga con temblor de espectro
por ciudades y jardines,
al mar libre y en los puertos,
triste pájaro sin alas
acribillado a luceros.

Alamedas de mi sangre,
decid, ¿qué amargo secreto
mordiò las sanas raíces
que os dan vida y movimiento?

Vine de Málaga roja.
De Málaga roja vengo.
Vine lleno de banderas
y toda la sangre ardiendo.
Llegué a Madrid perseguido
de enemigos pensamientos,
aún con rumores de lucha
y con zumbidos de truenos:
más de mil brazos traía
alrededor de mi cuerpo,
saludando mi alegría,
desatando mi silencio.

Amigos, vengo de Málaga;
aún me huele a sal el sueño,
me huele a pescado y gloria,
a espuma y a sol de fuego.
Mucho que contaros traigo,
mucho que contar y bueno.
Amigos, os hallé a todos
alegres en vuestros puestos.
¿En dònde está Federico?
A él sòlo de menos echo
y a él tengo más que contarle;

mucho que contarle tengo.
¿En dònde está Federico?
Sòlo responde el silencio.

Un temor se va agrandando,
temor que encoge los pechos.
De noche los olivares
alzan los brazos gimiendo;
la luna lo anda buscando
rodando, lenta, en el cielo;
la sangre de los gitanos
lo llama abierta en el suelo;
más gritos lleva la sombra
que estrellas el firmamento;
las madrugadas preguntan
por él, temblando de miedo.
¡Qué gran tumba esta distancia
que calla su hondo misterio!

Vengo de Málaga roja,
de Málaga roja vengo;
levántate, Federico,
álzate en pie sobre el viento,
mira que llego del mar,
mucho que contarte tengo.
Málaga tiene otras playas
y grandes peces de acero,
con mil ojos vigilantes
defienden, firmes, su puerto.
¿En dònde estás, Federico?
Yo este rumor no lo creo.
¡Còmo me duelen las balas
que hoy circundan tu recuerdo!

Desde Málaga a Granada
rojos pañuelos al cuello,
gitanos y pescadores

van con anillos de hierro;
sortijas que envía la muerte
a tus negros carceleros.
Aguárdame, Federico;
mucho que contarte espero..

Entre Málaga y Granada
una barrera de fuego.


AL CAMARADA ANTONIO COLL

Primer cazador de tanques, muerto pos-
teriormente a su hazaña, durante el sitio
de Madrid

EN los mares de la tierra,
bajo los mares del cielo;
en el mar en que hoy Madrid
anclado aguarda en su puerto,
todas las velas hinchadas
y sus cañones despiertos,
alerta sus tripulantes
para el combate dispuestos,
cada cuerpo late en ti
y vives en cada cuerpo.
En los mares que la lucha
alza entre lenguas de fuego,
en los mares de tu muerte
y bajo el mar de mi pecho,
te reconozco en mi sangre,
Antonio Coll, compañero,
hombre de sal y tormentas
y corazòn en acecho;
hombre de duros terrones
y de nubarrones negros,
de banderas desplegadas
y brisas de miel y fuego.
Entre lonas desgarradas



y calmas con piel de espejo,
con torbellinos de fiera
y dulzuras de lucero,
te reconozco en mi sangre,
Antonio Coll, marinero.
Conozco tus vendavales
y tus torrentes secretos;
el sabor de tus espumas
y el del timòn de tus hechos.
Conozco nuestra espesura
y los más profundos senos
de esas aguas tan amargas
que guardan nuestro silencio;
océanos de injusticias
que han de salvar nuestros remos.
Antonio Coll, te conozco,
te he conocido y te veo,
delfín alegre que salta,
entra en la muerte riendo
y de ella sale cantando,
burlándola con un quiebro.
No hay hierro que te resista
ni fuego que te dé miedo,
que si has nacido del mar,
también naciste del pueblo
y un barco de tu figura
es siempre buen marinero.

Mares que estáis en prisiones
de tierra, de cielo y viento:
anchos mares de Castilla,
de Andalucía, gallegos,
de Valencia, catalanes,
mares de Aragòn, sabedlo:
en Madrid -su acorazado-,
sobre su puente más recio,
dirigiendo la batalla,

Antonio Coll da su ejemplo.
Quien no sepa aprovecharlo
no es nacido de este pueblo.
Venciò mares de la muerte,
que ante tan heroico gesto
no hay vida que se resista
ni muerte que no huya lejos.

Cada cuerpo late en ti
y vives en cada cuerpo;
aguárdanos, camarada,
Antonio Coll, marinero:
te brindamos la fragata
de nuestra victoria. ¡Espéranos!


TRAIDOR A SU PUEBLO

QUE malos perros te coman,
mal hijo de mala madre;
que te muerda en los costados
la dura espiga del hambre
y que el agua que te bebas
se te convierta en vinagre:
que el corazòn se te pudra
cuajado en tu negra sangre,
que llevas mancha en tu frente
que no hay tiempo que te lave,
ni sueño que no la acuse,
ni traidor que no la acate.
Ni has de tener buena muerte,
ni lecho donde descanses,
ni tierra con que te cubras,
ni compasiòn que te salve,
que siendo sangre del pueblo
contra tu sangre te alzaste
y sangre que se traiciona
se vuelve contra su carne.

Que malos perros te coman,
mal hijo de mala madre,
que ni la tierra te quiere,
ni con él te quiere el aire.


CUERPO DE TRISTEZA

(Canciòn de un miliciano herido)

No tengo envidiara la vida,
que vivir así me duele,
que ni mi corazòn brilla
ni mi palabra se mueve;
ni soy llama ni ceniza,
ni leño ni hierba verde;
ni duermo ni ando en vigilia,
ni en mí estoy ni estoy ausente.

Se me desangran los ojos
como ventanas sin suerte;
que se me van como ríos
y como llantos me vuelven,
y sé que aún mi cuerpo habita
lo que mi cuerpo no entiende.
Tengo resecos los labios,
que el pensamiento no atiende
ni al agua que los apaga
ni a la sed que los enciende,
y son más largos mis brazos
que las alas de la muerte:
si árboles se levantaron,
hoy de mis hombros descienden
colgados de mi abandono
como marchitos torrentes:

que flor que no ha de ser fruta
sobre la tierra se pierde.
Miro mi cuerpo, fantasma
de mi corazòn doliente.
Miro mi cuerpo vencido
y no acierto a conocerme,
que ni es forma de mi olvido
ni sueño de mi presente
y como un traje vacío
cuelga de mi propia frente.

¡Manantial de mi tristeza,
en el que mi cuerpo bebe,
devuélveme mi figura,
que me arde el pulso en las sienes,
que el llanto oscuro del mundo
en mis entrañas se mueve
y ando errante y desarmado,
mientras la pasiòn me muerde!

No tengo envidia a mi vida,
que vivir así es mi muerte;
envidio el grano de trigo
que al morir su espiga enciende.


CIUDAD SITIADA

Romance de la defensa de Madrid

ENTRE cañones me: miro,
entre cañones me muevo:
castillos de mi razòn
y fronteras de mi sueño,
¿dònde comienza mi entraña
y dònde termina el viento?
No tengo pulso en mis venas,
sino zumbidos de trueno,
torbellinos que me arrastran
por las selvas de mis nervios;
multitudes que me empujan,
ojos que queman mi fuego,
bocanadas de victoria,
himnos de sangre y acero,
pájaros que me combaten
y alzan mi frente a su cielo
y ardiendo dejan las nubes
y tembloroso mi suelo.
¡Allá van! Pesadas moles
cruzan mis venas de hierro;
toda mi firmeza aguarda
parapetada en mis huesos.
Compañeros del presente,
fantasmas de mis recuerdos,
esperanzas de mis manos

y nostalgias de mis juegos:
¡Todos en pie, a defenderme,
que está mi vida en asedio;
que está la verdad sitiada
amenazada en mi pecho!
¡Pronto, en pie las barricadas,
que el corazòn está ardiendo!
No han de llegar a apagarlo
negros disparos de hielo.
¡Pronto, de prisa, mi sangre,
arremolíname entero!
¡Levanta todas mis armas;
mira que aguarda en su centro,
temblando, un turbiòn de llamas
que ya no cabe en mi cerco!
¡Pronto, a las armas, mi sangre,
que ya me rebosa el fuego!
Quien se atreva a amenazarlo,
tizòn se le hará su sueño.

¡Ay, ciudad, ciudad sitiada,
ciudad de mi propio pecho,
si te pisa el enemigo,
antes he de verme muerto!

Castillos de mi razòn
y fronteras de mi sueño,
mi ciudad está sitiada:
entre cañones me muevo.
¿Dònde comienzas, Madrid,
o es, Madrid, que eres mi cuerpo?


AL BATALLÓN ALPINO JUVENTUD

ALTAS cumbres, lentos ríos,
pinares del Guadarrama;
águilas que los miráis
flotando entre nubes blandas,
decidme: ¿por qué la nieve
tiñe sus copos de grana?
¿Qué mal vino bebiò el sol
que tanto encendiò su cara,
que si la oculta entre sombras
viste a las sombras sus llamas
y no hay tizòn en sus noches
que no esté sangriento al alba?
Vuestro silencio, altas cumbres,
¿en dònde su piel desgarra?
No es el rumor del torrente,
ni es el viento entre las ramas,
ni es el tambor de las piedras
al rodar por tus gargantas,
que éstos son de tu silencio
y en ellos tu paz se agranda.
Son rumores de gemidos,
puñales de agudas alas,
los que con plumas de acero
sol, nieve y silencio clavan.
Tormenta de corazones
hoy tienes sobre tu espalda;
tormenta de corazones

que mala traiciòn levanta.
Blancas nubes, lentos ríos,
sol que en sangre te desgranas:
no huyáis de las altas cumbres,
ni de sus nieves manchadas,
que si la Muerte su nido
puso en ellas y sus armas,
vino dormida entre engaños
y en la verdad ya está alzada,
que las puntas de sus flechas
a nuestro enemigo marcan.
Ya no veréis, altas cumbres,
nuestra sangre derramada
dar blancura a nuestros cuerpos
y a vuestras nieves su mancha.
Mirad, mirad que la Muerte
va al frente de las batallas
y la Muerte no perdona
al que persiguiò engañarla.

Águilas que estáis flotando
sobre el ancho Guadarrama,
sobre el agua de sus ríos
y sobre la luz del alba,
mirad, mirad qué segura
nuestra juventud avanza
como una flor de banderas
sobre las altas montañas.
Si águilas sois de los vientos
que domináis y os amparan,
ellos águilas que en tierra
sobre sus hielos resbalan
y águilas de una victoria
más firme que vuestras alas,
que si en la muerte se forja
para la paz se prepara.

Mirad, mirad, blancas cumbres,
águilas del Guadarrama:
[allá van!, la nieve cruje
bajo el ardor de sus plantas.


AL BATALLÓN THAELMANN

y a Modesto Guilloto, su comandante

NACIDO en Navacerrada,
sobre el pecho de la sierra,
en donde España es más brava
y más alta su maleza,
fuertes como sus pinares
y duros como sus piedras,
firmes como la razòn
que dirige su conciencia,
un puñado de valientes
dan el sol a la pelea,
sol de corazòn de auroras
y rayos de bayonetas:
¡qué bandera en los combates
es el batallòn de Thaelmann!

Despierto por los disparos
bajo el turbiòn de una guerra
que a los hermanos divide
y hace a la justicia ofensa,
naciò bajo un mismo día,
tarde de sangrante fecha.
Ni un tambor vino a llamarlo,
ni una amenaza a sus puertas,

que no hay tambor ni amenaza
más fuerte que la conciencia,
y ésta gritaba en la sangre
con campanas de mil lenguas:
¡A las armas, compañeros,
que los traidores intentan
vender nuestros blandos ríos,
nuestras fértiles praderas,
la llama de nuestros toros,
la piel de nuestras dehesas,
el aire de nuestros pájaros,
el oro de nuestras piedras,
la flor de nuestras hermanas,
el sudor de nuestras venas!
¡A las armas, a las armas,
que los traidores ya empiezan
a disparar sus fusiles,
que ya sus cañones suenan!
¡Con hoces y con navajas,
con horcas, con escopetas,
con los dientes, con las uñas;
si no hay balas, con las piedras;
si no hay fusiles, con palos;
si no tenemos trincheras,
los compañeros que caigan
levantarán la primera
y encendidos con su muerte
más alta se hará la hoguera
que nuestros huesos calcina
y nuestra juventud quema!
¡A las armas, a las armas,
que la metralla extranjera
ya estalla por nuestras calles
y los campos ensangrienta!
¡Afuera, afuera el traidor
que contra España se atreva!

Casi niños despertaron
españoles de firmeza:
gallardía y libertad
juntaron bajo su emblema,
cuerpos de calientes bordes
que unieron una promesa,
promesa de hombres de fuego
que en las batallas se templan.

¡Llegan! Ya Madrid triunfante
queda abajo entre banderas.
Cruzan Villalba entre enebros,
altos robles, grises piedras,
suben a Navacerrada,
allí Barcena ya espera,
también aguarda Modesto,
andaluz de firme cepa,
con la ternura de un niño
y un tigre en la fortaleza
que entre llamas y disparos
vierte el ardor de su arenga:
-Peguerinos, camaradas,
está en peligro y no es nuestra;
ya tomado Peguerinos,
abajo está Talayera,
que la amenazan los moros...
¡En pie, mi batallòn Thaelmann,
al ataque; hay que cercarla;
que sea nuestra roja estrella
la que liberte Madrid
y clavada como espuela
en los flancos del fascismo
lo haga huir de nuestras tierras!
-Sé que lo haréis, camaradas;
os aguarda España entera.
-Buen comunista Modesto,
con su palabra certera-.

Modesto, mi comandante,
buen maestro de firmezas,
conozco tus milicianos
y la fe que los alienta;
ahora en tu nueva brigada
su levadura fermenta.
¡Qué rojo pan de victorias
dará tu batallòn Thaelmann!


LA TRAICIÓN TRAICIONADA

COMO un espectro en la tierra,
sin pie, sin luna, sin aire,
apuñalado en mis sueños
y estrangulado en mi sangre,
vuelo el cuerpo que me han dado
y el corazòn que en él late;
vuelo el dolor que me toca,
que es más dolor que en mí cabe;
vuelo mis ojos sin lumbre
y el llanto que en ellos arde;
vuelo el luto de mi sombra,
sombra color de mi carne,
tizòn de mi desventura
y ceniza de mis males,
que como llama tendida
sobre el suelo agonizante,
equilibrio de mi angustia
pide a la muerte triunfante:
muerte, muerte, llega, muerte,
gime mi lengua sangrante.
Sombra, sombra, sombra, vuela
y contra la tierra arrástrame;
me hieran los trigos rotos,
arda entre los olivares
el olivar de mis venas
y la espiga que en él late;
retorcida entre tus humos

entre mi voz por la tarde
y se haga fuego en la noche,
puñal de luz que taladre
el pecho de las tinieblas
y las negruras del aire,
hasta dejar en las cumbres
altas del alba, ondeantes,
las telas de mi razòn
que hoy sin suelos se debate.
Vete, muerte, muerte, vete,
que en ti no puedo encontrarme.
Sombra, sombra, sombia, vuela,
que sobre tu piel se alarguen
calientes los lentos ríos,
que sus riberas se agranden
e inunden con su ancha herida
la honda regiòn de tu estanque.
Suba, suba tu hondo limo,
que tu silencio se acabe;
no hay silencioso secreto
si no se oculta del aire
la traiciòn y anda desnuda,
aunque envuelta con la sangre
que enloquecida salpica
de las puertas que ella abre,
sembrando de estrellas rojas
sus senos negros, de ultraje.
¡Ay, traiciòn, qué hermoso cuerpo
con tus balas levantaste!
¡Mal tallo para ti lleva
la simiente que sembraste!
¿Malos tallos? Peor fruto
se mece ya entre el ramaje.

Sombra, sombra, sombra, vuela
que no es posible callarse,
ni que un tesoro se pudra

sin que una aurora se alce.
Lentos, lentos, lentos ríos
bajo mi cuerpo reparten
ojos abiertos sin luna
y blancas muertes flotantes
que en lentos sollozos buscan
descanso en un mar distante:
mar lejano, mar doliente
entre sus cinco puñales.

Sombra, sombra, sombra, vuela
hasta que tu dolor nade,
estrella de cinco puntas
sobre su verde oleaje
y que tu interno gemido
tina de rojo el celaje
y que acaricie la espuma
la alta luz que de ti nace;
que el fiel de la aurora suba
como un surtidor de sangre.

¡Ay, traiciòn, por traicionera
tú misma te traicionaste!
¡Ay, traiciòn, mala semilla
que hasta mi silencio alzaste!


A HANS BEIMLER

Muerta heroicamente durante el sitio de
Madrid Momenaje n las Brigadas Interna-
cionales

AHORA te encuentro, Hans Beimier,
cuando cierras tu jomada;
ahora me acerco a tu cuerpo,
cuando ya tu cuerpo marcha
flotando en un mar de hombros
que lo separa de España.
Dicen jque vas muerto^ hermano,
pero tu vida no tacaba
porque se sequen tus venas
y se hiele tu garganta.
Si están tus venas vacías,
nuestra tierra está empapada
y aún caliente con la sangre
que de tu corazòn falta.
Y si está tu lengua quieta,
aún tiene el aire palabras
con que recordar los ecos
de tu voz en las batallas.
Si están tus brazos tranquilos,
aún se mueven tus hazañas
por los campos de Castilla
entre el rumor de las armas.

No es esto morir, hermano,
sino dar vida y hallarla,
que la muerte, cuando es muerte,
de la tierra nos separa
y tú te quedas con ella,
roja semilla que aguardas
para crecer con la espiga
que hoy defienden nuestras balas.
Naciste lejos, hermano,
pero la Muerte, en España
te hizo nacer en su tierra
para ganarte a su patria. . .

Te hablò la Muerte a lo lejos:
-Hermano Hans Beimier, baja
desde los hombros de nieve
de nuestra Rusia lejana.
Cruza los campos franceses,
los blandos campos de Francia,
que hoy para luchar en ellos
tienen tu fuerte palabra
y en los campos españoles
toda tu sangre no basta.

Te hablò despacio la Muerte;
tú escuchaste su palabra.
Ahora la Muerte, vencida,
va en tu cortejo enlutada,
llorándole en tu memoria
el eco de sus palabras.

Salud, Hans Beimier; tu cuerpo
va lejos, pero cercana
tu sangre aquí en nuestro suelo
moja su caliente entraña;
árboles que se levanten
te alzarán vivo en su savia.

Vuélvete, duerme tranquilo,
que aunque te vas, en España
quedas hecho tierra y viento,
agua y luz viva del alba.
Si un cuerpo tu vida pierde,
un mundo en cambio la gana.


DIGAN, DIGAN...

(Contra la propaganda fascista, que tra-
ta de hacernos responsables de la guerra
civil originada por ellos con la rebeliòn mi-
litar del 18 de julio del año 1936)

DIGAN, digan ellos, digan,
muevan sus alas los cuervos
que lo que han visto mis ojos
no ha de morir en silencio.
Yo diré, lo que yo vi,
digan, digan, digan ellos;
que si yo he visto la sangre
derramarse sobre el viento,
que aún su recuerdo me arde
y abre mis ojos sin sueño;
que aún me duele por las uñas
su rojo clamor de fuego,
no he de amarrarme la lengua:
digan, digan, digan ellos.

Al despertarse la tarde
sobre el soñoliento puerto
que entre barcos y banderas
aguardaba los luceros,
malos luceros llegaron.
¡Malos tiros traicioneros!
¡Malos tambores tocaron
y falsas voces se oyeron!:

Amigos, somos hermanos,
somos todos compañeros,
pero los brazos ¡arriba!
y las armas en el suelo.
Sin armas estoy, amigo,
sin armas y sin dinero;
sin pan aguardan mis hijos
la tristeza de mi pecho.
Menos palabras, muchacho.
Arriba los brazos... ¡Fuego!
¡Ay, mala tarde de muerte;
tarde de corazòn hueco!
Dicen que nuestra justicia
es terror y mal deseo;
que ningún calor humano
arde en nuestro sentimiento.
Dicen que sembramos llanto
y odio sòlo recogemos;
que las mujeres y niños
nos huyen como al veneno.
Dicen que tronchamos trigo;
que las cosechas perdemos;
que solo sembramos hambre
y dolor para el invierno;
que sin conciencia quemamos
olivares y barbechos,
que desgarramos la entraña
y el alma^de nuestro pueblo.
Dicen con voz de lechuza,
desde un extremo a otro extremo
del mundo, negras mentiras,
mas la verdad rompe el techo
de las cárceles más duras
y los más negros secretos.

Digan, digan ellos: ¡Digan!,
que ya iluminará el cielo

la verdad por que luchamos
y la verdad del suceso.
Si ahora a la justicia temen;
si ante su vuelo severo
se aterrorizan sus noches
y se atirantan sus nervios.
Sepan que nunca buscamos
que se alzara este momento
de ceño arrugado y duro
y mano firme y sin miedo.
Sepan que paz y trabajo
buscaba tan sòlo el pueblo:
pan seguro y sin temores;
hermandad y claro cielo.
¡Su negra soberbia ha alzado
lo que hoy les ahuyenta el sueño!

Digan, digan por el mundo,
desde un extremo a otro extremo,
fantasmas de lo que inventen,
que al fin tan sòlo un reflejo
es la verdad que ilumina
a los más limpios luceros
y esa verdad la llevamos
como luz de nuestro pecho.

Digan, que lo que yo vi
no ha de aguantarlo el silencio,
que he visto correr la sangre,
tronchar los pasos primeros
del fuerte tronco de un hombre.
Aún está mojado el suelo
con sus pupilas de espanto
y las rosas de su cuerpo:
negra conciencia a balazos
rompiò el tallo de su cuello;
la muerte vino a cubrirlo

con su más rojo pañuelo.
La muerte se fue llorando,
jurando vengar su duelo,
duelo de niño caído,
silencio de niño muerto.

Yo he visto morir las madres
que aún ser madres no pudieron
y dejar su vientre frío
con un leve movimiento
de vida, que aún sin ser vida,
aún sin conloen el ^entò,
bajo la sa^re cuajada
apagò el soplo más negro.

Yo he visto las carreteras
llenas de niños hambrientos
y de mujeres sangrando
de espanto y olor de fuego.
Angustiosas caravanas
que buscan el blando seno
de la ciudad, ya triunfante,
libre ya de malos perros.

Si solo sembramos odio,
si solo nos tienen miedo,
¿por qué mujeres y niños,
temblando como corderos,
se acercan a nuestros brazos,
de nuestro calor sedientos?
Preguntádselo a sus ojos,
que más dice su silencio
que las palabras más altas
que puedan cruzar el viento.

Digan, digan ellos, digan,
que con engaños y enredos,

con crímenes y traiciones
no se ganò en ningún tiempo.

Digan, digan; ¡yo lo vi!:
gitanos y marineros,
campesinos, pescadores,
soldados, carabineros,
guardia civil y de asalto
levantarse en un momento
y unirse al proletariado,
que con su puño de acero
sabrá vengar la traiciòn
borrando su paso negro.

¿Quién se atreve? Quien se atreva,
¡la razòn va con el pueblo!
Si hoy a la justicia temen,
ellos han abierto el fuego.

Digan, digan por el mundo,
desde un extremo a otro extremo,
que la verdad ya ilumina
su aurora roja en el cielo.


EL MORO ENGAÑADO

(Madrid, octubre, 1936)

VuÉLVETErfa^?Africa, dioro,
que España no te conviene;
mira que yo sé que en ella
te aguarda muy mala suerte,
que el dinero quel te compra
es dinero que te vende,
y el traidor que te ha comprado
es traidor que no te teme
y sabe que tu servicio
lo ha de pagar con tu muerte.
Vuélvete, vuélvete al África
antes que los fríos lleguen
y tu oscura piel se encoja
bajo sus caricias crueles.
Deja nuestras altas cumbres,
que tú sus vientos no entiendes.
Allí te aguarda tu sol
y aquí te escupe la nieve.
Allí sentirás tu sangre
latir fuerte entre tus sienes,
y aquí corres el peligro
de que tu sangre se hiele.
Vete, vete, vete, moro,
vuélvete al África, vuélvete;
deja la llana Castilla,

que con sus llanos te miente,
y si es fuego en el verano
en invierno es hielo fuerte.
Baja por la Extremadura,
Huelva, Sevilla, hasta verte
sobre Algeciras la blanca,
que tiene a Ceuta en su frente
y barcos en su bahía
que te aguardan ya impacientes.
Y si barcos no tuvieras,
un buen moro nada teme:
crúzate el estrecho a nado,
que si al cruzarlo te pierdes,
más vale morir con vida
que no vivir mala muerte.
Vuélvete al África, moro,
vuélvete de prisa, vete;
los dineros que te han dado
solo son falsos papeles,
y las promesas, engaños
que contra tu vida vuelven.
¡Que se burlan de tí, hermano!
Mira al que tanto te ofrece
y en él reconocerás
al que tanto dolor debes.

Vuélvete al África, moro,
pero el fusil no lo dejes
y el ardor de la pelea
guarda en tu sangre caliente;
mira que en tu tierra luchan
y luchan por razòn fuerte:
luchan por la libertad
tus hijos y tus mujeres;
por libertarte una tierra
que cautiverio padece
muchos años ya, en las manos

del que comprarte pretende.
Mira, moro, mira, moro,
ya tu cabila se enciende
y entre gritos y banderas
sus cadenas se desprenden.
Tú no eres cobarde, moro,
que bien sabes defenderte.
Vuélvete a tu tierra y lucha
contra los perros infieles;
no es justo que la abandones
sòlo a los seres más débiles,
mientras que a tus enemigos,
sin tú saberlo, defiendes.

Vuélvete al África, moro,
que aquí saben comprenderte
los que frente a frente miras
por engaño y mala suerte.
Vete pronto, vete pronto,
que allí te aguarda tu gente
y aquí la nieve y el frío
sobre el invierno se ciernen,
y árbol que naciò en el páramo
en la alta sierra se muere.

Lucha, lucha, lucha, moro,
que la libertad la tienes
cuando tus armas se vuelvan
contra los que hoy te retienen.
Esa libertad buscamos
los que tú matar pretendes,
que aún el veneno en tu oído
con su negro engaño muerde.

Si por libertad luchamos,
bien sabremos defenderte
si a buscar tu libertad

hacia el África te vuelves,
que no hay libertad posible
si otra libertad no quiere.
Pero si, por el contrario,
traidor a los tuyos fueres,
como a traidor te veremos
de nosotros mismos... ¡Vete!

Vuélvete al África, moro,
que aquí la muerte se cierne
sobre tí, segura y fría,
y otra vida allá se enciende.
Vuélvete, vuélvete al África,
que España no te conviene;
que el dinero que te han dado
es dinero que te vende.


CARRETERA DE VALENCIA...

(Romance ,dft ayuda a Madrid)

CAI^BTÉ&A de Valencia,
la más valiente de España;
la que sales de Madrid
cruzando el puente de Arganda,
pisas en Tarancòn Cuenca
y entre pinares cabalgas,
a entrar por Puerto Contreras
sobre sus colinas blandas
a las tierras de Levante,
donde el arroz, de sus charcas,
levanta mojado al sol
y encendido de naranjas.
Bajan por ti los dolores
y suben las esperanzas.
Mantente, mantente firme
en tu piel alquitranada,
carretera de Valencia,
pedestal de las batallas.

Carretera, carretera,
si tus pulsos se adelgazan,
vuélvete y mira a Castilla
que queda arriba entre llamas
coronada de cañones
y cercada de amenazas.

Vuélvete y mira a Madrid
presa entre sus barricadas;
están sus jardines secos
y están sus casas tronchadas;
la muerte ronda en su cielo
el peligro de sus plazas.
Vuélvete y mira a Madrid
sobre su meseta brava:
toda la sangre en sus campos,
todo el silencio en sus fábricas,
todo el ardor en sus frentes,
todo el sueño entre sus balas.
Vuélvete y mira a Madrid
frente a su enemigo alzada.
Ni tiembla ante sus ruinas
ni ante el fuego que la ataca.
Si tiene un costado herido
si el Manzanares le sangra,
tiene, en cambio, libre el pecho
y a su voluntad por armas,
y para entrar al combate
sòlo el corazòn le basta,
que no hay victoria posible
si el corazòn no la alcanza.

Valencia, mira a Castilla
de cañones coronada. . .
Madrid sabrá defenderla;
mas, si pierde en su batalla,
¡ay los campos de Valencia!,
¡ay de sus huertas lozanas!,
¡ay de sus playas serenas
y de sus dulces naranjas!
¡Ay sus blandos arrozales,
donde la nieve se cuaja!
¡Ay del caliente barbecho
y la semilla que aguarda!

¡Ay, Valencia, no conozcas
el dolor de la metralla!
No habrá mano que defienda
la mano que te amenaza.

Carretera, carretera,
vena principal de España:
Mantente, mantente firme,
que si tus pulsos se paran,
¿quién subirá hasta Madrid
la sangre que a Madrid falta?


A LA BRIGADA MOTORIZADA "HIERRO"

No son flechas, no son flechas
las que por el monte vienen,
que no hay cuerda en ningún arco
que rinda impulso tan fuerte.
No son flechas, no son flechas
las que desde el valle ascienden,
que no hay fuerza en ningún brazo
que encienda ardor tan potente.
No es desmandado rebaño,
ni enloquecido torrente;
ni es arrollador pedrisco
ni alta ventisca de nieve.
No son cuervos los que suben;
no son graznidos de muerte,
ni clamores de tormenta
lo que en el aire se siente;
no es nube amenazadora
la que en el cielo se cierne.
Tranquilos bajan los ríos;
el sol brilla más luciente
y sobre la tierra el árbol
sin temor sus frutas tiende.
¡Ya se acercan! No son flechas
las que hacia nosotros vienen,
ni embelecos de locura,
ni alucinaciòn de fiebre.
Son banderas encendidas;

es roja sangre de héroes
que en ráfagas de victoria
sobre los vientos se extienden.
Raudos vuelan sobre el monte
sus corazones valientes,
acompasando sus pulsos
con la verdad de sus frentes.
¡Ya vienen! Veloces suben
a las cumbres más salientes
entre águilas y borrascas
que huyen a su empuje fuerte.
¡Ya llegan! Veloces cubren
las más ariscas vertientes
y aguas de pulsos de acero
hacia los llanos descienden,
cruzando sus hondos valles
y sus levantados puentes.
¡Còmo los saluda el campo
alzando su puño verde!
Las carreteras de España
sobre sus tierras se tienden,
con la amplia red de sus venas
regando su carne ardiente:
carne riea dé esperabas
que hoy gime herida y doliente
desangrándose entre llamas
y entre disparos de muerte,
que la traiciòn -—negro Judas—
al extranjero la vende.
España ¡queda tranquila!:
mira tus hijos valientes
luchando sobre tu espalda
que con sus vidas defienden.
Tus carreteras, España,
sobre tu cuerpo se encienden;
si hoy tronchadas se desangran,
aún hay sangre suficiente

en ellas, para inundar
la injusticia en que te prenden.
¡En pie, "Brigada de Hierro"
sobre sus pulsos calientes:
quien se atreva a amenazarlos,
le aguarda muy mala muerte!
¡Allá van! Vuelan veloces
mil corazones de héroes.

Madrid, octubre 36.


SOLEDAD DE MÁLAGA

¡AY, dolor, dolor del viento,
dolor del cielo y el agua,
dolor de tierras perdidas,
dolor de espigas tronchadas!
Soledad: ¿a dònde llevas
la sombra de mis pisadas?
Los campos que ellas conocen
ya sòlo mis ojos guardan.
Soledad: ¡mírame el pecho!
De Málaga vengo, ¡ay Málaga!,
allá tendida te quedas
sobre tus calientes playas,
mal herida en tus costados
que sobre la mar desangras.
¡ Ay, hermanos! Sostenedme,
que el corazòn se -me para,
que la sangre se me enfría
y la razòn se me acaba.
¡Ay soledad! ¡Soledad!
¡Roja soledad de Málaga!
¡Ay soledad de sus tierras!
¡Ay soledad de sus fábricas!
¡Ay soledad de sus puertos
y soledad de sus plazas!
Málaga, no me golpees
tan duramente en la espalda,
que pesas como una piedra

y cortas como navaja.
Llevo tu recuerdo a cuestas
igual que dos negras alas
que muerta viva me llevan
por la conciencia de España.
¡Ay, Málaga, ni los peces
quieren ya estar en tus aguas;
los pájaros por el cielo
se van huyendo a bandadas;
triste la flor que no puede
separarse de su rama!

Desprendida de mis tierras,
quemando al salir mi casa,
vine llena de cenizas
y cargada de amenazas,
dejándome el corazòn
hecho temblor de sus llamas
y trayéndome en el pecho,
en lugar suyo, esta llaga,
que si en mi dolor se hunde,
entre mis odios se agranda:
negro pozo es de terror;
roja campana de alarma,
que si da luto a mis venas
también en fuego las alza.

A montones ños salimos
cuando la negra metralla
tronchò el último jardín
y la fuente más lejana.
Por los montes, por los riscos,
por las carreteras anchas,
junto a las aguas del mar,
por las estrechas cañadas,
como un rebaño perdido
nuestro dolor rebosaba.

¡Qué agudas alas de muerte
por las nubes acechaban!
¡Qué alucinaciòn el mar,
pregòn de hierro en sus aguas,
erizando sus cañones
clavò en nosotros sus garras!
Entre las sombras del monte,
bajo el crujir de las balas,
perdí lo que más quería,
perdí lo que más amaba.
Hijos, ¿dònde os encontráis?,
vuestros pies, ¿por dònde marchan?
¿Os mueve acaso la vida
o vuestra sangre cuajada
en las piedras del camino
aguarda nuestra venganza?
Mala noche, viento negro
que aún desgarras mis entrañas.
Cuchilla de mi dolor,
¡qué honda por mi pecho bajas!

Mas si en mis ojos no hay sueño,
si en mi memoria no hay calma,
no ha de enturbiar el recuerdo
la voluntad que en mí clama:
si desfallece mi cuerpo,
si se dobla como planta
reseca por el ardor
de mi corazòn en ascuas,
corre firme por mis venas
toda mi sangre inflamada,
y si mil hijos tuviera,
de nuevo los entregara
si al perderlos con su muerte
pudiera librar a España.
Hermanos: si mi tristeza,
si mi soledad desgarra,

es soledad sòlo mía,
soledad de mis entrañas.
Y si Málaga me duele,
si en mi pena está clavada,
mi dolor es sòlo mío,
cansancio de mis jomadas.
Mi tristeza, compañeros,
mi soledad, desgranada
gota a gota en el olvido
hundirá el tiempo en sus aguas,
mas hay tristeza, ¡sabedlo!,
tristeza que no se calma,
pues si el fascismo mordiera
sobre las tierras de España,
¿qué olvido habrá para el llanto
si es la libertad esclava?
Quede Málaga en ruinas,
muera mi angustia en sus llamas,
sufra yo el dolor, si sirve
mi ejemplo como campana,
que cuando España esté libre
serán mis hijos sus alas.


ARENGA

¡ VALENCIANOS! ¡Españoles!
Atended a estas palabras:
os habla un hijo del pueblo,
os llama un hijo de Málaga,
que ve sus hermanos muertos
y sus tierras devastadas,
que ve rota su familia
y vio en ruinas su casa.
Málaga tuvo banderas
que ondearon como llamas
y hoy sòlo tiene tristezas
y sangre sobre su espalda.
Mirad, mirad, españoles,
mirad qué roja está el agua
que corre en el mar del Sur;
escuchad qué fuerte os llama:
con llanto pide la uniòn
por tanto tiempo esperada.
Lejos las palabras torpes
que tan sòlo nos separan,
dándole fuerza al fascismo
para ganar sus batallas.
Cuando la muerte se acerca
con tan terrible amenaza,
tan sòlo a una voz debemos
dejar paso en la garganta:
¡Uniòn! ¡Uniòn, proletarios,

hijos valientes de España!
No nos separen partidos;
sòlo una bandera salga
delante de nuestro ejército,
flor de nuestras democracias.
Que una sola voz nos lleve,
una disciplina clara
y mano firme, de acero,
que al extranjero deshaga.
Afuera, afuera invasores,
que nuestra tierra es muy cara
y nuestra sangre muy roja
para que se sienta esclava.
El que la quiera vender
y aquel que quiera comprarla,
sobre sus muertas cenizas
ha de sentir nuestras plantas.
¡Valencianos! ¡Españoles!
Si hoy hemos perdido a Málaga,
y si su triste recuerdo
con su ejemplo nos levanta:
mojemos nuestras banderas
en su sangre derramada.
¡Viva nuestra independencia!
¡Viva nuestra libre España!


PRIMERO DE MAYO DE 1957

YA se va cansando Abril;
Mayo pisa, ¡Mayo llega!
Tierno está el campo. Los trigos
verdes aguardan su fecha,
para alzar de entre sus hojas
las espigas que aún no muestran.
Se enciende la Juventud:
bajo la red de sus venas,
toda su sangre prepara
la edad futura que empieza.
Muere Abril; comienza Mayo
y entre surcos y trincheras
el trigo y la juventud
confunde bajo la guerra:
cuando más se agrande el sol
y estén los frutos más cerca,
¡qué gozo sentirá Mayo
al ver sus dobles cosechas!
Ya se va cansado Abril;
Mayo pisa; Mayo llega;
¡Alerta la Juventud!
Primero de Mayo: ¡alerta!
Duro está el tiempo. La muerte
se derrama por la tierra
enrojeciendo los ríos
que a sus espaldas se aprietan:
si hoy media España está libre,

aún hay media España presa.
No olvide la Juventud
las alboradas sangrientas
que manchan sus olivares
y sus fábricas desiertas.
No olvide la Juventud
que si la sangre despierta,
en este lado trabaja
y en su libertad se ordena;
aún hay Juventud que sòlo
puede cortar sus cadenas,
las heridas de su cuerpo
y las de sus horas negras.
No olvide la Juventud
que si los trigos esperan
en nuestros campos tan sòlo
a que el sol les dé su seña,
aún hay campos en España
en los que la sangre, yerta,
cubre los granos del odio
bajo su dura corteza,
trigos de terror guardando
tan solamente en su siembra.
No olvide la Juventud
que aunque Mayo está cerca,
no hay Mayo donde no hay flor,
ni hay fruto si a la flor niega
su estancia el tallo en que vive
y al tallo la savia niegan.
Si están paradas las fábricas
y están las cárceles llenas:
mal Enero será Mayo
en la España que no es nuestra.
No olvide la Juventud
que si Mayo ya está cerca,
pisa el primero de Mayo
sobre el campo de la guerra.

Duro está el tiempo. La sangre
bajo las venas se inquieta.
¡No olvide la Juventud
los pulsos de su bandera!


SALUD, ASTURIAS

MINEROS vienen de Asturias,
ya se acercan los mineros.
La luz de sus ojos traen
oscurecida de negro.
Charcas de sangre cuajada
les paralizan los nervios;
gritos de horror y de espanto
les atenaza el recuerdo.
Tristeza de desterrados,
como sombra de sus cuerpos,
les sigue por donde van
arrastrándose en el suelo.
Mucho dejaron arriba,
mucho trabajo y esfuerzo,
mucha tristeza perdida,
muchos camaradas muertos.
Leones en la pelea,
en el hogar hombres tiernos,
para los trabajos, duros
y en la justicia serenos.
Hombres de paz en la lucha
y ante la maldad severos,
no hay españoles más bravos
ni proletarios más buenos.
Sobre sus altas montañas,
sobre sus prados deshechos,
a borbotones su sangre

derramaron por su pecho.
Asturias no tiene avaros
ni cobardes en su suelo,
y hoy está más roja Asturias
que su aurora sobre el cielo.
No han perdido sus batallas,
que los valientes mineros
ni un palmo de tierra han dado
que no tenga un hombre muerto.
La tierra que así se pierde
vuelve a pisarse de nuevo
y la sangre que la abona
dura espiga dará al tiempo.
Venid, hermanos <Íe Asfuirias,
llegad, valientes mineros,
que mi pan y mi trabajo
quiero daros, con mi lecho.
¿Còmo podré descansar
si vuestros cansados cuerpos,
mientras reposaba el mío,
por mí entraban bajo el fuego?
Me defendiò vuestra sangre
y hoy me ensena vuestro ejemplo:
lo que no puedan mis brazos
lo dará mi pensamiento.
Del Sur vengo, soy de Málaga,
Norte y Sur, sòlo un deseo,
como un anillo, en España
está apretando su pecho.
Asturianos, asturianos,
un andaluz abre el reto:
pronto tendré yo Sevilla.
¿Me la cambiáis por Oviedo?


¡BLANCO. BLANCO!

BLANCO, blanco, blanco, blanco,
blanco arroz como la nieve,
si antes mecido en la espiga
por los arrozales, verde,
ahora blanco, blanco, blanco,
sobre los blancos manteles,
blanco frente al sol tendido,
blanco oculto entre sus pieles,
que de la escarcha y el barro
sus blancos granos defiende.
Dentro de los blancos sacos
tejidos con hilos fuertes
sus blancos granos se aprietan
y escondidos más ofrecen
repartiendo en sus medidas
las blancuras de sus bienes:
a la escasez su riqueza,
al nuevo campo simientes
y su alimento a los hombres
que más que al trigo lo quieren.
Blanco, blanco, blanco, blanco;
ahora blanco si antes verde,
dentro de los blancos sacos,
sobre los limpios manteles,
amontonado en los campos,
bajo el agua en donde crece:
más arroz tiene Levante

que tiene el invierno nieves.
Arroz tuvo para España
que inundada en la simiente
nunca se ennegreciò en hambres
ni aun en los tiempos más crueles.
Blanco, blanco, blanco, blanco,
cantaban sobre los rieles
los vagones transportando
rápidos sus ricos bienes.
Blanco por Andalucía;
blanco en Castilla valiente;
blanco por Extremadura;
blanco en Aragòn más fuerte;
blanco arroz, al sur y al norte,
por Cataluña caliente,
y blanco, blanco cantaban
fuera de España los trenes.
Aún le sobraba a Levante
arroz para sostenerse
tres años, sin que en sus charcas
se reflejaran las mieses.
Y hoy, que la guerra es tan dura
y acaso el hambre mas fuerte,
se abre Levante las venas
y su blanca sangre ofrece
para alimentar a España
y a quien a Ejspwa defiende.
Blanco, blanco, blanco, blanco,
siguen cantando los trenes.
Blanco, blanco, blanco, blanco,
cantan alegres los frentes.
También canta su blancura
la retaguardia paciente,
trabajadora en sus fábricas
y despierta en sus talleres.
Rica ciudad de Valencia
que así tu riqueza cedes:

nunca ha de olvidar España
lo que en la guerra hoy te debe.
Pero has de saber. Valencia,
que aunque la guerra promete
darte tras de la victoria
lo que en la paz te mereces,
hoy es la guerra muy dura
y aún más sangre de tí quiere.
Blanco arroz hay en tus campos,
blanco en los limpios manteles,
pero la guerra es muy dura
y el soldado es muy valiente
y la sangre del soldado
entera por tí se vierte.
Mira tu tierra tranquila,
encharcada y frente a frente
del sol, que espera los granos
que con sus rayos caliente.
Tierra tienes, valenciano;
el agua aguarda impaciente,
la voluntad no te falta
y buena semilla tienes.
Levante, la guerra es larga
y es el soldado valiente;
campo tienes, levantino,
con que poder ofrecerle
mayor riqueza a una sangre
que lucha por defenderte.
Siembra, levantino, siembra,
que más acá de los frentes
también defienden a España
los niños y las mujeres.
No guardes. Levante, avaro,
lo que a todos pertenece.
¡Abre bien tu corazòn,
brote tu sangre hecha nieve!


CANCIONERO MENOR PARA LOS COMBATIENTES

(1936-1938)

Publicado por Manuel Altolaguirre en las ediciones literarias
del Comisaríado del Ejército del Este (s. 1., pero Imprenta del
Monasterio de Montserrat), 1938.

LAS canciones y romances de Emilio Prados, dentro
de la corriente de lo popular, en su cristal presuroso, casi
nunca opaco, reflejan colores y formas de sus márgenes
fijas, paisaje superior, que no es atravesado por las aguas,
cuyo reflejo es besado por ellas, como la vida misma besa
recuerdos y esperanzas.

MANUEL ALTOLAGUIRRE.


EL CENTINELA

AL pie de su propia sombra
lo mataron.
Al pie de su corazòn.

Al caer se cerrò el ángulo
de su esperanza en la tierra...
La muerte acabò su espacio.

Al pie de su corazòn,
al pie mismo lo mataron:
vértice de su dolor.

¿Cayò su cuerpo en la sombra?
¿La sombra al cuerpo subiò?...

Cerrado está el abanico
que su ausencia nos dejò.
Cerrado de un golpe seco:
vértice de su dolor.

Al pie de su propia sombra
lo mataron:
al pie de su corazòn.

La muerte acabò su espacio:
ángulo de tierra y sol.


PECHO DEL AGUA

PECHO del agua,
pecho,
còmo te aprietan
los puentes que en tus brazos
pasan la guerra.

Mal herida va el agua
sobre su espuma,
muertas Van las estrellas,
rota la luna.

Mal herida va el agua
por sus riberas:
el silencio en los juncos,
sangre en la arena.

Pecho del agua,
pecho,
còmo te duele
la guerra que en tus brazos
cruza la muerte.


EL ESCUCHA

SOBRE el agua, una sombra
vuela en silencio.
Está sin puente el río,
sin luna el cielo.

La rama del invierno
larga y sin flor.
Naranjales quemados.
Tierra sin sol.

Resbalando en la noche
se escapa el día.
El soldado a la estrella
su suerte fía.

La rama del invierno
larga y sin flor.
Naranjales quemados.
Tierra sin sol.

Entre estrella y estrella
vuela la sombra.
Los ojos del soldado
cuentan las horas.

La rama del invierno
larga y sin flor.

Naranjales quemados,
Tierra sin sol.

Mientras cuenta, la sombra
se va acercando...
(Baja está la llanura
y el monte es alto.)

Naranjales quemados.
Tierra sin sol.
La rama del invierno
larga y sin flor.


CANCIONCILLA DE ÁNIMO

(mujer)

Fui por leña al monte,
volví con dolor:
vi el monte sin árboles,
la tierra sin flor.
Me acerqué a una fuente
por calmar mi ardor:
el agua era sangre,
su espuma el terror.
Levanté mis ojos
buscando a mi amor,
y al ver a mi amante
grité con rubor:

Lucha, amor, y vence,
lucha bien,
que yo te ayudaré.

Sentada en mi cuarto,
perdido el color,
la aguja en la mano,
al pecho el rencor,
campos de batallas
el lino y su albor,
sin buscar descanso,
fuerzas ni valor,

con mis armas débiles
ayudo a mi amor.
Lejos de sus brazos
sueño con su ardor.

Lucha, amor, y vence,
lucha bien,
que yo te ayudaré.

Cuando vuelvas al monte
!banderas de amor!
la guerra vencida,
ausente .el dolor,
de nuevo en mi cara
se abrirá el color,
y al ver a mi amante
diré sin rubor:
¿podrás tú llamarte
sòlo el vencedor?
Cuando vuelvas al monte
¡banderas de amor!

Lucha, amor, y vence,
lucha bien,
que mientras tú luchas,
yo te ayudaré.


¿CUÁNDO VOLVERÁN?

EL pájaro al viento,
la estrella a la mar
y el barco a su puerto
¿cuándo volverán?

El hombre a su arado,
el fuego a su hogar
y la flor al árbol:
¿cuándo volverán?

Baje del viento la bala
y mire el hombre su mano.
Calme con ella el dolor
en la frente de su hermano.

El pájaro al viento
y el fuego al hogar:
¿cuándo volverán?


UNA PALOMA

PALOMILLA voladora:
vuela
y torna.

¿Dònde vas tan de mañana?
Vuela y torna.

¿Adonde vas con el frío
sobre la espalda del río?

¿Adonde vas por la sierra
sobre la flor de la adelfa?

Alta va la paloma
que vuela y toma.
Alta la palomilla,
alta va, y sola.

Guirnaldas en la Muerte
teje su pico.
Alta va la paloma
cruzando el río.

Guirnaldas de la Muerte
trae de la guerra.
Cruza la palomilla
sobre la adelfa.

Alta va la paloma,
alta va y sola.
Sobre el viento las balas
hieren su sombra.

¿Dònde fue la paloma
que ya no vuelve?
En la curva del río
sangre caliente.

¿Dònde fue la paloma
que ya no torna?
Por las alas prendida
vuela su sombra.

Alta fue la paloma,
alto está el viento,
alta vuela la luna
sobre el silencio...

Palomilla voladora:
vuela
y toma.


CANCIONCILLA DE LA DESVELADA

ESTANDO dormida
sentí un gran dolor.
Pregunté a mi sueño,
respondiò mi amor:

Levántate de prisa
que te espero;
¿còmo descansas
cuando yo me muero?

Me volví a dormir,
volví a despertar,
mis ojos con lágrimas,
mi alma con pesar.

Levántate de prisa
que te espero;
¿còmo descansas
cuando yo me muero?

Antes de que el alba
comenzara a entrar,
salté de mi lecho,
dejé de llorar.

Espera, aguarda
que de prisa llego:

¿còmo descansaré
con este fuego?

Con la luz del sueño
mi aguja perdí,
con la luz del alba
de nuevo la vi.

Espera, aguarda
que de prisa llego:
¿còmo descansaré
con este fuego?

Mi aguja en el día
de nuevo encontré.
Cuando entre la noche
a mi amor diré:

Espera, aguarda
que de prisa llego:
¿còmo descansaré
con este fuego?

Y otra vez mi sueño
¡qué alegre será!
La voz de mi amante
ya no me dirá;

Levántate de prisa
que te espero;
¿còmo descansas
cuando yo me muero?


VENGO HERIDO

VENGO del agua del río
y vengo herido
al agua del mar:
¡al agua del mar!

Por las aguas de la muerte
bajo sus quebrados puentes.
Por los puentes de la luna,
vengo de noche y a oscuras
al agua del mar:
¡al agua del mar!

A las aguas de la oliva
donde la guerra se olvida.
A las orillas del sol
donde se olvida el dolor.
Al agua del mar:
¡al agua del mar!

A las aguas del mar iré
y me curaré.

Sòlo en el agua del mar
me podré curar.

Vengo del agua del río
y vengo herido.


CARCHUNA *

¡BRAVO el andaluz!
¡Bravo el andaluz
que lo sepa ser!
Si lo sabe ser:
¡bravo el andaluz!

Granada, Sevilla,
Málaga, Jaén...
¡Bravo el andaluz
que lo sepa ser!

Tierras de Granada
—bravo el andaluz—
la sierra es arisca
contra el cielo azul.

Arisca es la sierra,
verde el retamar.
La flor del olivo
floreciendo está.

¡Bravo el andaluz
que lo sepa ser!
Si lo sabe ser:
¡bravo el andaluz!

Tierra de Granada:
¡prisionera estás!
¡Qué blanca es la espuma
a orillas del mar!

¡Qué blanca es la espuma,
qué oscuro el silencio!
¡Qué serena el agua,
qué blandos los remos!

Buenos andaluces,
bravos astur^ios,
perdieron cadenas
por alas cambiando.

Pierden sus cadenas
y ganan sus alas...
Contra el cielo azul
la Sierra Nevada.

¡Bravo el andaluz
que lo. sepa ser!
Si lo sabe ser:
¡bravo el andaluz! ,

Bravo el andaluz,
triste el asturiano
que perdiò sus tierras
prisiones ganando. ^

Bravo el asturiano
y el andaluz triste
si guarda prisiones
y en prisiones vive.

¡Málaga y Granada,
Huelva con Sevilla,
Còrdoba con Cádiz,
la blanca Algeciras! ...

¡Ay tierra andaluza
que hoy lloras cautiva!
¿Quién podrá curarte
de tantas heridas?

¡Bravo el andaluz!
¡Bravo el andaluz
que lo sepa ser!
Si lo sabe ser:
¡bravo el andaluz!


SEGADORES

ALTO es el trigal,
dorada la espiga
cerca de la mar.

Alta es la montaña.
Cerca de las nieves
más bajo es el trigo,
la espiga más verde.

Floreciendo está
arriba y abajo
la carne del pan.

¡Pronto, pronto, segador:
levántate y siega,
que más lucen los trigos
sobre las eras!

Ya se acerca el sol.
La espiga madura
se inclina a su ardor.

¡Corten las cuchillas
sus dorados tallos
antes que las aguas
descubran sus granos!

¡Ya viene el sudor!
¡Ya brilla en la frente
del buen labrador!

¡Pronto, pronto, segador,
levántate y siega,
que más lucen los trigos
sobre las eras!

3

¡Que las segadoras
corten más de prisa
el trigo en su aurora!

¡Ya anuncian las parvas
la buena cosecha!
El trigo en montones
canta por las eras.

Pronto, a recogerlo,
que el campo es peligro
para el trigo seco.

¡Pronto, pronto, segador,
levántate y siega;
más lucirán los trigos
sobre las eras!

Cante el labrador.
Cante al mediodía
cuando quema el sol.

Cante a la alborada
el trigo en rocío.
Cante a media noche
el trigal dormido.

Cante el labrador
y encienda el trabajo
la flor del sudor.

¡Pronto, pronto, segador,
levántate y siega,
que más lucen los trigos
sobre las eras!

Entre las alambradas
florece el trigo.
Preso el trigo está:
¿quién lo salvaré?

Como un mar, madre,
como el mar se mece
entre las alambradas
que mal lo prenden.

Quien sembrò la tierra
lejos de ella está.

-¡Corran las espigas
por irlo a buscar!

-Ay, madre, las espigas
¡còmo me duelen!
que entre espinas y llantos
sus granos crecen.

-Quien sembrò la tierra
lejos de mi cuerpo.
-Ay, madre, entre alambradas
los trigos presos.

-Quien sembrò mi cuerpo
lejos y en la guerra.
¡Còmo verdean los trigos
sobre las eras!

-Madura el trigo solo,
yo abandonada.
(Sobre el trigo y mi cuerpo
las nubes altas.)

Entre las alambradas
florece el trigo.
-Preso el trigo está:
¿quién lo salvará?

-A segar voy, madre,
las azucenas,
a segar las espigas
de mi tristeza.

-A segar voy, madre,
la blanca espiga.
(Lo que el amante siembre
coge la niña.)

-A la guerra se marchan
mis pensamientos,
pero quedan mis brazos
junto a mi pecho.

-Madre, mis azucenas
tengo cuajadas.
(Lo que el amante deja
la niña halla.)

-A segar voy, amante,
lo que tú siembras.
(Sobre los montes altos
el canon suena.)

Entre las alambradas
florece el trigo...
Preso el trigo está:
¿quién lo salvará?


POEMAS VARIOS
(1936-1939)


SE LEVANTAN LOS MUERTOS

ACUSACIÓN

SE levantan los muertos; respetad a la sombra.
Si la Muerte se erige como fiel del combate,
que los paños solemnes del silencio lo cubran,
que suspendan las armas su voz en la tormenta.

Se levantan los muertos; respetad su pisada.
Los árboles sujetan al otoño en sus hojas;
las ciudades ocultan su dolor y ruinas;
se detienen las bestias al borde de sus pulsos.

Los muertos se levantan.

Escuchad a la Muerte, que es su voz la que rige;
su voz severa y dulce sobre el mundo se para.
Escuchad a la Muerte y a su pesado llanto.
Mirad la tierra; gime la sangre de sus ríos.

Aun si vuestra mirada desconoce la vida;
si la nube no ocurre, ni el cielo en vuestras horas;
si en vuestra piel el barro aún no presiente el bosque,
ni el desierto os inflama desolado en sus tumbas:

Escuchad a la Muerte.

Temed su voz, potencia de acusaciones últimas;
su voz largo sudario de humedad y desprecio:
como el alto bramido de un viento amenazante
avanza hacia vosotros sobre vuestras trincheras.

No ocultad vuestros ojos, que ya ni el sueño habita.
Si aún la conciencia brilla la luz que no depone,
vuestras armas tendidas se doblarán, inútiles:
la verdad no es despojo que se olvide la Muerte.

Avanzan nuestros muertos.

Sus altísimas sombras forman ya multitudes;
como una muda selva de sombra y de gemido
lentos van, como el peso de las piedras que rinden
donde aún viven los cuerpos su abandono en la lluvia.

Inútil barricada si la voluntad silba,
que una razòn potente de entre el escombro emerge;
no hay sitio que se rinda si la Muerte ilumina,
coronando con héroes la acusaciòn que cerca.

Temed a nuestro avance.

La multitud se aprieta detrás de la figura
que de frente hacia el tiempo nuestro buque sustenta.
La multitud se agrupa; aún le cuelgan astillas
entre el pesado lodo del silencio en que hundieron.

Van junto a los mastines sin dueño de la guerra,
con los tristes harapos de los niños profundos,
los que al combate entraron desnudo todo el pecho
y ahora los cruza el aire como a viejos castillos.

Aguardad nuestra entrada.

Quedaréis en la historia, por su papel tendidos,
como el labio infecundo de vuestra herida abierta
no habrá alucinaciones que vuestra fiebre ilustren;
llegaréis a la nada sin voz por vuestro ejemplo.

Las flechas se presienten como inclina la fruta
la rama que hallò el viento en flor bajo su carne.
Mirad; ya nuestra Muerte tan sòlo tiene un ala:
una sola bandera dirige su cortejo.

Se levantan los muertos.
Detrás la vida sigue.
¡Preparad la batalla!


MEDITACIÓN EN LA NOCHE

CUMPLE la luna su severo cerco
por la redonda tierra contenida;
cruza serena y mirar spbre el campo:
duerme el sembrado entre sus blandos ríos.
Las aguas cumplen límpidas las horas
a su continuo viaje sometidas;
no se olvida la yerba del ganado,
en el árbol la flor busca su puerto.
Ni es hoy ayer, ni lejos del presente
el futuro tan libre se imagina,
porque una sola estrella allá en su cumbre
orden da sobre el mundo que equilibra.
¿En qué sueño, tú, guerra, te figuras
que en alterado empeño has de lograrte
trocando el caminar del Universo?
Porque en la negaciòn te has elegido
el embeleco que tus hierros forja
y con orgullo pisas, sin fijarte,
que al darte luz el sol tus sombras mira.
Vuelve hacia el cielo tus cerrados ojos
y déjalos abiertos sin presura;
vuelve después y mira tu recuerdo:
¿podrás cambiar la flecha de la Historia?
Así, deja, abandona tus potencias,
que el mundo marcha con la luz del día:
mira otra vez la tierra; mira el agua
fecundando de nuevo sus semillas.

El hombre acude con su lento arado
a pulsar cotidiano sobre el surco
el corazòn del pan por que se enciende
y conduce el misterio de su llanto.
Cada día en silencio, con su azada
labra la misma tierra en que reposa
el pie que lo sostiene y lo levanta;
el mismo pie que ha de guardar su tumba.
Trabaja el hombre entre sus lentos bueyes;
alto va el sol mojándolo en sus rayos.
Trabaja el hombre y ve subir la aurora
y con ella las aves que la anuncian.
Trabaja el hombre y su trabajo prende
al campo entero que alza en su dominio.
Míralo, guerra, y vuélvete en tus llamas:
respeta el fiel que en su razòn te acusa.

Mas no escuchas mi voz, guerra: ¡te llamo!
¿No ves mi sangre que por tí está abierta?
¿No quieres ver mi ejemplo que te brinda
a deponer tus armas impotentes?
Dulce es el mundo si la paz nos brilla;
dulce es el sueño cuando es dulce el mundo:
surge la aurora y rápida fecunda
con su luto la luz de que alimenta.
¡Ay, el dolor, qué larga espina entonces
en nuestra muerta paz clava infinita,
que la razòn se esconde o se deforma
cuando la angustia es dueña del lamento!
¡Ay, guerra, tú, como la sombra misma,
luto das sobre el campo, que ya ausente
el hombre surco más profundo busca
donde darle a la muerte su memoria!
Los brazos de sus árboles, quemados
se levantan al cielo ignominiosos;
tronchadas sus acequias se desangran

sobre su pecho roto y sus ruinas.
En cenizas el viento se dilata
ahogando en el terror su gran hoguera:
guerra, tu sombra con su yerto frío
poblando está la tierra en que agonizas.

Si el hombre caminaba lentamente
pulsando el pan de su trabajo duro,
puesta su frente en el naciente día
y en el maduro fruto que apresaba:
seguro el hombre andaba por el tiempo
cumpliendo las pí^omfísas de su tallo.
[Oh, flor fecunda; cuánto aydor latente,
sin sangre, ya en sus plantas se sentía!
¡Cuánta ventura en sus ligeras hoces
soñaba con los mares de sus trigos!
Pero tú, guerra, ¿qué veneno impulsas?
¿Qué desatado freno te ha perdido?
Tu visita importuna te delata
a las más tristes formas de la vida,
que si en soberbia tu valor se enciende,
te humilla la traiciòn de que has nacido.

¡Ay guerra, guerra, inútilmente clamo
la imagen fiel que logre con ^ enseña
fuera arrojar de tu infecundo cuerpo
el fantasma sin luz con que te alumbrase
porque el hombre, aprendiendo en sus recuerdos,
hoy va alegre a los campos de sus luchas
y si el surco cambia por la trinchera
y más hondo bajò, con esta hondura
más fuerte en la rafa que sepa alzarlo
se sostendrá en el árbol de su gloria!
¡Ay dura guerra! ¿De qué voz te engañas?
¿Qué brújula te ha uncido con la Muerte?

¡Mira a los bellos hijos de la aurora!
Termina, guerra, que no en vano canto
la paz que anuncia espigas de victoria.

EL Cristo está aquí en España
sobre el campo de batalla.
El Cristo está aquí en España
con la muerte a sus espaldas.
El Cristo está aquí en España...
Del otro lado la lanza
y en su costado la llaga...
y en este lado la fuente
que mana luz de su entraña,
que mana sangre y no acaba,
que mana sangre y no acaba,
que mana sangre y no acaba.


CANCIÓN

¡AY del que a la guerra vaya
sin pena y sin alegría!
¡Ay del que al nacer el día
de espaldas a su luz vaya!
Barco que en la tierra encalla
sin cruzar antes la mar
desconoce su timòn:
juventud sin corazòn
¿còmo podrá navegar?


ELEGÍA

A Francisco Blanco, marinero, desapare-
cido en los frentes del Sur

¿A qué lejanos bosques te incorporas
que ni el eco en su lista puede hallarte,
ni el tiempo mismo, que en sus lentas horas,
se abandonò al oficio de buscarte?

Todos los vientos de tu sueño, en vela
junto al umbral tan tierno de tus años
tu cuerpo aguardan, que en ausencia vuela,
tan largo ya que hace temer tus daños.

El fuerte buque en que tu pie desnudo
sintiò primeramente su destino,
sin tu calor en su lamento mudo,
gime en el agua y tiembla por tu sino.

Cuelga la tela y duerme entre sus pliegues
mientras gira la brújula y persigue
hallar un horizonte en que no niegues
tu presencia que eterna en él se ligue.

¿Qué dura travesía con la sombra
tu timòn y tu sangre va enredando?
Porque la luz te busca y ya se asombra
de no hallarte en sus albas navegando.

Tu persistente lejanía inflige
al que vive el trabajo de aguardarte,
la dura prueba en que sin tí se aflige
cansado inútilmente de llamarte.

Mi misma voz, negándose a ser fuerte,
en la ardorosa selva que domina
ocultarse quisiera, que tu suerte,
aunque sin llanto hacia el dolor la inclina;

que ya quizás tu pecho va nadando
por las aguas profundas de la tierra,
entre sus duras olas olvidando
el tiempo hermoso que en su pulso encierra.

Si es así: bajo el suelo en que escondida
tu silenciosa sangre derramada
hunde en la muerte el arco de tu vida,
tienes junto a tu sien la gloria alzada;

que si el hierro atentò contra los tallos
donde tu juventud correr solía,
desde tu muerte suben hoy los rayos
con que empujas la luz del nuevo día.

Duerma tu cuerpo en paz, que tu enemigo
su suerte en negras sombras tiene abierta:
Mira, mi soledad ya está contigo
con mi dolor sobre tu tumba alerta.

A mi amigo Francisco Galán, comunista,
jefe de la gloriosa 22 Brigada Mixta

Ni el calor en que luces tu palabra,
ni los heroicos tranees áe tu historia
que con el viento y tu valor se labra
para pupila fiel de tu memoria.

Ni arriba, navegando por la muerte,
capitán de la sierra de Buitrago;
ni abajo, aquí, donde una doble suerte
me da con tu amistad tu duro estrago,

que no quiso la guerra inadvertida
pisar tu cuerpo y no dejar su jherida,
nada me mueve a alzarte en este canto

que si entre sangre fluye olvida el llanto:
solo. Galán, la fuerza que te ayunta,
la nueva fe que hoy a los dos nos junta.


ESTANCIA EN LA MUERTE
CON FEDERICO GARCÍA LORCA

1

PÉRDIDA

No te llegan las manos.

No te llegan las manos
donde tu piel lejana
te incorpora a los vientos
que ni el sueño conoce.

No te llegan las manos
a la oscura ventana
donde mueren las sombras.
No te llegan las manos.

Mis brazos se prolongan
como la voz profunda
que te busca en el mundo:

¡qué vuelos por tu ausencia!

Mis brazos se prolongan
pero no encuentran nunca
ni el término del cuerpo
ni el dolor de sus límites.

No te llegan las manos.

No te llegan las manos
y tú mismo te buscas,
porque todos te llaman
y ya no reconoces
la estrella de tu carne.

No te llegan las manos.

Mira, mira en el suelo.
Mira esas duras peñas
donde el dolor y el hombre
se desnudan y olvidan.

Mira, mira la rosa
junto a la impura guerra
levantar defendiendo
su efímera persona.

No se oculta a sus pétalos
ni a la piel de los toros
la hu|da de tu captp
y tu sangre en la arena.

Mira, mira en el suelo.
Mira esta enorme playa.
Como niños buscamos
la concha de tu nombre.

Como niños andamos
buscándote en la orilla
bajo esta noche hueca,
sin alma, del silencio.

Mira, mira en el suelo.

No te llegan las manos.

No te llegan las manos
y tú mismo te buscas,
porque todos te llaman
y ya no reconoces
la estrella de tu carne.

No te llegan las manos.

Mira, mira en el suelo.
Mira esas duras peñas
donde el dolor y el hombre
se desnudan y olvidan.

Mira, mira la rosa
junto a la impura guerra
levantar defendiendo
su efímera persona.

No se oculta a sus pétalos
ni a la piel de los toros
la hu|da de tu captp
y tu sangre en la arena.

Mira, mira en el suelo.
Mira esta enorme playa.
Como niños buscamos
la concha de tu nombre.

Como niños andamos
buscándote en la orilla
bajo esta noche hueca,
sin alma, del silencio.

Mira, mira en el suelo.
¿Qué paisajes se encienden debajo de tus pulsos?
Sentí los misteriosos sabores de tu savia
y sé que hoy en la tierra sòlo tu dolor fluye,
pero no sé seguirte a través de su forma.

Es verdad que te niegas cuando el tiempo te llama;
cuando la voz te busca necesaria en la sombra;
que la muerte se viste con la ausencia en tu sangre,
pero yo te presiento de nuevo por mi frente.

Los que no te conocen me llevan a tu alcance;
los que nunca supieron que tu sangre gemía.
Me repiten tu muerte los que no te conocen.
Si estás y eres espacio, hermano, canta el cielo.

3

ENCUENTRO

Basta cerrar mis ojos para entrar en mi muerte,
que el mundo ha terminado su límite en mis ojos.

Basta cerrar mis ojos: vuelto de espalda al tiempo me
imagino
hallarme nuevamente con la vida que pierdo.

No es que del sueño surja mi sangre iluminada
cuidadosa y activa a levantar sus cuerpos de la sombra;
es que la vida misma me persigue hacia dentro
y emplazada en mis ojos lucha con su infinito.
Por fuera queda el mundo, su noche involuntaria,
como un gran cielo muerto que enterrara mi vista,
mientras que caminando mis pulsos en silencio
buscan por mi memoria campos para su suerte.

Basta entrar en mi muerte para salir de nuevo.
Basta cerrar mis párpados para entrar en mi cuerpo.

Basta cerrar mis ojos:
allí queda la tierra
conmigo en pie clavado bajo el negro universo
y aquí mi sangre alumbra su límpida existencia
y el misterio en que labra la eternidad más íntima.
Allí la guerra agita árboles y edificios;
dentro la luz pregunta constante por los nombres.
Basta cerrar mis ojos para entrar en mi muerte
donde termina el cuerpo sin que avance el olvido.

¡Oh soledad sin viento!
Basta cerrar mis ojos para nacer despierto,
sin límite de sangre y sin dolor de origen.

Cerrad, cerrad mis ojos;
quiero hallarme presente,
bajo la tierra oscura que con mi piel limita.
Quiero quedarme en medio, fruto solo del mundo,
flotando por los cielos bajo su hueca altura.
Cerrad, cerrad mis ojos a la vida sin dicha;
quede abierta mi carne a la muerte infinita.

4

PERMANENCIA

Aunque la luz te niega desertando tus límites
y no entibia tu sangre contra el cielo sus tactos;
aunque tu voz no eleva los ecos que la aguardan
marchitando en la piedra que enmudece en tu olvido.

Aunque el alto lucero cumpliendo su mensaje,
noche tras noche enciende sin rozar con tu sombra,
precisando en el tiempo su temor cotidiano:
¿pueden gemirte ausente los bordes de mis pulsos?

Jamás podrá perderte la tierra de mi cuerpo,
que pisas los caminos de su latir profundo.
Basta cerrar mis ojos para que te levantes:
si el viento te ha perdido mi sangre puede hallarte.

Basta cerrar mis ojos; que si estás en la muerte,
sòlo de esta manera yo muerto te figuro:
conmigo caminando pulso a pulso hacia dentro,
mientras fuera te cantan los que no te conocen.

El hombre en las cenizas del mundo se deshace;
su nombre queda entero bajo el sueño del aire.


FRAGMENTO

SOBRE los muertos.
Sobre nuestros muertos:
sobre vuestros muertos:
sobre el inmenso río
lengua de hueso curva,
tendida por la tierra,
que ha de marcar mañana
vuestra ruta,
cuando el mundo ya sea
tan sòlo una pupila ciega,
una òrbita errante
y arrancada
del perfil de la vida
que, abajo, en lo hondo oscuro,
lívida muerda el cieno.

En la pelada angustia de esta muerte.
Cuando la soledad sea toda espacio
y el Universo
como un hueco arrancado
por una sideral azada
en la tumba del cielo.
Allí seguirá andando
una hilera de sombras.
Una hilera de sombras
silenciosas, altísimas
y casi interminables.

Cuando la nada exista
igual que un todo eterno
y pueda la materia
ser sueño penetrable:
sobre los muertos,
sobre vuestros muertos,
sobre nuestros muertos,
seguiremos pasando
uno a uno
despacio,
uno a uno
despacio,
uno a uno
como errante alameda de cenizas.

Y allí mismo, en la nada,
un temor infinito
en medio del vacío sin temor de los sueños
huirá sin pie ni forma
en la más ancha angustia,
collar de una garganta
de manos sin medida.

Un grito habrá latente
que arrastrándose irá como culebra
latiendo por los pies de nuestras sombras
de uno en uno:
¡piedad!,
de uno en uno:
¡piedad!,
viscoso y frío,
lento y largo,
yendo y volviendo por la ruta sin fuego,
envolviendo en su baba
el silencio tan gris de la respuesta.

Y allí mismo también
donde la nada existe
igual que un todo eterno:
como una gran cuchilla triangular,
como una blanca proa,
como un hacha clavada
sobre el negro infinito,
temblorosa en el mango en que está izada
la luz, como bandera de piedra,
endurecida,
alumbrando suave
lo que ha de ser castigo
como un terrible can
mordido en las entrañas.

Allí está,
allí está la esperanza
feroz de vuestro premio
-ciego abismo del día-.
Aquí la espuela roja
constante de la lucha...

No olvidadlo:
sobre los muertos,
sobre vuestros muertos,
sobre nuestros muertos,
rueda pesado el mundo
e inexorable el tiempo
camino de la nada.
Sobre los muertos,
sobre vuestros muertos,
sobre nuestros muertos:
No olvidadlo.


TRES CANTOS EN EL DESTIERRO

1

EL CAMPO

DE las tiernas colmas, los verdes olivares,
de la higuera y la juncia sobre la piel del río,
de la severa sombra de la encina y el olmo
que las montañas altas mueven bajo la luna,
De las húmedas vegas donde quieto el ganado,
más feliz que los hombres, harto, su paz dormita.
Desde la caña dulce que envidian las abejas
y el calor en que crece el plátano y madura,
con mi destino acudo, subo desde mi tierra,
bajo el vuelo sereno de sus más altas aves.

Aquí vivo cantando la vp% que ya me qwda,
aquí vivo y mi canto conduzco por el tiempo,
y si mi voz se nubla por tanta lejanía
que confundida al llanto luce bajo mi angustia,
sòlo es dulce nostalgia de la oculta presencia
que el azar de la guerra fugazmente me obliga.
Pero yo sé, trigales, praderas, largos ríos
que refrescáis la frente de mi tierra ardorosa;
yo conozco en la guerra lo que llamada suerte
al fin será tan clara como la luz del día
y levantando el peso que hoy en mis pies dilata,
nuevamente a mis árboles me conduzca en sus pasos.

Aunque mucho he perdido no llega a mi derrota,
que más mi fe se anima si más lejano vivo;
mas a veces, ¡qué fuerte la llamada se escucha!
Desbaratado el plano que enciende mis batallas,
canto y canto vencido la prolongada ausencia.

Un año llevo andando por mis constantes sueños.
Constantemente miro mis lejanas riberas
y más alzo mi cuerpo por hallar mi memoria
y romper en recuerdos la unidad que limita.

¡Mis campos!... Ahora en ellos ya los trigos dorados
en las redondas eras sus montones alzaban
y la paz que en la tierra brevemente tuvieron,
porque en la guerra impura fue breve su dominio,
en las trojes abiertas y en la flor de la harina
para el hombre cantaba su conseguida aurora.

También muy pronto el tiempo se acerca en que el ganado
celoso de la tierra y del don que ofrecía,
apretando su entraña con dolor, tiernamente
en las manos del hombre viva fruta entregaba.

¡Ay!, cuando desterrado pisaba yo los límites
de los fértiles montes que levantan mis tierras,
se agrandaban las uvas bajo sus verdes pámpanos
y comenzaba el vino a mojar los lagares.

Allí quedan los campos, y el año en que me vine
más blandamente abierto su pecho se mostraba.

¡Ay!, los grises olivos, ¿còmo darán su sombra?,
que hoy la mano que en ellos ambiciosa se para,
sin conocer sus hojas, ni su flor, ni aceituna,
ni el desnudò que el tiempo da al color del aceite,
antes que del trabajo que su brazo no rinde,
del papel extranjero se ocupa en su codicia.

Tierra, tierra perdida, como las altas nubes
siento pisar tu sombra sobre mi frente inquieta.
Yo quisiera cantarte como aquí diariamente
canto la luz del cielo y el hombre que la empuja.

Hoy tan sòlo me quejo de haberte así perdido
y perder con tus árboles lo que a tu piel me ata:
libertad y familia, con el pan y el descanso
y el natural anhelo de la paz en tu espiga.

Te veré nuevamente volver de tus despojos
levantando hacia el cielo tus divos quemados;
arrastrando los lentos caudales de tus ríos
por tu pecho surcado de profundas trincheras.

Volverá nuevamente el hombre a tu pupila
a gozar libremente las luces de tu aurora
y de nuevo las aves mirarán sus trabajos
y volarán serenas por las altas montañas.

Tierra, tierra lejana, cantaré nuevamente
pero no ya este llanto que me da tu recuerdo.
Te cantaré, ya canto la luz que ahora te falta:
la luz por que padeces, hermosa Andalucía.

2

EL MAR

Dime tú, mar lejano, mar lento y silencioso
que la ardorosa arena del Sur cruzas dormido,
dime: ¿quién bajo el sueño de tus pesadas aguas
remueve tus pescados y tus algas profundas?
Dime: ¿qué vigorosa mano por tus estíos,
junto a las quietas calmas que tiendes en tu orilla
o en los cautivos cielos que en tus cuevas más hondas
su transparencia ofrecen y verdor a los ojos,
por las oscuras grietas busca conocedora:
la centolla que enredas con las marinas flores,
el molusco jugoso que sabiamente oculta
su color con la piedra, o el pulpo resbaloso?

Yo no sé, mar lejano, si aún tus tranquilas costas
sienten sobre su espalda las pisadas del hombre;
si aún tus barcas varadas te hieren con sus quillas
o se alejan medrosas huyendo de la muerte.

Los brazos que hoy se mueven bajo tus claras ondas
desconocen tus bancos y profundas corrientes;
confunden las riquezas de tu fecunda entraña,
te pisan como a tierra, sin comprender tu hondura.

Cuando las fuertes redes sobre tí se tendían
y más firmes los remos te apretaban las aguas,
porque el pulso del hombre más libre se sentía,
tu espuma cuidadosa, mirando el nuevo dueño,
a la pesca abundante sus barcos entregaba.

¡Cuánto tesoro vivo! ¡Cuánta luz por el suelo!
En los espesos nudos de la red, oprimidos,
con sus ojos redondos taladrando las mallas,
los dentones rosados, con las doradas brecas,
el calamar sabroso y los pardos lenguados,
junto con las estrellas y el erizo espinoso
que tan sòlo su ornato al pescador ofrecen,
con las vencidas algas y el boqueròn, mezclados,
entraban por la arena a ser paz de otra vida.

Lentamente los corchos señalaban los fines
y más cerca las levas a la maroma atadas
ajustaban el tiempo con los pasos del hombre
que bajo el sol y el viento su trabajo rendía.

¡Cuántas veces sus ojos antes de hundir las redes
viendo sòlo el reflejo o el caminar del agua
o el cotor de las nubes o el vuelo de las aves,
el fin de sus esfuerzos adivinar sabían!

Ahora, tierra hacia adentro, como la gaviota
que envuelta entre sus truenos la tempestad ahuyenta;
no medroso, rebelde, contra la injusta fuerza
que temerariamente lo alejò de sus playas,
el ancho pie desnudo del pescador se posa
y en la guerra se mete seguro de sus guías.

Pero, lejano mar, yo no sé si en tus límites,
enredado en las jarcias de su olvido o el sueño,
quizás algún hermano tu dolor no ha sabido
y ahora bajo la arena se asombra con su muerte.

Yo sé que ni los pájaros habitan hoy tus cielos;
que el sabor del pescado de tus redes se aleja,
como los pescadores que, otras veces, dormidos,
frente a frente al lucero tu noche abandonaba.

Por ti rodará el viento con su soledad alta;
yo aquí vivo el destierro y en la luz de mis venas
por mi pecho tan vivo diariamente renaces,
que en mí mismo alimento la fuerza en que resisto:
la canciòn que te eleva de mi ausencia fecunda.

¡Ay lejano mar solo!: mis ojos te han perdido,
pero no así la sangre, que constante te llama.
Conozco tus trabajos y el viento que te enciende:
¡cuántas veces mi cuerpo con tu paz recibiste!

3

LA CIUDAD

Las numerosas aguas que tu frente circundan
hoy solamente mojan tu dolor y silencio;
ni un reflejo tan solo la luz pone en tu orilla;
ni una lágrima brota de tu oculta tristeza.

Ciudad, yo he conocido la lumbre de tus barrios,
el fuego estremecido de tus amplios mercados,
el rumor de tus voces junto al sabor del vino,
el cotidiano drama de tus plazas redondas.

Junto con la fatiga que rinde en el trabajo
y atiranta las horas del sueño y de la angustia,
he pisado en tus calles la pasiòn de tu aurora
y el amor ya despierto por conocer su dicha.

Ahora que estoy lejano quisiera conocerte
como dentro del árbol ya conoce la savia
el fruto por que enciende la flor de su destino:
así quiere mi sangre conocer tu victoria.

Cuando vine, dejando tan necesariamente
lo que nunca el olvido turbará con su sombra:
mi casa destruida, mi pan abandonado
y el ardor de la muerte ya abrasando tus venas,
¡ay!, còmo recordaba los venturosos días
que aún cercanos me daban la bondad de otra suerte:
la hermandad de tus hombres y el calor de los campos
unidos ya en su vuelo con tus veloces máquinas.

La sombra de tus muelles abiertos a la luna
mostraban tus naranjas ya al borde del viaje,
mano a mano del plomo, con el dorado aceite,
el blanquísimo azúcar y la sal del pescado.

Tus más rápidos trenes rodando por tus huertos
te robaban las frutas maduras de los árboles;
desterrados, al viento los humos ascendían
de las triunfantes fábricas, a la luz, despeinados.

¡Qué batir en los élitros de tu vida profunda,
tu libertad, tan fácil, ciudad, al fin te abría!
En las fugaces horas que mis ojos te vieron,
aún dentro de la guerra, tu memoria cambiaba
y una nueva sonrisa tus labios encendían
al ajustarse al tiempo por pronunciar tu nombre.

Hoy yo sé que enmudeces sin tránsito perdida
bajo el dolor oscuro de tu triste abandono.
Desiertos tus hogares, arrancadas sus puertas,
al silencio te clavan con soledad de tumba.

Se aprietan en tus sienes tus altas chimeneas
levantando su olvido por coronar tu muerte.
Desuncido el caballo junto al carro dormita.
Ni una voz se levanta ni una brizna en el viento.

El motor ya no gira su fecundo engranaje
y la harina parada se ennegrece en la piedra.
En los atardeceres el farol sin oficio
paso a paso en la sombra busca refugio al tedio.

Ciudad: ¿qué mundo habitas? ¿En qué cielo padeces?
¿Sin pulsos y sin pájaros de tu suerte te olvidas?
Mira, yo bien conozco las alas del futuro
que sobre ti se cierne prometedor y hermoso.

No busques en tu espalda, que el haberte perdido
quizás más fuertemente haga nacer tu gloria:
roja flor da el granado, y al perderse sus pétalos,
crece el fruto jugoso que hace curvar la rama.

Pero acaso yo canto y en mi canto me olvido.
¿Sonámbula de angustia ni aún el llanto te mueve?
No, que el tiempo ha pasado y al pisar en tus ojos
levanta tu bandera rebelde de su entraña.

¡Gloria, gloria a ese fuego que en tu sangre se viste!
¡Ciudad, ciudad, espera, que mi canto se nubla!



CIUDAD ETERNA

(Madrid, 1937)

MENOS dura la piedra
al ímpetu constante del tiempo que la empuja:
que la transforma lentamente en rosa,
en raíz más oculta,
en más alta montaña,
en escombro sin suerte
o acaso, con la rama, en débil voz del aire,
se inclina o se pronuncia
o invisible en su lenta forma cae.

Menos dura la piedra
también sin dolor nace.

Triste, muy triste entraña
la que sin fuego gime.
Feliz honor el llanto
si en honra se derrama.

Feliz tú que has sabido,
aunque el dolor te insiste,
renacer de tu asedio
sin que muerta te crucen.
Más viva está tu frente
que la luz que te inunda:
de una herida en el tiempo levantan tus caminos.

Ciudad, tú, ya en el sueño,
tienes parte escogida
donde tu fortaleza revistes con tus hábitos.
Pisas ya con tu gloria la tierra persistente
donde el hombre descansa, del día, por lo eterno.
Está viva tu carne si yo duermo en la guerra.
Si duerme el cielo humano,
brilla también tu sangre.

Así nace la Historia;
así mueren también los inútiles ecos.
Es un lago profundo este espacio en la vida,
y el cuerpo que en él hunda
renacerá en sus ondas.

En él tú misma existes, altiva, permanente;
que allí tu pie pusiste ya con planeta interno,
doble en tu resistencia
dentro y fuera del mundo que te alza.
Y tu pisar oculto
por las profundas algas que aún van desconocidas
derivando los sueños,
te presentan más libre arriba en tu equilibrio,
serena y reflejada
sobre el nivel que narra tus victorias.

¡Honor, honor a ti, ciudad hermosa!
Menos dura la piedra que el timòn de tu nave.

Lo que el dolor no deshace
y en el dolor se concibe
con temores se recibe
y para alegría nace.
Así de nuevo en la vida
y bajo el fuego templada,
Madrid, con dolor forjada,
de su gloria no se olvida.
Nace más fortalecida
cuanto más es atacada.

EMPUJA el mundo una aurora,
mágica aurora que anuncia
lo que a la guerra denuncia
la sombra en que se atesora.
Igual que la estrella dora
y más aumenta su lumbre
cuanto más alta la cumbre
de la noche se incorpora,
la paz más brilla en su hora,
si vence más pesadumbre.

HERIDA está en un costado;
su sangre en cristal vestida
si corre en tierra vertida
deja el campo iluminado.
Se alza su pecho más fuerte
cuando más sangre<lerrama...
Madrid su cuerpo se llama,
cuerpo que venciò a la muerte,
hoy esclava de su suerte
que a sus pies mismos la aclama.


OTRA CANCIÓN

CRUZAN mis pies por la guerra
despegándome del sueño
que antes, en la paz, fue dueño
de lo que mi cuerpo encierra.
Hoy mi sombra, por la tierra,
siguiéndome me acompaña
y mi soledad sostiene:
libre mi cuerpo, ya tiene
amiga que no lo engaña.


CANCIÓN FÁCIL, DE ÁNIMO

(Dialoguillo)

Es muy duro el invierno,
los vientos fríos;
nieva sobre la sierra,
hiela en el río.

Trabajan las mujeres,
luchan los hombres;
separados sus cuerpos
se unen sus voces.

¡Ay, quién pudiera,
siendo cortos sus años,
ser primavera!

La mujer:
Tengo mi amor lejano,
cercano el fuego,
que mi cuerpo más arde
si él está lejos.

¡Ay, amor, mi amigo,
ven pronto a verme,
antes de que tu ausencia
mis ojos queme!

Pero no vengas,
que aún son fuertes tus brazos
para la guerra.

El hombre:

-Si son fuertes mis brazos
para abrazarte,
¿no han de vivir tus ojos
para esperarme?

La mujer:

-¡Ay, amor, mi amigo,
ven que me muero,
que es tu ausencia muy larga
y ardiendo espero!

Pero no vengas,
que aún son fuertes tus brazos
para la guerra.

El hombre:

-Cuando vuelva del frente
sal a esperarme,
llevaré la victoria
que he de entregarte.

La mujer:

-¡Ay, amor, mi amigo!
¿Quién podrá verte,
si el sol mismo al mirarte
ya envidia siente?

Pero si llegas
cadenas sean tus brazos,
yo presa de ellas.

Es muy duro el invierno,
los vientos fríos;
si nieva por los montes
hiela en el río.

Trabajan las mujeres
para la guerra
mientras luchan los hombres
pensando en ellas.

¡Ay, quién pudiera,
siendo cortos sus años,
ser primavera!


CANCIÓN DE CONSEJO

MIRA el llanto que derrama,
mira la voz que te sigue,
mira la luz que persigue
lo que esa voz te reclama...
Y si gimiendo te llama
y no acudes a su llanto,
¿qué puedes darle a la gente
si el don que tu lengua siente
olvida, inútil, su canto?


CANCIÓN

LA muerte pasa nadando
entre naranjos y olivos:
¿a dònde la muerte irá?
La muerte pasa cantando.

Vengo de cruzar el río:
turbia es el agua.
Vuelan las palomillas,
los peces nadan.

Vengo de cruzar el río:
el agua es negra.
Negra y honda es mi herida
y alta la estrella.

Vengo de cruzar el río:
roja es el agua.
Suena el cañòn lejano,
silban las balas.

La muerte pasa nadando
entre naranjos y olivos:
¿a dònde la muerte irá?
La muerte pasa cantando.


CANCIÓN DE CONSUELO

(Dialoguillo moral en la guerra)

la voz:

CUANDO yo me muera
¿quién me llorará?
Perdido en el campo
¿quién me buscará?

Tan solo he quedado
que ya mi dolor,
porque me acompaña,
dice que es amor.

Perdida mi amiga,
perdido mi hogar,
tan sòlo en la muerte
vida he de encontrar,

que cuando me muera
¿quién me llorará?
Perdido en el campo
¿quién me buscará?

2a voz:

No estás solo ni olvidado
ni para el mundo perdido,
que si el dolor te ha cuidado
es tu amor el preferido.

Con dolor rompe la fuente
la tierra para nacer,
y con dolor, nuevamente,
se vuelve el agua a perder.

Con dolor al viento sub?
y en su llanto lo humedece.
La lluvia, desde la nube,
llora el agua que padece.

De nuevo el agua en la tierra
hunde su fino cristal,
y otra vez hasta la tierra
se eleva en el manantial.

Si tu cuerpo da en llorar
y por su dolor te olvida,
¿qué fuente podrá elevar
la oscura luz de tu vida?

Si en él la guerra ha dejado
tu amor con dolor vencido,
ni estás solo ni olvidado
ni para el mundo perdido.

la voz:

Cuando yo me muera
nadie llorará.
Perdido en el campo
¿quién me buscará?

Sé que no estoy solo,
que ya mi dolor,
porque me acompaña,
sabe que es amor.

Si perdí mi amiga
otra he de ganar.
Si muero, en la muerte
vida he de encontrar.

Pero cuando muera
¿quién me llorará?
Perdido en el campo
¿quién me buscará?

la voz:

Te buscará quien te vio,
te llorará quien te quiera,
que lo que tu cuerpo dio
es lo que a tu cuerpo espera.

la voz:

¿Qué espera mi vida
si tan loco estoy
que si a ella me acerco
pienso que me voy,

y ando tan lejano
por mi pensamiento
que sòlo al dormirme
despierto me siento?

Si no hallo mi cuerpo
¿qué podré buscar,
si lo que él ha dado
solo he de esperar?

la VOZ:

Diste lo que en tí cantaba,
dejaste lo que tuviste.
Todo lo que tu voz daba
para tu paz lo ofreciste.

Si en la guerra has de cantar
olvidando tu dolor,
en la paz has de encontrar
lo que buscaba tu amor*

Y si al cantar te olvidaste
que sòlo tu amor cantaba,
piensa que cuando cantaste
hasta tu muerte escuchaba.

la voz:

Mi dolor perdido
¿quién lo ha de buscar?
Mi muerte olvidada
¿quién la ha de llorar?

Que hoy mi voz se alce,
se aleje mi duelo,
que si mi voz calla
¿quién tendrá consuelo?

Me hallé con mi cuerpo
y lo hallé cantando.
Más tarde, dormido,
lo perdí llorando.

jAy!, cuando me muera
¿qué otra voz vendrá?

Si mi voz se acaba
¿nadie cantará?

la voz:

Sin rayos el sol destella
cuando la luna levanta.
Cante tu voz que tras ella
otra nueva voz ya canta.


CINTA DEL TIEMPO

LENTO el mar, impasible, tan despaciosamente
gota a gota sus luces sin temor va erigiendo,
que si un surco de truenos la guerra le denuncia,
potentemente en calma lo apaga en su paz bella.

Lenta marcha la tierra que ensangrentada mira
cruzar lenta la nube por su altísimo cauce.
Lento el azul del cielo por donde el viento herido
ve resbalar la muerte y su espalda abandona.

Lentos marchan los ríos que circundan el mundo;
lentas van las figuras que en su ribera animan;
lenta, muy lentamente el tiempo se repasa
y lentamente vuelve sobre las mismas sombras.

Lentos marchan los hombres con trabajo rindiendo
lo que la lenta angustia de su valor exige.
Si una sangrienta lucha ferozmente levantan,
es que el amor lo ordena presidiendo sus furias.

El amor, sí, que lento, paso a paso y sin límite,
ganando en sus victorias tenaz y justamente,
no ha de hallar enemigo ni blindado armamento
que detenga al ejército que en su fuego se inmola.

Porque lentos los hombres, desangrándose, buscan
más allá de sus cuerpos la verdad que sintieron.

El mismo Tiempo vino, puerta a puerta, a llamarlos,
desdeñando su muerte por su nacer futuro.

¡Oh juventud dichosa, tan fielmente escogida
por el amor y el Tiempo para flor de sus glorias,
mira còmo naufraga la humanidad sin brújula!
Cumpla tu brazo armado la misiòn que le imponen.


CANCIÓN DOBLE

QUISIERA ver en el mar
lo que me falta en la tierra;
quisiera ver en la tierra
lo que no encuentro en el mar.
Quisiera poderme hallar
de nuevo junto a mi azada
labrando sobre el barbecho,
o con mi red bien cuidada
salir de nuevo a pescar...
Pero está el campo deshecho
y mi barca sin pintar
y amenazada mi vida.. .
Pronto volveré a luchar.
Nadie me vaya a buscar,
que quien como yo no olvida
lo que el trabajo le ha dado
y la guerra le ha quitado
amparada en la traiciòn,
no calma su corazòn
más que viéndolo vengado.

Ni temo ni he de temer
ni he de buscar más consejo,
que conozco lo que dejo
y lo que puedo perder.
Mi corazòn no se cierra.
¡Bien sabe lo que ha de hacer!

Que dejò sobre la tierra
lo que más puede querer
y a su paz no ha de volver
hasta que gane en su guerra.


A E. G.

(MUERTA EN EL FRENTE DE ANDALUCÍA)

Sobre su tumba

FELIZ la tierra que acoge
con su cálida ternura
lo que olvida tu hermosura
y la muerte en ella coge.
Si es maternal con su abrazo
es codiciosa en su ciencia,
que no desconoce el lazo
que une tu gloria y tu ausencia,
y ocultando tu presencia
enriquece su regazo.


NUEVA FE

(Sobre la muerte)

Si morir es tan solo el trance mínimo
en que el triste despojo de mi cuerpo
desprendido de mí, sangriento, rompa
este continuo llanto de mi lucha.
Si el abandono de mi traje vivo,
aunque el dolor se cumpla, deja un fuego
erigiendo en sus llamas, fruto al mundo
con que alcanzar más bella persistencia,
pise mi cuerpo su feroz destino
si la guerra en mi piel busca su anhelo,
que si la luz pregunta por mis ojos
¿dònde mi huésped vive y me visita?,
doblando el tallo en mis quebrados vidrios,
su reflejo, al buscar nueva figura,
sin límite, ya eterno, caminando
cruzará mi calor sobre otros hombros;
sobre otras armas me verá sin ropa,
sin carne ya, latiendo en su existencia
y en la verdad mi ejército al hallarse,
se incorporará en él como bandera.

Mi ejército, tu ejército: esta sangre
que caudalosa corre y nos pregunta:
¿hasta cuándo esta guerra ha de durarnos
trocando en fuentes nuestras juventudes?

Ya el derramante río de sus fuerzas
mudo adolece y lánguido no oculta
que sus hermosos cuerpos ya tullidos
pueblan las calles como un gran lamento.
¿Hasta cuándo la mano de la muerte
ha de segar constante en las espigas
que más fértiles granos ofreciendo
más luz dan sobre el campo en que se elevan?
Es fino el cielo, transparente el agua,
pero el mundo aún oscuro nos recibe.
¿No veis? La tierra entera se levanta
negándose a la sombra de sus tumbas.
¿Hasta cuándo en el tiempo, perseguidos
por el hierro inflexible y por el odio,
como un delito seguirán los pasos
del hombre justo y la verdad que guía?

Mi ejército, tu ejército: esta sangre
que hoy generosa en tierra se produce,
con nueva fe sus armas levantando
cumplirá su misiòn bajo su emblema.


LLEGADA DE ENERO

CUBRE la nieve al monte; oculto el pájaro
niega su cuerpo al riguroso invierno.
Tiembla quebrado el árbol bajo el frío.
En tierra el agua se atiranta en hielo.

El mar despacio arrastra sus corrientes.
Yace en el cielo el sol adormecido.
Muriò el trigo en el campo. En los hogares
arde la luz y presta el ascua abrigo.

Cuando la paz encuentra enero, mira
sobre su bella espalda dibujada
la trabajosa vida de los hombres,
pero también el sueño en que descansan.

Hoy pisa aquí sobre esta tierra misma
pero al pisar sus nieves ensangrientan,
que enrojecida entera se levanta
agitando las llamas de su hoguera.

Lo que fue campo fértil, ya labrado,
y semilla naciente, es hoy ceniza.
Lo que fue en el trabajo su riqueza,
hoy en la guerra es fuente de codicia.

Entre Italia y España el mar se tiende
igual de azul, pero tan turbio y ciego
que deja resbalar sobre sus aguas
los ambiciosos brazos extranjeros.

Pero España está alerta. La ignorancia
que ligò la traiciòn con la soberbia,
hoy se humilla ante el pueblo que vendía:
no hay mano a la que España se someta.

Surcados de trincheras los sembrados,
sus herramientas armas de combate,
sus hijos, defensores de su pecho,
luchan como furiosos vendavales.

Se empujan victoriosos. ¡Ya levantan
en medio del dolor sus alegrías!
Pronto alzarán de nuevo por sus campos,
temblando bajo el viento, sus espigas.

Libre la tierra quedará en sus manos
y el invasor, vencido, entre las sombras.
Tu pròxima visita será, enero,
para enlazarte alegre a su victoria.

Vuela, vuela despacio, cumple el cerco
que el tiempo le encomienda a tu cuidado,
que mientras que tú cumples con tu oficio,
cumpliremos también nuestro trabajo.

Antes de que tú vuelvas y estremezcas
a las tierras de España con tu hielos,
antes que vuelvas nuevamente, ¿escuchas?,
la paz sobre sus campos te ofrecemos.


CUATRO TIEMPOS

1

Verano

EN medio de las balas
florece el campo.
¡Qué alegres las espigas
mueven sus ramos!

Ya el sol aprieta
y la sangre entre flores
se hace más negra.

Ya está cerca el verano,
lejos la lluvia.
Mientras florece el trigo
los hombres luchan.

Abierto el grano,
huele a pan ya la harina
sobre el cedazo.

2

Otoño

Ya acabò la vendimia
y en las bodegas
aún más dulce en el mosto
la uva fermenta.

Ya el vino luce
dorándose en el fuego
con que se cubre.

Sin hojas los sarmientos
muestran su (ávido.
En los montes más altos
ya se ve el frío.

Si octubre llega
no se olvidan los campos
que aún viene en guerra.

3

Ya son las noches largas,
cortos los días.
Sobre el suelo labrado
la nieve brilla.

Invierno

Sobre el invierno
ya se clavan los tallos
del grano abierto.

Se cuajan los terrones
sobre la tierra,
que si el sol tiene fuego,
de noche hiela.

Ya el campo arado
desnudándose el pecho
muestra el sembrado.

4


Primavera


Abril ya está asomando;
ya es primavera;
entre los olivares
la flor acecha.

Corre el caballo
y muge la ternera
bajo el establo.

Cerca está la aceituna,
cerca el aceite;
ya lo buscan los labios
del pan caliente...

Y entre disparos,
en los campos la guerra
no halla descanso.


¿QUÉ IMPORTAN LOS DESPOJOS?

PASANDO, sí, pasando los límites expuestos
por el llanto y la muerte para el signo futuro,
que al levantar el sueño rasgando su corteza
ha de mostrar al tiempo la razòn de su fruto...

el hombre va labrando, con la guerra y el viento,
la sangre precursora que heredará la tierra.
Mirad, mirad el barro que ciñe su cintura:
brotan de la trinchera, como espigas, sus ímpetus.

Avanza como el árbol que al levantar sus ramas
gloriosamente cubre la razòn del destino.
De la muerta semilla que queda en el combate
sube hacia la victoria seguro de su puesto.

¿Qué telòn de tinieblas, qué amenazante muro
presume reducirlo con la zanja que habita?
En la noche no hay armas que no funda la aurora;
no hay firmeza en el eco cuando ya la voz muere.

Pero enérgicamente la negaciòn resiste,
erizando en la muerte los brazos de su imperio.
Un Occidente turbio violentamente anima
la impotencia que oculta tras sus dientes agudos.

Un Occidente turbio que revuelve en la historia
la marcha de sus verbos y los pulsos que rige.

Engañosa bandera que el cauce de las aguas
quiere cambiarle al mundo sòlo por su dominio.

Mas ¿hay duro enemigo que el tiempo no detenga?
Así venga el avance si solo espaldas tiene.
Mirad, mirad al hombre que lucha junto al tiempo:
una misma consigna con la guerra los une.

Y si allí junto al trance feroz que en la memoria
de un disparo resuelve lo que jamás se olvida,
vemos la luz fecunda que ilumina los campos
atravesar los surcos de la verdad desnuda,

¿qué importan los despojos que rinda nuestro paso?
Mirad, el trigo mismo abre su mano al fuego;
corren sin transparencia las aguas de los ríos,
las ciudades presentan su pecho a la ruina.

¿Qué importa nuestra sangre si no ha de ser aurora?
Mirad, mirad ya al hombre de pie sobre la tierra
pisando, sí, pisando los límites impuestos
por el llanto y la muerte para el signo futuro.


DESDE VALENCIA

AUNQUE mi cuerpo, ausente de tu tacto,
se agite con dolor por no pisarte,
hoy que tan fuertemente te deseo
no estás lejos, Madrid, que de continuo
cada español te vive y acompaña.
Mira, mi canto mismo, al derramarse
y sentirse en mi mano conducido
hasta el blanco distrito en que se expresa,
como por ti naciò, vivo te cruza
y estás tan cerca en él, que confundido
mi pensamiento olvida tu distancia.

No estás lejos, ciudad, que el tiempo pierde
su costumbre y acciòn junto a tu orilla,
como el espacio mismo inútilmente
trata de deshacer tu noble entraña.
Doce meses seguidos te han buscado
los enemigos crueles de tu frente.
Doce meses seguidos te atacaron
los que te admiran ya sin poseerte:
hoy a tus pies contemplan tu grandeza
y, aunque vencidos, cantan tu homenaje.

Doce meses, ciudad, tus doce hojas,
el almanaque de tu valentía. . .
Mientras tu flor creciò, tu fuerte tallo
un pueblo entero alzaba embravecido,
salvándote en sus manos de la hoguera.
Sus mismos fuertes brazos hoy sostienen,
en medio de una tierra ensangrentada,
tu corola, que el tiempo cambia en fruto.

Doce meses, Madrid, te dan eterno.
Honor, gloria a este pueblo que hoy te aclama
hecho carne real de su heroísmo.


A UN NADADOR JOVEN

(Muerto capitán en los frentes del Sur)

AQUEL mar tan lejano
donde nuestra amistad fue recorrida
brazo a brazo en las aguas
de una infancia feliz y cuidadosa,
tan perdido se encuentra y tan oculto
como el lozano cuerpo que habitaste.

El doble afán de dominar la espuma
que uniò nuestra presencia, y el deseo
de alcanzar el caudal de su horizonte
con nuestra libertad, tan perseguida,
como dos largas alas hoy plegadas
se vuelven sobre mí desde el recuerdo.

Parado estoy sobre el presente, solo,
de pie sobre su roca vigilante,
atento siempre a redimir tu luto.
No temas si te duermes destruido,
que aunque el dolor me apriete en la memoria
hasta hacerme olvidar, por mi silencio,
la voz que sobre el mundo nos unía,
mi dolor mismo en el silencio ordeno
aumentando el valor que lo aquilata
con la herencia que deja tu partida.

Muy pronto, enriquecido el pensamiento
y con las mismas alas que hoy lo cierran,
desde mi quietud muda levantando
saldrá a volar seguro por la vida.
Pero aún tristes mis ojos sòlo saben
verte enredado en tierra, desprendido
de aquel alegre sol que tanto amabas,
y aunque quisiera en vano reducirme
para contar tus pasos por la gloria
y levantarte el árbol que mereces,
mi soledad nuestra niñez presenta
y en ella tu amistad y compañía
vuelve a elevar la forma de su sueño.
Mi destino abandono entre sus fuentes,
pero al buscar por ellas mi palabra,
mi voz se nubla y en mi sentimiento
sòlo puedo cantar que no te olvido.

Pasará el tiempo y los sangrientos ríos
que hoy cruzan por su frente pesarosa,
sobre el mar de la paz darán su espuma
y en su orilla reposo a mis cuidados.

Entonces llamaré sobre la tierra;
romperé las cortezas de su sombra
y subirás al sol que hoy has perdido:
¡que aguarde tu amistad bajo la muerte!


¡YA LLEGAN LOS NIÑOS, MADRE!...

(Canciòn para los niños refugiados en
Cataluña, con motivo de la Semana del
Wño) .

¡AY, madre,
los niños vienen:
llegan ya!
¿Quién los cogerá?

Vienen de la muerte,
madre,
llorando suben del mar.
¿Quién los cogerá?

Desde el Norte blanca
que en las nieves frías
no cierra sus ojos
ni su llanto olvida.
Desde el Sur más blando
porque el sol más pisa
sus blandos sembrados
y sus aguas finas.

¡Ay, madre,
los niños vienen:
llegan ya!
¿Quién los cogerá?

De la seca tierra,
hoy entre ruinas,
que en anchas llanuras
sostiene a Castilla.
Desde Extremadura,
lejana y cobriza,
que en ricas dehesas
muestra la codicia
que, aún hoy, la amenaza
mísera y altiva.

Ay, madre,
los niños vienen:
llegan ya!
¿Quién los cogerá?

Por los hondos valles,
por las altas cimas,
sobre duros páramos
o por las orillas
donde el mar refresca
su ardor con sus brisas.

¡Ay, madre,
los niños vienen:
llegan ya!
¿Quién los cogerá?

Si a veces dichosos
cantan su alegría,
no siempre sus labios
vieron la sonrisa,
que hoy muerde en sus gozos
la llama encendida
que sobre la guerra
deja sus cenizas,
y a su primavera
la muerte le envía
las flores del llanto,
frutos de desdicha.

¡Ay, madre,
los niños vienen:
llegan ya!
¿Quién los cogerá?

Invierno y verano
dolor y alegría
mis ojos han visto
cruzando mi vida,
mas nunca supieron
por mis cortos días,
de este dolor hondo
que ya nunca olvidan.
Alzando mis odios
la voz de mis iras
por las carreteras
de España gemía
y apretada al pecho
mi sangre decía:

¡Ay, madre,
los niños vienen:
llegan ya!
¿Quién los cogerá?

Hoy ya mi tristeza
cambio por mi dicha,
que hoy los niños tienen
fronteras más limpias
y ya han olvidado
su horror y fatiga;
si un amor perdieron
otro amor ya invita
a que huya su llanto
y vuelva su risa;
pero yo no olvido
ni mi sueño olvida
las llagas abiertas
que aún sus pies marchitan.

¡Ay, madre,
los niños vienen:
llegan ya!
¿Quién los cogerá?

Bajan de la nieve,
madre,
llorando suben del mar.
¿Quién los cogerá?


CANCIÓN TRISTE

1

PERDIDOS mis ojos
de tanto llorar,
¿quién los buscará?

Descansaba al sueño
mi cuerpo rendido.
La luna mojaba
mis cabellos finos.

Cerca ya del alba
me lo despertaron.
Mojaba la luna
la flor de mis brazos.

Nunca despertara,
que quien lo llamò
lo llamò a la muerte
dándolo al dolor.

Ay, más me valiera
no haber escuchado
la voz que en el sueno
me gritò sangrando:
-Carta te llega, mi amiga,
¡ten valor!
Carta tienes
y no es de amor.

Perdidos mis ojos
de tanto llorar,
¿quién los buscará?

2

Despertaron mis ojos
del sueño:
¿quién anduvo en ellos?

Nunca me llamaran,
que estando despierta
supieron mis ojos
lo que nunca vieran.

Ya muerto mi amigo
tan sòlo el llorar
calma la tristeza
de mi soledad.

Y si vuelvo al sueño
por su blando olvido
escucho en el sueño
la voz de mi amigo:

-Carta te escribo, mi amiga:
¡ay, amor!
Carta tienes
de mi valor...

El que llora es porque olvida
o porque el olvido espera;
cuando en el olvido muera
puedes llorar por mi vida.
Mi sangre no está perdida,
que sangre que así se da
más viva se volverá
desde la muerte encendida.
Por verte fortalecida
mírame en tus sueños ya.

Carta te escribo, mi amiga:
¡ay, amor!
Carta tienes
de mi valor...

Despertaron mis ojos
del sueño:
¿quién anduvo en ellos?


TRÁNSITO

(POEMA DIALOGADO)

1

VOZ DE LA DUDA

CUANDO a la tierra vuelva la paz que tanto anhelo
¿volverán nuevamente las pequeñas desdichas
y de nuevo los hombres separarán sus labios
sin comprender apenas el calor de su sangre?

Cruzo las mismas puertas y los mismos umbrales
y recojo las voces que sollozan inútiles.
Por las mismas tabernas los cuerpos soñolientos
se amontonan y beben y no olvidan su muerte.

A veces cantan, cantan y lentos por la noche
como barcos cansados flotan bajo su sombra
y al compás de la fiebre que en su soledad arde
cruzan alucinados su dolor que no cesa.

¡Qué constantes sonámbulos, sin timòn, se abandonan
a las corrientes densas que empujan su destino!
¡Qué fatalmente ciegos sus aguas los conducen
mientras giran las bòvedas altísimas del mundo!

En los campos lejanos la guerra se remueve:
aún es el llanto dueño del mundo en que navega.
Aún la tierra humedece el mismo llanto, ¡el mismo!
Y la ciudad padece con iguales fantasmas.

Desembocan las calles en los mismos silencios.
Sobre la misma esquina el farol nos denuncia,
cotidiano en el crimen sordo de su costumbre,
la misma delincuencia y el desdén que la alumbra.

El jardín se estremece por tanto aliento nubil
que sin hallar su objeto, fugaz y enardecido,
con la brisa y la estrella bajo las tiernas ramas
sobre la hierba ofrece tímido su hermosura.

Y el rumor de la intriga, las pequeñas historias,
bajo las hojas débiles que en los árboles gimen,
se escuchan con los sueños y el llanto que acarician
junto al amor que esconde su temblor como un vicio*

Las envidias relatan diariamente su vuelo.
Las diminutas almas su oscuridad agrupan
y arrastrándose llegan a pudrirse en la sombra,
como mueren las hojas por los rincones Ínfimos.

Y las aguas prosiguen...

Arriba sobre el cielo
la pálida ternura del astro luminoso,
igualmente derrama silenciosa y pasiva
su mágico abandono sobre las mismas rosas.

Mientras, la vejez gime cargando en su avaricia,
junto con la tristeza que el recuerdo atesora,
los caudales más vivos de la hoguera presente
que con su ardor le siega de un tajo la esperanza.

¿Y aún hay cuerpos tan torpes que se entregan y asombran
de que su propio engaño no resuelva sus culpas?
Cuerpo a cuerpo se pasa. Cuerpo a cuerpo se olvida
y cuerpo a cuerpo el mundo se desangra y padece.

Luchan los hombres, luchan por su nueva inocencia;
no abandonan su sangre por la muerte infecunda.
Cuando llegue a la tierra la paz ¿hallará en ella
las pequeñas desdichas o la aurora que empuja?

2

LA VOZ CERTERA

No puede el sol sin astros, como no puede el hombre,
vivir sin compañía y huraño de sus leyes
desarrollar su oficio. No pueden, no, las aguas
vivir aisladamente, ni ocultas bajo tierra,
ni en ella derramadas, ni en la ruta invisible
que hasta las nubes cruzan por ser lluvia en los aires.

No puede, no, la piedra, que en las altas montañas
se eleva entre las aves y a ellas solas se ofrece,
no puede, no, llamarse solitario silencio,
que, aunque lejana, esculpe su misterio en la nieve
y en otras piedras hunde los pies que la levantan.
Soledades se llaman sus patéticas formas,
pero las nieblas buscan su cálido regazo.

Y el orgulloso fuego que al serlo se destruye:
¿còmo podrá agitarse sin viento entre sus llamas;
sin que el papel o el leño o el paño se le inmole
y a ser calor ascienda pisando en sus cenizas?

No puede el mismo tiempo, llamándose infinito,
persistir como dueño libre de compama,
Cuando mueran los astros, los hombres y las piedras
y se olviden los árboles, las aguas y las nubes
y sin fuego ya el mundo se pierda en sus ruinas.

Cuando muera el Espacio no hallando este reposo
y hueco el Universo sus transparencias hunda:
ay, el Tiempo soberbio, mordido por su engaño,
destejido y sin nombre huirá bajo la angustia.

Cortos años vivimos sobre este mismo Tiempo,
que es muy débil la cinta que sujeta a los hombres.
En nuestro corto tiempo nuestra sangre labramos
y en el dolor o el gozo nuestro cuerpo cumplimos.

Esto al mundo dejamos mientras que el mundo rueda,
que es muy pequeño el hombre bajo el cielo que admira
y aunque a veces suponga que un dios corre en sus ríos
y le ordena las fuentes que penetran sus ojos,
humildemente vuelve a su humano recinto
y a la penosa lucha de preparar su vuelo.

Igual que el sol se ajustan los hombres sobre el día:
unos, bajo las sombras, donde ocultan sus rostros,
cruzan bajo la ciénaga pesada de la muerte,
con la maldad y el vicio lentamente nadando
a esconder la impotencia de su inútil semilla.

Los que circunda el alba, frente á frente a su brillo
se dan tan limpiamente como el rayo que buscan.
A veces por su pecho lo que en sus venas duele
abriéndose derraman; pero aprietan su herida
y, más altos sus ojos, afilando su vista
y haciéndola herramienta de su feliz labranza,
desembrozan la tierra para los pies del hijo
que a su espalda golpea como la harina blanca.

Hoy ya vencen los últimos, ya refresca su espuma
tras las pesadas noches la frente que padece
y el dolor que la abruma. Pero, ¡mirad, hermanos!
No puede el sol sin astros desarrollar su oficio.
No se olviden los hombres de hallar su compañía.

Lento cruzará el tiempo; lentas irán sus horas
reponiendo los días... Pero, ¡mirad, hermanos!:
lentas se van las sombras... Dejadlas, que en el suelo
la guerra ya ha sembrado la verdad que germina.


CARTA PERDIDA

(A un amigo de la Brigada Internacional)

Mis ojos, por el sueño acariciados,
van levantando el arco de mis días
y una vez alto me abandona en ellos
para luz o dolor de mi memoria.

Así te encuentro y vuelvo a acompañarte
en las horas difíciles que vivo.
Piso a tu lado y nuevamente vuelvo
a despertar y andar firme en la vida.

Ya despierto, de nuevo quiero hallarte
otra vez entre llamas contenido.
Vuelvo a sentir tu ayuda en tu consejo
y al recordarte ausente así te hablo:

Contigo juntamente he recorrido,
desde la paz que tu amistad serena
bajo el sol y la guerra me ofrecía,
hasta el arisco campo en que la muerte
celosa de esta tierra y su hermosura,
enredada entre espinos y encinares
sus más fértiles hijos desangraba.

Aquí mismo aprendí, sobre esta tierra
que ardiendo levantaba sus heridas
mostrándome su pecho calcinado
bajo el violento espasmo de su lucha,
lo que tu inteligencia me enseñaba
segura y paternal en su dominio.

Hoy quiero que tú sepas mi pasado
para que rota así la lejanía
que separa los cuerpos, la distancia
huya vencida al paso de un presente,
que al entregarte entero mi camino
aumenta la raíz que a ti me unía.

Así quiero contarte y así empiezo
a recoger mi voz, que es mi memoria
hecha justicia atenta a mi palabra;
escúchala si llega a ti mi intento:

Conocí en mi niñez el sufrimiento
y la amarga razòn que trae la vida,
pero en mis tiernos campos interiores
en vez de armarme fuerte con mi angustia
olvidándome al don que me escogía,
en mi propio dolor me abandonaba.

Y así llegué bajo la ausencia fácil,
oculta por el sueño mi tristeza,
hasta el umbral más duro de mis años
que me empujaba al mundo adolescente.

Al entrar di mis ojos perseguidos
a las corrientes altas de las nubes
con las que desde el suelo me alejaba.
Mas el tronco feliz que aún hoy resiste
al vendaval constante de mi cuerpo
entre el doble camino de sus sombras,
alcanzò más por tierra que mis ojos
y dòcil descendí desde mi altura.

Recuperé mi forma y residencia
y al lograrlo encontré más movimiento,
que hallò mi soledad la compañía
juntamente al dolor que me aguardaba,
y así me abandoné seguro y frágil.

Multitudes por ella fui encontrando
con las que unido anduve en la miseria,
perdido y sin calor por las ciudades,
velando entre el olvido de sus puentes.

Sobre el campo curvado con la espiga,
con el vino y la sal junto al pescado,
entre los humos grises de las fábricas
o en el trabajo y vicio de los muelles,
gota a gota en el mundo fui cogiendo
la voz que mi canciòn te ha recordado.

Cumpliendo mi misiòn, al borde mismo
llegué de los comienzos de esta guerra
a la que fue empujándome el destino.
Y en ella involuntariamente entrando,
porque con voluntad la perseguía,
alegre estoy hasta alcanzar dichoso
lo que en su paz la libertad me ofrece.

Cuando en las cumbres altas de sus llamas
más se incendiaba el cielo de mi tierra
y más herido el suelo se mostraba
húmedo entre las zanjas que lo abrieron,
generoso bajaste de tus nieves
a defender la sangre que él vertía.
Tu hogar abandonaste, coíno hermano
que en el mismo dolor fue concebido;
como hermano serás en nuestra historia
y en nuestro agradecido pensamiento
que ya se alegra al ver tu compañía.

Cuando yo te encontré esto llevaba,
que hoy sumo fiel con lo que a ti te debo,
que en fortaleza el don de la ternura
se encauzò con tu voz tan sabiamente,
que la agitada luz de este heroísmo
que en nuestro suelo iluminò tu rostro,
hoy dejas con la flor de tu memoria
abierta en su valor, disciplinada.

No olvidaré tu ayuda ni tu ejemplo
ni la obediente forma de tu mando
que se inclinaba justa a quien debía.
Borraré lo que mudo reprochabas
al descuido sin flor de mi silencio,
y activo seguiré con mi trabajo
hora tras hora andando por la vida,
mi brújula en la mano de tu gloria...

Seguiré los consejos que habitabas
para ajusfar mi verbo a tu obediencia,
y más fiel amistad así rendirme...
Y más tarde, la guerra ya vencida,
y en la nueva bandera de su historia
envuelto en su color tan deseado
y metido en la paz, volveré a verte,
mi camarada, amigo, mi maestro.


SACRIFICIO

¡TAN cercano el amor! ¿Y ahora dejarte
de nuevo? ¿He de .perderte así logrado,
oh persistente sueño de mi angustia,
cuando entero me das lo que te pido;
cuando ya sin pecado en tí posible
mis labios te recorren plenamente
hecho incendio de carne en tu hermosura?

No quiero abandonarte, mas te entrego
y consciente al dolor vivo tu ausencia
y el recuerdo de haberte al fin hallado:
sea mi culpa menor que mi desvelo,

Que el cuerpo nuevamente se deshaga
en tristes esperanzas y abandonos
y de nuevo al dormir mire el descanso
frágilmente poblado a mi deseo.

Otra vez en la noche vaya entrando,
como dulce ladròn de mi tristeza,
ya que la cerca de su huerto es fácil
y en su engaño mi azar ve su reposo.

Que tanto andar es vano...

¿Por qué busco
lo que a mis manos niega su ternura,
si tan fugaz deleite sòlo el daño
de su verdad feliz deja en mi dicha?

En las candentes rosas de sus ascuas,
en la guerra, el amor más se ilumina
y más promete lo que nunca encuentra:
¡oh, mi mano de ciego en su destino!

Quisiera retener mi pensamiento
y mi brazo, en las horas del presente
que tan feliz valor me da en tu premio;
pero el tiempo es veloz y en él pasamos
dejándonos detrás nuestra memoria...
Huye, amor, que yo sé que entre sus palmas
aún no hallaré el cobijo de su sombra.

Cumple fiel tu misiòn y vuelve luego
cuando esté rota entera mi condena,
que como el dios antiguo voy cegado
y aún más, con sangre ardiendo entre los ojos:
huye, que yo te aguardo en mi retiro.. .

¿A qué vienes cercano a cautivarme
y ante la misma muerte levantado
si has de inmolarte entre sus negras brasas?
¡Tan logrado! ¡Y saber que he de perderte,
volviendo a mis delirios por buscarte!...

Tal vez este dolor me es necesario,
si en caminar contigo está mi vida
y he de alcanzar por ello nuevas glorias.
Huye, yo soñaré que estás llegando
aunque en tu ausencia olvide mi alegría
y entre fantasmas viva mi esperanza.

No, no quiero perderte por no darte:
¡Huye y déjame hundido en esta guerra!


PERDIDA INFANCIA

(Elegía a un niño muerto en Barcelona
durante los últimos bombardeos fascistas)

Tu hermosa y tierna vida replegada
hora tras hora al punto de tu muerte,
en sus escasas hojas ordenada
muestra al amor lo que cortò a tu suerte.

Allí puedo mirarte en mi descuido,
que aunque sobre tu estampa me abandone,
fue corto el tiempo en ti para el olvido
y muy largo el dolor que se le opone.

Llegò tu invierno sin la primavera^
Sin tallo, flor^i ínita ¿pisò el hielo
tu débil cuerpo en su estaciòn primera:
¿quién al mirarte puede hallar consuelo?

Serena está tu frente y confundida
su verdadera estancia desconoce,
que flotaba en el sueño y desprendida
bajò a la muerte apenas sin un roce.

Sòlo tu pecho que antes levantado
difícilmente te contuvo en tierra,
vacío y sin impulso, destrozado
yace en el suelo hundido por la guerra.

En las hebras azules que lo alzaban
ágil sobre la curva de los días,
las sombras que a tu infancia se apartaban
ahora le aprietan sus corrientes frías.

Dentro de tí la noche se oscurece,
fuera de tí la sombra llena el cielo,
tu blanca piel en medio, muda, ofrece
llanto a la paz y a la memoria duelo.

Derrumbado al umbral de tu ternura,
sin conocer apenas su ejercicio,
te encontrò el tiempo, y con su mano impura
sobre tu cuerpo hallò breve su oficio.

Y ahora descansas, si el descanso existe
donde el trabajo virgen se atesora,
que aún germinando estabas cuando viste
romper tu tallo al borde de tu aurora.

Quien se acerque a la piedra desolada
que sostiene tu espalda destruida
y muestra al mundo tu niñez quebrada
y la espantosa forma de tu huida.

Quien se acerque a cu cuerpo y no se sienta
còmplice de tu muerte tan temprana,
ni se merece el pan que lo alimenta
ni la luz que ilumina su mañana.

Mire hacia ti, vuelva los ojos luego
al pecho en que maneja su latido:
¿dònde está el corazòn, si aún tiene fuego
y a quien te dio la muerte no ha vencido?

¿En dònde está su brazo, si arrogante
no se inflama en la sangre que lo riega?

Yo sòlo tengo voz, que ella te cante
toda la angustia que en mi voz navega.

Para su cauce el cielo; el firmamento
suspende el paso, olvida su camino...
Mudo el hombre sujeta el pensamiento
ante la oscura luz de tu destino.

Pero el sol no se olvida de mirarte
y cuanto más te mira más se duele
de no poder entre sus rayos darte
tiempo feliz que tu dolor consuele.

Aunque yo sé, mi voz me lo asegura,
y mi voz nace de su misma llama,
que tu herida en el tiempo, al ser tan dura,
sabrá curar el llanto en que hoy se inflama.

¿Qué será el mundo?...

Si en la paz se extiende
y agita al viento alegre su alta espiga,
lejos del fuego que a la guerra enciende,
la canciòn de tu muerte eterna siga.

¿QUÉ tengo yo que en medio de esta hoguera
donde la muerte ataca de continuo,
por dentro de sus llamas me manejo
y en ellas, si ardo más, tanto más vivo?

¿En dònde está mi cuerpo, que aún reposa
cuando la noche ofrece a mi fatiga
lecho de sombra y sueño iluminado,
si por sus lentos párpados se olvida?

Me persigue la fuerza que me acaba
y más la miro porque me acompañe.
Si más me aprieta, más alegre pido
que apriete más porque el dolor me salve.

A veces tanto extraño que aún persista
de pie en el mismo suelo levantado
donde tanto he perdido y aún me queda,
que mi presencia busco por mi tacto.

Hallo mi piel y en ella mi destino
y al encontrarlo más mi temor crece:
¿vivo en la muerte acaso por ventura
y es mi congoja sòlo estar ausente?

En medio de la guerra se debate
inútilmente esta desdicha mía
de no perder mi amor por su locura
y no entregarlo entero a su porfía.

Y aunque puebla mi sueño su tormenta
y en los salones del recuerdo hallo
preparadas las armas de la muerte,
sus armas dejo y sòlo mi voz alzo.

Pero al mirar a tierra, en mis pies mismos
siento que se desangra mi memoria,
que tanto está quitándome la guerra
que temo un día verme ya sin sombra.

No estoy deshabitado ni vencido,
aunque continuamente devastado
por tanta angustia cruel que me combate
los campos de mi cuerpo desdichado.

Murieron mis amigos. Los más fuertes,
primeramente entraron tras sus ímpetus,
pisando por su gloria, en las tinieblas
que los condujo a sus eternos ríos.

Sin tocar las batallas bajo el viento,
hermosos en su lucha misteriosa,
los que llamaron débiles en vida,
dan fortaleza, muertos, con su historia.

Dentro y fuera, el dolor va conduciéndome
con mi amargura a soledad tan torpe,
que el sentirme vivir sòlo es mi apuro:
¿qué tengo yo que el mundo así me escoge?

Sobre la misma piel que la contiene
modela el mismo cielo mi figura.
Hora tras hora en libre movimiento
la abandona a los sueños que la alumbran.

Igual caudal enseñan las corrientes
de los internos ramos de mis venas.
Si en el agua me miro, allí mis ojos
copian la misma luz por que navegan.

Cruzo la guerra y con las mismas armas
que en mi niñez, por ella voy vestido...
¿Por qué la muerte al verme así se aleja?
Triste sino nacer y quedar vivo.

Vine serenamente al mundo. Ileso
atravesé la selva de su engaño,
ocupándome activo en la aventura
de preparar la luz de mi trabajo.

Un tesoro invadiò mi gran cosecha:
el mar, la tierra, el cielo, la palabra,
el hombre hermoso bajo el sol severo...
Ya todo, hasta la vista, me sobraba.

Ay, la guerra que incendia los caminos
y a la desolaciòn y espanto enseña
alucinada el vuelo que destruye,
arremetiò también con mi cosecha.

Pisò su pie candente en las semillas:
la fina adolescencia en que se alzaba
la generosidad que la ejercía,
se lanzò, por salvarla, entre sus llamas.

Todo desbaratado ya gemía.
La alegría y el orden, preparados
en constantes esfuerzos con las horas,
en sangrientas cenizas se cambiaron.

Tonsuraron sus hilos las riquezas,
la miseria se alzò con arrogancia,
se buscaron los hombres sin hallarse:
sòlo reconocieron ya sus armas.

Las casas destruidas, sus escombros
húmedos por la sangre fratricida,
como terribles flores del espantò
en las ramas del odio se ofrecían.

Como cuchilla el ojo se aguzaba
clavado en la sospecha del hermano.
El amante, inseguro de su dueño,
de amor languideciò martirizado.

Ay, la guerra no estaba en mi tesoro.
¿Dònde poner mi cuerpo en estos trances?
¿Adonde me llevò con sus tormentas
tan fatal tiempo en sus terribles aires?

Blanco es el pan y es en la paz sabroso,
igual que el vino es dulce en la alegría;
pero el vino y el pan con muerte nacen
al dar mosto la uva, el trigo harina.

De los terribles fuertes vendavales
que asolan los pedazos de esta tierra
como el vino y el pan, desde la muerte
un hombre nace y su verdad eleva.

Con él mi cuerpo vive y se acompaña:
mi mismo cuerpo nace en su victoria.
¿Qué tengo yo que en medio de esta hoguera
ni muerto estoy ni vivo soy aurora?

Sòlo tengo mi voz y aquí la pongo.
Mi canto dejo, igual que sus espumas
deja el mar por la arena que visita:
así mi voz derramo por mi pluma.

Así dejo mi voz mojada en llanto,
porque apartado de la muerte vivo.
Quisiera desprenderme de mi cuerpo
por ver más pronto lo que tanto ansio.

Mas si nada merezco y con mi sombra
he de acabar las horas que aún me quedan:
cumpla mi voz lo que mi vida pierde,
lo que la muerte de mi vida espera.

Que cuando al fin la guerra esté en su término
y se pierda en los tiempos la ceniza
de esta terrible llama en que nos prende,
mi voz, bajo la paz, se oirá más viva.


COTIDIANA AGONÍA

¡QUÉ lento paso el día!
¡Qué pie tan largo el de la Muerte!
Hora tra& hora liega
arrastrando mi cuerpo
por la calle desierta de su vida
y hora tras hora vuelve
en cadena perpetua
a inaugurarlo entero
por clavarle mejor su dura argolla...

Cada noche es mi tumba
y nazco nuevamente
cada golpe de luz en la mañana.
Ni la sombra del árbol
ni la constante rama del ensueño,
nublan ni me sostienen
¡tan bellos!, junto al alba de mi ruta.
Cada golpe de luz,
cada minuto,
hunde su azada más
y cava lentamente
la larga fosa del camino
que ha de llevar mi sino hasta la tarde.

En esta fosa como un río
derramo mi corriente
blanda cruz cotidiana
floreciendo en mis ojos
el temprano brotar de sus riberas.
Salgo como una fuente.
Llego como una nube:
como una negra nube
de soledad y de silencio.

¡Qué lento paso el día!
¡Qué pie tan largo el de la Muerte!

Bajo su hundida huella:
en este surco intermitente
de luz y sombra,
de despertar y sueño,
mi piel opaca se enlutece
y siente gota a gota
rezumando la guerra
como un puñal
que sale lento de mi entraña.

Y en este andar constante
camino de la dicha,
que trueca así los puntos de mi suerte,
llevo un paso tan fijo
que a veces me parece
haber con mi dolor
desbaratado el tiempo.

...Miro arriba la noche
y marchan lentas sus estrellas...
Miro luego hacia abajo:
sobre la tierra enflaquecida
mi cuerpo sigue y vuelve
sin buscar un descanso,
mi cuerpo sigue y vuelve,
perdido en la misiòn de su tristeza.


AMANECER

¡QUÉ sereno está el cielo!
Tan quieto está en el alba
su azul, que no domina.
la pisada del tiempo la paz de su presencia
y van por él las horas, desgajadas,
flotando medio hundidas,
abandonando al hombre
con su ausencia, el espacio,
porque mejor contemple desde el suelo
su orgulloso albedrío,
la grandeza infinita perenne de la aurora.

Como tú, cielo claro,
que dichoso repartes tus riquezas,
ausente a la maldad,
a la envidia y al odio,
yo pensé levantar mi interno mundo,
igual que una pupila milagrosa
dentro de la que hubiera
la multitud feliz que me acompaña.

Como un lago redondo,
estas profundas aguas
-cristal de mi conciencia-,
en su inmerso país vivo, apresaban
la selva de mi pueblo;
ese pueblo de mí que era mi vida.

Solo, aguardaba, còncavo y parado
en medio de mi cuerpo agonizante,
una mano viril que lo arrancara
dejándome vacío.
Una mano o el tiempo o la certeza
de que su flor cuajada
el aire perseguía
y, útil, su alegre plaza levantando,
olvidaba mi muerte negra, oscura,
para dejar su sol vivo en la tierra.

Mas hoy,
frente por frente a ti mis ojos alzo
y como tú en el alba
siento quietas las horas
flotar por la presencia
íntima de mi sangre.
Sereno como tú, frente al sereno
caudal azul que curva tu corriente;
con la sombra detrás, como tú, cielo:
ahogándose en mi pecho
como una interna herida,
mi parto se retrasa.

¿Quizás inútilmente en mí se enreda
sintiendo pobre el fruto de mi alma,
o, por nacer mejor, está en acecho?

No sé:
hoy frente a frente estamos los dos, cielo,
y en medio de los dos rueda la luna
y la guerra más cruel que ha iluminado
con su indolente luz la triste Tierra.

Tal vez en el albor se halle cansada
la muerte en ella, y frente a ti se olvide
la alborotada angustia de sus balas,
dejándome así tiempo de gozarte.

Al hacerlo, a mí vuelvo
como un niño invencible, y voy mirando
esta hermosa locura que hoy recuerdo,
y como el mar azul que a tí se iguala
te sueno en mis oscuras tempestades:
que un nuevo amanecer mi pecho aguarda,
como tú, claro cielo.


18 DE OCTUBRE

HOY mis ojos se niegan
a su oscuro trabajo
por tierras de silencio.
Mis dos miradas vivas
trato de libertar
de su prisiòn letárgica de olvido.

¡Qué atropellados éxtasis,
qué sombras fugitivas,
desalojando el alma de mi sueño,
mi sangre deshabitan!

Como una dislocada primavera
que empuñara mi frente,
ondea sobre el aire
la rama de mi vista.
Su despeinada cabellera emerge
del fondo de mi cuerpo,
agitada y continua.

¿Adonde irán mis ojos
libres ya sobre el día?

En su invisible manantial me suben
volcando sobre el mundo
la mitad de mi vida.

¿Desordenadamente
muda su flor la dicha?

Desordenadamente
se entrega la alegría.

Media carne me duele:
la mitad de mi lucha,
media herida...

¡Que mis ojos me eleven!
¡Salgan tras el dolor mis fuerzas íntimas!


AUN HAY ABRIL

¿AÚN hay Abril? El mundo se amontona
olvidándose al tallo fresco erguido,
esbelta cumbre, surtidor al cielo
que guarda su verdor, por más ternura,
no en descuido, en defensa de lo hermoso,
y rueda ante sus pies, abandonado
entre lodo y espina,
detonaciòn y muerte:
manada de dolor, recién perdida
al tronco que la uniò por darle flores.

Alta estaba la copa y entre nubes
creciò la sombra que dejò en el suelo,
símbolo de la paz en el verano...

Esto era Abril. El hombre se acercaba
y el cansancio en la hierba y el crepúsculo
bajaban por el sueño a hacerse noche.
Esto era Abril...
¿El mundo abandonado?:
la firme longitud de lo más bello.
La ceniza, el carbòn, el miedo, el humo,
la sangre, el trepidar y las banderas:
desolaciòn, ruina
y llanto sobre el suelo
ofrecen a lo azul...
¿Aún hay Abril?...
¡Juntos los dos estamos!:
el árbol sobre mí, yo bajo el cielo.

A quien me llama contesto
pero no sé quién me llama,
por eso mi voz no entiende
lo que dicen sus palabras.

Queda mi voz en el viento,
luego en la nube se tapa
y vuelve de nuevo al suelo
cuando la lluvia la arrastra.

A la tierra y a mi cuerpo
poco trecho nos separa.
Cuando esté muerta mi lengua
daré mi voz a sus aguas.

Saldré por la fuente al río,
llevaré hasta el mar mis alas,
y sin conciencia en el cielo
canciòn buscaré a mis anclas.

Muera pronto lo que aún vive
amarrado a mi garganta,
rompa el collar que la aprieta
y en su sinrazòn me ata.

Un camino tengo abierto
y un corazòn en el alba.
Corazòn, llámame tú,
que yo sepa quién me llama.

Si el hombre debe callar,
cállese y cumpla su sino,
que lo que importa es andar.
Andar es sembrar camino
y morir es despertar.

Quien no ponga el pie en el suelo
por temor a verlo herido,
por su propio desconsuelo
siempre será perseguido.

El pájaro está en su vuelo
como el hombre está en su andar...
y siga tejiendo el hilo
la mano sobre el telar,
que morir es despertar.

No es lo que está roto, no,
el agua que el vaso tiene;
lo que está roto es reí v¿aso
y el agua al suelo se vierte.

No es lo que está roto, no,
la luz que sujeta al día;
lo que está roto es su tiempo
y en la sombra se desliza.

No es lo que está roto, no,
la sangre que te levanta;
lo que está roto es tu cuerpo
y en el sueño te derramas.

No es lo que está roto, no,
la caja del pensamiento;
lo que está roto es la idea
que la lleva a lo soberbio.

No es lo que está roto Dios
ni el campo que Él ha creado;
lo que está roto es el hombre
que no ve a Dios en su campo.

Lo que dice el sol lo dice
lo que dice el mar.
Dice
lo que dice el mar, la espuma;
la espuma, lo de la arena
y la arena lo del viento...
Lo que dice el viento dice
lo que dice el mar.
Y el mar
dice lo que dice el sol
que eterno vuelve a cantar
lo que canta el mar eterno.

Yo me acerco por mirar
lo que de este canto endeudo
pero no puedo olvidar
que estoy dentro de mi cuerpo
y en mí me vuelvo a ocultar.

¡Pasen estos malos tiempos!


DESPEDIDA A LAS BRIGADAS INTERNACIONALES

DE tanto estar mi voz a vuestro lado
y a vuestro lado .laepQsar mi sombra
y de mirar tan Juntos en la muerte
el mismo eiefamzul cada mañana, '
tan íntimos andáis ya por mi sangre
y bajo mi memoria recibidos,
que no os llamaré hermanos en mi tierra:
sois más, pues que habitáis mi propio cuerpo.

Por él habéis andado y perseguido?1
esa gloria feliz que, ya lograda,
es libertad que nuestro amor domina.
Fuera también pisáis las mismas flores.
Y hoy nos separan: nuestrat España ^hermosa
deja salir un río de nobleza
que otras veces fue sangre enardecida:
¡ay!, ¿qué otra pena el tiempo le depara?

Hoy la razòn aleja en nuestra vida
lo que persigue el sueño generoso
y el sano pensamiento no consigue;
pero quizás el sueño será alzado
y como el agua sube hasta la nube
que ambicionò por sus profundas cuevas,
escalando el dolor llama tras llama
el sueño será al fin razòn del día.

Entonces volveréis. Será un remanso
sobre Europa mi patria, y sus estrellas,
con la paz más ceñidas sobre el suelo,
alumbrarán las tumbas de los héroes.

Juntos aquí reposan, como juntos vivimos
los que aún la muerte tiene preparados
al duro sacrificio de la guerra.
Juntos habréis de estar con los que queden.

Que vuestro corazòn lleve el paisaje
que tanto habéis mirado y defendido
y cada olivo en flor, cada granado
por vuestra causa viva y os espere.

Estáis en mí, conmigo y sois mi sangre
dentro del arca frágil de mi cuerpo,
pero cada español lo mismo dice
hoy que os ve desfilar junto a su mano.

FINAL DE
'DESTINO FIEL'


PENUMBRAS, I

(LLEGADA A MÉXICO)
(1959-1941)

1

¡ANDO sin vida!...
¿En dònde?...
"Acercándote a tí",
oigo en mi voz desconocida
que un árbol me responde.

Lo miro -duermo en tierra-;
tiendo la mano al tacto de mi sueño.

"Sigue hacia tí", lengua del árbol,
la savia de mi voz dice y alienta.

Abro los ojos. Pienso: ¿en dònde estoy?
Y oigo en el aire: "Fuera
y dentro de tí, ¿no ves tu cuerpo?"

Miro de nuevo al árbol -duermo en tierra-;
mi mano abierta al cielo en mí se esconde.

II

ME agacho a coger la flor
casi tomillo,
casi tomillo...
Y no es,flpr:
es un olvido ;
casi tomillo,
casi tomillo,

Me levanto en un silencio
casi tomillo,
casi tomillo...
¡Una flor llevo en mi cuerpo
casi tomillo!

III

ESTOY dormido pensando:
¿qué fuente o qué corazòn
mana hacia adentro en mis párpados?:
muriò la flor de un jazmín;
se hundiò en mi sangre; la luna
floreciò en jazmín cambiando
dentro de mi cuerpo oscuro
los pétalos de sus labios...
En las playas de un aroma
sin límites me derramo.

¡Despierto!...
(Externo a mi sueño,
un jazmín cae de mis párpados.)

IV

¡CIEGA está la noche abierta!
Cada lucero en su olvido
guarda el símbolo quS^^ciérra.

La memoria de la noche
pregunta en sombras deshecha:
"¿En qué palabra habitò
la luz que hoy niega a mi lengua
que soy la noche?..."

(Silencio..
¡Desnudo está el pensamiento!...)

v

-ALTO pinar, no me enredes...
(¿En qué cielo vegetal
se va alejando esa nube?)

-Alto pinar, no me enredes...
(Ahogándome en el descanso,
me estoy durmiendo en la tierra.)

-Alto pinar, no me enredes:
deja que al viento en tus ramas
húmedo de luz me entregue.

-Alto pinar, no despiertes.

VI

EN la noche abierta fueí A
la jara sin ñor, dormida,
bajò a nrirarsi&^alaifcpangre.
¡Subiò la jara florida
en la noche abierta!

-¿A quién?

VII

¡ME desnudaban! Sentía
poco a poco huir mi sangre
-destejerme en otra vida-.
"¿Vida de qué?", preguntaron
mis ojos.
Y en la pupila
de un agua informe, mi voz
alzò una rosa.
Su espina
sentí en los ojos...
Mis labios
probaron la flor que abría...
Y salí de mi alma al viento
que aroma fue de voz viva
y en él mantuvo a una rosa,
contemplaciòn de sí misma.

Y escuché en la flor. ¿Llamaba?...
Sí; llamaba en mí: ¡nacía!

VIII

CUANDO era primavera en España:
frente al mar los espejos
rompían sus barandillas
y el jazmín agrandaba
su diminuta estrella
hasta cumplir el límite
de su aroma en la noche...
¡Cuando era primavera!

Cuando era primavera en España:
junto a la orilla de los ríos
las grandes mariposas de la luna
fecundaban los cuerpos desnudos
de las muchachas,
y los nardos crecían silenciosos
dentro del corazòn
hasta taparnos la garganta...
¡Cuando era primavera!

Cuando era primavera en España:
todas las playas convergían en un anillo
y el mar soñaba entonces,
como el ojo de un pez sobre la arena,
frente a un cielo más limpio
que la paz de una nave, sin viento, en su pupila.
¡Cuando era primavera!

Cuando era primavera en España:
los olivos temblaban
adormecidos bajo la sangre azul del día,
mientras que el sol rodaba
desde la piel tan limpia de los toros
al terròn en barbecho
recién movido por la lengua caliente de la azada.
¡Cuando era primavera!

Cuando era primavera en España:
los cerezos en flor
se clavaban de un golpe contra el sueño
y los labios crecían,
como la espuma en celo de una aurora,
hasta dejarnos nuestro cuerpo a su espalda,
igual que el agua humilde
de un arroyo que empieza...
¡Cuando era primavera!

Cuando era primavera en España:
todos los hombres desnudaban su muerte
y se tendían juntos sobre la tierra
hasta olvidarse el tiempo
y el corazòn tan débil por el que ardían...
¡Cuando era primavera!

Cuando era primavera en España:
yo buscaba en el cielo,
yo buscaba
las huellas tan antiguas
de mis primeras lágrimas,
y todas las estrellas levantaban mi cuerpo
siempre tendido en una misma arena,
al igual que el perfume tan lento,
nocturno, de las magnolias...
¡Cuando era primavera!

Pero, ¡ay!, tan sòlo
cuando era primavera en España...
¡Solamente en España
antes, cuando era primavera!

IX

TALLADO en llamas nacía
hacia una rosa. Y la rosa
tallò en mis llamas su vida.
Cautivo en mitad de un vuelo,
tallado estoy con espinas
de una rosa entre dos fuegos.
¡Rosa eterna fugitiva!

x

¡QUE suba al mediodía el mar del mar!

(Y el mar se asüinaa*»^ mismo;
coge en su sueñ®í<l^pedazo
de luz viva, viva, viva,
unge al cielo y se adormece...)

Cruza el aire un pez...
La rosa navega
sobre la humedad del bosque...

Un pájaro
brilla parado en la sombra...
La roca es agua que canta:
"¡Que suba a la noche el mar!"

(Y el mar se asoma a sí mismo;
corta en su cuerpo un pedazo
de luz viva, viva, viva,
desnuda al tiempo y escucha...)

¡Canta el mar la Eternidad!

XI

HUNDÍ mi mano en el agua,
la rompí, volví a mis ojos...
¡Mi mano en ellos lloraba!

Saqué mi mano. En el cielo
la dejé. Volví a mis ojos...
¡Mi mano lloraba en ellos!

-Agua y cielo: ¡ahí van mis ojos!
(Me quedé ciego.) ¡A mi mano,
Lázaro de Dios, me asomo!

XII

ME acerco a la ventana.
No sé qué misteriosa lluvia
moja el cristal,
como si el vidrio mismo la engendrara
bajo una fuente oculta
por su vertical tierra transparente.

A través de sus lágrimas
todo el paisaje llora,
semejante a una estampa
medio borrada por el tiempo.

El puente, las montañas,
el oscuro edificio que intercede la nube,
el árbol más cercano,
todo va lentamente destruyéndose,
arrugando su piel,
desmoronándose en su carne
como indefensas víctimas del agua.

¿Y en este cataclismo
de la luz y la muerte
te tengo que buscar hora tras hora
para entrarte en el arca de mi abrazo
y salvarte con él de este diluvio?

(Es verano: la flor muere en sus pétalos
y anuncia al mar la nave de otra fruta.
¿Qué paloma vendrá para anunciarme
el nuevo sol?)
¡Me acerco a la ventana!...
¡Sigue lloviendo más! ¡Sigue llorando!
¿Dònde te anegarás?...
(¡Terrible llanto!)

... Y brota una montaña a luz...
(¿Tal vez sueña la lluvia?)
... Y siento a una paloma alzar mi cuerpo...
(¿Soy flor de ti? ¿Soy fruta madurada?)
... Se abre el sol...
(Tu cintura está en mis brazos.)
Oigo volar...
(¿Palpita en ti la lluvia?)
Me acerco a la ventana: ¡tarde azul!
¡Tarde azul! ¡Tarde azul!...
(¡Salto hacia afuera!)
¡Iris de tu regazo soy por tu corazòn!...
(Dentro de tí navego.)

XIII

DESPACIO, muy despacio,
como si hablara hacia adentro:
resbalo, caigo a un jardín
que está cautivo del sueño.

Blancas piedras planas, altas...
Piedras de sueño: ¡precisas!

Un ciprés negro. Una sombra
-sombra sin cuerpo-: ¡la mía!

Despacio, muy despacio,
como si hablara: ¡despierto!...
(Cruza un pájaro. Mi sombra
lleva prendida a su vuelo.)

XIV

¿No se ve el monte?: sí;
fue que la sombra
cambiò al llegar la noche
los párpados del sueño.
Hoy van mis horas bien:
el equilibrio
del tiempo y de la muerte
me acompañan...
¿Qué mano ha sostenido
sobre mi vida
el fiel de su balanza?

XV

"¡PREFIERO callar!", escucho
qué va diciendo por mí
la voz que tengo y que busco.

Me uno a su silencio. Callo
y brota de mí, al hacerlo,
la voz que vivo buscando.

(Misterio soy de una fuente
que tengo, perdí y aguardo.)

XVI

-CUERPO sin cuerpo, detente.
-¿Y en dònde?
-Vuela en figura
de tiempo sin tiempo al sitio
de la nostalgia que buscas.
-¡Ya estoy en él!
-Sigue, sigue
su vuelo de eterna ruta.
-¿Adonde?
-¿No estás volando?
-Sí; pero mi vuelo oculta
quién es y hacia qué me lleva
lo que a ser vuelo me impulsa.
-¡Búscalo en mí!
-¿En ti? ¿Quién eres?
-Huella soy de voz desnuda:
mi voz tal vez en tu voz
naciò y hoy tu vuelo empuja.
-¿Y en dònde está?
-Voy contigo.
-¿Y en mi vuelo?
-En él te escucha
mi carne de luz abierta,
cielo interno que me alumbras.
-¿Tú eres mi vuelo?
-Tal vez,
pues al volar tú se junta
sin tiempo el tiempo y contigo
soy flecha en su misma ruta.
-Pero ¿y tú?
-Cuerpo sin cuerpo,
nombraste a mi luz oculta.
-¡Ven!
-¡Aquí estoy!
-¿Dònde?
en tí!
-¿Mi nostalgia buscas?...

(Silencio...
Un vuelo se acaba...
Volando está su figura.)
-¡En vuelo

XVII

¡HOMBRE al cielo!..."
-Parad,
dejad suspenso al tiempo.
Regrese el corazòn
a su primer silencio.
Ahonde en la memoria,
preludio de lo eterno
-raíz que aún no ha probado
la mitad de su cuerpo-.
No al olvido, a la savia
de la luz -luz en vuelo
sin tierra de descanso,
sin aire para el peso-
semejante a una fuente
-nido en agua de sueño-
que ha de encontrar más tarde
su paraíso inmerso.
¿Para quién?: ¡suba! ¡Suba,
si quiere conocerlo,
el corazòn!...
¿Adonde?:
sin espacio está el tiempo
-preludio en dos mitades-
sin sombra al vuelo abierto.
¡Caiga! ¡Suba! ¡Regrese
el corazòn!...
(¡Cayendo
está subiendo! ¡Toda
la luz une en su vuelo!
¡Un corazòn juntando
dos memorias -abierto
umbral- resiste, unido,
sus presentes opuestos!...)

¡Pronto, una piel! ¡La forma
material de un reflejo!
¡Un imán que cautive
la inocencia al deseo
bajo este corazòn!
¡Hombre al cielo!...
"¡Silencio!"

XVIII

¿QUE la flor no es perfecta?.

(Pasen, pasen los días...)

¿Que el tallo no es amor?...

(Sigan, sigan pasando...)

¿Que no es luz la raíz?...

(Siga girando el mundo...)

Y aún dormida la Tierra
le pregunta al espacio:
"¿Quién habla, corazòn?"

XIX

¡TODO el campo era una joya!
¡Era un futuro recuerdo
que se empezaba a formar!...

El sol, como un vaso limpio
de luz, colgaba del cielo;
la tierra recién labrada,
sedienta de sus destellos
como un brazo de cristal
se levantaba a cogerlo.
Cuanto más se levantaba
más luz el sol le vertía...
La noche estaba parada
como un milagro encendida
y el pinar era ya un ascua;
el agua una llama viva,
el maguey, empavonado,
su verde espada lucía
como amenazando al valle
donde la ciudad tendida
sobre un lago de metal
frente al ocaso dormía.

Yo a la ciudad caminaba
ni sé a qué ni para qué:
el tiempo me lo mandaba...

(Otro paisaje en mi pecho
iba encendiéndome el día,
también a medio lograr
por mi memoria perdida...)

Busqué, para darle nombre
a mi nuevo huésped, guía
en mis campos interiores...
Vacío encontré mi centro
y lejos mi soledad,
y me dio miedo el silencio.
Pues si lo que tuve huyò
y está tan nuevo el presente
que no sale a recibir
lo que tan bello se ofrece:
¿adonde podré buscar
la voz de este pensamiento
que en mí formándose está?...
Y lo que quiero decir
aún no sé; pero adivino
que ha de ser tan necesario
que siento que si estoy vivo
es tan sòlo por pensarlo.

Mas ¿còmo poderlo dar
cuando mi lengua no encuentra
en el pozo del caudal
que sus formas representan
la voz que lo ha de nombrar?

Yo sé que esta luz que el campo
hoy me da como aderezo
en las manos del ocaso:
ha de ser principio en mí
de lo que mi pensamiento
anda rondando en su fin.

Por eso quiero prender
con un nombre este paisaje
que miro para nacer...

Paisajes de fuera y dentro
-puntas de un mismo compás,
platillos de una balanza
que mi vida ha de pesar-:
dentro los nombres se pierden;
fuera los nombres se van
sin apenas conocerme...

Y un día me acabaré
al igualar los silencios:
¡la muerte será mi fiel!

(Desierto de los Leones. México, 1941.)

XX

-¡VAMONOS! ¡Vamonos!
-¿Hacia dònde?...
-¡Vamonos!
La flor del manzano
se enramò al silencio:
¡vamonos!...
-¿Hacia dònde?
-¡Vamonos!

(De ayer, de mañana,
de hoy -sin flor- florezco
en el manzano):
-¡vamonos!

XXI

¿QUIÉN ha desnudado al cielo?.

(Vuela-asciende la lluvia-...
Desde invertidos suelos
la yerba cae...
Las hojas se derraman...)

¿Quién ha desnudado al agua?..
(Mi cuerpo es un reflejo:
ángulo en doble imagen
de un silencio...)

¿Quién ha desnudado al viento?.

(Este lucero tan hondo,
aquel lucero tan alto...)

¿Quién me desnuda al espacio?

XXII

¡LLEGA la noche! (Su espejo
busca un narciso de sombra...)
-Sombra, espérame...
(Y el agua
fábula le da a la noche.)
-¡Ábrete, flor!...
(Un lucero
desnuda al cuerpo del cielo.)
-¡Agua, duérmete!...
(En la espalda
del tiempo la sombra canta.)

XXIII

Voz que desconozco, ven:
tendrás que salir muy lejos,
aunque no sé a qué distancia
está el nombre al que te entrego.

Sé que tendrás que venir
desde el fin de su futuro
al presente que hay en mí.

Voz, ayúdame a buscar
lo que en mí debo cantar.

Sin nombre me entrego abierto:
mi cuerpo espera el sonido
que has de iluminarle adentro.

XXIV

Lo que cantaba lo quise
tanto que se me perdiò...
Y aunque no sé lo que dije
no aguanta mi corazòn
que mi corazòn olvide
lo que sin saber cantò.
Entre los ecos que hoy viven
sus nombres rotos, mi voz
es fuerza que peregrine.

XXV

MEDITACIÓN ÚLTIMA

No es presente la flor: no vive al lado
de su imagen de flor en la que vino.
Su existencia pasò por contemplarse
cautiva en sí, mirándose a sí misma.
Persistiò con su luz; entrò a la sombra
-flor de la luz la rosa fugitiva-
y tuvo espejo en ella su hermosura.
Venciò a la sombra; se apoyò en el tiempo,
insistiò más y al verse en el olvido
huyò del tiempo y otra vez fue rosa.
¡Rosa es también la flor que en mí contemplo!

FIN DE

"PENUMBRAS, I"


MÍNIMA MUERTE

(1939-1944)

A
VICENTE ALEIXANDRE
SALVADO PARA MI AMISTAD, CON LA POESÍA,
EN SU PRESENTE AUSENCIA.


I

TRES TIEMPOS DE SOLEDAD

Sin arrimo y con arrimo,
Sin luz y a oscuras viviendo,
Todo me voy consumiendo.


SAN IUAN DE LA CRUZ.

SOLEDAD, noche a noche te estoy edificando,
noche a noche te elevas de mi sangre fecunda
y a mi supremo sueño curvas fiel tus murallas
de cúpula intangible como el propio universo.

Dolorosa y precisa como la piel del hombre
donde vive la estatua por la que el cuerpo obtienes,
tu entraña hueca ajustas al paso de la estrella,
a la piedra y los labios y al sabor de los ríos.

Hija, hermana y amante del barro de mi origen,
que al más lejano hueso de mi angustia te acercas:
¿quién no sabrá que huirte es perderse en el tiempo
y en desgracia inocente desmoronar su historia?

Tenga valor la carne que se desgrana herida,
pues su fuga prepara la pròxima presencia,
igual que en el olvido prepara la memoria
la forma insospechada de la verdad más pura.

Sepa guardar su cauce la arteria que escondida
pone Dios bajo el pecho de quien le dio su imagen.
En ella marcha el oro, el papel, la saliva
y el sol, junto al misterio que da vida a la sombra.

Ni al derribarse el árbol, ni la indecisa piedra,
ni al perderse los pueblos sin flor y sin palabra,
se pierde lo que sueña el hombre que agoniza
sobre la cruz en ríos de su sangre en pedazos.

Lo que no quiere el viento, en la tierra germina
y más tarde hasta el cielo se levanta hecho abrazo.
Así con la manzana vemos junto a la aurora
elevarse el olvido y el amor de los hombres.

Soledad infalible más pura que la muerte,
noche a noche en la linfa del tiempo te levanto,
sin querer complicada igual que el pensamiento
que nace en mi memoria sin temor y huye al mundo,

Huye al mundo y cobija sus pequeños fantasmas
dolorosos y agudos como espinas de sangre
que el fruto de la vida feliz le defendieran:
¡soledad ya madura bajo mi amor doliente!

Soledad, noble espera de mi llanto infecundo,
hoy te elevan mis brazos como a un niño o a un muerto,
como a una gran semilla que en el cielo clavara
junto a esta misma luna con que alumbras mi insomnio.

Yo que te elevo, abajo quedo absorto e inmòvil
viendo crecer la imagen de mi propia existencia,
el mapa que se exprime de mi fiera dulzura
y el doméstico embargo que mi crimen contiene.

A ti yo vivo atado, invisible y activo,
como el tallo del airé que sostiene tus torres.
Bajo mis pies contemplo tus cuadernos en tierra
y arriba la imprecisa concavidad del cielo.

Hoy te quiero y te busco como a una gran herida,
fuente y tumba en el tiempo de mi olvido sin causa.
¿Quién me dará la forma que una nuestras figuras
y me muestre en tu cuerpo como un solo edificio?

Húndeme en tu bostezo: tu mudo laberinto
me enseñe lo que el viento no dejò entre mis ramas...

Los granados se mecen bajo el sol que los dora
y mi paladar virgen desconoce el lucero.

Soledad, noche a noche te elevas de mi sangre
y piedra a piedra asciende tu templo a lo infinito.
Yo conozco el lejano misterio de tus ojos...
Pero mientras te elevas:
¡mírame diminuto!

MÍRAME diminuto sobre esta blanca página,
sobre esta blanca ausencia tendida en mi memoria,
bajo el blanco desierto fecundo del olvido,
como una letra aislada de la flor de mi nombre.

Por buscar me he perdido y sin buscar no encuentro
ya posible la forma que antes me equilibraba
con la forma del árbol, ejemplo de mi vida,
mitad buscando el cielo y medio entre las sombras.

Ni bajo el tiempo mismo podré ya situarme
para saber la estancia precisa de mi cuerpo:
que tres hojas dividen la luz de mis palabras
y entre las tres no entiendo cuál es la más presente.

Pues si el jazmín futuro me coge el pensamiento,
tal desazòn me enturbia las horas donde habito,
que ni la sed me duele, ni el fuego me atormenta
y la rosa oscurece por mis ojos sin luna.

Y si el verme delante me da tan gran alivio
que borra hasta en mis sueños todo afán de presencia,
el ser nuevo a que nace mi afirmaciòn de eterno
tiene un ala clavada por dos tiempos al mundo.

Si miro a lo pasado, su eternidad de muerte
de tal manera vive mi corazòn dormido,
que en rosario de piedra puede cambiar el llanto
que otra vez fuera escala de luz para mi vuelo.

Al presente más miro, tratando de fijarme
como fiel de balanza que muestre mi existencia;
pero al hallar su centro, no encuentro en la penumbra
la dimensiòn ni encaje preciso en que me busco.

Mas, junto a los tres tiempos que me igualan a un ave
volando entre la tierra y el cielo que la oprime
y en un arco de olvidos, tenso en luz, tenso en sombra,
la flecha de mi cuerpo camina sin ver dònde.

Sòlo tengo conciencia de mi soledad viva,
al pensar en el centro que erige mi balanza
y a ti te canto, humilde y orgullosa en tu nieve,
como a madre y hermana constante de mi busca.

Mira, mira esta letra que dejo abandonada
en el desierto mudo que hoy llamo tu regazo,
soledad: que camine como una hormiga ciega
que el instinto conduce...
Tal vez llegue a mi nombre.

TAL vez llegue a mi nombre o al nombre de la piedra
o a los nombres del cielo o a los nombres del agua,
que con su antena torpe, mi letra perseguida,
no deja cuerpo al mundo que de su tacto libre.

Andando, andando, andando» puede llegar un día
de tan altas preguntas y silencios tan grandes,
que otra vez a mí vuelva por buscar el granero
de más honda memoria, luna de otras palabras.

Allí, bordado, un manto se encontrará, sin orden,
en que el tallo y la oruga y la flor son hermanos
y a la vez intangibles hijos de una figura
que invisible les muestra su insospechado origen.

Por allí cruza el hombre silencioso y altivo,
viéndose separado del poder que anhelaba
para el soberbio juego de hacer lo que embellece
a la tierra del mundo, inmutable en su mano.

Sin voluntad camina, que involuntariamente
su voluntad naciò, y ajena a su conciencia
en él fue colocada, para ser paz del fuego
que necesariamente quemaría su entraña.

Él trocò su destino para hacerla su sierva,
haciéndose, inocente, de esta forma su esclavo...
Y en libertad padece su voluntad perdida...
Así cruza su pena mirando esta memoria.

Así también yo mismo, que como un hombre propio
quiero verme en la rosa y en el puñal luciente,
siendo parte del hombre que todos construimos,
libre en mi penitencia también puedo encontrarme.

Mas si al hallarme libre de lo que me atormenta
a mi presente encuentro libre de mi pasado,
tan sòlo tendré un ala para cruzar el cielo;
pero es timòn un ala si conduce una nave.

Hoy sujeto en mí vivo y como la flor, quieto
por el tallo que amarra a la luz con la sombra,
voy rodando en el mundo de los que me acompañan
cuerpo a cuerpo en la lucha ciega de mi viaje.

Pregunto y más pregunto; pero sòlo mis ojos
se entienden con la forma que cubre la hermosura.
Así, de esta manera, tan sòlo la apariencia
presente me responde: —Aguárdame otro día.

Sí, seguiré aguardando, porque yo sé que vivo
frente a frente a un espejo y un espejo no engaña.
Terminaré su luna y cuando ya no existan
las aguas de sus ríos, veré a Dios cara a cara.

SOLEDAD, te construyo, constante, noche a noche,
en la noche intangible del cuerpo de mi alma.
Soledad, noche a noche te vengo levantando
de mi sangre, tendida como sombra a tus plantas.


TRES CANCIONES

1

PUENTE de mi soledad:
con las aguas de mi muerte
tus ojos se calmarán.

Tengo mi cuerpo tan lleno
de lo que falta a mi vida,
que hasta la muerte, vencida,
busca por él su consuelo.

Por eso, para morir,
tendré que echarme hacia dentro
las anclas de mi vivir.

Y llevo un mundo a mi lado
igual que un traje vacío
y otro mundo en mí guardado
que es por el mundo que vivo.

Por eso, para vivir,
tendré que echarme hacia dentro
las anclas de mi morir.

Puente de mi soledad:
por los ojos de mi muerte
tus aguas van hacia el mar,
al mar del que no se vuelve.

2

A la vez que soy no soy,
pero he de llegar a ser
lo que quisiera ser hoy,
cuando entienda que el no ser
es ser lo mismo que estoy.

Yendo a ser, empiezo a estar,
y estando, dejo de ser;
pero si a estar no camino,
ni soy, ni estoy, ni estaré:
¡quiero ser hombre cumplido!

El ser, no es ser para mí.
Estar no es estar conmigo.
Sé lo que quiero decir
y sé bien por qué lo digo.

Por eso cuando me duermo
sueño que no estoy dormido
y si creo estar despierto
pienso que sueño en mi olvido.

De esta forma mi vivir
es engaño de que vivo.

3

ME pierdo en mí soledad
y en ella misma me encuentro,
que estoy tan preso w mí mismo
como éh la fruta está el hueso.

Si miro dentro de mí,
lo que busco v<eo tan lejos,
que por temor a no hallarlo
más en mí mismo ttie encierro.

Así, por dentro y por fuera
se equilibra mi destierro:
dentro de mí por temor,
fuera, por falta de miedo.

Y entre mis dos soledades,
igual que un fantasma hueco,
vivo él límite de sangre
sombra y fiel de mis deseos.

Bien sé yo que en la balanza
que pesa mi sentimiento,
al platillo del temor
es al que yo más me aprieto.

Pero lo que busco en él
de tal manera lo anhelo,
que sòlo quiero alcanzarlo
cuando esté libre del cuerpo.

Hoy mi soledad me basta,
que en ella sé lo que espero,
lo que por ella he perdido
y lo que con ella tengo.


II

MÍNIMA MUERTE
TRINIDAD DE LA ROSA

Amor y flor en perfecciòn de forma,
en mutuo sí frenético de olvido...

J.R. J.


PRESENTES DE LA AUSENCIA

1

EN EL TIEMPO

¡EN todo está! ¡por todo va la rosa
perenne y fiel en dar su fugaz símbolo
al clamor de lo eterno!...
¡En todo está! ¡por todo va pasando,
visitadora dueña maternal,
la rosa!
La rosa sin espacio, en su equilibrio,
inmòvil nace y va y entra y reposa
sin dejar de pasar, transverberada.
Y ¡en todo está! ¡por todo va quedando,
sin salir, sin entrar, sin ser apenas:
viajadora constante
de un tiempo corporal hueco de rosa!
¡En todo está! ¡con todo va llegando
la rosa a ser la rosa
y todo es ya, como su luz varada,
figuraciòn de mundo o pensamiento!
¡En todo está! ¡de todo está llegando
la rosa a ser y todo es ya la rosa!
¡En todo está! ¡por todo va flotando
su aurora descuajada:
incendio, herida, estela de la rosa!

!En todo está! ¡Con todo palpitando:
destino fiel,
amor,
feliz presencia,
olvido!...
En todo preguntando
la derramada vespertina rosa...
En todo navegando.
Con todo, sí:
¡en todo está! ¡por todo va cantando!
Y todo es, por la flor, muerte sin sombra.

2

EN EL ESPACIO

AQUÍ estaba. La rosa sobre el tallo,
el hueco de la rosa con la rosa,
huésped perfecto y fiel de la hermosura,
y el viento —todo el cielo— aprisionando,
como otra flor sobre la flor, la huida.

Aquí estaba. Era el tallo de la rosa,
vínculo fiel de tierra y universo;
que en opuestas corolas sujetaba
flor de la luz y sombra de la muerte.

Aquí estaba. Aquí está siempre escondida,
más fiel y maternal, aunque más dura,
por ser más dura y honda su pelea,
la encrespada raíz, su puñal blanco,
que en surtidor inverso le administra
fuerza y sustento al tallo más hermoso.

Todo está aquí. Lo oscuro subterráneo,
de humedad en misterio y flor latente;
el vastago feliz que, aunque entre espinas
preso y enramado, libertad lleva
con la vida, a la rosa que está alzando;
la rosa misma en grito de lo bello;
su aroma universal; el alto sol,
la còncava mansiòn donde la luna
oro da en sombras y en la luz da plata
y el gran Espacio al Tiempo limitado...

Todo está. Todo igual. Todo en su puesto.
Hasta la misma muerte es ya la ausencia,
piedra constante y vida necesaria
que aposenta el cuidado de la rosa.
Hasta la misma muerte es flor constante.

Todo es sencillo bien, exacto, justo:
felicidad precisa e inmanente
habitando en el seí* por que ?e crea.
Todo está igual. ¡Perfecta paz hermosa
del parado jardín del equilibrio!

Y si algo sobrecoge -hay una espina
clavada fuera o dentro del presente-,
también es plenitud: dolor parado...
Todo está igual: i oh carne de Infinito,
sangre de sueño: indiferente gloria!

3

CANCIÓN

LA rosa tuvo tres muertes:
la que vino a ser la rosa,
la que se fue y la presente,

Luego la rosa naciò
del anillo de sus muertes,
sobre la mano de Dios.

¡Feliz quien su rosa siente!

4

LA ROSA Y EL HOMBRE

Meditaciòn al sueño

PESA lo eterno....
El jardín,
al marchitarse la rosa,
quedò un momento sin fiel,
paréntesis en la muerte.

Su tiempo, hueco, lucía
aún sin memoria del ser:
huella hermosa de la Nada
en tránsito hacia el presente
que de otra rosa vendría.
Pero la flor que se fue,
lo dejò sin equilibrio
ni dimensiòn de su nombre.

Ni soledad de jardín,
ni jardín en soledad
pudo llamarse siquiera,
y ni siquiera jardín
cuando lo dejò la ausente.

Era la rosa, el exacto
punto final de su cuerpo
cuando en él vino a nacer,
y, acabado, lo dejò
dentro del mágico círculo
de su aromada existencia.

Color y luz se rindieron
con el viento, ante sus pies,
y los árboles cedieron
su sombra que cayò a tierra...

Cautiva en doble mirada,
como pupila de un sueño,
prendida al cielo en redondo
se quedò el agua también...

Hoy, todo ya sin espacio,
desnivela su armonía;
mas luce, quién sabe en dònde,
ni para por qué su ausencia...
El tiempo no pasa en él;
que se le quedò en su carne
el jardín, como burbuja,
flotando en sus muertos aires...
El tiempo no pesa en él.

¿Quién conocerá la sangre
que del rosal como fuente
brote, enclaustrada y más bella,
de esta paz a otro jardín?:
yo no lo sé.
Su verbo ha quedado roto
delante de mí: una letra
faltò al eslabòn del nombre
que lo hizo nacer jardín,
y al marchar, quedé yo mismo
deshojado sobre el tiempo
-paréntesis de la muerte-,
como ejemplo de la rosa,
perdido en otro existir.

Perdido por mi vivir.

¿Quién conocerá el espejo
que a la rosa ha de borrar
con sombras de su silencio?...
Yo lio lo sé.

Pesa lo eterno.
El jardfa,
poco a podo halte é^iáfifetío
dentro de otro fíuevo ser;
dentro de otro nuevo ver.

Como en un tíaòlde, le oprime
la mitad de su recuerdo
y la mitad del pasador
antes de ser pensamiento
y esencia de su vivir:
presencia dé un sentimiento.

Cuando el molde quede libre:
Iqué nuevo mundo!, ¡qué esfera
tendrá su nuevo sentir!

¡En él quisiera morir!

¿Gozaré con su presencia,
para de nuevo marchar
a otra futura existencia?

En él quiero descansar
y lo haré.
Pero qué rosa vendrá,
qué libertad gozaré,
qué vida tendré con él,
yo no lo sé:
jamás saberlo podré.

Hoy sòlo admiro el momento,
con la hermosura de ayer
y el nuevo conocimiento.
Hoy sòlo admiro el no ser.

Pesa lo eterno.
El jardín
va navegando en el sueño,
sueño que es flor de un morir
y el ser de otro pensamiento..

¡Un nuevo nombre hay en mí!


VARIAS CANCIONES

1

LA ROSA DESDEÑADA

ESTABA la rosa en nieve.

¡Ay rosa,
la rosa fría!

La rosa sin cuerpo:
el hueco de la rosa,
ya sin vida...

Pasaba un hombre...
La rosa de hielo
se deshacía.

El hombre no la miraba:
iba pensando en su dicha.

La memoria de la rosa,
sin nombre, el olvido hundía.
Y el hombre no la miraba:
iba pensando en su dicha.

Todo el dolor de la rosa
se fue cuajando en el día.

Todo el olor de la rosa
sonaba a tierra perdida.

Estaba la rosa muerta.

¡Ay rosa,
la rosa fría!

La rosa sin viento:
el sueño de la hermosura,
sin vida...

Y el hombre no la miraba:
iba pensando en su dicha.

Estaba la rosa abierta.

¡Ay rosa,
la rosa viva!

Todo el color de la rosa
se hizo razòn de su huida.

2

ROSA DE LA MUERTE

YQ estaba soñando:

El cielo se destejía,
para dar paso a la sangre.
Todo el Espacio fue sangre.
Todo el Universo, herida.

La luna vino a posarse
sobre la sangre.
La Tierra
en sangre se hundía.

Todo el Tiempo se hizo sangre.
Mi corazòn, agonía.

Brotò un alto manantial
de sangre negra y silencio.

Mi corazòn no latía.

Toda la Muerte fue sangre.
Todo el Misterio fue espina.

Fui deshojando mi cuerpo
sobre la sangre del día.

Fui perdiendo la memoria
con tanta sangre vertida.

Yo estaba soñando:
yo estaba pensando.

5

SIN SABER POR QUÉ

¿ADONDE el pájaro va?
¿Busca el hueco en donde estuvo
sobre la rama escondido
antes de echarse a volar?
No lo encontrará.

Flechas tira el hombre
sin saber por qué.
Agua lleva el río.
Llanto trae el nacer
sin saber por qué.

¿Adonde se fue la flor?
¿Hacia dònde irá?

¿Adonde se fue la rosa?
¿Dònde volará?...

Que no se vaya;
que vuelva
sin saber por qué.

Flechas tira el hombre.
Llanto trae el nacer.

¡Al pájaro quiero ver
y a la rosa que se ha ido!
Al llanto quiero nacer.

Y en mi canciòn escondido
quisiera morir,
sin saber por qué,
de olvido.

¡Sin saber por qué!

4

LA ROSA PERSEGUIDA

A la rosa vine a ver:
mas ¿còmo podré?

A la rosa miro,
pero ya se ha ido.

A la rosa nunca veré.
¿Còmo la recordaré?

Nacida entre dos espejos,
entre luna y sol nacida,
equilibrio de dos tiempos,
fiel de dos rosas de vida:
lo que más rosa parece
es hermosura que olvida
que el cuerpo, por darle más,
más le gana a su partida...
Hoy es la rosa, mañana
la rosa será venida
de ayer y será mañana
en hoy, la rosa de ayer
mañana: rosa prendida
por tres clavos a una cruz
de eterno, en eterna huida.

Así, ni rosa pasada,
presente ni presentida:
rosa lluvia, mar y río,
la rosa es fuente de vida.

A la rosa vine a ver:
mas ¿còmo podré?

A la rosa miro,
pero ya se ha ido.

A la rosa nunca veré...
Y ¿còmo la soñaré?


MEDITACIÓN PRIMERA

CANCIONES
1

QUISIERA saber, por ver:
por ser quisiera yo ver.

Quisiera saber qué soy
y dònde estoy
cuando voy
a ser,
quisiera saber...

Quisiera yo ver que estoy
y dònde soy
lo que voy
a ser,
quisiera yo ver...

Quisiera saber, por ver:
por ser quisiera yo ver.

Quisiera yo estarme viendo,
siendo lo que voy a ser,
puesto que soy.

Quisiera yo estarme, siendo,
viendo lo que estoy por ser
adonde voy.

Porque no sé dònde estoy,
quisiera yo ver.
Quisiera saber,
porque no sé lo que soy...

Y por ser adonde voy,
quisiera saber, por ver:
por ser quisiera yo ver
y estarme viendo que estoy.

¡Si pudiera ser!

¿QUÉ fue lo que nuca fue?
Y ¿qtíéwfáfòquesea?
Y, lo qué sea,
¿será lo que fue,
antes de ser
lo que será lo que sea?

¡Quién lo llegara a saber!

POR saber lo que ya sé,
nada volveré a saber.

Sé que no sé lo que supe
y conocerlo quería;
que buscarlo no podía...
y lo busqué.
Y hoy nada sé.

Hoy nada sé, pero supe
que para un saber venía
y que de un saber llegaba:
saber que no conocía
y que quise conocer...
Y hoy nada sé.

Hoy nada sé, pero siento,
que para un saber camina
todo mi conocimiento,
aunque nada sé.

Pero si sé lo que siento,
ya sé lo que he de saber:
aunque no sé por qué siento.

Siento que un saber me tira
y como de un pozo saca
toda el agua de mi ser
a otra vida.

Pero también sé que siento
que si me doy a este ser,
lo que comienzo a saber,
por saberlo, se me olvida...

Y pues que sòlo escondida
la verdad puedo tener,
nada podré conocer
en esta constante huida.

Porque jugué a las perdidas,
ya nunca ganar podré...

Siga el agua su corrida,
que otro la podrá beber...
pues yo al saber lo que sé
nada más puedo saber.

PENSABA lo que iba a ser,
dejando, al pensar, de serlo
antes de ser...

Otra vez no lo pensé,
y nunca supe que estaba siendo,
por dejar de ser,
lo que antes pensaba ser
para ser.

Ahora quisiera saber:
¿qué seré cuando no pueda
pensar lo que pensaré?

QUE lo tengo que decir
antes que decir mi olvido»
bien lo sé;
mas decir qué, no lo sé,
aunque la haré.

Mientras que dure mi olvido,
bien sé que lo he de decir
preguntándome qué digo.
Y así lo haré.

Y lo tengo que decir,
cuando se acabe mi olvido;
pues sin olvido sabré,
que nunca sé lo que digo,
ni para qué,
ni por qué.
Luego olvidaré mi olvido.

6

¡Lo que yo quiero saber!...

Quiero saber
si teniendo
lo que dejo de tener,
puedo ser
lo que estoy siendo,
por sòlo dejar de ser
lo que por serlo
no entiendo:
¡eso quiero yo saber!

Y si acabo por perder
todo lo que estoy perdiendo;
si puedo ser no teniendo
lo que dejo de tener
y por tenerlo
no entiendo:
¡eso quiero yo saber!

Pero ¿acaso lo podré?

Con preguntar
nada pierdo...
Pero ¿a quién
preguntaré?

VIVIR el olvido
es todo vivir.
Quien quiera estar vivo,
comience a morir
y diga conmigo:
vivir es morir
y no estar dormido...
Si ayer me perdí
hoy no estoy perdido,
pues vivo el olvido
por que me perdí.
Y, aunque estoy vencido:
¿quién me vence a mí?
Vencido nací
dentro áe mi (ávido.
Vencido de olvido,
muerto yo nací
y vivo vencido:
¿quién me vence a mí?

¡Morir es vivir!


TRINIDAD DE LA ROSA

(FIEL DEL POEMA)

1

LA ROSA PENSAMIENTO

SOBRE la espalda de un sueño
va cuajando mi figura,
origen de una hermosura
que aún desconoce su dueño.

Hoja tras hoja en la calma
del silencio solicita
lugar para su visita
en la soledad del alma

y un tiempo para el reposo
sobre el temblor de su ausencia
que, con mi cuerpo, presencia
le ha de dar a un nuevo gozo,

puesto que el alma, al saberse
presente, carne es de gloria,
pero, ciega y sin memoria,
jamás podrá conocerse.

Y sin ser conocimiento,
¿còmo el alma puede hallar
espejo en que reflejar
la imagen del sentimiento?

Aún sentimiento de olvido
soy de lo que quiero ver,
para poder luego ser
la verdad de lo que he sido.

Por eso al sueño reclamo
lo que en él sin sueño existe
y sobre su espalda viste
la forma de lo que llamo.

Rosa en él quise llegar
a ser, y ya soy la rosa
sobre el alma, que dichosa
empieza en mi rosa a estar.

Y puesto que hermosa he sido,
eterna soy, y es mi empeño,
llegar nuevamente al sueño
por ver de dònde he nacido.

Mas si no puedo morir,
¿para qué tanto buscar
lo que sòlo he de encontrar
cuando deje de vivir?

Rompa mi cuerpo el olvido
y lléveme hasta el presente
y sáqueme nuevamente
al cuerpo de que he venido.

Mas dígame el caminar
de la flor que tanto dura:
dentro de tanta hermosura,
¿no habrá dònde descansar?


CANCIÓN PERDIDA

PARA saber lo que he sido
y ver lo que quiero ser,
tan solo la muerte pido.

¿Es un descanso el olvido?
¿Es olvido caminar?
¿Es caminar, empezar
a olvidarse del olvido?

¡Nada me enseñe el pensar!

Para saber lo que he sido,
tan solo la muerte pido.

2

LA ROSA PRESENTE

NOMBRE soy de mi existencia
y forma del pensamiento,
imagen del nacimiento
que a mi cuerpo dio presencia.

Mas en la vida en que estoy,
tangible bajo el descuido
de la flor que me ha traído
hacia la flor a que voy,

la belleza no se apura
por desligar su llegada
desde la rosa pasada
hacia la rosa futura.

Así, sin temor, le ofrece
mi corola fugitiva
que, en su libertad cautiva,
aún más hermosa parece,

puesto que el tiempo que alaba
en mí, no es tiempo cualquiera,
ni porque viva ni muera
yo, bajo su sombra, acaba.

Hoy es mi rosa camino
donde sin pasiòn me muevo,
pero en su claustro renuevo
las hojas de mi destino:

que adonde voy he de ir,
a dejar de parecer
lo que, por llegar a ser,
vino mi cuerpo a fingir.

Todo en mí será cumplido,
cuando engañado se vea
el hombre que hoy se recrea
con la forma de mi olvido.

Donde mi cuerpo perdura,
allí lo abandonaré.
¿Rosa soy? Rosa seré.
Mi belleza no se apura.

LÍMPIDA el agua, se olvida
de que es agua, y en su gloria
piensa que el mundo es memoria
reflejada de su vida.
Pero, en su engaño, prendida
el agua se vuelve a ver,
reflejándose al nacer
sobre ella misma tendida...
Y el mundo vuelve a su ser,
quedando el agua vencida.

5

LA ROSA EN EL SUEÑO

EN la memoria escondida,
más honda fui que el olvido.
¿Qué nueva savia ha vencido
el tiempo, por darme vida?

¿Es que de olvido cubierta,
soy del olvido olvidada
y, de esta forma, entregada
a la memoria más cierta?

Desnudo emerge en su espejo
mi nombre y cuerpo de rosa,
y es mi flor aún más hermosa,
dibujada en su reflejo.

Mas la forma del nacer
en esta nueva hermosura,
aleja con su figura
la paz que buscò mi ser,

pues si, perfecta, cautiva
de mi cuerpo, abandonada,
entré al olvido, cansada
de ser rosa fugitiva,
hoy, por quererme llamar
rosa entera de mi olvido,
desde el recuerdo he subido
en nueva rosa a brillar.

No hay descanso en mi existencia
ni hay memoria que me olvide,
puesto que mi olvido pide
a mi memoria presencia.

Así, me entrego a mi suerte,
sin buscar conocimiento
y, eterna en el pensamiento,
cierro mi anillo en la muerte,

pues navegar es mi sino
y, olvidada o por nacer,
tres tiempos de un solo ser
cumplirá fiel mi destino.

Halle puerto quien lo quiera,
mas sepa que lo ha de hallar
sin tenerlo que buscar
fuera del mar donde espera.


CANCIÓN MEDIA

CANTEMOS sin preguntar...

¿De qué nos sirve el pensar
si, cuando el pensar se olvida,
lo que a pensar nos convida
solo se nos viene a dar?...

Soñemos para olvidar.


CANCIÓN PARADA

NADA en la luz adivina
que, siendo luz, ya es olvido:
memoria de luz que ha sido
luz que hoy la luz origina.
Nada el presente ilumina,
puesto que es luz olvidada;
mas si de olvido es llegada
a ser luz, su olvido olvida
y así, por vencer vencida,
ya es luz eterna, lograda.


LAMENTACIÓN DE LA ROSA

(TRES CANCIONES)

1

ANTES de ser,
sé qué soy,
y cuando soy
no lo sé.

Y, cuando deje de ser
lo que soy,
también lo que fui
sabré:

no quisiera vivir
hoy.

Si vivir es olvidar
lo que he sido,
será morir comenzar
a saber
lo que seré.

Mas la muerte,
¿no es olvido
de lo que sé fue?

Muñéndome
lo sabré.

3

VIVIR o morir
es todo
morir hoy.

De vivir vengo,
muriendo estoy
y a vivir
voy.

¡A morir voy,
por vivir!

A vivir y a conocer
de dònde vine a morir.

A morir para saber
còmo se llega a vivir
adonde voy.

A morir voy.
¡A no olvidar lo que soy!


MEMORIA SIN PRESENCIAS

(MEDITACIONES)

SIN cuerpo
nada tendré
y en el cuerpo
no seré
lo que antes de ser
he sido
y para serlo he venido,
buscando mi cuerpo,
a ser...

Si el cuerpo
nada es de mí,
sí para el que va conmigo
y ha de aprender
mi morir.

En mi cuerpo ha de nacer
el árbol de su camino
y, ausente yo, su destino
claro tras de mí ha de ver.

¡Cumpla mi cuerpo su sino:
solo posada ha de ser!

Si en ella
no he de tener
lo que antes de ser
he sido,
sin cuerpo
nada seré.

No hay memoria sin olvido.

SOMBRAS de dos existencias;
páginas de un libro abierto,
balanza de mis presencias...

En medio mi cuerpo está,
como fiel de un equilibrio
de eternos, que eterno es ya.

3

HOY, ni tengo lo que tuve,
ni lo que al morir tendré.

Aunque si en hoy
no hay mañana,
en mañana
no habrá ayer
y sin ayer
ni mañana
hoy solo no puede haber...

Y al no ser
lo que no he sido,
siendo lo que no he de ser,
vuelvo a ser
lo que he querido
ser por no dejar de ser.

Así, lo que tuve tengo
y lo que tengo tendré
y lo que tendré ya tuve
sin dejarlo de tener...

¡Y siempre estoy donde estuve!

QUE esto quede bien sabido:

4

quien nada le da al mañana,
nada tiene ni ha tenido.

5

PREGUNTANDO y preguntando,
pude llegar a saber
que nada estaba buscando
de lo que me convenía
y ya me estaba matando.

Y dejé de preguntar
y lo que encontrar quería,
solo se me vino a dar.

Y era que lo conocía
desde que empecé a buscar:
¡qué dolorosa alegría!

POR salvar la rosa
me he salvado yo;
No hay rosa de ayer
ni hoy,
sino la rosa de Dios.

Por salvar los vientos
me he salvado yo:
No hay vientos de sur ni norte,
sino los vientos de Dios.

Por salvar las aguas
me he salvado yo:
No hay aguas de mar
ni ríos,
sino las aguas de Dios.

Por salvar la tierra
me he salvado yo:
No hay tierra de sol
ni umbría,
sino la tierra de Dios.

Por salvar los tiempos
me he salvado yo:
No hay tiempo de ayer
ni hoy,
sino el Eterno de Dios.

7

MIRANDO el agua
la rosa
y junto a la rosa
yo,
mirando el agua.

(La luz era el alba.)

Mirando el agua
la rosa
y junto a la rosa
yo,
mirando el agua.

(El sol era un ascua.)

Mirando el agua
la rosa
y junto a la rosa
yo,
mirando el agua.

(La tarde empezaba.)

Mirando el agua
la rosa
y junto a la rosa
yo,
mirando el agua.

(¡Qué noche tan alta!)

Mirando el agua
la rosa
y junto a la rosa
yo,
mirando el agua.

(¡Qué estrellas tan bajns!)

Mirando el agua
la rosa
y junto a la rosa
yo,
mirando el agua.

(¡Qué azul vuelve el alba!)

Mirando el agua
la rosa
y junto a la rosa
yo,
mirando el agua.

8

PUESTO que lo quiere Dios,
solo me importa
qué digo,
pero no
còmo lo digo:
digo lo que quiere Dios.


LUGARES DE GLORIA

(JUEGO CON LA FLOR)

1

SITIO DE LA HERMOSURA

EL agua es vida de luz,
aunque el agua es vida
sin luz...
Pero el agua
es luz de la vida
y la vida es luz
y la luz es vida
en el agua...
Mas la vida
es agua de luz
y la luz es vida del alma...
Pero el alma es vida de luz,
y la luz
es el alma del agua...
Aunque el alma es vida, sin luz,
y la luz es el agua del alma...
Pero... el alma es agua de luz
y la luz es la vida del alba...
Pero el alba es vida del alma
y la vida es alba de luz...

Mas el alma no es cuerpo del alba,
ni la luz es el cuerpo del alma
y el agua no es cuerpo de luz...

Mas el alba es el agua del alma...
Mas el alma es el alba del agua...
Mas el agua es el alma del alba...

Mas el alba ¿no 'es tiempo de luz?...
Mas el tiempo ¿no es vida del alba?...
Mas la muerte ¿no es alba de luz?...

¡Una rosa florece en la Nada!

2

ROSA INTERIOR

MÍNIMA flor. Quieta estancia.
La que el pensamiento busca.
Ultima paz donde el tiempo,
desbaratado, se ajusta.

Duerme el amor, toda el alba
en reposo entre sus labios
y toda el alba del sueño
de este reposo manando...

Se abandona a la Belleza,
aprisionado, el Olvido,
y en dos luces la balanza
divide de su equilibrio.

Y el silencio es todo el fiel:
alma feliz de la hora.
Con tantas luces en vuelo,
mínima muerte es la sombra. ..

Hermosura, soledad:
hora del alma feliz.
La que el pensamiento busca:
¡mínima flor de su fin!

3

AMOR

LA luna estaba
en el alba.
No lo sabía.

Le dijo la luna
al agua:
-Mira,
la flor, con mi luz,
parece el alma de mi luz:
¡el alma mía!

Le dijo la luna
al agua.
(El agua no comprendía.)

Todo era calma,
silencio...
La Eternidad sonreía.

El sol mojaba
a la luna
y una rosa parecía.

Le dijo el agua
a la flor:
Mira,
la luna sobre mi espejo
parece el alma de mi luz:
¡el alma mía!

Le dijo el agua
a la rosa.
(La rosa no comprendía.)

Todo era paz,
hermosura...
La Eternidad sonreía.

La rosa estaba
en el alba.
La luna no lo sabía.

Le dijo la rosa
al viento:
Mira,
la luna bajo mi aroma
parece el alma de mi olor:
¡el alma mía!

Le dijo la rosa
al viento.
(El viento no comprendía.)

Todo era luz de misterio.
La Eternidad sonreía...

4

TIEMPO DE LA ROSA

SE lamentaba la rosa:
-¡Tierra para mi rosal!...

Le contestò el pensamiento:
-Y ¿en dònde florecerás?
Antes de nacer
te vi
y en la muerte
te estoy viendo
y, ahora, presente
te miro,
pero no sé
si te veo...

¿Dònde estás?
¿Cuál es, viajante rosa,
tu perenne cuerpo?

La rosa se lamentaba...
-¡Tierra para mi rosal
te pido por no saberlo!
¿No ves
que tres rosas vivo,
siendo una sola
en lo Eterno?

Sombra para descansar
te piden mis tres silencios.

La rosa se lamentaba...
(No comprendiò el pensamiento.)

5

LA ROSA TERRENAL

Canciòn de huida

AUNQUE no se ve la flor,
su sombra está sobre el muro.
Vendado tiene el aroma
para mayor disimulo;

que alcanzò paso en la vida
hospedada en el silencio
y el clamor de su hermosura
puede despertar al Tiempo.

Ámbito justo en el alba
nacimiento de su muerte,
es aún más bella la rosa
que el temor que la sostiene.

Y su color se adivina
en la esbeltez de su tallo
y en la luz que la traiciona
su nieve en cal proclamando.

Y es tan pura que se engaña
por contemplar su belleza
y, enamorada, se olvida.
(La luz tras su cuerpo acecha.)

Hoja tras hoja levanta
la flor su puesto en el día
y sobre el muro se mece
sin saber que es advertida...

Ya nada en la luz apura
por contemplar la batalla
que amor, soledad y olvido
le dan, vencida, a sus armas.

Mas avisado fue el Tiempo
de la razòn de esta lucha
y aunque no se ve la flor,
sabe el temor que la oculta.

Banderas: ¡fuego! ¿poniente?..
La luz, toda, arremolina
su torbellino de flechas
tras la rosa perseguida.

Y todo en flor inocente,
por más limpio, descuidado,
el candor sigue en'sio. espera...
(La luz da fin a su asalto.)

¿Dònde está la rosa? (Dice
el Tiempo.) Llega la noche...
Vendado el Sol, la Hermosura
libre, flor y sombra esconde.

6

LA ROSA EN PENA

Canciòn de tres ánimas

ERA el llanto de la cal.
Era el frío...
Venid,
vamos a la flor
¡que aún no ha nacido!

-Venid,
vamos a cortarla
antes que nazca.

-Antes que pueda morir
por nacer.
Antes de que llegue a ser,
antes que pueda vivir,
vamos a coger la flor:
¡vamos a cortarla
antes que nazca!

Era el llanto de la flor.
Era el frío...

-Venid,
vamos al olor
de la flor que ha sido.

Venid, venid.
Vamos, vamos
hacia la rosa del llanto:
¡que se ha ido!

¿Antes de nacer muriò?
¡Y alguien la vio!
Alguien a la rosa vio
que se ha perdido.
Venid, vamos a su olor:
que ya se ha ido.
¡Vamos a la ñor!

Era el llanto de la flor.
Era el frío...
Venid,
vamos a la flor,
vamos a su olor,
vamos al dolor:

¡que ya ha nacido!

Era el llanto de la flor
Era el frío...

(Un paso daba la Muerte
y otro borraba el Olvido.)

7

LA ROSA NARCISO

¡QUE te vas al agua, rosa,
y en el agua no hay memoria:
que te pierdes!...

Que tú eres rosa de vida:
rosa de tiempo presente.

No eres rosa presentida.
No eres la rosa que viene.
No eres rosa de la idea
que se asoma al pensamiento
de la rosa, a conocerse.

Que tú eres rosa de vida:
rosa de cuerpo presente.

En el agua hay un demonio:
no lo mires, ¡que te pierdes!

Y ese morir, es negarte
a lo que fuiste y aún eres.
Que tú eres rosa de vida:
rosa futura, presente.

Tú eres rosa ya nacida.
No eres la rosa que viene.

Tú eres rosa que el olvido
llevará hasta el pensamiento
para ser rosa perenne.

Que tú eres rosa de vida:
rosa de eterno presente.

El agua es un mal consejo.
Rompe su engañosa frente.

¡Que te vas al agua, rosa,
y en el agua no hay memoria:
que te pierdes!

¡Ya atardeces!...

(Cayò el Tiempoí sobre el agua:
quedò desnuda la fuente.
Toda el agua se hizo espuma
y toda la espuma, muerte.)

8

CANCIÓN PERDIDA

DIJO el Tiempo:
-Yo estoy, siendo.

El Espacio:
-Siendo, estoy.

Y la rosa:
-¿Estoy viviendo
o es que para vivir
voy?...

Bostezò la Eternidad:
-¡Cuándo acabará este Hoy!


ÚLTIMA CANCIÓN

CANCIÓN ANTIGUA

SÓLO recoja mi voz
el que, al desnudar el viento,
conozca el cuerpo de Dios.

FIN DE
"MÍNIMA MUERTE"
Y DE LAS
"POESÍAS COMPLETAS, TOMO I, DE
EMILIO PRADOS"


EMILIO PRADOS

POESÍAS COMPLETAS

TOMO II

Ediciòn y pròlogo de
CARLOS BLANCO AGUINAGA
Y
ANTONIO CARREIRA

TOLLE, LEGE
AGUILAR

JARDÍN CERRADO

(NOSTALGIAS, SUEÑOS Y PRESENCIAS)
(1940-1946)

INGRESO A UNA TRANSFIGURACION

Por Juan. Larrea


MONTE OBSCURO

La tarde ya está cayendo...
Y el viento:
mueve que mueve el romero.
¡El viento!

-¡Ay, qué grande es
todo el cielo sin viento!

La noche ya está viniendo. . .
Y el viento:
mueve que mueve el romero.
¡El viento!

-¡Ay, còmo luce
el lucero sin viento!

La noche ya entrò en el campo.
(¡Qué despacio
va el agua del río,
qué despacio!.. .)

Y el viento:
mueve que mueve el romero.
¡El viento!


VEGA DEL SUEÑO

Oliva, olivar, olivo:

¡que viene el día!
(Y duerme el río...)

Olivo, olivar, oliva:
¡que viene el río!
(Y duerme el día...)

Olivo, oliva, olivar
mi olvido olvida olvidar.

¡Olivo!


INSOMNIO

¿Tordos en el olivar?...
-No, tordos, no.

(¿Qué tengo, que no duermo?
Soñar no quiero...
Pero ¿qué tengo?)

-Tordos en el olivar, no.
No, tordos, no.


CAMPO ABIERTO

¿Sobre el olivo el zorzal?...
-Silencio en el olivar.

-Y ahora que en el sueño estamos
quisiera decirte, olivo...

(Vuela el zorzal...
Campo, campo.)


NOSTALGIAS DE MAR Y TIERRA

Media noche

-¿Luna tendida en el monte?

-¡Luna de pie sobre el mar!

... Y el corazòn, que va y viene
remando en la soledad...

Amanecer

¿Sale el sol?...

-El mar se tiende
sobre la arena a esperar.
Sobre la arena se duerme.

¡Sale el sol!


REFRÁN

Oye luna, párate,
que no es tan grande
el jardín
y hoy necesita de ti..

¡Párate!


SOLEDAD EN EL ALBA

AY rosa, calla, calla:
ocultémonos juntos
bajo los pies del agua.

Ay, calla, calla viento:
bajo los pies del monte
dejemos nuestros cuerpos.

-¿Qué ocurre?
-El sol naciente
-joya de primavera-
luce sobre lo verde.

-¿Y el amor?. . .
-En olvido.

(Como un rumor de sueños
rueda el agua en el río.)


BAJO LA ALAMEDA

AYER, tan cerca el jardín.
Hoy, ¡qué lejos!

Me voy perdiendo de mí
para buscarme en lo eterno.

-¿Hoy?...
¡Qué lejos!

2

Con temores voy
pero voy.

Y esto que marcha
conmigo;

y esto que va
tras de mí,
y esta sombra
a la que sigo
con temores,
¿a dònde va?:
¿dònde voy?...

-Con temores.

3

-¿Y ese rumor?...

-Es el rumor
de las hojas secas.

-Y ¿por qué se quejan?

4

La noche, cerrada.
-¿Dònde está el jazmín?
Dormido en el agua.

(¡Qué alto el ciprés!
¡Qué alto el lucero!)

La fuente, callada.
-¿Dònde está la noche?
Dormida en el agua.

(¡Qué alto el ciprés!
¡Qué alto el lucero!)

Si te viera, amor,
si te viera...
-Ay, ¿dònde está el agua?

(¡Qué alto el ciprés!
¡Qué alto el lucero!)


TEMOR DE ABRIL

¡Luz! -¿Tanta luz y tan lenta
y tan dulce y constante
y tan fiel, en la tierra?

¡Sol! -¿Tanto sol y no ciega
y no reduce al viento
y no agosta la yerba?

¡Flor! -¿Tanto aroma y se entrega
tan generosamente,
sin premio, a la belleza?...

De algo el tiempo se olvida
o de nada se entera,
o cauteloso y hábil
bajo este engaño acecha...

(Prudentemente el agua
se oculta en la alameda
y corre y corre y corre,
desconfiada y tierna:
avisando a la rosa,
despertando a la arena,
abrazándose al tronco
desmelenada, inquieta;
bajando a lo profundo
de la raíz, secreta,
para subir de nuevo
rápida mensajera,
a decir entre el musgo
y contar en las piedras
y desmayar su angustia
sobre el remanso abierta
y gemir, corre y corre,
avizora y señera,
los ojos sobre el cielo
y por tierra la lengua,
sin saber dònde corre
ni por qué su carrera...
Mas corre, corre y dice:
-¿Tanta luz y tan tierna
y tan dulce y constante
en esta primavera?...
¿Tanta flor, tanto aroma,
tanto amor en la tierra?
¿Tanto beso en el aire?
¿Tanta flecha en espera?...
De algo el tiempo se olvida
o de nada se entera
o cauteloso y hábil
bajo un engaño acecha.)

Está en el cielo el alba,
como una herida abierta...
Cruza el monte lejano
una nube sangrienta.

Sobre sus altas hojas
ya en temblor, la arboleda
hacia la luz que avanza
su batalla presenta.

Y el agua corre y corre,
oculta en la alameda,
dejando en todo el campo
su brillo de culebra.

Como el agua, mi sangre,
corriendo por mis venas,
por despertar mis sueños
mis temores despierta.

(Un doloroso anillo
mi corazòn aprieta...)
¡Algo mi cuerpo olvida
o, cauteloso, acecha!


REFRÁN

¿QUE un lucero se apagò?.

¡No;
se parò
mi corazòn!

-¡No!


MI UNIVERSO

Mi corazòn está abriendo los ojos.
¡El día es mi corazòn!

(¡Qué ancho! ¡qué largo! ¡qué alto!)

.. .Y ando y ando
y toco y llamo:

-Yo, yo, yo... Soy yo,
yo... ¡Yo!

(Silencio es mi corazòn.)

Mi corazòn ha cerrado los ojos.
¡La noche es mi corazòn!

(¡Qué hondo! ¡qué estrecho! ¡qué largo!)

.. .Y ando y ando
y toco y llamo:

-Yo, yo, yo... Soy yo,
yo. ¡Yo!

(¡Qué obscuro es mi corazòn!)

Mi corazòn se ha quedado sin ojos.
¡El mundo es mi corazòn!

(¡Ay, cuánta estrella brillando!)

.. .Y ando y ando
y toco y llamo:
-Yo, yo, yo... Soy yo,
yo. ¡Yo!

(¡Qué lejos suena mi voz!)

Mi corazòn, dura sombra sin párpados,
rompe en el viento su flor.

(¡Cuánto dolor sin espacio!. . .)

Como una piedra en un pozo,
sobre la pared del tiempo
retumba mi corazòn:

-Yo, yo, yo. . . ¡Soy yo!
Yo. ¡Yo!...


DOS SOMBRAS

1

NOCHE: ¡qué pocos luceros
tiene la frente del muerto!

-Dos, que yo le robé...

Devuélveselos, noche,
a tí te sobra cielo.

2

Noche: ¡qué dulce campana
se escucha bajo tu cuerpo!

-No es campana, lo que suena
es mi corazòn...

¡Silencio!


OTRA VEZ

¡QUÉ alto el ciprés!
¡Qué alto el lucero!

(¡Ay, cuántas hojas
sin viento!)

¡Qué alto el ciprés!
¡Qué alto el lucero!

(¡Ay, cuánta sombra
en el suelo!)

Solo estoy,
pero no estaba.
Cuando la luna salga
solo estaré,
pero no estaba...

¡Sí, cuando salga la luna,
-¡qué alto el ciprés!,
¡qué alto el lucero!-
ay, qué noche tan obscura!


MEDIA NOCHE

LA luna arriba entre nubes,
igual que un pétalo errante.

Sobre la tierra, callada,
Mayo nace.
-¿Mayo nace?

¡Naciò la rosa!
-Al nacer
nadie la vio.
-¿Nadie?
-Nadie.

-¿Quién la vio vivir?
-El viento,
escondido entre los árboles.

-¿Quién la vio morir?
-El viento,
ya medio hundido en la tarde.

Está la tierra parada.
Mayo nace...
-¿Mayo nace?.

(Yo sueño con un camino.
Nadie lo ve, nadie, nadie...)


GEMIR DE MAYO

¿QUIÉN llora bajo la piedra?
-La luz que aprieta.

¿Quién bajo el agua ligera?
-La luz que lleva.

¿Quién sobre el alto lucero?
-La luz del sueño.

Y ¿quién con la lluvia canta?
-Es la esperanza.

Ya mueven las alamedas,
lentas, sus ramas.
Ya el jazmín su flor prepara
y ya la luna se niebla
y el oro por nieve cambia...

¿Quién gime bajo la sombra?
-La luz del alba.


COPLA

ALGO me llama en la noche.
No sé qué es...

Algo en la noche me llama.
¡Miedo me da!

En la noche me entraré;
pero... ¿saldré?

¡Miedo me da!


TRES NOSTALGIAS SIN TIEMPO

1

-¿LUNA sobre el olivar?

(Se oye en el mar un quejido,
luego, el latir de una sombra,
más tarde, solo un suspiro...)

-¡Luna sobre el olivar!

2

-¿Luz en el suelo?

(Como la luna, redondo,
el jardín encerrado
en la sombra...)

-¡Luz en el cielo!

-¿Luz en el cielo?

(La luna, como el jardín,
redonda, encerrada
en la sombra...)

-¡Luz en el suelo!

(Silencio, que pasa el viento.)

-¡Silencio!

3

Cierro mis ojos. El sueño
por ellos baja a escuchar
dentro de mi corazòn
el viento obscuro del mar.

¡Ya no podré despertar!..
¡Ya no sabré despertar!


ROMANCE

EL jardín está al principio
del estío, y la tarde abierta..

(¡Ay, còmo sabe a jazmín
la sombra de la alameda!)

Mirtos nacen de la fuente
donde el surtidor se queja...

(¡Ay, còmo suena el olvido
cuando la noche se cierra!)

Lágrimas son, en el agua
del remanso, las estrellas.

(¡Ay, qué dolor tan lejano
bajo la oculta violeta!)

Los sauces juntan sus hojas
húmedas, que el viento besa...

(¡Ay, qué sabor a cuchillo
los labios de la azucena!)

Al pie del estanque un niño
de bronce duerme en la yedra...

(¡Ay còmo duele el inmerso
llanto, sin flor, de su flecha!)

El jardín es el principio
de una sangre que se aleja...

(¡Ay, qué suspiro en los ojos,
su aguda, infinita ausencia!)

Me tiendo sobre el jardín
húmedo, en su tierna yerba...

Y... (¡ay qué espinas de rocío,
amor, en mi frente aprietas!)


ULTIMAS NOSTALGIAS DEL JARDÍN PERDIDO

1

HUERTO FRÍO

CANTA un lucero en la acequia:
-Ay, cállate, corazòn,
que la sombra te persigue.

Canta un jazmín en la alberca:
-La soledad me mirò
y, hoy, el olvido me viste...

¡Ay, párate, corazòn!

2

REFRÁN BAJO

Lo que el lucero
perdiò,
está en el agua del pozo.

¡Tápalo!

3

RINCÓN DE LA SANGRE

Tan chico el almoraduj
y... ¡còmo huele!
Tan chico.

De noche, bajo el lucero,
tan chico el almoraduj
y ¡còmo huele!

Y... cuando en la tarde llueve,
¡còmo huele!

Y cuando levanta el sol
tan chico el almoraduj
¡còmo huele!

Y ahora que del sueño vivo
¡còmo huele,
tan chico, el almoraduj!
¡Còmo duele!. . .
Tan chico.

4

ESPEJISMOS

Entrò el viento en el jardín del olvido
y se vio su cuerpo en él
desnudo, y detrás el cielo.


-Cuerpo mío, cuerpo mío
(preguntò), ¿qué haces ahí?...

Cuerpo mío: cuerpo mío
busco para mi vivir.

Entrò el cielo en el jardín del olvido
y se vio su cuerpo en él
desnudo, y detrás el viento.

-Cuerpo mío, cuerpo mío
(preguntò), ¿qué haces ahí?

Cuerpo mío: cuerpo mío
busco, para no morir.

Entrò el jardín bajo el cielo en el viento
y se vio desnudo en él,
y por detrás el olvido.

-Cuerpo mío, cuerpo mío
(preguntò), ¿qué haces ahí?

Cuerpo mío: cuerpo mío
busco, para no sentir.

Sonaba el agua en la fuente
y el perfume del jazmín
iluminaba el estío doloroso
de la noche...

5

CAMINANTE DEL SUEÑO

Por el camino del sueño,
campo y huerto.

-¡Mi campo! ¿Morir sin tí?...

(Junto a la alberca, el jazmín
se enreda al ciprés del huerto.)

-¡Mi campo! ¡Morir allí!...

(Al pie del mastranzo en flor,
¿seguirá el agua corriendo?)

-¡Mi campo! ¡Morir en tí!...

Campo.
Campo y huerto,
por el camino del sueño.

6

ALEGRÍA

¡Ay, qué alta está
la alameda!

-Y còmo el viento
la enreda.

-Pues... su sombra.

¡Ay, qué alta está
la alameda!

7

TEMBLOR DE ESTÍO

¿Qué me importa la alameda
si no he de volver a ella?

-Al borde de la alameda
hay una rosa entreabierta...

¿Qué me importa la alameda
si no he de volver a ella?

-Al borde de la alameda
hay un lucero que sueña...

¿Qué me importa la alameda
si no he de volver a ella?

-Al borde de la alameda
hay una sombra que espera...

¿Qué me importa la alameda
si no he de volver a ella?

-Al borde de la alameda
llora el agua entre las piedras.
¡Suspiran las hojas secas!

¿Qué me importa la alameda
si no he de volver a ella?


DOS CANCIONES DEL VIENTO

1

¿LAS alamedas se mueven?...

Orden tienen de quedarse
dormidas, porque no hay luna...
y se mueven.

Es peligroso el negror
cuando el silencio es tan frío...
y se mueven.

Tan honda es la soledad
que ni se siente el olvido...
y se mueven.

Y yo por las alamedas voy perdido.
-¿Y se mueven?

¡Orden tienen!

2

¡Qué altos se mueven los álamos!
¡Qué altos!

A nadie quiero llamar,
pero la voz se me va...
-¿De dònde viene?...

¡Qué altos se mueven los álamos!
¡Qué altos!

Y nadie me ha de buscar...
Pero esta voz que a mí viene,
¿de dònde viene?...

¡Qué altos se mueyea los álamos!
¡Qué altos se mueven!


¿TODO SE HA PERDIDO?...

¡AY, sombra, sombra,
búscame por el fuego!

Me acerco a la mariposa:
¡está al fondo del estanque!
Me acerco al árbol más bello:
¡está al fondo del estanque!
Me acerco al niño que juega:
¡está al fondo del estanque!
Me acerco al alma, en silencio:
¡está al fondo del estanque!...

¡Ay, sombra, sombra,
búscame por el fuego!

Vi la tarde abierta,
quise entrar en ella...

¡Buscaba el alivio
de otras tardes, muertas!

Un jazmín cantaba
su aroma de estrella...

-¡Ay, jazmín!...
Me acerco:
su flor está en tierra.

Un árbol soñaba
toda una alameda.

Me acerco...
Sus ramas,
sobre el suelo, secas...

Era un ascua el pájaro,
¡luz de primavera!

Me acerco....
Sus alas:
ceniza en la yerba.

¡La yerba! ¡la yerba!
¡Oh final ternura!
(¡Me arrodillo en ella!...)

¡Mis labios!...
(Mis besos se quiebran
sin eco, en la arena...)

¡Ay, sombra, sombra,
búscame por el fuego!


BAJO LA ALAMEDA

¿QUIÉN cruzò la noche?
-¡Yo!
Pues cállatelo.

¿Quién rompiò la noche?
-¡Yo!
Pues cállatelo.

-¡No, que el jazmín
ya está naciendo;
que ya se está abriendo!...

Pues cállatelo.


BAJO EL CIPRÉS

EN el huerto me he dormido.

Árbol sin nacer: ¿qué olvido
futuro, será tu sombra?
Árbol de ayer: ¿en qué sueño
tu olvido su mano ahonda?...

En el huerto he despertado.

Morado alhelí: ¿qué fuego
quema tu aroma lejano?
Jazmín -temblor de la noche-
¿qué fuente te está llamando?

En el huerto estoy sentado.

Cuerpo triste: ¿en qué rocío
tu pena se está mojando?...

(Huele el sándalo florido
y mueve el viento al mastranzo.
Flota la luna en la acequia...)

En el huerto estoy llorando.


COPLA

AQUEL lucero tan alto
le ganò el cuerpo a la noche
mientras yo estaba soñando...

Luego, el agua de la fuente
-¡tan quieta!- me fue diciendo:
-Este lucero, tan bajo,
le gana el sueño a mi frente
y a tu frente...

¡Qué dos luceros tan claros!


LA VOZ INMÓVIL

EL ciprés, junto a la adelfa,
velando a la luna nueva,
me está llamando:
-Ven, ven...

(No, no, que no voy,
que no.)

El ciprés, junto a la acequia,
velando a la luna llena,
me está llamando:
-Ven, ven...

(No, no, que no voy,
que no.)

El ciprés, junto a la alberca,
velando a la luna muerta,
me está llamando:
-Ven, ven...

(No, no, que no voy,
que no.)

La noche cubre al ciprés
como una campana negra.

Sigue sonando:
-¡Ven!...
¡Ven!...


LA PENA EN EL AGUA

RECUERDA conmigo,
amigo:

Platanares junto al mar;
almoraduj en el huerto,
jazmines bajo el pinar...
Y en la alberca una guitarra
negra, con flores de azahar
clavando a la luna llena.

Llega el olor del habar
hasta el chorro de la fuente...

Se oye al silencio cantar:
-¿Recuerdas conmigo,
amigo?...


REFRÁN

¡NOCHE demasiado clara!...

(La soledad pierde al hombre,
sin piel, fundido en su alma.)

¡Noche demasiado alta!


JARDÍN CERRADO

PARA mirar mejor la noche,
estoy parado a orillas de mi vida.

¡Ay, cuánta estrella cautiva!

Para mirar mejor la noche,
estoy parado junto al agua dormida.

¡Ay, cuánta estrella cautiva!

Para mirar mejor la noche,
estoy parado a espaldas de la brisa.

¡Ay, cuánta estrella cautiva!

Para mirar mejor la noche,
estoy parado al pie de una sonrisa.

¡Ay, cuánta estrella cautiva!

(¡Ay, cuánta estrella cautiva
en el fondo de mi herida!
¡Ay, cuánta estrella cautiva
coronando mi agonía!...)

Para mirar mejor la noche,
estoy soñando junto al agua dormida.

¡Ay, cuánta estrella en la orilla!...

Para sentir mejor la noche
voy a arrancarle al surtidor su espina.

¡Ay, cuánta estrella partida!

(Mueve el silencio las ramas...
Un jazmín cae sobre el agua...

¡Ay, cuánta estrella en mi alma!)

Para mirar mejor la noche,
voy a dormirme a orillas de la Nada.


COPLA

JUNTO a la fuente el jazmín
me ve pensar y pensar:
me he metido por la noche
buscándola y... ¿dònde está?


LA SOLEDAD CAUTIVA

ME persigue la luz.
-No, no es la luz.
¿Qué me persigue?...

Me persigue la flor.
No, no es la flor
que me persigue.

Me persigue el amor.
-¡No! -¿No? ¿El amor
no me persigue?

Cuerpo: ¿qué me persigue?
¿la sombra, acaso,
que te sigue?...

Luce la estrella...
Cantan los niños...
Las aves vuelan...

Y... -¡Todo vive!
La Muerte sueña.


EL TIEMPO EN LA SANGRE

AY, la sombra que eras tú
ayer cuando yo te vi
tras de la tarde perderte:
¿a dònde se te fue, luz?

(Corazòn, cállate.)

¿A dònde te fuiste ayer
que bajo la luz te entraste
sin sombra, toda tu sombra
dándole al cielo su sangre?

(Corazòn, cállate.)

¿En dònde estás, arboleda
que al jardín le diste templo
de altura, en la soledad
obscura de tu silencio?

(Corazòn,, cállate.)

Di, vida: ¿por dònde vuelas?
¿Dònde estás? ¿Dònde has perdido
los suelos de tu defensa?

(Corazòn, ábrete.)

Moja una rama en la fuente
las hojas de su desmayo.
Cruza la noche.. .
Un lucero
bebe en la fuente su llanto.

¿En dònde estás, corazòn?...
-Corazòn, te estoy velando..
(Corazòn, párate.)


COPLA

¡QUE el agua es llanto!
(Canta la piedra.)

¡Llanto es la piedra!
(El agua canta.)

¡La estrella es llanto!
(Canta la noche.)

¡Llanto es la noche!
(Canta la estrella.)

Y junto al agua y la piedra:
-¿Se te ha olvidado tu sombra?
Me va cantando la tierra.


RINCÓN DE OLVIDO

LA piedra y el cielo.

(¡Ay, como un gemido,
¡ay!... cayendo el agua,
la melena al viento!...)

La tierra y silencio.


COPLA

ESA estrella, en el desierto,
tanta luz le dio a la arena
que apenas si es ya lucero.

Ahora, cerca del jazmín,
quisiera beber su aroma...
Y, luego...

(Esa estrella del desierto,
tanta luz bebiò en la tierra,
que ya no brilla en el cielo.)


NOSTALGIAS DEL CAMPO ABIERTO

1

AMANECE

QUIEN vio el romero
y hoy no lo ve:
¡còmo piensa en él!

Monte de jara y espino:
¡còmo piensa en él!

Suelo de aulaga y mastranzo:
¡còmo piensa en él!

Tierra de espliego y tomillo:
¡còmo piensa en él!

Ay, jaramago florido:
¡còmo piensa en él!,
¡còmo piensa en él!...

A orégano huele el campo,
a orégano.
A orégano está soñando. . .

¡Còmo pienso en él!

2

MEDIODÍA

¿Y el sol?..,

-¡Qué solo va el sol
por el campo!
¡Còmo pienso en él!

(A orégano huele el campo,
¡a orégano!)

3

TARDE CAÍDA

¿Y el agua?.,.
-En la yerbabuena.

¿Y el agua?...
-En el toronjil.

¿Y el agua?...
-En el perejil.

¿Y el agua?...
-Bajo la adelfa.

(A orégano huele el campo,
¡a orégano!
A orégano está llorando.)

¡Còmo pienso en él!


LAS ALAMEDAS


CANTAR DEL ATARDECER

(Chapultepec, 6 de junio)

A José Luis, Paco y Odòn,
al volver de paseo

I

¡ALTAS alamedas!
(Y el viento con ellas.)

¡Altas alamedas!
(¿Y las hojas secas?)

¡Altas alamedas!
(La tarde está abierta.)

¡Altas alamedas!
(Y la luna llega.)

¡Altas alamedas!
(La noche se acerca.)

¡Altas alamedas!
(Y el otoño dice:
¡Altas alamedas!)

¡Altas alamedas!
(Y la luna sueña.)

¡Altas alamedas!
(El lucero espera.)

¡Altas alamedas!
(El agua, ¡tan quieta!)

¡Altas alamedas!
(La noche se cierra.)

¡Altas alamedas!
(¿Y esa estrella muerta?)

¡Altas alamedas!
(El eco repite:
¡Altas alamedas!)

¡Altas alamedas!
De lejos las miro...
¿Qué sombra entrò en ellas?

¡Altas alamedas!
(El viento suspira:
¡Altas alamedas!)

II

CUANDO estaba lejos
vi las alamedas.
Cuando estaba en ellas
vi las hojas secas.

III

A las alamedas
me voy a vivir.
No me dejarán sus hojas
soñar ni dormir.

Salí de las alamedas
¿a dònde iré ahora?
No quiero robar la muerte,
si la muerte no me roba.

Vengo de las alamedas;
las hojas me siguen.
Porque me siguen las hojas
siento que mi cuerpo vive.

IV

Alas alamedas
entré a descansar.
Me dormí a su sombra:
no he de despertar.

En las alamedas
entré por dormir.
Desperté en su sombra,
no puedo salir.

En las ramas altas
la luna se enreda.
Mi cuerpo, en la sombra
de las alamedas.

Si en las alamedas
entré por soñar
y olvidé mi cuerpo:
¿quién lo ha de encontrar?

En las alamedas
el viento se enreda.

V
NIÑOS

JUGANDO y jugando
estaban.

Las alamedas:
¿qué pensaban?

La tarde estaba soñando
con la muerte:
¿y qué soñaba?.,.

Las alamedas:
¿qué pensaban?

Jugando y jugando
estaban
y no soñaban...

Las alamedas:
¿qué pensaban?

Soñando y soñando
estaban...

Y ¿a qué jugaban?

VI

VOLVÍ de las alamedas.
Nunca lo hiciera:
pensaba y pensaba en ellas.
¡Jugaba a las alamedas!

¿A dònde voy?, pregunté.
¡Nunca lo hiciera!
Jugaba a las alamedas. . .

¿Dònde estoy?
Nunca lo hiciera,
jugar con las alamedas:
pensaba y pensaba en ellas.

¿A dònde fui?...
Nunca fuera
tan solo a las alamedas.
Pensaba y pensaba en ellas. . .

Salí de las alamedas.
Nunca lo hiciera...

(Noche obscura,
noche negra...)


LIBRO SEGUNDO

EL DORMIDO EN LA YERBA


CANTAR DEL DORMIDO EN LA YERBA

1

LA muerte está conmigo;
mas la muerte es jardín
cerrado, espacio, coto,
silencio amurallado
por la piel de mi cuerpo,
donde, inmòvil -almendra
viva, virgen-, mi luz
contempla y da la imagen
redimida, del fuego.

Si he de morir, ya es muerte:
la estrella, la avenida,
el silencio, la noche,
el agua y el amor.

Lo dice así la fuente
y el suspiro.
También
mi sangre cuando besa.

Si he de morir: mis labios,
vencidos de misterio,
ya nada buscan: cantan,
pues no ha de ser mi olvido
la tierra ni el silencio...

Y el jazmín no pregunta
desmayado en la sombra:
-¿a dònde irá el lucero
que mi nieve ha perdido?...

Si ha de morir: su aroma
es muerte; su flor muerte,
como la tierra húmeda
del cerrado jardín
de mi alma, es carne
de la muerte también:
¡luz! ¡Fúlgida memoria!
¡Eje de un universo
nuevo, que va a nacer
sin niebla, al fin, de olvidos!

Lo dice así Ía fuente
y el suspiro.

También
mi sangre cuando besa.

2

Como tú, luna, sí:
el sol, como la luna.

Amor, igual que tú:
tiempo, por ser la sangre;

sangre -espacio de eterno-,
tiempo -sangre de espacio-.

Como la noche, el día.
Luz, igual que tú, sombra.

Fin, comienzo del alma.
Principio igual que término.

Vida: cuerpo en la muerte...
Muerte, igual, porque es vida.

Así es el hombre: fiel
de cantar o de llanto,

balanza en equilibrio
de palabra o de sueño.

Quietud: amor y amor.
Vida: olvido y olvido.

3

Muerte, como tú, luna.
Como tu fuego, sol:
luz de luna, en la noche,
sobre el jardín cerrado
de su carne, es el hombre.

4

Y aquí dormido está,
tembloroso, en la tierra,
pensando en que al ser hombre:
alma fiel es del centro
candente de su espera...

-¿Luz?.. . ¡Luz, igual que sombra!
¡Cuerpo igual que tú, luna!

5

Bajo el sol o en la noche,
centro soy del jardín:
sombra, cuerpo yacente,
figura del reposo.


PAZ

¡ÁBRETE, puerta del alma!

(Gota a gota,
cae la rosa sobre el agua.. .
Hoja a hoja,
su perfume la levanta. . .)

¡Ciérrate, puerta del alma!


REFRÁN

DAME la llave
para morir...

-La muerte
no tiene puertas.

Pero yo, sí.


EL TEMOR BAJO EL VIENTO

1

NOCHE, cierra bien tus puertas
porque la muerte te ronda.

Muros blancos del jardín,
corona de tierra y nieve:
¡subid!, ¡subid!,
¡guardad la rosa!

Lágrima del surtidor,
rompe tu flor sin corola.

Baja al estanque, lucero.
Ven,luna.
¡Párate, sombra!...

(Despierto y. . .
Vuelvo a dormir.)

-¿Pozo en el olvido?...

-¡Sí!
Porque la muerte nos ronda.

2

¡Que se va el lucero!

-¿Que se va?... ¡Quieto está!

¿Tan ciega es mi soledad?

3

¡Que se va!
¡Que ya se va
el olor de la violeta!
¡Noche, cierra, que se va!
¡Que ya se va!. ..

¡Que se va! ¡Que ya se va
toda la sangre hacia el sueño!
¡Noche, cierra, que se va!
¡Que ya se va!

-Y... ¿por quién esperan?

(La estrella en el agua.)

4

¡Noche, sálvate
en la copa del álamo!...

(La Muerte pasa
de ronda.)

-¡Alto!...

(Una estrella
cae en el suelo.)

-¿Desde el árbol?

5

¿Que el viento
apagò el jardín?...

-No era de fuego.

¡Por eso!


CANTAR TRISTE

Yo no quería,
no quería haber nacido.

Me senté junto a la fuente
mirando la tarde nueva...

El agua brotaba lenta.
No quería haber nacido.

Me fui bajo la alameda
a ocultarme en su tristeza.

El viento lloraba en ella.
No quería haber nacido.

Me recliné en una piedra
por ver la primera estrella.

¡Bella lágrima de estío!
No quería haber nacido.

Me dormí bajo la luna.
¡Qué fina luz de cuchillo!

Me levanté de mi pena...
(Ya estaba en el sueño hundido.)

Yo no quería,
no quería haber nacido.


EL PECHO Y LA LUNA

¡LUCE, luce!

-Para qué tanto,
si no me miras...

(¡Luce, luce!)

Para que tú salgas, luna:
azahar es todo el campo.
Para que salga la luna,
¡toda la noche es remanso!

¡Luce, luce!

-Para qué tanto,
si no me miras...

(¡Luce, luce!)

¡Ay, cuando sale la luna
(cállate, amor, que me ciegas),
ay, cuando la luna sale,
todo el azahar por tierra!...

¡Luce, luce!

-Para qué tanto,
si no me miras...

(¡Luce, luce!)

¡Ay, sombra de la alameda,
no cortes lágrimas muertas!...

¡Luce, luce!

-Para qué tanto,
si no me miras...

(¡Luce, luce!)

Ni te quiero, amor, ni vengas;
que toda mi luz te llevas.

-¡Luce!


COPLA

ENTRÉ despacio al jardín
buscándole el corazòn:
¡còmo temblaba mi sueño!...

Para llegar en la noche
hasta el brocal de la fuente
y encontrar en él la flor...
¡ay, cuánta sombra por medio!


INVIERNO EN EL JARDÍN

1

CUANDO pasa el viento
se oculta el silencio.
¡Qué limpia la luna,
cuando pasa el viento!

-¿Por qué llora la alameda?
¿Por su sombra?...
-¡Tiene sus, hojas!
-¡Ay, cuánto olor en la tierra,
cuando la alameda llora!

(Cuando pasa el viento
se oculta el silencio.
¡Qué limpia la luna,
nivelando el tiempo!)

¡que me hundo!...
Lucero, ¿es que no me ves?...

-Amor, sí, tan junto a mí,
que... ¡húndete!

Algún día -lo sé muy bien-,
presiento que algún día
te amaré al recordarte,
noche que hoy me persigues.

Entonces, tus luceros
alcanzarán su mágica blancura
clavados en mi sueño,
como envidiosos
miran hoy al jazmín junto a la fuente
calmar mi obscuro afán, lejos del cielo.
Cielo que tú has de darme,
noche que hoy me persigues
-lo sé-; pero tan sòlo
cuando yo entienda que te estoy mirando.
no en esta soledad, noche de lágrimas.


CANTAR OBSCURO

LA noche se abriò tan alta,
que la soledad dolía.

-Que vente, que vente, que vente.
Me dijo la voz pequeña.

La sombra de la alameda
en mi corazòn se hundía.

-Que vente, que vente, que vente.
(me dijo la voz pequeña)
que tu corazòn se enfría.

Me asomé a mi corazòn.
Al fondo un lucero había.

-Que vente, que vente, que vente.
Ya casi sin luz, decía.


MUERTO EN EL SUEÑO

AQUÍ estoy. ¡Junto al jazmín!
Si por mí preguntan,
aquí estoy junto al jazmín.

Ay, amor, junto al jazmín:
arriba brilla el lucero,
sobre el agua su reflejo
y bajo el agua mi sueño,
¡ay, amor!, junto al jazmín...

Amor: bajo el agua, muerto
junto al jazmín.
Amor, si por mí preguntan,
amor, sí, junto al jazmín:
¡toda la noche me oculta!


AMOR

-¡EL lucero, el lucero!...

(Llevo los ojos vendados:
no lo veo.)

-¡El lucero, el lucero!

(¿Y si me quito la venda?...)

-¡El lucero, el lucero!
(Mi corazòn sube al cielo.)

-¡El lucero, el lucero!


PLAZUELA

EN medio del corazòn
hay una fuente escondida.

(¡Qué aroma tiene la noche!)

Hay una fuente sin vida
en medio del corazòn.

(¡Qué aroma tiene la noche!)

¡Ay, corazòn!: ¿quién te olvida?.
(¡Qué aroma tiene la noche!)

En medio del corazòn
hay una estrella caída.

Hay una hoja en el viento...
(¡Qué aroma tiene la noche!)

Hay una hoja en el suelo.
(¡Qué aroma tiene la noche!)

Hay una estrella marchita.
(¡Qué aroma tiene la noche!)

¡Ay, corazòn!: ¿quién te olvida?.


PUERTA DE MI SANGRE

No a la luz, a la sombra
está abierto el jardín,
como el agua profunda
que nunca ha de nacer,
yace, sin fuente, oculta
dentro del corazòn
obscuro de la tierra.

Si las estrellas lucen,
no hay temor a que el viento
deje pasar el llanto
tímido por que brillan.

Sus lágrimas también
así son necesarias
para cumplir el cuerpo
cerrado de la noche.

Término de su piel
y afirmaciòn de cárcel
dan para el cautiverio
de su carne continua,
que si no, fuera sueño.

Y la arboleda...
El cielo
volcò en tierra su copa
de misterio, y la música
canta, toda rumor,
cayendo al derramar
de las más altas ramas,
en suspiro o temblor
-cúpula del jardín-:
eco y silencio.

Lo eterno es ya verdad,
pues no es dolor el tacto
y el amor está en tierra
sin llanto y sin ardor,
presentes en mi cuerpo...

¡Lo Eterno es ya verdad,
jardín, mi sangre abierta!
Ahora sí, ya sin miedo,
cruzamos la alameda:
tú por dentro de mí,
yo, en tus silencios.


NOCTURNO INMÓVIL

PRADO de la noche.
Altas alamedas.
La luna y la yerba.

Sobre el cuerpo de mi sombra,
bien ajustado a, mi sombra,
mi cuerpo duerme en el suelo.

Y ¿en dònde mi corazòn?...
Buscando mis pensamientos.

Prado de la noche.
Altas alamedas.
La luna y la yerba.

Sobre la sombra, la noche,
bien ajustada a su sombra,
duerme en el cielo.

-Y ¿en dònde la luz del sol?.
Alumbrando a los luceros.

Prado de la noche.
Altas alamedas.
La luna y la yerba.


YA NADA BUSCO

SOMBRA y más sombra y más sombra.
Y las hojas secas, unas con otras.

-¡Ay, el agua fría!...

(Toda la sombra suspira.)

Sombra y más sombra y más sombra.
Y las hojas secas, por el viento, solas.

-¡Ay, el agua helada!...
(Y toda la sombra aguarda.)

Sombra y más sombra y más sombra.
Y las hojas secas, sobre el suelo, rotas.

-¡Ay, el agua muerta!...
(Toda la sombra, desierta.)

Sombra y más sombra y más sombra.
(Bajo la alameda, mi soledad llora.)

Sombra y más sombra y más sombra.


DORMIDO EN LA YERBA

TODOS vienen a darme consejo.
Yo estoy dormido junto a un pozo.

Todos se acercan y me dicen:
-La vida se te va,
y tú te tiendes en la yerba,
bajo la luz más tenue del crepúsculo,
atento solamente
a mirar còmo nace
el temblor del lucero
o el pequeño rumor
del agua, entre los árboles.

Y tú te tiendes sobre la yerba:
cuando ya tus cabellos
comienzan a sentir,
más cerca y fríos que nunca,
la caricia y el beso
de la mano constante
y sueño de la luna.

Y tú te tiendes sobre la yerba:
cuando apenas si puedes
sentir en tu costado
el húmedo calor
del grano que germina
y el amargo crujir
de la rosa ya muerta.

Y tú te tiendes sobre la yerba:
cuando apenas si el viento
contiene su rigor,
al mirar en ruina
los muros de tu espalda,
y el sol ni se detiene
a levantar tu sangre del silencio.

Todos se acercan y me dicen:
-La vida se te va.
Tú vienes de la orilla
donde crece el romero y la alhucema
entre la nieve y el jazmín/eternos,
y es un mar todo espumas
lo que aquí te ha traído
porque nos hables...
Y tú te duermes sobre la yerba.

Todos se acercan para decirme:
-Tú duermes en la tierra
y tu corazòn sangra
y sangra, gota a gota,
ya sin dolor, encima de tu sueño,
como en lo más oculto
del jardín, en la noche,
lo llevo hasta asomarnos
al borde, juntos, del abismo,
y en sus profundas aguas
ver llorar a la luna y su reflejo,
que más tarde ha de hundirse
como piedra de oro
bajo el otoño frío de la muerte.


VOY DE NOCHE

DE noche voy
de noche,
a buscar lo que perdí
de noche.

Cállate, fuente.
Ay, luna, cállate.
Estrella, rumor del ciprés
más alto: cállate.
Ay, cállate tú, jazmín.

Que voy de noche,
a buscar lo que perdí
de noche.

De noche.
En la noche voy.
¡Ay, cállate!


DESVELO

¿Y si las alamedas
me llevaran al sueño?...

(Y en el sueño, dormido
espero.)

Ay, si me llevarán...
Ay, si me llevan...

(Y un silencio
me sale del corazòn;
me recorre todo el cuerpo.)

Ay, si me llevarán...
Ay, si me llevan.


BAJO LA ALAMEDA

ERA de noche;
era de noche,
amor,
y las hojas secas
eran de noche.

Junto al ciprés,
un lucero
-amor, sí,
que yo lo vi-,
¡tan alto,
como el negror
del silencio!
Amor, sí,
que era de noche.

Era de noche
y sentí
que la muerte me llamaba
-amor, sí
que era de noche-,
y las hojas secas
eran de noche.

Era de noche
y estaba
con el corazòn perdido
-amor, sí,
que lo sentí
que era de noche-,
y huí, sí,
que era de noche.

De noche
y te abandoné,
amor, sí;
porque yo vi
que era de noche
y la muerte me llamaba.
Era de noche
y las hojas secas
eran de noche.

¡Ay, qué solo me quedé,
amor, cuando te perdí:
que era de noche!
¡Qué solo, amor,
cuando vi
que era de noche
y las hojas secas
eran de noche!

Y aquel dolor
que sentí
-amor, sí,
que era de noche-:
¡qué solo!...
Que era de noche
aquel frío,
amor, ¡sí!...
¡Qué solo!


GERMINAL

CERRARON todas las puertas.
Quedò desnuda la noche,
cautiva sobre la yerba.

(-Yo estaba allí:
¿no me viste?...
Yo estaba allí
bajo el agua:
¿no me viste?)

Piel de anillo, la muralla
sueña su nieve y resiste
al verde ardor de las ramas.

(-Yo estaba allí:
¿no me viste?
Yo estaba allí
bajo el agua:
¿no me viste?)

¡Jardín cerrado, mi alma!


COPLA DEL QUERER

LÁGRIMAS yo no las quiero;
tampoco quiero silencio.

Quiero la tierra
y un árbol...
Y dormir bajo su sombra
sin sueño.
Y sin soledad...
Y sin olvido.

¡Eso quiero!


LA VOZ EN EL SUEÑO

¡MÍNIMA voz
el amor en lo eterno,
mínima voz!

-¿Mínima voz
la lluvia sobre el cielo?

-¿Mínima voz
la lluvia bajo el suelo?

-¿Mínima voz
el árbol sobre el tiempo?

-¿Mínima voz
lo eterno en el silencio?..

¡Mínima voz
el amor en lo eterno,
mínima voz!


TRES COPLAS DE LLANTO

1

¿PARA qué quiero estos ojos
si solo me han de dar lágrimas?

(Suena el chorro de una fuente
en la sombra de mi alma.)

Me voy quedando dormido...

-¿Te vas quedando dormido?.
Sueña el agua-.

2

¿Por qué me quedé dormido?.

(Y fue creciendo la yerba.
Arriba, la luna llena.)

¿Por qué me quedé dormido,
ay, que me estoy desangrando
sobre el costado del río?

(Sigue creciendo la yerba.
Arriba, la luna llena.)

3

Noche demasiado clara,
¿para qué quiero tu luna
si nunca ha de ver mis lágrimas?

(En la fuente del olvido
el tiempo naciò: ¡ya es río!)


SANGRE DE LA NOCHE

¿ERAS tú y tu silencio
la piel que aún le faltaba
a mi total cumplido
cuerpo -jardín cerrado-,
sombra? ¡Ya estás entera!
Entera soledad ya estás conmigo.

En ti
-sangre que hoy me has llamado-
abandono el temor
que hundes, como en el agua
transparente la piedra
lenta, obscura,, se clava
y así llega a su fondo
a ser, no corazòn,
pero sí material
necesario a su brillo:
negaciòn, cautiverio,
cárcel tal vez, frontera
para el rayo de luz;
mas vida del reflejo
que, en árbol, de ella sube.

Carne, piel o temblor:
yo no vine a ganar,
pero, sangre, encontrándome
tú, por no dejarme,
ya toda afán de sueño,
te olvidas que tu ardor
en ti misma se acaba...

Y por eso te gano
sin haberlo querido,
amor, amor de espinas.
¡Salve mi pensamiento!

Noche, en tu soledad,
parado estoy contigo.
Tu temor soy. Tu piedra.
Tal vez tu corazòn...

En ti duermo y me escondo
en paz con tu silencio
y hundiéndome me dejo
al fondo de tu estanque,
que allí mi negaciòn
sé que te ha de dar, sombra
-cautiva transparencia-,
pedestal de la luz
que hoy busco por salvarte.

Déjame que ahora duerma
a los pies de tu luna.
Aún vivo ciego.
Déjame, noche, déjame.
Sal, sal despacio, sombra,
cerco de mi jardín:
dolor, piel de mi llanto.


LA SOLEDAD Y EL SUEÑO


TRES TIEMPOS DE SOLEDAD

SOLEDAD, noche a noche te estoy edificando,
noche a noche te elevas de mi sangre fecunda
y a mi supremo sueño curvas fiel tus murallas
de cúpula intangible como el propio Universo.

Dolorosa y precisa como la piel del hombre
donde vive la estatua por la que el cuerpo obtienes,
tu entraña hueca ajustas al paso de la estrella,
a la piedra y los labios y al sabor de los ríos.

Hija, hermana y amante del barro de mi origen,
que al más lejano hueso de mi angustia te acercas:

¿quién no sabrá que huirte es perderse en el tiempo
y en desgracia inocente desmoronar su historia?

Tenga valor la carne que se desgrana herida,
pues su fuga prepara la pròxima presencia,
igual que en el olvido prepara la memoria
su forma insospechada de la verdad más pura.

Sepa guardar su cauce la arteria que escondida
pone Dios bajo el pecho de quien le dio su imagen.
En ella marcha el oro, el papel, la saliva
y el sol, junto al misterio que da vida a la sombra.

Ni al derribarse el árbol, ni la indecisa piedra,
ni al perderse los pueblos sin flor y sin palabra,
se pierde lo que sueña el hombre que agoniza
sobre la cruz en ríos de su sangre en pedazos.

Lo que no quiere el viento, en la tierra germina
y más tarde hasta el cielo se levanta hecho abrazo.
ASÍ, con la manzana, vemos junto a la aurora
elevarse el olvido y el amor de los hombres.

Soledad infalible más pura que la muerte,
noche a noche en la linfa del tiempo te levanto,
sin querer complicada igual que el pensamiento
que nace en mi memoria sin temor y huye al mundo.

Huye al mundo y cobija sus pequeños fantasmas
dolorosos y agudos como espinas de sangre
que el fruto de la vida feliz le defendieran:
¡soledad ya madura bajo mi amor doliente!

Soledad, noble espera de mi llanto infecundo,
hoy te elevan mis brazos como a un niño o a un muerto,
como a una gran semilla que en el cielo clavara
junto a esta misma luna con que alumbras mi insomnio.

Yo que te elevo, abajo quedo absorto e inmòvil
viendo crecer la imagen de mi propia existencia,
el mapa que se exprime de mi fiera dulzura

Bajo mis pies contemplo tus cuadernos en tierra
y arriba la imprecisa concavidad del cielo.

Hoy te quiero y te busco como a una gran herida
fuente y tumba en el tiempo de mi olvido sin causa.
¿Quién me dará la forma que una nuestras figuras
y me muestre en tu cuerpo como un solo edificio?

Húndeme en tu bostezo: tu mudo laberinto
me enseñe lo que el viento no dejò entre mis ramas.
Los granados se mecen bajo el sol que los dora
y mi paladar virgen desconoce el lucero.

Soledad, noche a noche te elevas de mí sangre
y piedra a piedra asciende tu templo a lo infinito.
Yo conozco el lejano misterio de tus ojos...
Pero mientras te elevas:
¡Mírame, diminuto!

MÍRAME diminuto sobre esta blanca página,
sobre esta blanca ausencia tendida en mi memoria,
bajo el blanco desierto fecundo del olvido,
como una letra aislada de la flor de mi nombre.

Por buscar me he perdido y sin buscar no encuentro
ya posible la forma que antes me equilibraba
con la forma del árbol, ejemplo de mi vida,
mitad buscando el cielo y medio entre las sombras.

Ni bajo el tiempo mismo podré ya situarme
para saber la estancia precisa de mi cuerpo:

que tres hojas dividen la luz de mis palabras
y entre las tres no entiendo cuál es la más presente.

Pues si el jazmín futuro me coge el pensamiento,
tal desazòn me enturbia las horas donde habito,
que ni la sed me duele, ni el fuego me atormenta
y la rosa obscurece por mis ojos sin luna.

Y si el verme delante me da tan gran alivio
que borra hasta en mis sueños todo afán de presenci
el ser nuevo a que nace mi afirmaciòn de eterno
tiene un ala clavada por dos tiempos al mundo.

Si miro a lo pasado, su eternidad de muerte
de tal manera vive mi corazòn dormido,
que en rosario de piedra puede cambiar el llanto
que otra vez fuera escala de luz para mi vuelo.

Al presente más miro, tratando de fijarme
como fiel de balanza que muestre mi existencia;

pero al hallar su centro no encuentro en la penumbra
la dimensiòn ni encaje preciso en que me busco.

Mas, junto a los tres tiempos que me igualan a un ave
volando entre la tierra y el cielo que la oprime
y en un arco de olvidos, tenso en luz, tenso en sombra,
la flecha de mi cuerpo camina sin ver dònde.

Sòlo tengo conciencia de mi soledad viva,
al pensar en el centro que erige mi balanza,
y a ti te canto, humilde y orgullosa en tu nieve,
como a madre y hermana constante de mi busca.

Mira, mira esta letra que dejo abandonada
en el destino mudo que hoy llamo tu regazo,
soledad: que camine como una hormiga ciega
que el instinto conduce...
Tal vez llegue a mi nombre.

TAL vez llegue a mi nombre o al nombre de la piedra
o a los nombres del cielo o a los nombres del agua,
que con su antena torpe, mi letra perseguida
no deja cuerpo al mundo que de su tacto libre.

Andando, andando, andando, puede llegar un día
de tan altas preguntas y silencios tan grandes,
que otra vez a mí vuelva por buscar el granero
de más honda memoria, luna de otras palabras.

Allí, bordado, un manto se encontrará, sin orden,
en que el tallo y la oruga y la flor son hermanos
y a la vez intangibles hijos de una figura
que, invisible, les muestre su insospechado origen.

Por allí cruza el hombre silencioso y altivo,
viéndose separado del poder que anhelaba
para el soberbio juego de hacer lo que embellece
a la tierra del mundo, inmutable en su mano.

Sin voluntad camina, que involuntariamente
su voluntad naciò, y ajena a su conciencia
en él fue colocada para ser paz del fuego
que, necesariamente, quemaría su entraña.

Y en libertad padece su voluntad perdida...
Así cruza su pena mirando esta memoria.

Así también yo mismo, que como un hombre propio
quiero verme en la rosa y en el puñal luciente,
siendo parte del hombre que todos construimos,
libre en mi penitencia también puedo encontrarme.

Mas sí al hallarme libre de lo que me atormenta
a mi presente encuentro libre de mi pasado,
tan solo tendré un ala para cruzar el cielo;

pero es timòn un ala si conduce una nave.

Hoy sujeto en mí vivo y como la flor, quieto
por el tallo que amarra a la luz con la sombra,
voy rodando en el mundo de los que me acompañan
cuerpo a cuerpo en la lucha ciega de mi viaje.

Pregunto y más pregunto; pero solo mis ojos
se entienden con la forma que cubre la hermosura.
Así, de esta manera, tan solo la apariencia
presente me responde: —Aguárdame otro día.


TRES CANCIONES

I

PUENTE de mi soledad:
con las aguas de mi muerte
tus ojos se calmarán.

Tengo mi cuerpo tan lleno
de lo que falta a mi vida,
que hasta la muerte, vencida,
busca por él su consuelo.

Por eso, para morir,
tendré que echarme hacia dentro
las anclas de mi vivir.

Y llevo un mundo a mi lado
igual que un traje vacío
y otro mundo en mí guardado
que es por el mundo que vivo.

Por eso, para vivir,
tendré que echarme hacia dentro
las anclas de mi morir.

Puente de mi soledad:
por los ojos de mi muerte
tus aguas, van hacia el mar,
al mar del que no se vuelve.

II

EN el campo del olvido,
soledad, allí te espero.
Llevo por seña un pañuelo
sobre la frente; marchito
como una flor, el silencio
bien apretado en mi mano,
y es mi corazòn un río
bajo la luna brotando.

Todo el campo será lágrima,
soledad, lágrima y sueño...

Amor: ¡qué lejos tu herida
se va perdiendo en el tiempo!
En el campo de mi olvido,
donde por no morir duermo.

III

ME pierdo en mi soledad
y en ella misma me encuentro,
que estoy tan preso en mí mismo
como en la fruta está el hueso.

Si miro dentro de mí,
lo que busco veo tan lejos,
que por temor a no hallarlo
más en mí mismo me encierro.

Así, por dentro y por fuera
se equilibra mi destierro:
dentro de mí por temor,
fuera, por falta de miedo.

Y entre mis dos soledades,
igual que un fantasma hueco,
vivo el límite de sangre
sombra y fiel de mis deseos.

Bien sé yo que en la balanza
que pesa mi sentimiento,
al platillo del temor
es al que yo más me aprieto.

Pero lo que busco en él
de tal manera lo anhelo,
que sòlo quiero alcanzarlo
cuando esté libre del cuerpo.

Hoy mi soledad me basta,
que en ella sé lo que espero,
lo que por ella he perdido
y lo que con ella tengo.


EL SUEÑO

DORMIDO DESPIERTO

¿POR qué me llamas dormido,
compañero?

-Porque cuando miras
al agua del río
y yo al agua miro:
por el agua misma del río
siento que te pierdo.

Y pregunto a la adelfa
y al junco pregunto
y al lirio del huerto,
si te han visto pasar
y me dicen:
-Tan sòlo sentimos
un roce en el viento.

¿Por qué me llamas dormido,
compañero?

-Porque cuando miras
al sol, que traspone
la herida del día,
y se hunde en la sangre del cielo
y más tarde, en la noche,
para darle a la luna más vida
y más oro al lucero:
por la sangre del tiempo, encendida,
siento que te pierdo.

Y pregunto a las hojas marchitas
bajo la alameda,
y al agua que duerme en la fuente
pregunto,
y al jazmín abierto,
si te han visto pasar
y me dicen:
-Tan solo sentimos
un roce en el viento.

¿Por qué me llamas dormido,
compañero?

-Porque cuando miras
mi cabeza doblada en mi pecho
y en mis ojos la brasa del llanto:
en mis propios ojos
siento que te pierdo.

Y pregunto a la flor de mis párpados,
y a su lluvia sin nubes pregunto
-tormenta en mi cielo-,
y pregunto a mi mano
mojada en mis lágrimas,
si te han visto pasar
y me dicen:
-Tan sòlo sentimos
un roce en el sueño...

¿Y por eso me llamas dormido?...
¡Compañero!


VARIAS CANCIONES

I

YERBA DE ROCÍO

¡TRÉBOL en flor!
¡Trébol en flor!

Sale el sol por la mañana
-¡trébol en flor!-
y la sombra lo acompaña
-¡trébol en flor!-.
Ay, qué pequeña es la sombra
del trébol en flor.

Sigue a lo Eterno, lo eterno:
lo de siempre; lo de ayer,
lo que jamás se ha negado
al que por lo Eterno es
y en lo eterno está formado
y callado
y espera lo Eterno ser...

-¿Trébol en flor?
-Trébol en flor.
(Antes, el sol en la tarde,
ahora, la luna en el aire.)

¡Trébol en flor!
Ay, qué pequeña es la sombra
del trébol en flor.

II

TEMOR DE ABRIL

¿YA viene la Primavera?
-Todos la esperan.
¿Todos?
-¡Todos!...

¿Y otra vez el mismo sol?
¿Y otra vez la misma tierra?
¿Y otra vez la misma flor?

¡Ya viene la Primavera!

-¡No!

III

RUMOR DEL SUEÑO

... PERO la luna del jardín me llama...
¿Qué quieres, luz?
-El eco se ha perdido.
Amor, amor: sin sombra en la alameda,
mi soledad es lágrima de río...

¿Quién llora entre las ramas?

-Los ojos del olvido.

IV

MEDIA NOCHE

CALLE de la Sombra:
altas arboledas,
ruinas y arena.

(A lo lejos la alameda.
Arriba, la luna llena.)

Como no sé si estoy ciego,
tan sòlo salgo en las noches,
para no saberlo.

Ángel de mi soledad,
¿vas a mi lado?
-¡Silencio!...

¡Ay, còmo duelen tus ojos
contra el viento!

(Còmo suena la alameda,
¡ay!, còmo suena a lo lejos.)

Ángel mío del silencio,
¿vas a mi lado?
-¡En tu sueño!.

¡Ay, còmo duele tu sombra
por el suelo!

(A lo lejos la alameda;
arriba, la luna llena;
sobre el negro muro
alto de la noche,
una sola estrella...)


LIBRO TERCERO

UMBRALES DE SOMBRA

MEDITACIONES, COPLAS, INSOMNIOS
Y PRESENTIMIENTOS, AL MARGEN
DE UN JARDÍN


NOCHE HUMANA


LA SANGRE ANTE LOS OJOS

I

LA noche, perseguida, se entrò por mi ventana:

-Méteme por tus ojos, escòndeme en tu olvido;
aún tu cuerpo, entreabierto, puede muy bien guardarme,
antes de que se entregue al cerrado abandono
que ya está desciñendo tu ardiente vestidura.

Antes de que en el sueño sin voluntad de origen
la razòn se te pierda solamente en el goce:

ocúltame, me buscan, traigo el olor a sangre
y tal vez el delito y la muerte es mi sombra. . .

Ocúltame, la tierra que hoy es carne y te invade,
casi ni piel sostiene, pero es tumba y memoria.
Yo voy desordenada y hasta el suelo me siguen
donde llevo mi aurora y su puñal agudo.

Pero mis sueños huelen al sudor de los hombres,
a sus crímenes ínfimos y a sus manos en llamas.
No pueden perdonarme que mi beso, en el lodo,
llegue donde no encuentra la ley su pensamiento.

Me acerco dolorida, no niegues tu desvelo.
Guárdame, como al trigo el agua se incorpora
y, en él, la flor engendra, que ha de ser paz del cielo.
Méteme por tus ojos, escòndeme en tu olvido...

(Mi cuerpo estaba huyendo; buscándole a la noche
la falsedad de un ángel que fingiera un reposo;
la engañadora imagen de un nombre de ceniza
que en el alcohol o el sueño, sin amor, me incendiara.

Mi cuerpo estaba huyendo; por las desiertas calles
de una ciudad sin suelo resbalaba impreciso,
deteniéndose al paso vulgar de la inocencia
y escapando al contacto con ella, por mi angustia.

Mi cuerpo estaba huyendo. Sin vuelo y sin raíces,
se arrastraba en la inmensa bòveda de los tiempos,
donde mueren los sueños desunidos y aislados
y, el aire, como un negro fantasma, los corona.

Junto al olor caliente del pescado podrido,
de la fruta marchita y el vinagre, en acecho
la mujer entregaba su cabello constante,
herido por las uñas y la ardiente saliva.

Mis manos se enredaban a la piel de los hombres
que, abiertos, derramaban sus entrañas sin fuego;
mis voces se mezclaban a la luz del cigarro
y a ese rumor más hábil que engendra la denuncia.

La delincuencia, en roce nocturno con la envidia,
sobre el cristal dormido de los blandos hogares
acercaba en mi rostro indagador y astuto,
para hurtar un consuelo que mi paz no alcanzaba.

Y la luna, gimiendo, se clavaba en el árbol,
con la burla precisa del nivel de su tiempo.
Golpe a golpe sonaban las plumas de mi espalda
y su navaja el aire, por mi espalda, blandía.

Mi cuerpo estaba huyendo. Sonaba una cadena
y en la puerta del cielo mis manos golpeaban:
-¡Abrid, abrid, las sombras por dentro me persiguen
y las sombras de fuera mis manos acuchillan!...)

Desperté estando muerto: mis sábanas sangraban...

-¡Abrid, abrid! ¡Las sombras!...

La noche, perseguida, se entrò por mi ventana
y era a la noche misma a quien yo perseguía.

II

CANCIÓN

DUERME el hombre, y la frontera
de su sangre rompe el sueño.
Gota a gota, el universo
se va mojando en su pena...

(Se va llenando de estrellas
todo el corazòn del tiempo:
lágrimas que el hombre sueña.)

III

LA ROSA EN LA MANO

AHORA, tal vez duerman las hojas
y el agua se retira, sin luna, confiada,
a ensayar el oscuro corazòn de otra fuente.

Desnudo, el mar,
igual que un astro muerto,
yacerá en el reflejo de su olvido...

Quizás el pájaro, en la sombra,
sin cuerpo, al fin,
se abandonò a su canto
y sube en paz, perenne, hacia la estrella.

Posiblemente el hombre duerme...
Posiblemente el hombre muere...
Posiblemente el hombre sueña...

No sé, no sé.
Yo estoy pensando
en un país como esta rosa
que día a día se me va alejando
desde la mano a un nuevo nacimiento.

IV
CRUZ DE LA SOMBRA

ANDO por la noche y toco
las paredes de las casas...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
las puertas mal encajadas...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
los quicios de las ventanas...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
la sombra que el miedo arrastra.

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
la sangre recién sangrada...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
el farol que el viento apaga...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
los filos de las navajas...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
el tibio olor de las sábanas.. .

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
la muerte recién cuajada...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
el eco de mis pisadas...

Ando por la noche y toco
la ciudad en sus murallas...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
del río las turbias aguas...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
la tierra recién labrada...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
la espiga que el tiempo grana.

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
mi corazòn en su rama...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
la semilla de mis lágrimas...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
los límites de mi alma...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
sobre mis propias llamadas...

-Llama y llama,
que no estoy,

Ando por la noche y toco
el negro horror de la Nada...

-Llama y llama,
que no estoy.

Ando por la noche y toco
los duros labios del alba...

-Llama y llama,
que no estoy.

¡Ay, noche de tres misterios
y de una sola lanzada!
¡Ay, desierto de mi espera
y anillo de mi esperanza!
Tumba y badajo del miedo
en tu cuerpo de campana,
sòlo el eco me responde
hecho angustia de tu entraña,
como en el fondo de un pozo
sin tierra, cielo y sin agua:

-Llama y llama,
que no estoy.
Llama y llama...

Noche de un solo deseo
sin corazòn ni palabra:
en la luz de tu universo
mi sangre prende sus alas
y el hueco de tu silencio
su alta cruz al cielo clava.

V
MEDIA NOCHE

¡HEROICA flor!
La rosa está nacida:
¿nace también el hombre?
-El niño enciende
su débil corazòn bajo la luna...
El niño duerme.

Ay, fiel amor, defensa de lo bello:
¿hay fiel amor defensa de lo bello?

Se oye un fragor...
-¿Disparos?...
-Los labios contra el suelo.

¡Heroica flor!...
¡Terrible primavera!
-¿Naciò el amor?...

-¡Ay, noche obscura!

VI
FIEL DEL DÍA

¿DÓNDE la luna?...
-En el cielo.

¿Dònde la luna?...
-En el suelo.

(Los telares de la mar
tejen entre dos eternos.)

VII
ULTIMA SOMBRA

LA noche está levantada
como un gran muro de piedra
y el tiempo la está empujando
sin poderla derribar...
Las estrellas se colocan
a un lado, por sostenerla;
el sol, por detrás, la aguanta
con sus manos de cristal;
el agua se hace bandera
y el viento se hace puntal,
para poder defenderla
mejor contra su rival,
que de su empeño no ceja...

Todo cambia su camino,
porque la noche no acabe
sin que cumpla su destino.

Frente a su muro, yo, alzado
en cruz, aguardo mi suerte:
un disparo en el silencio,
un blanco en mi soledad
que, al fin, termine el misterio
de tanto inútil buscar
mi nombre en mi pensamiento.

Sobre el muro de la noche,
con el fòsforo del sueño
mi dedo mojado en alma
va escribiendo su señal...

-Aunque mi cuerpo no veas,
aquí está su vida, muerte:
ven pronto, si has de llegar.
Escúpeme sobre el pecho,
y que tu ardiente saliva
me funda en la negra cal
de la sombra de lo eterno
que hoy respaldándome está.
Mi nombre así perderé
y, perdiéndolo, he de hallar
lo que pensando no encuentro
y es causa de mi pensar...
Bajo esta señal te espero
y es molde de esta señal
todo mi conocimiento.
Aquí estoy. No dudes más.
Venga tu golpe derecho.

La noche está levantada
como un gran muro de piedra
y el tiempo la está empujando
sin poderla derribar...

Árbol fiel de la verdad,
frente a la noche, mi cuerpo
no descansa de esperar.

Mis ojos son ya luceros.

VIII
SOBRE LA TIERRA

ME duermo en tí, sobre la muerte, tierra;
sobre tu vida cierro, aprieto los ojos
igual que si muriera.

Me pesa el mundo,
acaso el tiempo
y, tal vez, la belleza segura
del corazòn del hombre.

Aunque también miro en el árbol:
esa rama, tan tierna,
apretada del cielo; en su regazo
clavar hoja tras hoja
y hundir su tallo fino
sobre la carne azul
del viento que la mece,
si no igual en su ritmo
-tal vez más cautelosa en su sistema-,
con idéntico afán con que persigue,
arrebata y devora la bestia, al fin,
su presa conseguida.

Por eso, hoy, siento en mí tu estío,
como un dolor o como un hueco
y en ti me duermo
sobre la muerte, tierra.

Pienso en mi cuerpo y veo
solo un ojo de sombra obscura, y, dentro,
tu misma muerte;
un sueño igual, tan fértil y tan puro,
como el hondo nacer
del agua, que, en tus venas
desconocidas, cruzan
por refrescar la ardiente pulpa
que ya como penumbra
-medio muerte- rodea
el hueso incandescente
-luz cautiva, alma acaso-,
vida de tu manzana.

Todo lo muerto, en ti puede dar vida:
el trigo, el agua azul,
el cuerpo pálido del hombre, el fuego...

Todo puede nacer
y volver a ser muerte
en el momento mismo,
fugaz, en que se llaman:
libres los hombres,
el fuego llama,
luz el reflejo,
espiga el trigo,
manantial el agua transparente.

Luego, pueden también
vivir eternamente juntos
o ser eternamente muerte, juntos.

Pero lo muerto en mí, busca su vida.
Lo sé, porque soy hombre
y hoy temo, en este estío,
tierra, el dolor.

Y por eso te busco
y en tí me duermo, tierra, como un hijo,
el más pequeño, el último;
pero el más parecido también
a tu presencia, madre:
a la verdad augusta
que encierra tu regazo.

IX
NOSTALGIAS DEL AGUA Y EL SUEÑO

1

¿QUIÉN sabe si el agua es sueño
y si en el sueño la flor
es tan solo pensamiento?...

(Sobre el olivar el sol;
bajo el olivo mi cuerpo,
entre mi cuerpo y el sol
la interrogaciòn del tiempo.)

¿Quién sabe si el sueño es flor
del agua del pensamiento?

2

El mar duerme...
Duerme el viento.
-¿Y quién va a velar al agua
porque no la robe el Tiempo?

3

Arboleda del silencio:
¡cuánta quietud en tus hojas
para no quebrar el sueño!

El amor pisò el olvido.
De su huella
nace un río...

X
INSOMNIO

¿QUIÉN persigue en mi cuerpo como a golpes de azada
esta sien imprecisa que va acabando el mundo?
¿Qué deserciòn la enciende, sin luz, sobre la angustia,
ánima de la fiebre que en su vena atiranta?

Me duele el pensamiento, desnudo y agitado
dándome gota a gota por la noche, inconsciente.
Gota a gota, su herida va fluyendo constante,
sobre un papel de arena, carne de inútil tierra.

¿Qué pecado la muerte hunde en la piel del día?...
¿Qué pesada cadena le rueda entre la sombra?...
No sé dònde mi sueño quema su nueva raza;

dònde derrama el pueblo, sin razòn, de sus límites.

Se me quedò en el borde del descanso,
como junto a un abismo, medio cuerpo hacia fuera,
con los ojos abiertos, los cabellos colgantes,
frente a frente a la nada perezosa del tiempo.

No sé dònde la luna medrosa se levanta;
no sé qué nueva imagen me alumbra en su desierto;
qué pecado persigue mis ojos sin herencia,
qué destierro infecunda la razòn de mi sangre...

Perdido estoy en cuévano infinito,
sin tacto y sin espera que mi dolor razone.
No sé -¿lo dije?- el sueño, no es tierra de mi raza.
No sé dònde el olvido devana el nacimiento
futuro de mi vida...

(La noche, en su pantano,
sordamente se aprieta por buscar mi cintura...
Lentamente, la estrella va negando su carne
y, lento, el Universo deja paso a la Nada...)

Ante la horrible, inmensa negaciòn del futuro,
más angustiosamente se incendia mi deseo.
Mi amor se descompone y pregunta al vacío:
-¿Para quién esta imagen que hoy mi sangre se finge?

(Huye mi nacimiento...
¿Muere conmigo el mundo?...)

La ausente compañía me pulsa entre las horas.

XI
ÓRBITA DE MI SUEÑO

DE nuevo he preguntado
serenamente al sol por mi alegría,
y otra vez ha escondido
en la noche su voz sin responderme.

Entonces, me acerqué misterioso
a la anchurosa boca de la sombra;
pregunté por mi muerte
y me mojé los ojos con su olvido...

Nadie me respondiò.
Me volví al mundo...

Ahora ruedo cautivo
en la lágrima de un sueño,
expuesta ya por siempre a la burla de los hombres
la plenitud de mi desesperanza.

XII
COPLA

No es que yo cierre los ojos,
es que la noche ha perdido sus párpados...

¡Qué difícil será el alba
con tanta sombra en milagro!

Despacio cruza el olvido
con toda su luz cantando:
-Más ardor tiene la sangre cuando sueña,
y la noche está soñando.

XIII
INSOMNIO

DUERMEN los hombres: ¿viven?
¿Trabaja en avaricia
la noche bajo el sueño, còmplice del descanso,
para el dolor, la angustia y su amor imperfecto
o abandonadamente curva su altiva sombra
vigilando tan sòlo los cuerpos de su olvido?

Está sereno el cielo y el tiempo va en su cauce
arrastrando la esfera, aún sin cuajar, del mundo.
Cada sangre en su lecho, cada muerto en su tumba,
va tejiendo la estrella de su oculto universo.

Ni el pájaro, ni el viento, ni la espuma es un límite
que descubra el origen de una herida en la tierra.
Caminando va el agua con su incesante abrazo
y nace y muere y nace sin conocer lo eterno.

El eco de la luna -tal vez como luz dada-,
sobre la piel, consuela lo que hoy vivir llamamos.
Pero no hay flor segura, ni hay corazòn constante,
ni paz sin delincuencia, ni sol sin desventura...

Nace el trigo, y la harina se pudre amenazada.
Nace el niño y se pierde sin que lo roce el beso.
Nadie sabe si muerto vive bajo sus brazos,
ni si el besar es puerto del origen que busca.

Entre la fuente, el árbol, la ceniza y el odio,
enredado está el hombre sobre el suelo del día;
pone nombre a la piedra que no sabe si existe,
y niega a cada paso el pan y la palabra.

Un desierto es la noche cuando la curva el tiempo,
como una enorme mano que amenazara hundirnos;
pero mientras su sombra nos aprieta, en el sueño,
sin voluntad, los hombres nos amamos y unimos.

¿Dormimos? ¿Despertamos?... Cada sangre en su lee
cada muerte en su tumba, teje como un enigma
la luz y el firmamento que ha de ser su camino.

¡Abandonadamente entremos a la noche
sin voz ni pensamiento, sòlo anhelo por ella!

XIV
JAZMÍN NOCTURNO

...AL fin, la luna
yo no sé si al crepúsculo pregunta
si sus rayos deben o no dorar
-soñando entre la nieve-
este o aquel país
donde los hombres luchan
y luchan siempre
por la luz de los dioses tan querida.

Yo no lo sé; pero aquí estoy contigo,
agua dormida en paz sobre la yerba,
y pienso en una flor
que, junto al mar nacida,
casi se ve y es dueña por su aroma
del mundo que perdí
y el sueño en que recuerdo...

XV
OTRA COPLA

LA noche suelta su sangre
desde el cielo...
Sobre el suelo
-¡qué terremoto de sombras!-
empieza a brotar un árbol...

-¿Hasta dònde ha de llegar?
Pregunta arriba el lucero.

-A donde deba llegar.
Le responde duro el tiempo...

Y el puñal de la raíz
entra al corazòn del sueño.

XVI
TRES COPLAS DE GUITARRA EN LA NOCHE

(NOSTALGIAS)

1

Mi soledad me até al sueño
y... -¡allá va!... grité al olvido:
me ahogué en el agua del tiempo.

2

El olivar se ha dormido...
(Hacia la mar se lo llevan
entre la luna y el río.)

3

Y todo lo que perdí
el sueño me lo fue dando:
soñando he vuelto a morir.

XVII
PÁGINA FIEL

Nostalgia

LEJANO mar, ¿conoces tu misterio?...
Sobre tu playa, el sueño
diminuto de un hombre
no se queda olvidado,
como en el alma el pensamiento
-pétalo, sol y nácar-
en la espalda del tiempo...

...Lejano mar:
sobre tu arena está mi cuerpo,
sobre la sombra de su cuerpo,
y sueña, sueña, sueña en ti dormido,
que sin ti vive como estoy despierto,
con la frente en el agua y los ojos sedientos,
viviendo el mar, mi sangre, en tu recuerdo.

XVIII
VELA

ARRIBA un ala del cielo...
(¿Está alerta, centinela?)
Abajo un ala del cielo...

Viento, no empujes la sombra,
que tengo a mis pies el agua
y sé que el tiempo la ronda.

¡Está alerta, centinela!

XIX
EN LA MEDIA NOCHE

HUBIERA preferido nacer
con los ojos quemados
por la luz del desierto
anterior a mi sangre,
que no ver hoy mi vista
igual que lágrimas culpables,
gota tras gota, estéril,
perderse bajo tierra
igual que trigo muerto,
porque no es justo acariciar lo que se ama.

Hubiera preferido nacer
con los labios fundidos,
como las aguas
que nunca han de brotar
y profundas se mezclan
al corazòn obscuro de la sombra,
a no sentir mis besos
bajo el olvido deshacerse
y esconder perseguidos
el ardor de su carne,
entre las hojas del recuerdo,
porque no es justo acariciar lo que se ama.

Hubiera preferido nacer
tras el vacío superior
de la Nada: en su sueño,
bajo el ancho misterio
de la campana silenciosa
y densa de su espacio,
a no sentir la flor del azahar
como una herida incandescente
en el hueso del alma,
y ver la roja fruta
del naranjo, en sazòn,
amarga sobre el suelo
frente al lucero que tapado la mira,
porque no es justo acariciar lo que se ama.

Hubiera preferido nacer
a espaldas de la muerte,
bajo ese enorme mar ilimitado,
donde sòlo la forma
de un caracol de sal
recoge como un eco
en su concha la angustia
sin tejer de la espuma,
a no sentir còmo el ala del pájaro,
sin cantar, sobre el árbol se deshace;
mientras mi oído sobre el agua
solo escucha a los peces
en su sonámbulo vagar
entre las ondas,
porque no es justo acariciar lo que se ama.

Porque no es justo acariciar lo que se ama:
duermo y duermo, ya siempre
con los ojos abiertos,
como la luna nace
sin saber si ya es beso de la sombra
la luz de su cuchilla,
o es solo su reflejo de oro
nueva herida en el cielo,
con la que ha de salvar
la noche misma en la que duerme.

XX
YUNQUES DE SOLEDAD

1

¿ERA la muerte?...
-No sé.
Si hoy no entrò, vendrá mañana;
si no, yo la buscaré.

2

Ver y no ver es lo mismo:
cuando la noche es obscura,
la muerte se hace infinito.

3

¿En el taller de la Muerte
sonò un golpe?...
-El aldabòn
del sueño, bajo mis sienes.

XXI
MITAD DE LA VIDA

COMO al nacer se brota de la muerte,
como del fondo de un olvido
sube lento el recuerdo
a su destino ilustre;
igual que una burbuja
de aire bajo el agua,
dejo elevar mi cuerpo hasta mi frente.

Salgo a pisar la cumbre de mi vida
con idéntico afán que el hombre lleva
cuando para sentir más cerca el sol
asciende hasta tocar
en su más alta espuma
la ceniza traidora
y fría de los hielos.

Sobre mi piel estoy: sobre la tierra.
Acaso un sueño
bajo la noche me ha dejado,
còmo el despojo de un navio perdido
o la rosa profunda
arrancada del mar
tras su batalla obscura, silenciosa,
o el cansancio de un pez
sonámbulo, vencido.

He llegado de un mar,
pero no desde un sueño...
Salgo a pisar la cumbre de mi vida.
Estoy de nuevo aquí sobre la tierra
y aún mi vista no es clara;
pero en la misma arena
siento, como mi antigua sombra,
la misma soledad, igual silencio.

¿He llegado de un mar?...
¿He llegado de un sueño?...
Del fondo de mi sangre
voy subiendo despacio,
de su arcano inseguro,
y empiezo a despertar de nuevo
en mitad de mi vida,
como al nacer se brota de la muerte.

XXII
BURLA DE SOMBRAS

1

¿QUIÉN descorre en la memoria
el paño gris del olvido?

-Silencio...
(Sale la luna.)

Queda amortajado el tiempo
con el temblor de la espuma.

2

¿Duerme el tiempo en el espacio?.
-Estrella a estrella, la muerte
en la noche va cuajando.

3

¿Y dònde el espacio?
-Duerme.

(La huella de su desnudo
aún sobre el tiempo se siente.)

4

Guiña el tiempo...
(Se abre el cielo
y muestra entera a la luz
dormida sobre su pecho.)

XXIII
VUELTA DE LA SOMBRA

¿A dònde, a dònde llega
la piel de lo infinito?...

Si después de haber dado
los límites que el cuerpo
con sombra o con dolor me dibujaba,
hoy, más preso de mí, más diminuto,
temerosa semilla solo entrego,
infecunda y opaca
-pupila ciega-, carne del infierno:
¿dònde, por dònde el viento se derrama?

Fuera de mí ¿qué mano mueve al sol
que así le ordena
su ritmo cotidiano y amoroso?
¿Quién abriò la semilla,
imperceptible apenas en su olvido,
para subir tan lentamente el árbol
y tan jugosamente el fruto al cielo?
¿Qué misteriosa luz condujo al hombre
hacia la blanca harina;
la dulce melodía;
la paz del sueño, el fecundar glorioso?

A la cauta serpiente ¿quién la indujo
a su mudo saber y a su veneno?...
No sé quién dijo al pájaro
que, al abrirse, un volar se presentía
sin herencia al dolor de la distancia.
El pez, tan soñador,
tan físico y prudente,
jamás pudo saber la altura
que mueve al corazòn que le acompaña.
Y hasta a la misma yerba que arroja el mar,
el alga perezosa,
no sé quién le mostrò
tan justo el reposar sobre la orilla
bajo el rayo de sol, su compañero,
que blando la acaricia,
la pudre y la devora.

Antes, esta ignorancia era yo mismo
y su conocimiento mi figura.
Por temor a la muerte o al olvido,
rompí la caja que me dio la vida
y sin cuerpo nací; que era yo el mundo,
su gracia y su razòn y aun su conciencia.

Hoy, tanto me miré, tanto he salido,
que he vuelto a ver sus nombres separados.
He visto el mío, al fin, tan diminuto,
que al volver a nacer me encuentro ciego.

Pero... ¿en dònde está, pues, el Infinito?

XXIV
ÁNGEL DESNUDO

ESTOY desnudo en medio de la calle.
No sé de dònde vengo.

Los hombres me rodean.
Todos me dicen:
-Ten, tu mano es áspera;
venenosa es tu lengua,
en tu piel hay pecado...
El mar es bello,
la rosa es bella,
el corazòn del hombre es bello,
la lluvia es hermosura
y en cambio tú...

(Suena un reloj
y cada cual, de prisa, me abandona
para llegar a tiempo a sus trabajos...)

Vuelvo a quedarme solo.
Estoy desnudo en medio de la calle.

Miro hacia mí:
mi mano es bella,
mi lengua es bella,
mi piel es bella
y mi pecado es bello...

Miro hacia Dios.
Vuelvo a bajar los ojos.
Mi pie no deja sombra por la tierra.

XXV
SOLEDAD

LATIENDO estaba el silencio,
cuando se acercò la luna
por el cielo...

(La sombra se estaba abriendo.)

Exánime está el silencio.
Y ¿dònde se fue la luna
por el cielo?...

(La sombra se estaba abriendo.)

-¿Quién va?. . .
(Sobre el horizonte,
se está desangrando el agua
a borbotones.)

XXVI
PULSOS DE LA MUERTE

¿QUIÉN pisa, arriba, mis sueños?.

(Apretemos la cintura
de las sienes del silencio...

Se oye el latir de la altura
sobre la fiebre del viento...

Cruza rápida la luna...

Delirante, piensa el tiempo
que es él el agua desnuda
que acaba de entrar al cielo.)

Todo el temor se hace espuma
bajo los pies del misterio.

XXVII
INSOMNIO EN EL JARDÍN

TENDIDO estoy de frente a frente al cielo.
El alma mía, redonda
-negro ancho mar de un cuerpo limitado-,
como durmiente luna
sobre la tierra, enamorada
mira arriba la noche
que se inaugura en flor para mis ojos.

No tengo voz;
estoy despierto y mi memoria
sobre la concha nácar del olvido,
cubre a mi corazòn lo que no entiende.
Solo tengo sentido
de mi paz en la sombra.

Un vértigo me hace girar el alma,
me hace girar el alma:
redondo y negro mar
tendido frente al cielo.
Y brotan de este mar de mi alma en giro,
el canto de mi paz dulce en silencio:
toda mi voluntad perdida,
cuerpos de realidad,
figuras de mi sueño.

(Una canciòn se escucha y vuela
como el perfume de la noche...
¿Será una flor marchita
que se duerme y consume?)

El centro de mi alma,
como un clavo de luz,
fija la imagen de mi vida al mundo
y la seduce y guía,
hecha reposo y savia
de mi continua vocaciòn de espejo.

Y siento
còmo al moverse dòcil de los años
suena el otoño su oro, entre los árboles
de una vida vulgar
de un cuerpo dolorido
de un hombre que se aleja...

Luego, queda en la sombra
un niño por la arena;
inocente verdad
sobre una playa dòcil,
tímida en la hermosura
junto a un eterno mar incomparable...

¡Imagen de mi vida!
Como el calor de la memoria, subes;
como el sueño a mi sangre,
como el dolor, silencio de mi sombra.

(Y otra vez la canciòn se escucha y vuela
-¡rompe un jazmín el agua!-,
y alza de pie el aroma de la noche.)

Tendido estoy sobre la tierra.
Sigo de frente a frente al cielo,
soñando el corazòn caído:
-Sí, sí, soy una flor marchita
que se duerme y consume...

XXVIII
LA FLOR Y EL REFLEJO

¿EN esta rama naciò?...
-En esa rama.

(Se está desnudando el agua.)

¿En esa rama muriò?...
-En esa rama.

¿Dònde la rama se fue?
¿dònde la rama?...

(Duerme, sin sueños, el agua.)

XXIX
ANOCHECER

SOLO fiebre en delirio
de luz, era el ocaso...
Bandera de universo
el agua ha levantado...
Y la noche, descalza
-surtidor del espacio-,
cruza desnuda el cielo
con la luna en la mano.

(Todo el viento es entraña
de espejo abandonado.)


OTRO AMOR

I

PUÑAL DE LUZ

ESTE cuerpo que Dios pone en mis brazos
para enseñarme a andar por el olvido,
no sé ni de quién es.
Al encontrarlo,
un ángel negro, una gigante sombra,
se me acercò a los ojos y entrò en ellos
silencioso y tenaz igual que un río.

Todo lo destruyò con su corriente.
Los íntimos lugares más ocultos
visitò, alborotò, fue levantando
a otro mundo en los bordes de mi beso:
única flor aún viva en el espacio.
Luego en mi carne abriò sus amplias alas
-alas de luz y fuego de tristeza-,
clavándole sus plumas bajo el pecho,
todo temblor y anuncio de otras dudas...

No sé qué vida, así, podrá encenderme
la entrada de este ángel.
Soy un templo
arruinado, desde que vino a mí:
farol vacío,
como puerta cerrada de lo eterno...

Y lo que fui, no sé; quizás lo sepa
cuando este cuerpo vuelva a abandonarme
y yo vuelva a nacer desde mis labios,
despegado al calor que hoy los concibe...

Mas ya, por fin, he detenido al día;
le he destrozado el corazòn al tiempo,
aunque dentro de mí, como una daga,
siento al ángel crecer que me atormenta.

II

ÁMBITOS

ESTANDO muerto, esperarte
a que bajes de la vida
será como si esperara,
vivo, verte en mí nacer.
Así, lo que hoy yo te dejo
para que cuando me vaya
tengas de mí, yo tendré
de nuevo con tu llegada.
Tú, lo que de tí yo tengo
y tú no tendrás sin mí,
puesto que por ti lo llevo
en forma de mi vivir.

Esperarte estando muerto
será igual que si esperara
la imagen de mi recuerdo...

Así, completo, estaré
seguro de lo que he dicho;
seguro de lo que amé
y por qué lo estuve amando.
Seguro de que viví;
seguro de lo que vi,
seguro de que morí
y que muerto estoy salvado:
seguro de lo que di.

Estando muerto, esperarte
en el umbral de mi cuerpo,
para que nazcas de mí;
para yo nacer de tí
desde mi más a mi menos;
para salirte a esperar
de mi menos a mi más
hacia el umbral de tu cuerpo...
Para podernos quedar
sin signos y sin umbral
fijos los dos en lo eterno...

Estando muerto, saber
que nunca podré estar muerto;
que ninguno de los dos
jamás podrá ya estar muerto...
Esto es saber por qué amé
y por qué en tu amor me encuentro.

III

CANCIÓN SIN CUERPO

UNA vez soñé en dormir;
otra soñé con la muerte,
otra soñé con vivir.

Ahora pienso que soñar
es dormir vivo en la muerte
para poderla olvidar.

Yo no puedo descansar:
no tengo quien me despierte.

IV
LA VOZ EN EL JARDÍN

¿AÚN es de luz el día?...
-Y Dios me ha puesto en él para mirarte.
En dònde estás, no sé.
Tal vez no importe,
pues un dolor me dice que te beso.

V

LA VOZ DEL JARDÍN

SOBRE el agua de la noche
flota la flor de una estrella...

(Mi pecho contra tu pecho:
¡qué obscura pared de sangre!)

-¡Ay!

Bajo el agua de la noche
se hunde la flor de una estrella.

(Mi sueño contra tu sueño
¡qué cielo en la luz nos abre!)

-¡Ay!

¿Que un beso quedò perdido?...
-Lo que fue beso es suspiro.

-¡Ay!

VI
CIUDAD DE LA SANGRE

TUVISTE tu soledad,
la soledad que querías;
pero tanto la llenaste
de lo que faltò a tu vida,
de esa misma soledad
que en soledad perseguías,
que hoy vives sin soledad
por ser tú soledad misma.

Incorporada a tu carne
-sombra de angustia cautiva-
la luz, corazòn del mundo,
por dar consuelo a tu herida,
en tu soledad centrò
el cristal de su cuchilla.

Clavò su sol al misterio
de tu pecho, como insignia,
y al iluminarte el alma
-recinto de tu agonía-
su luz interna prendiò
tu llama o sueño en vigilia.

¡Qué batallas interiores
dentro de tus plazas íntimas!

¡Cuánta alameda quemada
por tu sangre enardecida!
¡Cuánta flor muerta en el suelo
y cuánto amor sin espiga!
¡Cuánto grito sin espacio
y cuánta sombra sin guía!
¡Qué banderas desgarradas
tus entrañas de ceniza!
¡Cuánto temor en las torres!
¡Cuánto dolor en la orilla
del mar de tu pensamiento
circuncidado de espinas!
¡Cuánta catedral quebrada!...
¡Cuánta oveja sin esquila!...
¡Qué multitudes, sin rumbo
bajo tus venas, perdidas!

Si eras ciudad de silencio
y tu carne dolorida,
tierra del mundo, apretada
sobre tu angustia en semilla,
¿por qué llamaste a la luz?
Hoy eres ciudad vencida.

Y tu soledad se fue,
la soledad que querías,
a hacerse cuerpo del aire
-sombra de angustia cautiva-.
Y ¿còmo podrás ahora
salvarte de esta agonía,
sabiendo que, en soledad,
tan solo soledad libras?
¿Dònde está tu voluntad
límite de tu alegría,
fiel entre las soledades
de sombra y luz de tu vida?

Si con la sombra te enciendes
y en luz tu sombra germina:
no busques la soledad,
que soledad no es huida.

VII

LA VOZ EN EL JARDÍN

COMO una blanca espada,
de golpe por mis ojos
clavò el dolor mi cuerpo.
Bajò por mí, pisando en mis ruinas;
colonizando el campo de mí sueño.

Como un rayo de luz mojò mi sangre
su lágrima de fuego
y quedé iluminado, perseguido:
toda mi entraña abierta al nuevo dueño.
La heredera al dolor de mi locura
desatò las corrientes de su ejército
y hallando ya mis ojos sin fronteras,
mi plaza tomò en ellos.

Hoy canto con la flor de mi tristeza
oculta en el silencio:
¿para qué voy a entrar en la alameda
si no llega a lo Eterno?

VIII
PIEDRA DE TU NOMBRE

TE buscaba
y te buscaba...

Te fui tirando tu nombre
lo más lejos,
lo más cerca.

Más allá del horizonte
de tu vida: en donde acecha
la luz que tanto te inquieta.

Y a mi espalda.
Y a tu espalda.

Allí de donde venimos;
allí de donde partimos
a no saber dònde estamos;
a no saber dònde vamos,
ni por qué de allí salimos.
Al hueco espejo de sombra,
arco que fue, de la flecha
que es hoy tu cuerpo y mi cuerpo,
que es hoy tu pena y mi pena;
sin volver la vista atrás,
allí te tiré tu nombre
como si fuera una piedra.

A la puerta del silencio
infinito, en donde encierras
la forma de tu vivir,
la vida de tu presencia:
para quebrarte tu origen
y poderte así tener
delante de mí, más cierta,
allí te tiré tu nombre.

Y, delante, te llamé,
para que tu nombre fuera
muro del tiempo y cortara
la ruta de tu existencia.

Yo no te quise llamar
aquí, donde tengo el pie;
porque el presente es silencio
y lo que tiene de más
también lo tiene de menos...
Aquí tu nombre sería
mitad voz y mitad eco...
Mitad vida y mitad muerte
no quiero tener tu cuerpo:
lo quiero para el amor,
vivo y feraz como el fuego.

Te buscaba
y te buscaba...

Tu nombre sonò en mi sueño.

IX
ORACIÓN JUNTO AL AGUA

NADA pido para mí;
sí para el que está conmigo
y conmigo ha de vivir.

No soy tan mal compañero,
ni amigo tan olvidado,
que al que sostiene mi vida
le dé mis propios cuidados.

Y más si esta vida mía
de la suya está tan junta
que ni en mi sombra separa
los cauces de su figura.

Tan cerca vamos andando,
que el pie que mi paso aleja
viene su huella dejando.

Y temo que, hasta al pedir,
pensando que por él pido,
tan solo pido por mí.
No sé qué será mi amigo;
ni qué su amistad persigue,
ni qué pueda yo entregarle
que, así, mi cuerpo recibe.

Solo sé que, al ser eterno,
aunque conmigo hoy está,
huyendo viene de un dueño
con quien mañana se irá
sin yo poder detenerlo.

Y si al fin me ha de dejar,
que emprenda pronto su vuelo.
Venga a mí la libertad:
soledad que tanto temo.

X
FIEL EN LA AURORA

No sé que hachazo antiguo
me partiò el corazòn;
partiò mi carne,
dejándola sangrar en el vacío.

Me quedò abierto el cuerpo
como el alma de un grito;
medio en el sol naciente,
como el cielo,
medio en la noche obscura,
en el silencio.

Después del atentado,
saliéndome del sueño como un río,
fui perdiéndome al hábito
que me sostuvo en pie frente al olvido.

Hoy, que ya estoy llegando,
que vuelvo a lo perdido;
al encajar con mi dolor presente
al fin como hombre vivo,
me encuentro en la alegría de lo eterno
como fiel en la aurora de mí mismo.

XI
LA VOZ EN EL JARDÍN

CUANDO en la noche he buscado la estrella,
amor, no te he encontrado.

Nunca te quiero, amor, bajo la noche;
me distraigo y te pierdo, amor.
Y, luego...
la soledad me encuentra
junto al alba, llorando.

XII
TORRE DE LA MUERTE

IGUAL que en un pozo, estás
cautiva de un pensamiento
que no te deja pensar.

Vives dentro de tu tallo,
pero en su vida más honda,
como sangre resbalada
de recta vena marchita,
tutora de un cuerpo muerto
que se negara a partir.
Como savia en rebeldía
que se cuajara en el suelo
después del intento inútil
que es el luchar contra el tiempo.
Savia vencida: castigo
de querer ser
flor o fruta de lo eterno,
solo por miedo a perder.

No tienes raíz. Te estancas
al fondo de tí, en tu tierra;
en el país de tu antojo,
dentro de tu voluntad...

Y así te encuentras, cautiva
de tu propio pensamiento,
carne infantil del soñar
que de tí me tiene lejos.

Igual que en un pozo estás.

Redonda el agua, es pupila,
bandeja negra en que tienes
la rosa de tu mirar,
buscando un cielo, encendida.

Redondo el cielo, al brocal
se ajusta, en lo más arriba
de la muerte en donde estás.

Yo vivo en esa pupila
y siento que me preguntas
entera con tu mirar:
-Enséñame tú a bajar...
Yo no te puedo ayudar.

Tan hondo está tu profundo,
que te crees que bajar
es subir de nuevo al mundo.

XIII
TE SIGO, AMOR

TE voy siguiendo paso a paso.
¿Acaso no lo ves?
Me voy perdiendo paso a paso.

Mis pies pisan la yerba.
-¡Ay, la yerba! ¡tan tierna!...
(solloza mi destino).
Te vas perdiendo paso a paso.

A la sombra de un álamo
me siento a descansar.
-Y. . . ¿olvidas la alameda
y el viento entre las hojas?
(solloza mi destino).
Te vas perdiendo paso a paso.

Empieza a anochecer.
Brota el primer lucero...
(Esta vez he de hallarte, corazòn;
esta vez he de hallarte... -estoy pensando-,
y me quedo dormido.)

-¿Ni un suspiro en tu sueño?
(solloza mi destino).
Te vas perdiendo paso a paso..
¿Acaso no lo ves?...
Tal vez ya estás perdido.

XIV
CANTAR DE NOCHE

(En la Alameda)

ANDO y ando perseguido,
sin saber qué me persigue.
Nada pregunto, ni espero
que nada pueda decirme
qué camino es el que quiero.

Rendido estoy, pero andando,
aunque no sepa en qué tierra.
No sé lo que me acompaña;
ni hasta dònde he de seguir,
ni si escondido en mi alma
estoy, para no sentir
la muerte que me amenaza.

Pero sigo caminando...
Si he de llegar, no me importa.
Uno...
Dos...
Mi pie, pasando,
deja su huella a la sombra
que viene detrás llorando.

XV
LA VOZ EN EL JARDÍN

CORAZÓN, hoy te he visto
salido de mi cuerpo,
andar desnudo por la calle.

¡Qué sonrisa era el cielo!
Me acerqué para hablarte
y solo te miré...
También tú, te acercaste;
pero seguiste luego,
corazòn, sin hablarme.

¡Qué temblor en el aire!

-Si él me tocara, solo,
tan solo con un dedo
sobre la piel del hombro.
(Pensábamos los dos...)

¡Qué temor en la sangre!

-¿Vencerá este silencio,
la piel de nuestro sueño,
amor...
amor?...
(Cantaba el Tiempo.)

Y seguimos andando,
sin voz por el misterio...

¡Qué suspiro en la tarde!

XVI
¿QUÉ IMPORTA EL DOLOR?

¿QUÉ importa el dolor, si vivo,
sucio en la luz que amanece,
y, al nacer el sol, más luce
la obscuridad que me pierde?
¿De qué me sirve el pensar
y el conocer el camino
que mi pie tiene que andar,
si ya no encuentra mi sangre
cuerpo donde palpitar,
cuchillo que la liberte,
ni tierra donde cuajar?

Corazòn y pensamiento
me van llevando a la muerte...
La vida me está olvidando,
apenas sin conocerme.

Y ¿còmo podré morir,
si aún no conozco si vivo
o es que me invento un vivir?
Aún debo seguir despierto
aunque me duela mi suerte.
¿Qué importa el dolor?
La vida
no es vida, si nunca muere.

XVII
CUERPO PERSEGUIDO

Ni fui, ni llego, ni estoy,
ni rendido por no verme,
ni cansado de mirar
estoy cerrado en mi tiempo...

El mundo estaba y está
como el día en que nací,
no sé si conmigo dentro
o si por dentro de mí.

La rosa se alzaba en él,
el monte en él descansaba
y el árbol en él gemía...

Y el árbol sigue gimiendo
cuando lo acaricia el aire;

el monte sigue durmiendo
recostado sobre el valle,
la rosa sigue luciendo
y, yo, sin saber de mí.

No sé si este pensamiento,
que tampoco sé si es mío,
me ha dado figuraciòn
de lo que creo estar viendo
o recordando que vi
fuera de conocimiento.

¿Qué tendré? ¿qué tengo o tuve?...
¿Salí, voy, entré, me pierdo?...

No hay nada que se aventure
en mí, si busca su cuerpo,
y nada que no halle en mí
que en mí vive sin saberlo.

Yo no sé si cuando vuelvo
de donde pensé que estuve,
vuelvo a mí o estoy saliendo...

Mas... si el pensar es salir:
desde dos confines vengo
por buscar un solo fin.

¡Ay, espejos de mi eterno!

XVIII
OTRO AMOR

Si eres tú quien me empuja hacia mí,
vuelvo a mi cuerpo.
¿Para qué? No lo sé.
Tal vez para cuidar, también por tí,
mi corazòn ya viejo.

XIX
CIELO DE BAUTISMO

A la puerta de mi voz
tu cuerpo estaba llamando
y mi voz era tu nombre:
tú, nombre andabas buscando.

Quise ser cristal, espejo
a tu amor no quise darle,
por miedo a que te perdiera
la hermosura de tu imagen.

Y fui limpiando los ecos
de tu nombre, que esperándote
andaba dentro de mí
antes de verte en el aire.

Y arreglé mi soledad,
para que en ella reinases.
Fueron memoria y olvido,
solo ausencias de mi sangre;

eternidad, el momento
de mi silencio, al buscarte
y angustia todo el "no ser"
libertado al libertarte.

Puerta de cristal, mi voz
a tu cuerpo quiso darle
y entera subiò hacia tí,
que eras tu nombre, buscándote.

Quise ser cristal, por miedo
a que, al contemplar tu imagen
tan encajada en tu nombre,
en tu imagen te quedases.

Y al quitar, dentro de mí,
por mejor acomodarte,
todo lo que, al no ser tú,
ni era mío ni de nadie:
sin tu presencia, apagò
mi cielo interior su carne.

Un chorro de sombra alcé
a la puerta en que llamaste
y espejo te vine a dar
y en él, luna en que quedarte.
¡Qué umbral de desesperanzas
fue mi esperanza esperándote!
Hoy, nadie se acerca a mí;
nadie viene a despertarme.

XX
SOMBRA DE ABRIL

Mi cuerpo vivo y casi lo conozco;
apenas percibir puedo su forma
y solo cuando cruza por mis sueños
siento, por su dolor, que en él habito.

No sé còmo se llama, ni he sabido
cuál es su nombre nunca, ni lo quiero.
Su nombre ha de formarse en su memoria:
la memoria de mí, que nunca es mía.

Pero nacido estoy, casi ya viejo
después de tantos duros vendavales,
y, en él, se afina entera mi ternura
hoy por la guerra, al borde de la muerte,
igual que antes, miedosa mi esperanza,
se afilaba al nacer junto a mi vida.

¡Oh forma persistente que así enredas
mi pensamiento al giro de las horas!
¿a dònde has de llevar mi eterna lucha
que siempre has de encontrarme desolado?.

Aún la sombra de abril a mí se acerca,
como otras veces, cuando niño, he visto

acercarse su ardor junto a mis nervios
a despertar su angustia por mi sangre.

Aún su amenaza inquieta mis sentidos,
como ayer inquietò mi triste infancia
entre fantasmas, sueños y amarguras
de mi primera edad desamparada...

Igualmente me muestra sus auroras
e idéntica ilusiòn por mí desgrana.
Abril, en guerra o paz, siempre me encuentras
desconocido en medio del combate,
junto a las hojas de mi muerte, trémulo,
aguardando su eterna flor desnudo:
si como un árbol, bajo mi arboleda;
si débil yerba, entre mi compañía,
pero igual en la vida de mi suerte.

Siempre, al llegar, ves que mi cuerpo sigue
la romántica forma de su ausencia,
que un desmedido afán le llama olvido.
Yo, siempre en mi dolor, sin conocerme.

¡Oh, primavera inquieta, que me ocultas,
lleno por tu ambiciòn, mi propio cuerpo!
Abril, abril: ¡qué eterna adolescencia
mi renacer constante por tus ramas!

XXI
VOZ DE LA LUZ

COMO un cuchillo, en la sombra
clavas tu lengua encendida
y te vas y allí la dejas
en su obscura carne, viva,
como un diminuto acero
de luz, que en tu amor se afila.
¡Qué honda llega! ¡qué segura
queda en el silencio hundida
y da estrellas a la noche
de la entraña que ilumina!

Como piel del pensamiento
las tinieblas se tejían
y andaba el cuerpo sin sombra
y el corazòn sin herida,
igual que en limbo de ciegos
sin pena y sin alegría.

Cuántos ojos encharcados
y cuánta inútil saliva...
y qué bien la puñalada
de tu lengua enardecida.
Y, qué justa, en el momento
preciso, hundiò su cuchilla.

Nadie te vio. Nadie supo
quién su palabra encendía,
ni para qué la dejaba
en sombra ajena metida.

Nadie te vio. Nadie supo
còmo recobrò la vista...
Nadie te vio. Nadie supo,
ni desconociò, tu huida.

XXII
COPLA

AGUA de Dios, soledad;
por los mares del olvido
mi cuerpo nadando va...
Que a tus playas llegue vivo.

XXIII
CASTILLO SIN FUERZA

¿YA se te ha cerrado el alma?
¿De qué piedra o piel te vistes?
¿Qué hábito rígido aprieta
la juventud que te rige?
Eres sòlo admiraciòn
de lo feo.
¿Qué te oprime
de esa manera, un amor
que ni aun en tu sueño es libre?
¡Qué duro cerco enmascara
el bello nombre que vives!
¿Con qué cuchilla has cavado
el foso que tus pies ciñe?

Ni eres torre de defensa,
ni temor emparedado,
ni combate detenido,
ni en el desierto eres árbol...
Eres sòlo admiraciòn
de lo feo.
¿En qué regazo
de la soledad, inclinas
tu sueño desmelenado?
¿En ninguno?...

(No hay reposo,
si no hay corazòn sangrando.)

De la tierra de la Nada
eres el más firme tallo.
Y te alzas, carbòn inútil,
sin saber que ya te sigue
una llama que hay errando
bajo el cielo en que te eriges.

Carbòn que el cuerpo levanta,
siempre es piedra, que del fuego
viene, para hacerse llama.

Tú no lo sabes -carbòn,
ladrillo, piel, sueño, yeso-:
cárcel de tu corazòn.

Y ya se acerca la llama
y ya a tu torre le embiste
y ya a tu cuerpo se agarra.
Como yedra se te sube
y ya te incendia la cara. . .
Tu piel, tu nombre, el silencio,
todo, hoguera te proclaman.
Y tu foso es ya sortija
de luz, que tu ardor declara.
¡Ay, terco y mudo castillo,
qué blandas son tus murallas!

Fuego te viene y te va;
mil lenguas tu cuerpo atacan.

¡Cruje, cruje, cruje, cruja
todo lo que por amor arda!
¿Ardes?...
Cruje, cruje, cruja
el fuego que se levanta,
surtidor de tu bautismo,
árbol de luz que £e salva.

Y, ahora, ¿sabrás defenderte?
¿Ya se te ha cerrado el alma?
¿Eres sòlo admiraciòn
de lo feo?...
-¡Fuente clara!

XXIV
ESPEJO QUE NO ACABA

FUE tan solo mirarte y ya sentirte
labrando en los misterios de mi duda
su tierra de temblor.

De un solo golpe
en su intangible luna, mi pensamiento
recibiò tu imagen y el temor mismo
de perderte en las ondas que engendraba.

¡Te hundiste por mis ojos!...
Mis pupilas,
sus aguas engañosas, frente al cielo,
como el fondo de un pozo presentaron
y tú pisaste en ellas.

Confundiste
la trampa del amor con la del tiempo
y fuiste piedra en medio de mi carne...
Así te presentí constante duda.

XXV
HUIDA

EL corazòn de la luna
es sangre de otoño virgen:
el corazòn de la lluvia.

(Búscame despacio,
estoy en la yerba.
Búscame despacio,
mi sangre te espera.)

-El corazòn de la fuente
es agua de luz cautiva:
el corazòn de la muerte.

(Búscame despacio,
estoy en el árbol.
Búscame despacio,
te estoy esperando.)

-En el corazòn del viento
pierde la luna su sangre:
el agua pierde su cuerpo.

(Búscame despacio,
estoy en el cielo.
Búscame despacio.)

XXVI
LA VOZ EN EL JARDÍN

MÍRAME; ya el silencio
que otras veces me uncía
con la red que mis venas
sobre el mundo arrastraban,
lejano está. Dios mío.
La red abandonada
como un islote muerto
sin forma y sin calor;
mi voz perdida...

Turbio me acerco a ti,
no sé por dònde,
ni qué fuerza interior
de ti me llama.
Yo me dejo llevar...
Soy como un barco,
como una nube más
sobre tu cielo.

XXVII
FIEL

No tengo miedo a mi vida
ni tengo miedo a mi muerte.
Tengo miedo al pensamiento
que entre los dos me mantiene.

La balanza que me mide
paz me quita y paz me ofrece
en aguas de un mismo tiempo,
mares de una misma fuente.

Dònde estoy, dònde he de ir
bien conozco.

¿Qué sorprende
el caminar de mi río
que así sus aguas detiene?

Entre dos claras pupilas
mi cuerpo está en pie...
¿Qué quiere
este pensamiento mío,
inmòvil sobre mi frente?

Sobre el lago de mi vida
el amor nada...
(En la muerte
nada el amor.)
¡Qué descanso
después de tan larga fiebre!

Pero, quieto no he de estar
sobre mi espacio.
Corriente
vine a nacer por ser hombre
y caminar es mi suerte.

¿Quién me sujeta?
¿Otro amor
que entre dos amores crece?...

Miedo tengo al pensamiento
que mi corazòn remueve;
mas... ¿quién combate una sangre
hecha luz, que al cielo asciende?

XXVIII
MITAD DE LA SANGRE

TANTO he llamado al silencio;
tanto he nombrado al olvido,
tanto entré en mi soledad
que, hoy, en mi cuerpo cautivo
ando y no puedo encontrar
la salida de mí mismo...

Al sueño a peregrinar
voy; a cumplir mi castigo...
Al sueño por libertad.
Para cumplir mi destino,
al sueño voy a soñar
que tengo al sueño vencido...
Al sueño voy por pensar
que sin pensamiento vivo
para volver a pensar.

XXIX

SOLEDAD

ANDAR de mi pensamiento:
qué peregrinar de luz
por su infinito desierto...

Y es que mi forma de amar
es solo anhelo de hallarte,
no de quererte alcanzar.

Cumpla el amor mi destino.


CONSTANTE AMIGO

I
LA MUERTE Y EL JARDÍN

ABANDONÉ la forma de mi cuerpo;
la carne de mi hastío...
Por el fiel de mis ojos,
corté en dos la balanza
que me sostuvo en pie como hombre vivo.

Quedé, como un fantasma hueco,
en pena de equilibrio:
como el traje de un sueño,
en la corteza de mi propio abismo.

Saliendo por mi ausencia
tras la presencia viva de mi olvido
-la fuente de mi entraña
como el alma de un río-,
contigo, noche, bajo tu alameda,
huyéndome a mí mismo,
medio flotando y sin memoria vuelo
desolado y continuo...

Solo la muerte me acompaña y sigue
como constante amigo.

II
CANCIÓN

UNA vez tuve una sangre
que soñaba en ser un río.
Luego, soñando y soñando,
mi sangre labrò un camino.

Sin saber que caminaba,
mi sangre comenzò a andar,
y andando, piedra tras piedra,
mi sangre llegò a la mar.
Desde la mar subiò al cielo...
Del cielo volviò a bajar
y otra vez se entrò en mi pecho
para hacerse manantial
y agua de mi pensamiento...

Ahora mi sangre es mi sueño
y es mi sueño mi cantar,
y mi cantar es eterno.

III
CERCO AL AMANECER

IGUAL que lo pensé dio
la sombra sobre tu cuerpo.
Tan torpe y atolondrada,
tan rutinaria en sus hechos,
tan sin verte y sin mirar,
tan confiada en su tiempo,
tan ciega en su obligaciòn
y tan segura en su ejército,
que hasta que no hallò tu piel,
no vio imposible tu asedio.

Como un manto cayò a tierra
la corola de tu cerco,
igual que una blanda esfera
de obscuro metal de sueño.
En medio te alzaste tú,
como un pistilo de fuego,
como una torre de luz
interior y de silencio.
Lo que otra vez fuera pozo
de noche, hoy era incendio.
Lo que antes curvada espina,
hoy era puñal erecto.
Lo que fue madera humilde,
hoy era puntal soberbio;
lo que apagada semilla,
hoy se alzaba en tallo ardiendo.
Lo que angustia de la nada
hoy conseguido universo.

Sombra, yo bien te lo dije:
pon cuidado en este cuerpo
que, aunque tan fácil parece,
es pedernal en acecho
y, al tocarlo, será llama,
faro encendido, ya eterno
sobre el mar de tu derrota
que romperá su misterio.

Bien lo dije: si es la noche
más obscura, más luceros...
Tan torpe y atolondrada;
tan confiada en tu ejército
y, hoy, como un manto está en tierra
la corola de tu cerco
y en medio, erecto, el amor,
como un pistilo de fuego.

IV
FUENTE DE LA NOCHE

ESTOY sintiendo tus pasos
en los bordes de mi cuerpo,
pero bien puedes pisarme
que, a tu pie, yo no le temo.
Muerte, tan cerca te escucho,
y, a mí, tan lejos me veo,
que pienso que quizás viva
porque ya ni te deseo.
Tanto anduve ya contigo
y tan constante me pierdo
a mí mismo, por buscarme
sin ti, por la vida, eterno;
que nada tendrás conmigo
cuando solo y sin remedio
vuelva a ser carne de tierra
entre tus sombras deshecho.
Nada tendrás: nada tiene
quien, hoy, se acerca a mi cuerpo,
que ni me encuentra en mis labios,
ni detrás de mí, en el sueño...
Continuamente me llaman;
continuamente me acerco;
continuamente me empujan,
continuamente me alejo
y continuamente herido
a mi soledad me vuelvo...
La herida que en ella nace,
manándome está hacia adentro.

V
LA VOZ DEL JARDÍN

Soledad

UNA cosa es renacer
y otra vivir con la muerte
para no quererla ver.

VI
DE PIE BAJO UN ÁRBOL

UNA cosa es estar muerto
y otra es el cerrar los ojos
por temor a estar despierto.

Yo sé bien lo que es morir
y sé lo que es despertar
por temor a no dormir.

Dejadme morir despierto,
que yo no quiero soñar
que dormir es estar muerto.

Lo que quiero es despertar,
cuando se acerque a mi cuerpo
quien lo tiene que llamar.

Llámeme, que ya lo espero
y ya no puedo esperar.

VII
A ORILLAS DEL ALMA

¡...Si yo pudiera alcanzar
el alba que tanto espero!

...Mejor comienzo a dormir:
a hundirme bajo mi cuerpo.

¿Para qué tanto buscar
fuera, lo que llevo dentro?...

VIII
TRES CANCIONES DE DESPEDIDA

1

HUYENDO voy de la muerte,
vengo huyendo de mí mismo,
que ya la muerte y mi cuerpo
tienen un solo sentido.

Tanto a mi cuerpo le temo,
que no sé si el estar vivo
es morir o estar despierto
o muerto soñar dormido.
No sé dònde acaba el nudo
que amarra mi triste sino
con la cuerda de mi sueño,
sonda de mi propio abismo.
Abismo mudo es mi alma,
centro obscuro de mi olvido
adonde el mundo va entrando
igual que en el mar los ríos.

Muerto mi cuerpo, en mi alma
vivirá el mundo cautivo.
El mundo muerto, en mi alma
se alzará mi cuerpo vivo.
Vencida tengo a la muerte
que anduve el mismo camino:
ella lo anduvo por fuera,
yo por dentro de mí mismo.
Tanto temor padecí
como hallé, por fin, alivio.
Hoy no sé si vivo o muero
o en la eternidad habito.

2

Mucho vine caminando
y al llegar, vuelvo a encontrarme
la muerte junto a mi lado.
Muerte, tanto llevo huido
y tanto me acompañaste
que ya no sé si estoy vivo.
No te culpo.
¿Acaso el cuerpo
donde estoy, es cosa mía?
¿No es el huésped de tu sueño,
heraldo que tú me envías?
No te culpo.
¿Acaso es mía
la sombra que me acompaña?
¿Puedo conocer mi nombre
más allá de mi palabra?
Mucho vengo caminando
huyéndote, perseguido.
Aquí estoy, aquí te espero
como te temí de niño.
Ven; no me tengas parado
en medio de mi destino,
un ala bajo tu sombra
y otra en tu fuego más vivo.
Quiero ser fin de mi espera,
no mitad de tu infinito.

Quiero ser puerto del alba,
no puente de obscuro río.
Sálvame con tu guadaña
y déjame estar dormido,
fiel horizontal: cuajada
balanza de tu equilibrio.

3

Vengo de la sombra.
Mira
la blancura de mis huesos
levantándome sin carne
frente a la luz de tu pecho.
Tú, nada comprendes.
Mira
còmo me aprietan tus besos
y, sin temor, iluminan
los límites de mi cuerpo.
Tus labios me están cercando
y sobre mi piel abiertos
quedan arriba, en mis bordes,
cerrándome, como un cielo.
Yo te miro desde abajo,
pero no sé si estoy ciego
o sin recuerdo, ni olvido,
renazco bajo tus besos.
Como una piedra en un pozo
voy hundido, en el espectro
altísimo de mi llanto,
Un mundo
rueda por mi sangre, muerto...
Míralo al fondo de mí,
como un guijarro que el tiempo
fuera arrastrando en su cauce
al hondo mar de lo eterno.
Nada me preguntes.
Ciñe
mi cintura a tu universo...
Vengo de la sombra...
Escucha
los ecos de mi silencio.

IX
EL TEMBLOR EN LA SOMBRA

Temor de amar

DETENTE, río que avanzas,
lento, interior,
mas seguro y fatal
constante, en el dominio
destructor de tu cauda.

Lo sé: la herida se produce,
se comienza a sentir:
cuando se aleja el filo del cuchillo
en el viento, o de los ojos
la fina luz parada sobre el álamo,
o del amor, este más dulce, eterno
y doloroso rozar
con que dos cuerpos funden
su temblor en la sombra.
Entonces vienes tú,
río que avanzas ya
como el ardor insostenible
del verano en la selva,
que solo deja tras de sí
sin ceniza,
un temeroso aliento
de fuego en el vacío.

Llegas, porque la sangre
es siempre maternal y amante.
Acudes a encubrir
lo roto, lo perdido
o lo que por ser sueño
tan terrible se afana
que, sin tocar al tiempo,
por él naufraga
antes de pisar en la vida.

Y así te encuentras
rotos los árboles;
la canciòn sin forma...
Junto a la flor,
tronchada, la cabeza del pájaro,
cuya mirada fija
por él cieno y la muerte
es más eterna y grande
que la luz de la estrella.

Y avanzas lento,
caudal de sangre como voz del olvido.
Lento y tan silencioso,
incontenible soledad,
que haces nacer de tí aun no queriéndolo:
el frío y el temor que a media noche
despierta al niño,
sin comprender que siente ya el dolor
su sangre perseguida,
de la forma que aún no sabe que es sueño.

Y avanzas lento,
también como la sombra
que se mete en el cuerpo de la noche,
entre sus hojas secas
y sus luceros muertos,
para darse de bruces
más tarde y sin ardor
contra la piel del alba.

Detente, río que me invades
y arrastras lento
mi vivir, mis horas, mi pensar,
mi trabajo de hombre
tan seguro en lo bello.
Detente, porque al llegar
al borde de la herida,
igual que el alba corta
la sangre de la noche,
te has de parar, y has de dejarme pleno,
encerrado en mí mismo,
como un jarro de niebla
lleno de luz en el olvido,
sin unos ojos
o unos labios abiertos
que puedan derramarme,
aunque sea gota a gota,
sobre un tranquilo mar
en donde duerma mi consuelo.

X

PARÉNTESIS

TODA el agua, desnuda,
tendida sobre el tiempo,
pierde pie en la memoria
de la luz en el cielo...

-¿Quién desarraigò el alma,
sin cuerpo, del misterio?...

-Fue la noche... ¡la noche!
¡Solamente la noche!...

(Toda el agua retumba
como un corazòn hueco.)

XI
CÁRCEL NO, GLORIA

CENTRO de un espejo vivo
como un pozo: como el hueso
de aquel mundo reflejado
que en su cristal me contempla.

Sin querer, hundo y me alzo
dentro de su transparencia,
no sé si buscando un alma
o por salirme de ella.

Quien me puso aquí ya es amo
de mi ignorante presencia:
zumo y sabor de la pulpa,
cristal por donde navega.

Miro por mi cuerpo y miro
no sé si por dentro o fuera
del espejo.

Busco el tacto
de su luna y solo encuentra
mi mano en su propia mano
la sangre que la calienta.

No hay voz que suba a mis labios
sin ser voz que no me vuelva.

Dudo de mi pensamiento,
pues ya no sé a dònde vuela,
ni si a sí mismo se busca
o de sí mismo se aleja.
¿Centro de qué espejo vivo
que tan difícil se entrega?
Por mi cuerpo ¿voy al cuerpo
que por mi cuerpo me espera
o es que mi cuerpo es tan sòlo
ventana de sus ausencias?

Cruce el mundo por mis ojos
su vendaval de riquezas.
Mi cuerpo es sòlo camino,
camino que nunca llega.

XII
INVITACIÓN A LA MUERTE

ESTOY aquí, preparado
a caminar por lo eterno
y a soportar el viaje
sin sed y sin llanto.
Mira
la blanca cruz de mi pecho,
signo final de la suma
de mis actos.
Mira el huerto
que, sobre el papel labrado,
dejo tras mí floreciendo.
Mira el árbol de mi pluma
tendido sobre mi huerto.
Mis pensamientos te rondan
aún vivos, ya como espectros
que aguardan desde mi cerca
tu campana de silencio.
Detrás de mi cruz se alzan
los fantasmas de mis hechos,
al lado izquierdo los malos
y a la derecha los buenos,
para ahorrarle a la balanza
de tu justicia, su peso.
De tanto estar aguardando
se van cambiando en recuerdos
y mi cruz, en tu balanza
y en tí, yo mismo, en mi cuerpo.
Yo no sé si ya no vienes
confundida.
Yo te espero,
te he esperado hora tras hora
y no has llegado.
No temas
herirme, ya soy tu hermano,
hijo de tu propio sueño.
Yo sí que temo. Mi vida,
de tanto estar en acecho
y aguardándote, no es vida.
Solo es barrera del viento
mi piel, y pared mi pecho,
donde, vendados, mis ojos
aguardan tus balas, ciegos.

Si has de venir, ven. Tus alas
sobre mis espaldas siento
y cuando extiendo mis manos
por buscarte, no te encuentro:
en lugar de tu llegada
hallo a mi hermano muriendo.
¡Qué fuente de la hermosura
quiebras, en su tallo tierno!
Mientras yo, inútil, te aguardo,
su sangre se va perdiendo.
Cambíate el arco.
Prepara
la flecha que está latiendo
en él para mí.
Me salvas;
me libertas...
¡Estoy preso!...
¡Libre te quiero volar
si he de vivir en tu espejo!

XIII
EL CIELO EN LA VOZ

AUNQUE se rompa la caja
de mi canciòn, el sonido
ha de quedar siempre en pie
sobre el aire.

¡Firme, entero,
aunque se rompa el cantar!
Yo canto mi pensamiento
y el pensamiento no es mío,
sino de quien me lo da.
Cuando mi cuerpo está vivo
canto lo que con él veo.
Cuando mi cuerpo se vaya,
quedará lo visto, eterno.
Hoy con la guerra me muevo,
mañana será en la paz,
luego, en la tierra, deshecho.

Cante lo que voy pensando;
lo que prestado me dan
con la vida; lo que tengo
que entregar, cuando mi sangre,
marchita, se niegue a andar.

Nada tuve ni me llevo.
Cuando me llamaron vivo,
tan solo estaba escondido
por dar mejor lo que aún tengo.

Que vuelva el barco a la mar;
que suba el pájaro al cielo
y mi voz vuelva a cantar.


ÁNGEL DE LA NOCHE

Yo no me conocía.
Estaba solo, en medio de la cumbre
alta y plana del mundo;
debajo de una noche
tan honda, tan lejana,
que casi parecía
ser noche en un espejo reflejada,
más que verdad segura
consentida del tiempo y permanente.

Era en ella el silencio,
aún mucho más silencio
que el silencio del alma,
porque estaba su sangre
sin carne, piel, ni huesos,
siendo cuerpo en la noche suspendido
de pie y ante los ojos:
universal presencia
de la sombra, tan hueca
que a cada estrella parecía
poder pasársele
la mano por la espalda.

Sin carne el mundo así, sin carne el cielo:
¡qué angustiada existencia
la del hombre, esperando
fuera cada minuto
el fin del equilibrio!

Tal vez por eso, aquí, bajo esta sombra
y así bajo la noche
y bajo el universo,
mi pensamiento era también,
como la estrella,
duro, de metal frío y luminoso.

Y, más agudo, el corazòn
clavado en mis entrañas se metía,
tan fino y afilado,
que, al no ser ya mi carne transparente
también, como una noche hueca
en un espejo reflejada,
me hubiera parecido
entrar por el dolor
tan lejos en la muerte,
que la vida dejada atrás
fuera cristal inútil,
donde solo mi nombre, y para nadie,
quedara escrito, sin amor, en lo eterno.

Pero ante el vidrio frío;
en este invierno,
ante mis ojos empañados,
el calor de unas manos invisibles
fue borrando la bruma de las noches:
¿dentro? ¿fuera?...
¡A la vez!
Igual que en un encuentro.
Como tan solo puede hacerlo o soñarlo
ese supremo ser, presencia alada
con la que Dios defiende
al hombre en soledad sobre la tierra.

Y así encontré: que, mano contra mano
y palma contra palma
y cielo contra cielo
de eterno contra eterno,
ángel o transparencia fue limpiando
mi piel,
dejándome vivir
frente a mis dos abismos:
en uno el corazòn iluminado
sobre la plaza de mi sueño,
y allá arriba la luna suspendida
derramando en la rosa,
delante de mis ojos.

Y aunque tal vez para mi vista
la presencia cercana de tu verdad
pudiera ser irresistible: ángel mío,
no me alejes tu mano de la frente.

Sienta yo el tenue tacto de su palma
sobre la soledad
obscura y temerosa
que hoy al silencio agudo
de tus alas en cruz viva se acoge.

Porque la noche es demasiado hermosa
para mancharla
con una duda solamente
y mi ceguera en ella,
pudiera ser más dolorosa aún
que el ascua misma
que me destruye el corazòn
por los ojos abiertos, ángel mío.

Mas, ¿qué ha de hacer el hombre
contra el hálito eterno
que lo escogiò fugaz presencia
de un minuto tan solo entre las sombras?

Así, yo no me opongo
a que mi realidad
-dura conciencia sin sonrisa,
a la que ofrezco el lazo
de mis ojos perdidos
bajo el pozo más hondo
de la corriente obscura de mi sangre-
pueda llegar a ser, en mí,
incontenible herida
por la que a lentos borbotones fríos,
sin sombra y sin dolor
vuelva a salirse el alma
ya olvidada, tan necesariamente
junto al temblor de las estrellas.

Y la inocente verdad del niño
me vuelve a defender y me acompaña,
para sentir -más cerca que una lágrima-
diminuto, en la rosa,
el brote de rocío
que la noche le da
como insignia a lo Eterno.

Y más aún
a levantar desde mi olvido
y tras de cada beso en el amor
otros labios naciendo,
que nuevamente anhelan
como en su antigua flor
una luz que los salve
y en constancia mantengan
su ardor, como la vida
incognoscible y alta del lucero.

Ángel mío, ¿estás aquí?...
Sí; porque ya estoy ciego
después de tanto hablar...
y tú me das el canto.
Pero te llamo, porque siento
el calor de la yerba
que nace y nace, lenta,
junto a mis sienes en descanso.
Y confundo
en los ecos lejanos de mi olvido
el murmullo del agua
en el arroyo, hacia la mar,
con el rumor de la alameda bajo el sueño.

Ángel mío, ¿estás aquí?...
Sí; porque este frío
que va cuajando mi cintura,
es -presiento- la luna
bajo esa noche
que, aquí mismo, en mis versos,
pensò tener cautiva, en un instante,
todo el afán por tu hermosura despertado.

Ángel mío: sé bien
que tu verdad pudiera serme irresistible;
pero sigue cercano a mi cuerpo mortal,
porque solo el sonido
del batir de tus alas misteriosas
sobre la doble noche de mis ojos,
me hace pensar que el hombre
por lo bello persiste y soporta el dolor
de su terrible sangre inconsistente;
porque también a veces él,
cuando se olvida de sí mismo
para mirar a los luceros,
es, como tú, ángel mío,
un sollozo de Dios
puesto en el mundo,
y como el mundo, en pena
sòlo por el amor
del cuerpo más perfecto.


LIBRO CUARTO

LA SANGRE ABIERTA

VUELTA Y PERENNIDAD EN EL
JARDÍN DEL CUERPO


I
LA VOZ ES UN RIO



CARACOL SIN LUNA

¡AY, la flor que tengo!

A la orilla del mar
mi caracol vacío
retumba al viento:
-¡Ay, la flor que tengo!

Y por encima del mar.
Y por el mar, en el mar:
-¡Ay, la flor que tengo!

Y por debajo del mar.
Y al otro lado del mar:
-¡Ay, la flor que tengo!
Mi caracol vacío
retumba al viento.

-¡Ay, la flor que tengo!


NIEBLA DE LOS NOMBRES

EL mar, canta entre mis manos..
-¡Páralo!

Mis manos ¡qué mar de espumas!
-¡Qué árbol!

¿Árbol mi cuerpo en la luna?
-¡Qué alto!

¡Sobre mi lengua el lucero!
-¡Qué claro!

El sueño en llamas, mis manos.
-¡Páralo!


CANTAR SONÁMBULO

¿Es mi cuerpo una caracola?
Cierro mis ojos para el sueño:
toda la sombra está en silencio.
¿Es mi cuerpo una caracola?

Estoy en el jardín. Mi pensamiento
se va alejando de la rosa.
Ir a la mar es su deseo.
¿Es mi cuerpo una caracola?

Está la fuente del jardín
abandonada a los luceros.
Tras del amor, lejos de mí,
cerca del mar, está el recuerdo.
¿Es mi cuerpo una caracola?

Cierro los ojos. Voy a dormir.
(Toda mi sombra está en el sueño.)
Siento mi corazòn latir.
(Retumba el mar contra el silencio.)
¿Es mi cuerpo una caracola?

En la noche obscura de abril
mi cuerpo duerme frente al cielo.
Baja la luna hasta el jardín
y pisa el nácar de mi pecho...

-Cerca de tí... Cerca de mí...
Lejos de aquí... (repite el eco).
Sobre la tierra obscura de abril
duerme mi corazòn, hueco.

(Mi cuerpo es una caracola.)


OTROS AIRES DEL TIEMPO


I

CRUZ DEL CUERPO

QUE corra y corra la luz,
que yo duermo;
que corra y corra
la luz por el agua.

¡Ay luna del rocío,
bajo la sombra:
las ramas se menean,
las hojas lloran!

Que corra y corra la luz,
que yo duermo.
Que corra y corra
la luz por el agua.

¡Que la noche me llama!
¡Còmo me duele
el frío de sus lágrimas
sobre las sienes!

Que corra y corra la luz,
que yo duermo.
Que corra y corra
la luz por el agua.

Es mi cielo la tierra;
mi cruz el cuerpo;
mi lanzada la luna,
mi muerte el sueño.

Que corra y corra la luz,
que yo duermo.
Que corra y corra
la luz por el agua.

¡Ni los clavos me faltan!
(Còmo sujetan
los labios de una rosa,
sobre la tierra.)

Que corra y corra la luz,
que yo duermo.
Que corra y corra
la luz por el agua.

¿Dos ojos y unos labios
han suspendido
al tiempo, por la noche,
sobre el olvido?

Que corra y corra la luz,
que yo duermo.
Que corra y corra
la luz por el agua.

Es mi sueño una fuente.
¡Brote la espuma!
(Sobre el arroyo, el río
y el mar, la luna.)

Que corra y corra la luz,
que yo duermo.
¿Que corra y corra?...
¡La luz, sobre el agua!


II
JAZMÍN DE LA NOCHE

¡AY, jazmín, tu estrella fría
no hay ojos que la resistan!

Ayer, en las alamedas
tuve amor. Hoy, voy por ellas
bajo la luna, en espera
del amor que antes tenía...

¡Ay, jazmín, tu estrella fría
no hay ojos que la resistan!

Tuve amor y hoy sòlo quiero
saber que pude tenerlo,
pues que, por tu flor, ya veo,
jazmín, mi sangre perdida.

Que ¡ay, jazmín, tu estrella fría
no hay ojos que la resistan!

Abiertas están las ramas
de mi sangre. Toda es agua
del silencio, nieve blanca:
flor que tu aroma suspira...

¡Ay, jazmín, tu estrella fría
no hay ojos que la resistan!

Y, así, jazmín, por olvido,
soy tu flor y sueño vivo
en la noche, entre suspiros
de amor que, sin ti, perdía.

Que ¡ay, jazmín, tu estrella fría
no hay ojos que la resistan!

Vengo de la flor, tan lejos,
que ya desconozco el sueño,
y, al desconocerlo, entrego
mi flor entera, a su vida...

Que... ¡Ay, jazmín, tu estrella fría
no hay ojos que la resistan!


III

OJOS DE LA MUERTE

¿DÓNDE están?
¿Dònde están?...
-¡Por el aire van!

Los ojos de mi muerte,
van paseando...
(Estrellas por el cielo;
luna en el prado.)

¿Dònde están?
¿Dònde están?...
-¡Por el aire van!

Los conduce el silencio,
junto al suspiro,
bajo las alamedas
que cruza el río.

¿Dònde están?
¿Dònde están?...
-¡Por el aire van!

En bandeja de hielo,
manos de plata,
los ojos de mi vida
cruzan el agua.

¿Dònde están?
¿Dònde están?.. .
-¡Por el aire van!

En bandeja de plata,
manos de hielo,
los ojos de mi vida
cruzan el cielo.

¿Dònde están?
¿Dònde están?...
-¡Por el aire van!

¿Y el cuerpo de mi muerte?.
-Sobre la yerba:
mi corazòn sin sangre
la luna sueña.

¿Y el cuerpo de mi vida?.
-Bajo la noche:
el corazòn del cielo
su luz esconde.

¿Dònde están?
¿Dònde están?...
-¡Por el aire van!

¡Muertos están mis ojos!
Las alamedas
son alas de la sombra
que los despierta.

¿Dònde están?
¿Dònde están?...
-¡Por el aire van!

Bajo las alamedas
pasan y cruzan...
(Junto al ciprés,
más blanca se hace la luna.)

¿Dònde están?
¿Dònde están?...
-¡Por el aire van!


IV
JACINTO EN EL ALBA

VERDE y pequeño, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa.

Mis pies van buscando tierra.
Todo el jardín es estrella
de la noche, en que la hoguera
de tu flor tierna naufraga.

Que, aunque pequeña, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa.

Yo estoy, como tú, cautivo
de aroma. Tu aroma sigo...
Y, como tú, en él me olvido,
humilde marfil en llamas...

Que, aunque pequeño, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa.

Diminuto, en ti me quedo
temblando, en el blando fuego
que, en invertidos luceros,
de tu corola derramas.

Que, aunque pequeña, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa.

Como tú, al nacer, no olvidas
el suelo y hasta él inclinas
tu olor y nieve, flor candida,
en él mi desmayo salvas.

Y aunque pequeña, entre espadas,
jacinto, tu flor me abrasa.

Y, en tí, contigo, hallo tierra.
Y de nuevo en la alameda
la estrella luce entreabierta
mientras el surtidor canta:

-Verde y pequeño, entre espadas,
jacinto, tu flor abrasa.


V
LA SANGRE ESCONDIDA

QUE me cela
y me ronda la luna.
¡Que me cela!

¡Ay!, ¡mi cuerpo!, ¡qué espinas
me lo han robado!
(La noche y el rocío
lo andan buscando.)

¡Que me cela
y me ronda la luna;
que me cela!

-¿El ciprés?...
¿Esa sombra?.
¡No!
(Quieto el frío
en los labios del viento,
cuaja en suspiro.)

¡Que me cela
y me ronda la luna!
¡Que me cela!

-¿Se han quejado los juncos?...
-¡No!
(En la cañada,
un lucero sin brillo
se hunde en el agua.)

Que me cela
y me ronda la luna.
¡Que me cela!

¿Acaso entre los árboles
(qué obscuro llanto)
no es el eco de un beso
que está manando?...

Que me cela
y me ronda la luna.
¡Que me cela!

Sangre, sangre, ¡tan fría!,
qué fuego pones
bajo las alamedas
donde te escondes...

Que me cela
y me ronda la luna.
¡Que me cela!

¡Sombra, sombra, ya!
Déjame,
yerba en rocío:
más lejos que mi cuerpo
llega el olvido.

Que me cela
y me ronda la luna.
¡Que me cela!



PUERTA DE LA SANGRE


UMBRALES VENCIDOS


I
ÁRBOLES

LA alameda está honda,
mas no el tiempo.

La sombra,
antes de ser, ya alzaba
su pilar de armonía
debajo de los árboles
que hoy forman la avenida.

Los álamos, si están,
ya siempre fueron álamos
o van a ser o han sido.
(Todo es brocal de Eterno
bajo este negror frío.)

Y acaso un árbol solo
es toda la alameda.
(¡Qué obscura voz de Estío
bajo las hojas secas!)

-¿Un árbol? -¡Sòlo un árbol!...
Y mi mano se acerca
para tocar el tronco
o el sueño que la asedia.

Mas ¡no hay árbol!...
La mano
abierta, insiste y palpa.
(Como la piel de un eco
una sombra resbala.)

Y... ¡otro árbol!
Y voy
y otra vez se me escapa.
(Sobre mi mano, el viento
se va cuajando en lágrimas.)

De árbol en árbol voy
formando mi alameda.
Del cielo entré en su sombra:
ahora soy sombra en ella.

¿Sombra en ella?...
¿Y mi cuerpo?.
(Un álamo sus ramas,
húmedas por la luna,
hacia mis hombros baja.)

¿En dònde estoy?...
(Las hojas
parece que se quejan.)
Los árboles me buscan
sin encontrar mi huella.

Un árbol y otro y otro
y ninguno, son todos
los árboles que llaman...

(Pero... ¿y mi cuerpo?)
El árbol,
mueve libre sus ramas.

Cae una flor. (El viento
la ha soltado.)
Y cruza
ya tan solo mi ausencia.
(Sube al cielo la luna.)

¿Dònde estoy? ¿Dònde estuve?...
Y toda la alameda
se ahonda; mas no el tiempo
que la levanta eterna.

Pero ¿quedò un suspiro?
La soledad que duerme
junto al cauce del río.


II

EL AUSENTE

HUYO de mí
huyo de tí,
huyo de nosotros dos
y de la sombra de en medio,
sin más remedio.

Con luz de luna o de sol,
nuestra sombra será cruz
sin más remedio.

Por eso...
huyo de ti,
huyo de mí,
huyo de nosotros dos...
Y... en el aire vivo, abierto.

¡Sin más remedio!


III
CANCIÓN DE DOS RUMBOS

1

DESPEDIDA

RECIBÍ
lo que me diste..
Lo que te di
lo perdí.

(Sal, lucero;
luna, sal,
que la sangre
se me va
y la vida
no me llega...
¡Luna, sal!)

¿Lo que no te di
me diste?...
Sí, por perder
lo que te di.

(Sal, lucero;
luna, sal,
sálvame tú,
soledad.)

Y aquí estoy...
-¡lucero, sal!-.
¿Qué gané?:
lo que perdí.
Sí,
todo lo que no di.
Todo lo que pude dar
y no di,
ahora me duele
y me llama.

(Sal, lucero;
luna, sal
que la sangre
se me va
y la vida
no me llega...
¡Luna, sal!)


RÉPLICA

Mira, que el jardín se hundiò.
-¿En dònde?
En tu corazòn.

(Sal, lucero,
Mira, que el jardín naciò.
-¿En dònde?
En mi corazòn.

(Sal, lucero;
luna, sal,
sálvame tu soledad.)

¿Árbol en tu corazòn?
-Sangre de luz en mis ramas.
¡Fuego de sol en mi flor!
-Mi beso, fruto en tus llamas.

(Sal, lucero,
luna, sal
que ni la muerte
me llega;
ni la vida
se me va...
¡Luna, sal!)

El cielo y la tierra
callan.


IV

EL ECO PRESENTIDO

¿GERMINA el sueño?

-En el llanto
la Muerte se ahogò...
-¿En el llanto?

La Muerte se ahogò
en el sueño...
-¿En el sueño?

En tiempo se ahogò
el olvido...
-¿En tiempo?

En el olvido,
la Muerte se ahogò...
-¿La Muerte?

¡Germina el sueño!
-¿Germina?...


V

LA FORMA QUE AUN NO LLEGA

(Coplas dialogadas)

CÁLLATE, porque el dolor
no sabe lo que te digo
y aún no tiene voz...

-¿Tan cruel el tiempo?
-Tan ciego.

2

-¿Y si en el cielo una estrella
naciera, yo la vería?

Amor: tus ojos no tienen
cristal de sueño en la vida...

-¿Tan cruel el tiempo?
-Tan ciego.

3

-Pero en la arena que piso,
¿dejo mi huella?...

¡Silencio!
Al fin... el espacio, ¿vive?
¡Silencio!

Amor: tu cuerpo, sin pie,
junto a mi lado...
Tu pie sin cuerpo...

-¿Tan cruel el tiempo?
-Tan bello.


VI
ÓRBITA DE MI VIDA

ANTES, la flor del recuerdo.
Hoy, la llama del deseo.
Siempre: la noche, el lucero
y el ciprés -sombra-,
¡el ciprés y el beso!


EL GERMEN QUE SE CUMPLE


I

MÁS HUIDA

Puerta al jardín

Y de pronto: ¿aún más cielo?
No, la alameda abierta,
y, en el suelo, la sombra
llamándome hacia ella.

Y ¡no he de ir! No voy.
El cuerpo me lo impide,
pues, reclamado, es huésped
de la ausencia en que vive.

Sí, que perdiò su forma
por las hojas más altas,
y, hoy, tierno, crece en ellas
hacia las nubes blancas.

Ausencia...
Luz...
Las hojas.
(Todo mi amor, ya es árbol:
cabellera que al viento
de mi sueño levanto.)

¿Cabellera?... Son tallos
de mi sangre, que huyen.
(Mi pensamiento es cauda
de esas lejanas cumbres.)

Pero un temor me duele.
-¿Un temor?...
Es lo eterno:
otra flecha, sí, el rayo
de la luz en mi pecho.

¡La luz! ¡La luz clavada
viva, sobre mi ausencia!...
(Hoy me devuelve en rapto,
todo mi amor, su hoguera.)

Hoguera diminuta,
mas ¡qué profunda espina!
No, ya jamás del sueño
podré tener salida.

Pero mi corazòn
¿no estaba con las hojas?
Aún cuelga entre las ramas
el temblor de su sombra.

Porque la luz, cambiando
el arco de la ausencia,
aunque hiriéndolo, al cuerpo
volviò a dejar en tierra.

Y en ella estoy.
¿Quién llama?
-La sombra sobre el suelo.
Árboles, esperadme
junto al "umbral del sueño".


II

NOCHE CERRADA

(Canciòn a destiempo)

¿Y el jazmín?
-Junto a la fuente.

¿Y la estrella?
-Con su aroma.

¿Y mi corazòn?
-En sombra.

(Detente, noche:
la luna te busca...
detente.)


III

EL GERMEN QUE SE CUMPLE

(Un árbol nace)

PERO el jardín, tan cerrado,
¿en dònde está?
Ni sus muros
dan la sombra -seña
de su retiro-; ni el agua
correr se siente;
ni el rumor de la alameda
levanta el sueño,
ni el ciprés vierte
su llanto de pena o luna
sobre el temor de la fuente.

¡Noche cerrada!
-(¿Aún la noche?...)

Jardín sin tiempo, dolor-:
¿dònde está tu cuerpo?,
¿hacia dònde huye?...
"El misterio nos hace vivir"
lo sé, jardín cerrado;
pero. .. ¿en dònde tu misterio?

¿Es su presencia tu Nada?...
Tu tierra está sin raíz;
sin árbol está tu cielo.. .
Esta sombra no es la espina
-lengua de tu corazòn-,
campana de tu silencio.
Amor es tu transparencia,
no tu desierto.

¿Dònde has perdido el sabor
de tu sangre, que era fuego?...
Tus pájaros son cenizas de muerte.
¿Acaso estas hojas son,
sobre el suelo,
eco de tu flor al aire?...
¿Sombra herida de tu sueño?
¿Amor que el jardín pregunta?...
¿Amor que es jardín
-pregunta de amor-,
amor de cuerpo completo?...

¿Acaso estás y no hay ojos?
Tu luz, ¿ha roto la vista?,
¿el tacto?, ¿el olor?. ..
(No se oye, en tí, ni el recuerdo.)
Sobre el labio, la saliva
y tu rocío
confunden sus dos deseos.

Jardín cerrado: tus muros,
¿en dònde elevan sus pétalos?

2

Alguien pasa y canta
y pasa,
buscando al jardín:
sabía que, en las ramas de sus árboles,
antes, temblaba su vida...

-Jardín cerrado, consuelo,
alivio de soledad,
¿ya te has perdido en el tiempo?

Alguien pasa y canta
y pasa,
pensando: -¿Ni sus ruinas
me han de dar, entre sus yedras,
lo que ya mi sangre olvida?...

-Jardín cerrado, mi alma,
sueño y soledad, marchita.

Alguien pasa y canta
y pasa,
debajo de la alameda.

-Jardín sin tiempo:
el Amor,
¿dònde arrastra sus cadenas?...

Alguien pasa y canta
y pasa...

(Se esconde la luna.)
El cielo baja al jardín...

-Jardín, ¿tu sangre es el cielo?

Alguien pasa y canta
y pasa...

3

¿Cayò la Noche?

-La Sombra.
(La piel de la Noche.)

¡La luz! ¿Sin nombre la luz?.
-Pero la luz será el nombre.
Nombre de luz de la luz,
el Nombre.
La luz, el hombre.

(Jardín cerrado: tu voz
se empieza a ordenar...)

-¿Nace un árbol?

Muere la sombra.
(-Se rompe.)
Vuelve el misterio a vivir.
Vuelve a lucir el misterio,
sin muros, en el jardín...

(-¿Cerrado?...)
¡Jardín de luz!

-¡Sin nombre el jardín?...
La luz, sin nombre, esperando
el cuerpo del hombre: ¡luz!

5

Jardín cerrado: ¿tus muros
filtran el tiempo?...

(Semilla soy, fecundada
del tiempo, en la tierra eterna...)

-Semilla no, cuerpo y luz
hacia arriba...

¿Y árbol ya?...

-¡Árbol!

6

-¿Tan alto el árbol?
¡Arriba!
¡Hacia arriba!

(Cuidado con el lucero...)

¡Más alto el árbol!
¡Arriba!
Aún más arriba...

(Tras el lucero, la luna...)

¡Arriba!

(Y tras de la luna, el cielo...)

¡Hacia arriba!...

(-¿Sin nubes, el sol?...)

¡Más alto!

¡Hacia arriba!

7

¡Cuidadme a los hombres,
que el corazòn se me rompe!


IV
CANCIÓN PARA LOS OJOS

Lo que yo quiero saber
es dònde estoy...

Dònde estuve,
sé que nunca lo sabré.
A dònde voy ya lo sé...

Dònde estuve,
dònde voy,
dònde estoy
quiero saber,
pues, abierto sobre el aire,
muerto, no sabré que soy vivo,
lo que quise ser.

Hoy lo quisiera yo ver;
no mañana:
¡hoy!


V
CUATRO COPLAS CON TIEMPO

(Guitarra de la Noche sin Sombra)

1

EL mañana y el ayer
son tres mañanas con hoy:
pensar es amanecer.

2

Amanecer y morir
desnudan al pensamiento
que eterno sueña vivir.

3

¡Hoy!... ¡Presente!... ¡En el momento!.
Tanto queremos tener,
que olvidamos que es el tiempo
sòlo memoria del ser
que busca conocimiento.

4

...Y fin: que todo es lo mismo.
Tiempo parado es el hombre.
Su sueño sòlo. Infinito.


VI
...AQUÍ ESTOY

ESPÉRAME bajo el árbol.
Bajo la sombra del árbol.
En la yerba, bajo el árbol.

Mi corazòn tiene sombra.
No tiene sombra mi voz;
ni mi vida, ni mi muerte...
No tiene sombra mi cuerpo.
Mi cuerpo -todo Universo-
no puede darte descanso...

Pero búscame en el árbol.
Bajo la sombra del árbol.
Verde, en la tierra, a su sombra;
tierno en la yerba, en la sombra
del árbol:
¡toda mi sangre a tus labios!

Pero déjame en el árbol.
Bajo la sombra del árbol.
En la yerba, bajo el árbol.
Si otra vez quieres: me buscas
bajo este cielo en que hoy canto,
bajo los pies de la yerba,
¡toda mi luz sobre el barro!


VII
EL CUERPO ANTE EL ESPEJO

COGE esta hoja.
-¿Esta hoja?...
¡Lo que me das
es tu sombra!...

2

-¿Mi sombra?... ¿Acaso es río
de mi cuerpo todo el árbol?

Sí, todo el árbol...

-¡Pues toma
toda mi luz!...

-¿Y tus hojas?

3

Río del cuerpo, silencio:
deja pasar tu misterio...

4

Agua sin puente es mi agua.
Árbol sin tallo y sin ramas.

-¿Sin hojas?...
-Sin hojas, sí.
-Y sin sombra.

5

¡Hacia la mar! Al mar alto
subiò el río...
Al alma se subiò el árbol...

-Subiò y está.
-¿Bajo el cielo?
-¡Presente ante Dios!...

Tal vez.
¡Razòn de todo el milagro!


EL CUERPO EN EL ALBA

AHORA sí que ya os miro,
cielo, tierra, sol, piedra,
como si al contemplaros
viera mi propia carne.

Ya sòlo me faltabais en ella
para verme completo,
hombre entero en el mundo
y padre sin semilla
de la presencia hermosa del futuro.

Antes, el alma vi nacer
y acudí por salvarla,
fiel tutor perseguido y doloroso,
pero siempre seguro
de mi mano y su aviso.

Ayudé a la hermosura
y a su felicidad,
aunque nunca dudé que traicionaba
al maestro, el discípulo,
más, si aquél daba forma
en su libertad
al pensamiento de lo bello.

Y así vistiò su ropa
mi hueso madurado,
tan lleno de dolor y de negrura
como noche nublada
sin perfume de flor,
sin lluvia y sin silencio...

Solo el cumplir mi paso,
aunque por suelo tan arisco,
me daba luz y fuerza en el vivir.

Mas hoy me abrís los brazos,
cielo, tierra, sol, piedra,
igual que presentí de niño
que iba a ser la verdad bajo lo eterno.

Hoy siento que mi lengua
confunde su saliva
con la gota más tierna del rocío
y prolonga sus tactos
fuera de mí, en la yerba
o en la obscura raíz secreta y húmeda.

Miro mi pensamiento
llegarme lento como un agua,
no sé desde qué lluvia o lago
o profundas arenas
de fuentes que palpitan
bajo mi corazòn ya sostenido
por la roca del monte.

Hoy sí, mi piel existe,
mas no ya como límite
que antes me perseguía,
sino también como vosotros mismos,
cielo hermoso y azul,
tierra tendida...

Ya soy Todo: Unidad
de un cuerpo verdadero.
De este cuerpo que Dios llamò su cuerpo
y hoy empieza a sentirse
ya, sin muerte ni vida,
como rosa en presencia constante
de su verbo acabado y en olvido
de lo que antes pensò aun sin llamarlo
y temiò ser: Demonio de la Nada.

FIN DE
"JARDÍN CERRADO"


RIO NATURAL

POEMA
(1950-1956)

A
MI HERMANO MIGUEL

A la naturaleza le agrada ocultarse.
HERÁCLITO


EN VOZ VIVO


VENTANA AL SUR

Si no es tiempo el Estío:
¿por qué llama el Estío
-fuego en sol, noche en alma-
al cuerpo de mi Estío?...
¿Quedò en sí contemplándose
qué fue por ser Estío?
¿Comienza Estío a ser?
¿O será cuando llama:
"Abre, déjame entrar,
Estío...", y en mi voz
oigo la voz de Estío?...

¿Estío de mi voz
-mi voz ajena-, canta
mi voz, por ser Estío
en mí mi voz abierta?
¿Y canta y no lo sé?...

(Entro a la voz que canto
y entro a Estío en mi voz:
¡vivo en mi voz entera!)

II

¿Mi voz vive?...
Sí; vive
nivelándole al sueño
la realidad; persiste
en todo el cielo, canta
la memoria del aire
en el Estío. . .

(¿Sostiene,
la luz que va diciendo,
al cuerpo en que, cautiva,
mi palabra le entrego?...)

Lo sostiene y lo salva.
(Sometida a sus límites
mi libertad se halla.)

III

¡Vivo estoy sobre el cielo!
¡Palpitante he nacido
desde mi pensamiento!
Dentro de su palabra
mi voz desnuda elevo,
partida en dos mitades
por la estaciòn de un sueño.
Las dos mitades hablan
de un Estío que pierdo;
del Estío en que llama
el Estío a mi cuerpo
y por mi voz le canta:

"Estío, Estío, Estío,
al costado del monte
sangra el trigal -¿quién sangra?...-
Lanza es tu sol. Estío,
y quema al trigo y sangra
en mí: ¡sangro el Estío!...
En él yo -fuera en mí
y entre los dos él mismo-
salgo y me voy: nos vamos
y venimos tan juntos
que, separadamente,
un solo Estío anclamos
-dentro y lejos y en medio
de los tres que vivimos-
al cantar la canciòn
única del Estío...

"Estío, Estío, Estío,
sangro en el trigo y huyes;
huyo y sangras del trigo,
te penetro y escapo...
Y en tu pasiòn perenne,
contigo solo alcanzo,
vivir bajo tu nombre
el mío transformado.

"Estío, Estío, Estío...",
vuelve a cantar -¿quién sangra?...-
(Cuerpo en sol, noche en alma,
canta y llama el Estío.)

IV

¡Despierta estás, criatura
de la verdad del sueño!
Sin voz, pura nostalgia,
vives en mí que digo:
"Verde mar, verde mar,
verde cielo, el trigal
sangra y corre en el viento:
verde mar, verde mar,
verde huir de lo eterno."

Y para ver qué canta
dentro de mí el Estío,
cierro los ojos -¿duermo?...-
Sin voz y sin palabra
-verde mar, verde mar,
verde verde trigal-
la canciòn verifico.

V

Salgo de mí...
(La tarde
quema en la sombra al sol...)
Junto a mí, la ventana
va muriendo conmigo.
-¿Vive de mí?...-
Yo, en ella,
su Estío en mí contemplo
-temprana luz de un llanto
que aún no moja mi voz-,
y la ventana acoge
la nostalgia en que vivo,
la acaricia y me canta:
"Estío, Estío, Estío,
verde mar, verde mar,
verde cuerpo, el trigal
sangra y huye del tiempo:
verde mar, verde mar,
verde luz de lo eterno."

VI

¡Despierta estás, criatura
de la verdad de Estío!
Junto a tí, mi nostalgia
viviendo está contigo.
-¡Vive de tí!...-

Yo, en ella,
con mi sangre penetro,
para engendrarte un nombre
-temor en mis deseos-
del que manando estoy
-tangible pensamiento-,
ventana en luz de Estío,
mar y trigal eternos.

VII

Estío, Estío, Estío,
canciòn mía: tu Estío
de mí te ha separado
-porque has nacido- y vives
tu propio Estío ajeno...

Adiòs, mi verde Estío,
estío verde mar,
verde mar, verde dicha...
Palabra verde Estío,
verde voz, verde luz,
verde Dios,, verde vida.

Estío, Estío, Estío
-salud que me has hallado
en nostalgia de un nombre
que ya eres tú cantando-:

¿còmo vives sin mí?,
¿còmo te acuerdas?...

Dime:
¿mi soledad escucha
su olvido con tus ecos?,
¿es viento en tus trigales
mi forma de silencio?...

Canciòn de Dios y Estío:
te oigo cantar...

¡Me voy!
Tu voz sin mí me inquieta...
Mi ausencia por tí vivo,
pero no soy mi ausencia.

VIII

Y junto a la ventana
despierto en mí de nuevo,
al cuerpo del que he sido
tierra viva de un sueño
-verde mar, verde Estío,
verde sangre en barbecho-:
verde trigal cautivo
donde al Estío espero.

IX

Canciòn, ¿estoy contigo
porque de ti me alejo?...
¡Cuerpo, cántame libre,
la voz que al darte pierdo!


FÁBULA

¿EN dònde amanece?...
(Digo, porque no me vivo.)

¡Grito! ¡Escucho!

Y nada veo,
porque no me vivo.

¡Guardo silencio!

No vivo,
pero no lo digo...

Bajo un estanque redondo
-estanque, espejo y cristal-
vivo.

¡Pero no lo digo!...

¡Solo una gota de sangre
es la sangre por que vivo!
Pero nada digo.

Miro al día en el cristal
del ojo con que lo miro.
¡Pero no lo digo!

Miro otra vez: ¿una lágrima
presta al sol todo su brillo?...
¡Pero nada digo!

Sangrando estoy de un cristal
que llora en mi cuerpo hundido;
pero no lo digo.

¡Ya está amaneciendo!
(Digo,
porque no me vivo.)


COLINA DEL SUEÑO

ALAMILLO, el álamo
que planté ya es árbol.

Amigo: mi mano
ya es árbol.
¡Álamo, alamillo!

Alamillo: el árbol
álamo, es mi amigo.
¡Álamo!

Álamo, mi mano
que planté, es mi amigo.
¡Alamillo!

Mi mano, alamillo,
álamo, ya es árbol.
¡Mi amigo!

Alamillo hermano:
sobre la colina
del sueño, soñamos.
¡Álamos!

Amigo, mi hermano:
viento en la colina...
(¿Se mueven los árboles?)

¡Álamo, alamillo:
mi mano es el aire!


DOS CANCIONES

-¿MÁS adentro y más adentro?...
-¡Más, más, más!
-Dame el cuchillo:
¡más, más!...
¿Todo el cuchillo es mi cuerpo?
¡Más, más!...
-¡Clavé una estrella!
(¡Me muero!)

II

Tiré mi puñal al cielo
y se me clavò en el pecho:

¡brotò de mi herida el alba!.

Y aún sigo sin ver el cuerpo
que bajo la luz me canta.


CARACOL DESNUDO

I

¿ADONDE voy?
(Tierra, arena,
la sal y la luz, deshechas...)

Otra vez vuelve a integrarse
desde el futuro mi sangre.

Y otra vez quieto y disperso,
soy espuma, piedra y fuego.

Nazco y muero y estoy vivo,
concentrado en lo infinito.

Allá voy de mí, aquí llego
y de la flor no me muevo.

Afuera y adentro salgo...
Huyo, pero nunca escapo.

Fuente o lluvia, peregrino
soy, como el agua en que vivo.

Y siempre seré en mi ruta
la incògnita más oculta.

II

¡En la nostalgia de un tacto
mi pensamiento ha brotado!

En él estoy...

¡Verde y nácar
es el cuerpo de mi alma!

Lento es el mar; lento el cielo,
lento el sol, lento mi sueño.

¡Qué aguda espina!
¡En un dardo
de sal y luz ha llegado!...

¿Y vuelve al mar?...
No; su lengua,
en mi caracol se hospeda.

¡Qué lanzada azul de viento
clava en la espuma que duermo!

¡Es una llama!
¿Una llama?.. .
¡Sol y silencio en mi nácar!

¿El silencio entrò en la ermita
del caracol de mi vida?...

Y en la nostalgia de un tacto
mi pensamiento lo ha hallado.

¿Canta el caracol?...
¡Un niño
escucha su voz de olvido!

¡Mi hueco -mi verde nácar,
el cuerpo de mi nostalgia-:

Alma es del niño y del cielo,
del mar y del sol eternos!

Entro al niño; paso al hombre,
soy un caracol insomne...

¡Viejo estoy niño; pensando
en un mar que no he dejado!...

Y, en lo infinito, concentro
el caracol de mi sueño.

¡Canta en él la voz oculta
del caracol que lo alumbra!

III

¿Vuelvo a salir?...
(Tierra, arena,
la sal y la luz, deshechas...)

Hacia el futuro proyecto
mi nostalgia en pensamiento.

¡Subo!...
-¿Subo?-
¡Entre los ángeles
dejo un caracol de sangre!...

¿Vuelvo a huir?...
Cantando está
mi caracol junto al mar:
"¡El tiempo ha roto las hebras
del espejo de mi lengua!
¡Ángeles, ángeles, ángeles:
huéspedes sois de mi carne!
¡Caracol de ángeles soy!
¡Aire desnudo en el aire!*'


UNIVERSO

EN la yerba verde
tres gotas de fuego.
Tres nubes sujetan
todo el día al cielo.

¡A la flor se acerca
la voz que canta!...
¡Quieta en la flor se queda
la voz que acaba!

Vuelan tres insectos
bajo el cielo, muertos.
Tres luceros clavan
la noche en el tiempo.

Escucho, escucho...
¿Mi voz,
se olvidò en tierra mi cuerpo?
Canto, por verlo, en la flor:
ni cuerpo ni flor encuentro.

Aún tiene la yerba
rocío en sus ecos.
Tres hojas levantan,
dormido, al silencio.

Me oculto dentro de mí
y, al entrar, me salgo al viento.
Oigo que murmura un árbol:
"¡Corazòn, al fin te tengo!"


SUR DEL SUEÑO

UN caracol se marchita
en la espalda de mi nombre...
Un mar de luz de la luna
baja a mi cuerpo la noche...

"¿Cuál es tu piel? ¿Esta playa
donde florece mi espuma?..."
El silencio en luz me canta.
(Mi espalda su nombre oculta.)

Suena el mar...
Pienso en mi sueño:
¡un caracol es la luna!


SOLEDADES

CARACOL lejos del mar:
estoy haciéndome luz
y, tal vez, por no ser tiempo
justo, que sin tí he perdido.
¡Te contemplé! ¡Te sentía
posada de mi tristeza!
¡Juntos frente a frente y solos!...
Y sin poder habitar
-huecos de sangre y de nácar
señales de nuestra ausencia-
la figura que nos dimos,
cuando pensamos los dos
vivir sòlo un universo.

¡Me acompañabas!
Yo, en tí,
descansaba cotidiano
de mi quehacer siempre inútil:
de preguntar por mi ser
aquí y allí; no encontrarlo
y cavar más hondo: abrirme
de arriba abajo y caer
como en dos valvas -sin cuerpo-
en tiempos que nunca he visto.

Sin cuerpo me levantaba
y sin cuerpo entre mis manos
tú, sin cuerpo, me decías:
"¿Por qué no vives conmigo?..."
Yo jamás te di respuesta.
Sòlo escuché tu nostalgia
sonora. ¡Tu hermosa vida!
Tu descansada belleza
ante el papel de mis ojos.
La geometría de paz
interna, bajo el espacio
constante que te perdía. ..
La espiral de ti que, un mar
que no eres tú, te buscaba.

Pero en nuestra intimidad
-¡vivimos juntos tan solos!-:
un día, en el mismo cuarto
que habitamos, un secreto
doloroso desnudaste
de ti, cuando yo caía
abierto y más desolado
que nunca, en nada saber.

Pude escucharte en la voz
que no es tuya y en tí hablaba
y sentí por escucharte
que mi secreto desnudo
era tu mismo dolor:
amor de ti, mi alegría
de amor que tú en mí gozabas...

Y por eso me hago luz:
para encontrarte aquel tiempo
oculto, en que fui tu amante,
caracol lejos del mar
infinito en sangre y nácar.

¡Dejé mi quehacer inútil
por vivir en ti conmigo!...

Y estoy haciéndome luz,
por ser en mí -donde estás-
posada de tu belleza.

¡Mira mis ojos! Mi cuerpo
-espiral de ti- es el mar
que no eres tú y te buscaba:
¿se oye en ti mi voz de mar?...

(¡Entra mi cuerpo a la espuma
que se desnuda en mis brazos!.
¡Un doble universo ajusta
nácar y sangre a mis labios!)

Caen marchitas las paredes
de mi soledad cantando:
"¡Vengo en la espuma del mar
a ser caracol besado!"


TRES CANCIONES

I

¿SOY árbol?...
(Miro a la sombra
de mi cuerpo en árbol vivo.)

¡Hablando estoy con mi sombra
para saber de mí mismo!

Me dice la sombra: "¡Acércate
más al brocal de mi olvido!"

Me acerco y pierdo la sombra...
Vuelto hacia el árbol le digo:

¡Nos salvamos!...
(Miro al árbol
y el árbol también se ha ido.)

Cruza un pájaro sin sombra,
en diagonal de infinito...

Oigo que murmura el agua:
"¡Hacia el árbol voy contigo!"

RÍO NATURAL

II

¿Tierra o Dios?...
(Si vivo sin ser mi cuerpo:
¿còmo entenderé mi voz?)

III

Ròmpete, palabra, ròmpete.
Mis ojos -palabra- rò